Capítulo 7: Aísha, he regresado.

En el anillo exterior, del Mercado de Repuestos. Había, una tienda. Bastante, modesta. Su fachada, metálica. Con solo un aparador, de cristal. Y una puerta; en su costado, derecho. Le daban, una apariencia. Muy común. Que no la dejaba, sobresalir. Del resto, de las tiendas. Que se encontraban, a su alrededor. Las cuales, estaban. Finamente, decoradas. Llamando, mucho la atención. De la mayor parte, de los transeúntes. Sin embargo. A pesar, de todo. Habían, muchas personas. Que se detenían, por momentos. A admirar, la pequeña tienda. Algunos, suspirando con tristeza. Y otros, esperando durante un rato. Esto, debido. A que la tienda. En ese momento. Se encontraba, cerrada.

Si bien, la tienda. No era, tan bonita. Como, las otras. Los productos. Que, vendía. Era suficiente. Para, llamar la atención. De una cantidad, considerable. De clientes. Los cuales, sabían. Que, en esa tienda. Podría, encontrar. Integrados antiguos, y de buena calidad. Incluso. Había, quienes decían. Que la mayoría, de los productos. Que se vendían, en esa tienda. Parecían, nuevos. Sin embargo. Dado, de que se hablaban. De componentes, muy viejos, y descontinuados. Esa hipótesis. Era inmediatamente, descartada. Dejando, un velo de misterio. Sobre el origen, de los productos. Que se vendían. En aquella, modesta tienda.

La tienda, de paredes metálicas. Al igual, que las demás. Era una estructura, de dos pisos. Con una altura, de 6.30 metros. El ancho de su facha, era de 3.25 metros. Y el largo, de sus costados. Era de 9 metros. Siendo, una estructura. Algo, alargada.

En la primera planta, de la tienda. El espacio, estaba dividido. En dos partes. Separadas, por una pared. La primera, era el área de la tienda. Y la otra. Que se encontraba, en la parte trasera. Era un taller, y una bodega. En la primer, área. Podía verse, un mostrador; en la pared, izquierda. Y tras, de este. Varias, vitrinas de cristal; con repisas. En las cuales, se podían ver. Microprocesadores, microcontroladores, y placas de circuitos. Frente al mostrador, y en algunas de las paredes. Había otras, vitrinas. En ellas, habían. Placas de circuitos, interruptores, transistores, condensadores, chips de fibra óptica, y refacciones; para consolas de mando, de naves espaciales. En la segunda, área. Por su lado. Había, una amplia mesa de trabajo, un par de sillas, varios armarios, una especie de horno electrónico, una impresora 3D, y una pared; donde colgaban, diversas herramientas. Además, en una esquina. Había un escritorio. Con un viejo, ordenador.

La segunda planta. Estaba, conectada. A la planta baja, de la tienda. Por medio, de una escalera de caracol. Que se encontraba, ubicada. En el taller. La función, de esta planta. Era fungir, como vivienda. Para el propietario, de la tienda. Estando, dividida. En un área de cocina, comedor, una sala de estar, un baño compartido, y dos recamaras.

En ese momento. En la sala de estar, de la planta alta. Una, niña. Como de 13, años. De rasgos europeos, y asiáticos. Se encontraba, realizando ejercicio. Par ser, preciso. Está, haciendo. Una serie, de flexiones. Sobre, el suelo. Mientras, lo hacía. Podía, verse. Como unos músculos, fuertes, y bien desarrollados. Se, tensaban. Cada vez, que ella. Flexionaba, los brazos. Una imagen, poca fémina. Y muy, anti natural. Para, una niña. De tan corta, edad. Sin embargo. Eso a, ella. No le importaba. Viviendo, en Ocrren—3. Las niñas, solo tenían tres opciones. La primera. Era ser abusada, por los más fuertes. La segunda. Era aprovechar, su bellas natural. Para entrar como aprendiz, en un burdel. Y la tercera opción, era hacerse fuerte. Solo, siendo fuerte. Podría caminar, por las calles. Del Mercado de Repuesto. Sin miedo a, ser acosada. Por ladrones o, rufianes.

Sudando. La niña, se levantó del suelo. Para, segundos después. Secarse, con una toalla. En ese momento, vestía. Una camiseta deportiva, blanca. Un pantalón, de camuflaje. Y unas botas, grises.

Con una altura, de 1.55. La niña, tenía piel clara. Sus rasgos, eran finos. Y tenía una pequeña, nariz de botón. Por parte, de su cabellera. Esta, era oscura. Mientras, que el estilo. En el frente era corto, con algunos flecos. Y la parte de atrás, era lagar. Pero se encontraba, atada. En una bola. Detrás, de su cabeza. Como, ultimo destelle. Los ojos, de la niña. Eran, completamente azules. Debido a, que usaba. Unas prótesis, oculares. Que habían sustituido a, sus ojos reales. El tono, de estas prótesis. Era un azul eléctrico, brillante. Que llamaba, mucho la atención. Cuando los veías, por primera vez.

De la nada. La niña, escucho. Como se abría, la puerta de la tienda. En el primer piso. Por lo que, rápidamente. Descendió, por una escalera de caracol. Hacía, el taller. A continuación. Tomo, de una repisa. Un bate de metal. Para, ella. Sería la tercera vez, esta semana. Que alguien, trataba de entrar. A robar, la tienda. Mientras, ella estaba en su descanso. Sin embargo. Para, su sorpresa. Cuando llego, al frente de la tienda. No se encontró, con ningún ladrón. Se encontró, con un chico asiático de 13 años. El cual, vestía un obelo azul oscuro ¡Era Kai!

—Aisha. Estoy de regreso, en casa— dijo, con una sonrisa. Que, desparecían. Cundo vio a, la chica. Aparecer, frente a él. Con un bate, en las manos. — ¿Sucedió, algo…? –

—Nada…— la niña. Jadeaba, agotada. Acaba, de hacer ejerció. Y no tuvo mucho tiempo, para descansar. Antes de bajar, por las escaleras. Así que, ahora. Que se había disipado, la adrenalina. Se sentía agotada. –Pensé, que eras un ladrón. Debiste llamar, antes de llegar—

—Quería, sorprenderte—

—Pues de una u, otra manera. Lo hiciste—

— ¿Te encuentras bien? —

—Si. Solo necesito, descansar ¿Cómo te fue, en el espacio? —

—Bien. Recuperamos algo de metal. Y combustible—

—Finalmente, Dreikus. ¿Se convirtió, en un ladrón de combustible? – una sonrisa, maliciosa. Se pintó, en su rostro. Ella, y Dreikus. No se encontraban, en buenos términos. Principalmente, porque el obeso. Nunca le pago a, Kai. El primer año, que trabajo, para él. Diciéndole, que como aprendiz. Kai, debía pagar con trabajo. Su enseñanza.

—No. Y no le digas a, nadie. O no poder, chantajearlo. En el futuro. No me lo vas a, creer. Pero finalmente, le gane. Al viejo cerdo—

—Me hubiera gusta, ver su cara. Cuando, eso ocurrió. Sin embargo. Hay algo, que no entiendo

— ¿Qué…?

— ¿Porque, el viejo Dreikus? Pondría en riesgo, su reputación. Por algo, de combustible. Es ilógico—

—Eso es, porque no es común— se acercó a, ella. Y le susurro a, su oído. –Hiper gel, de primer grado—

— ¿Tomaste, un poco? —

—Sí. Dos bidones, de 50 litros. Pero, no podemos venderlos aquí. O tendremos, problemas—

—Lo sé— ella, asintió. — ¿Te pago, tu parte del combustible?

—Lo hará. Cuando regrese, del mercado negro—

— ¿Y tú le creíste? — levantó, una ceja. Con, confusión.

—No hay, problema. Lo chantaje. Si no, me paga. Correremos, la voz. De que es, un ladrón de combustible—

—Esa idea, me agrada. Ahora dime ¿Conseguiste las provisiones? —

—Si. Y también conseguí, más hidrogeno. Para el generador, de agua—

—Bien…— Aisha, pudo notar. Rastros, de sangre. En el brazo de Kai. Y sin pensarlo. Se acercó a, el. Para, sujetar su brazo — ¿Qué te paso?

—Tuve problemas, con unos matones. Después de que entre, al anillo exterior—

— ¿Fueron otra vez, los secuaces de Jiang Liu?

—No. Eran, uno tontos. Tratando de obtener, dinero fácil—

— ¿Te, hirieron mucho daño? — su rostro, denotaba. Una gran preocupación.

—No te preocupes, Aísha. Recuera, que ya no soy el niño débil. Que conociste, hace seis años. Se defenderme, ahora. Y me encargue, de ellos— Cuando Aísha, y Kai. Se conocieron. Aisha, era ciega. Por lo que, los demás niños. La molestaban, y se burlaban de ella. El único, que la defendía. Era Kai. Quien, siempre terminaba. Metido, en peleas. Que lo dejaban, gravemente lastimado. Por eso, su cuerpo. Tenía, cicatrices—

—El que seas débil o, no. No, es lo que, me preocupa. Dime ¿Te hicieron, una herida? Sabes, que puedo utilizar. Una de mis habilidades, para curarte— Aísha. Le tenía, un gran aprecio a Kai. No solo, porque él. La había defendido. Cundo, eran más jóvenes. Si no, porque él era. La razón, principal. Por la que ahora, podía ver. Gastando, todo el dinero. Que había ahorrado, con esfuerzo. Durante más, de un año. Para, comprar. Durante sus viajes, con Dreikus. Las prótesis, oculares. Que ella, utilizaba. Y no solo esto. Consiguió, que el avaro de su jefe. Le prestara, dinero. Para contratar, al doctor. Que le instaló, las prótesis. Si bien, eran un modelo antiguo. Para ella, fue el mejor regalo de su vida. Y con eso. Sin saberlo. Kai, se había ganado. Un lugar, importante. En el corazón de Aísha—

—Lo, se. Pero, no es necesario. Solo fue un raspón, superficial— dijo, sin darle mucha importancia. Aísha, solía preocupar demasiado. Por cosas, insignificantes para él. Tal vez, su inmadurez. No le dejaba, ver. Que las preocupaciones, de la chica. Escondían, un anhelo. De algo más, que simple amistad.

—Déjame, revisar— trataba, de levantar. La manga, del overol.

—Más, tarde— negó. Sabia, que su herida. Era, superficial. Y no quería, que Aísha. Utilizará, una de sus habilidades. Curándolo. Cuando, era algo. Que se podía curar, fácilmente. Con un vendaje, y gel antiséptico.

—Bien— bajo, la mirada. Decepcionada.

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