Capítulo 18

Todas las personas que he matado hasta el día de hoy comienzan a acercarse, alzando mi espada hago un corte en forma vertical el cual los atraviesa completamente dejando caer sus cadáveres uno a uno al suelo.

—Con que no sientes lamento al volver a matarlos —me dice la Dama—. Generalmente alguien en su sano juicio sentiría el peso de todos sus pecados.

—¿Por qué tanto interés de destruirme? —pregunto gritando—. De todas formas, moriré al obtener Excalibur por tu maldición.

—Magia de oscuridad, Cadenas perpetuas.

Unas cadenas aparecen por todo mi cuerpo atándome completamente sin poder poner oposición alguna.

—¿Cómo fue posible…

—¡Yo soy el origen de toda la magia, soy Dríade! —me interrumpe la mujer.

Toda la sala oscura pasa a un tipo de paraíso terrenal lleno de animales y seres espirituales rondando por todo el lugar. El lugar se siente completamente cálido y muy hogareño, es como si me sintiera en mi propia casa, pero no tiene sentido que haya pasado de sangre y gore a esto que estoy contemplando.

—Da…Dríade ¿por qué estamos aquí? —pregunto soltando mi espada.

—Antes me gustaría pedirte una disculpa joven Tristán, pero en cierta forma tenía que probar si eras como lo describía la Profecía —me responde Dríade—. Al parecer eres un poco mas violento y seco de lo que decía, pero eso no es importante.

—No era mas fácil que me dieras a Excalibur y ya —digo apáticamente—. No hay tiempo que perder estamos posiblemente en el inicio de la batalla mas difícil de todas.

Mientras suspiro alguien toca mi hombro cuando volteo a verlo su imponente presencia hace que tome mi espada y retroceda instintivamente.

La apariencia de la persona es algo joven y similar a la mía, pero ciertamente el tiene una enorme cicatriz que recorre desde el lado derecho de frente hasta el lado izquierdo de mentón, sino fuera porque tuviera esa cicatriz y que su pelo es de color café pensaría que tuviera un gemelo perdido.

—Con que este fue el que logro dominar al ángel rebelde lo esperaba un poco mas fuerte y de mayor edad, pero que se puede hacer —me dice el joven.

—¿Quién eres tú? ¿Por qué estás en este lugar? —pregunto todavía en mi postura.

—Te tardaste mucho en aparecer Ains —dice entre risas Dríade.

—Un momento ese de ahí es…

—Si lo soy y debo decir que me sorprende verte, realmente nos parecemos, de hecho, podría jurar que somos gemelos sino fuera porque yo estoy muerto desde hace 200 años.

—Te tardaste mucho en aparecer ¿crees qué sea el último portador de Excalibur?

—Gerald en su tiempo y cuando porte la espada, me dijo precisamente que me encontraría en la otra vida con mi sucesor y que este portaría a Athatriel.

—Ains, me gustaría preguntarte ¿tu moriste por la maldición de Dríade? —le digo interrumpiendo su conversación.

—¿Existía una maldición de ese tipo? —comenta riéndose Ains—. Yo solamente pasé la prueba y no supe nada de una maldición.

Como alguien se puede reír tan tranquilamente después de saber que posiblemente murió por una maldición, pero que mas da aun así es sorprendente tenerlo enfrente de mí y quisiera preguntarle tantas cosas acerca de mi magia para saber como lidiar con ella en el futuro.

—No es que sea mi maldición, mas bien diría que es el precio de usar uno de los 3 objetos que forman Fragarach —dice Dríade—. Tanto Arturo, El Cid, Sasaki Kojiro y otros héroes antiguos portaron Excalibur, pero tuvieron que pagar un precio para cumplir su meta y es que contando desde el día de la toma de posesión se contarían 10 para que este después tuviera una muerte inminente.

—¡Todos ellos en verdad portaron Excalibur! —exclamo sorprendido.

—De hecho, varios de esos héroes acudieron con uno de mis espíritus mas poderosos para ver si podían retirarse la maldición, pero al final no sirvió de nada y quienes contaron de la maldición a otros estos también fueron envueltos en ella como el caso de Eulice.

—Supongo que yo tuve la culpa de que ella muriera tan joven, no creí al principio de la maldición incluso con las advertencias de Gerald y ambos morimos en esa batalla cuando solamente yo debí morir —expresa Ains con melancolía.

—Tristán, tú eres último guerrero que portara Excalibur y junto a Alice tendrán la decisión final del universo entero, pero no puedes hablar de la maldición con nadie y mucho menos tus compañeros, porque si no se verán afectados.

—¿Pero como diablos hago que olviden sobre la maldición esos 3? —pregunto desesperado—. Ellos posiblemente llegando harán mención de ello y se maldecirán.

—Excalibur tiene una habilidad que permite borrar los recuerdos de ciertos momentos, pero después de que el portador muera estos regresaran.

—Bueno supongo que ya es ganancia —digo soltando un suspiro.

—Di estas palabras en latín “Numquam memoriae meae usque conseruandum gladium”. Y Excalibur hará lo suyo.

Como si decir hola en latín ya no fuera difícil y ahora quiere que me aprenda esas palabras para borrar la memoria, pero que mas da, tampoco quiero que se mueran por mi culpa y mucho menos Adahir que me debe una buena comida.

—Dríade una pregunta antes de irme de este hermoso lugar —digo acercándome hacia ella—. ¿cuál es el tercer objeto que debemos conseguir?

—El tercer objeto no sabemos nada de el, de hecho, cuando hicimos la división esta a adopto una extraña forma que simplemente se esparció en la Tierra —me responde Dríade.

—Pero…

Cuando intento responder todo se vuelve oscuro, trato de voltear en busca de Ains y Dríade, pero solo a mi alrededor se encuentra una oscuridad profunda total.

—¿Hay alguien aquí? —grito.

Se me hace extraño que ni siquiera Athatriel responda a mi llamado este lugar debe ser mi mente o acaso será que estoy en Excalibur…todo el rato estuve en el Mundo Ancestral y en una ilusión que creó Dríade, así que en cierta forma todavía no he estado en contacto con la espada, pero ¿cómo diablos hago para salir de aquí? ¿acaso debo conjurar algo en latín? Y si es así no saldré en un buen rato.

La realidad es que no sé cuanto tiempo he pasado desde que llegue a esta zona de oscuridad perpetua pueden ser minutos, horas o días y sigo sin saber como salir de aquí. Ni siquiera mi magia puedo usar en este lugar y tampoco tengo mi espada.

—Tristán Dagger ¿verdad?

La persona que me nombró se hace presente en la oscuridad su apariencia es muy joven e incluso mas que la de Adahir sus ojos color azules hacen juego con su cabellera rubia y piel blanca que tiene. La vestimenta que usa es similar a la de los antiguos reyes así que una de dos es el Rey Arturo o no se quien diablos es.

—¿Quién eres tú? —pregunto irritado—. He estado aquí por mucho tiempo.

—Solamente has estado aquí por 2 días…

—¡Dos días! Eso quiere decir que es similar cuando estoy con Athatriel —lo interrumpo confundido.

—Es algo similar, pero permíteme presentarme yo soy el Guardián del primer objeto, Arturo Pendragón.

En este punto de mi vida ya nada puede sorprenderme y mucho menos ahora después de que conocí a una de las deidades primordiales y al héroe mas grande este milenio.

—Me podrías sacar de este lugar necesito salir lo mas rápido posible para ayudar a mis compañeros en el campo de batalla —digo acercándome hacia él.

—De hecho, conmigo tengo a Excalibur, pero antes de que la tomes y salgas debes aceptar los términos que conlleva portarla —me dice seriamente Arturo—. Escoges llevar la maldición o puedes salir de este lugar atravesando la puerta sin portarla.

—El camino será difícil a partir de ahora, no es que me este sacrificando como un héroe y tampoco es que haga esto porque una profecía lo dice, yo hago esto por voluntad propia y para poder cumplir mi prometido. Sueno egoísta, pero esa es la realidad, así que llevaré la maldición conmigo y después de cumplir con mi juramento moriré en paz —digo dando un suspiro.

—Toma a Excalibur y atraviesa con ella —me dice mientras clava la espada al suelo.

Mientras me acerco siento que su mirada seria se enfoca completamente en mí, pero lo mas seguro es que sea por lo que dije y cualquiera se preocuparía que alguien tome un poder por un deseo egoísta. Pongo mis manos en el mango de la espada y la levanto del suelo a lo cual esta instantáneamente comienza a brillar en un rojo carmesí que me encandila completamente.

—Una cosa mas Tristán el verdadero poder mágico de esta espada es de acuerdo con el tipo de magia que tengas así que posiblemente te permita usar una descendiente de tu misma magia a partir de ahora.

Justamente cuando termina de decirme eso despierto todo agitado y con Excalibur en la mano, mientras abro los ojos siento la calidad mano de Diane sobre mi rostro, ella simplemente sonríe y me dice lo siguiente:

—Me da gusto ver que estés bien Tristán.

Me ruborizo y cambio la mirada hacia la espada para descubrir que esta había cambiado grotescamente a comparación de su diseño original.

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