Al darme cuenta de que Alice se encuentra en la terraza donde el día anterior tuvimos una platica con nuestros seres, empiezo a correr hacia las escaleras para después dar un gran salto para llegar rápido a la cima donde comienzan a verse destellos de luz y relámpagos de forma violenta.
—¡Mamá porque tuviste que morir! —dice entre llantos Alice.
Alice se encuentra tirada en suelo en una posición que parece de sostener una persona y alrededor de ella los relámpagos golpean violentamente el suelo.
—¡Alice escúchame por…
No termino la frase cuando uno de sus relámpagos cae delante de mí. El suelo comienza a quebrantarse poco a poco, si esto sigue así no podré acercarme lo suficiente a Alice para hacerla reaccionar la prueba consistía en le mayor anhelo y temor, pero entonces ¿por qué razón muestra solo su temor? Acaso ella…a como es de terca no me extrañaría que su mayor anhelo fuera superar su temor para seguir adelante.
Dando un leve suspiro tomo impulso y me lanzo entre los rayos hacia Alice. Cada uno de esos destellos viajan a una velocidad similar o mayor que la luz y yo me lanzo por esta idiota para salvarla, enserio soy demasiado bondadoso a pesar de lo que pienso.
—¡Estúpida reacciona! ¡Magia de oscuridad, Cadenas de oscuridad! —exclamo.
Lanzando mis cadenas oscuras envuelvo a Alice en ella y suprimo su poder mágico haciendo que sus destellos de luz y relámpagos se detengan completamente.
—Mamá otra vez no pude salvarte —dice entre llantos Alice.
Hubiera sido todo más fácil si hubiese tenido mi espada conmigo, pero ahora ella parece estar mas calmada, aunque ciertamente todavía no puede salir de la prueba, si tan solo ese conde me hubiera explicado como hacerla regresar a su sano juicio y sacarla de ahí.
Pasando unos momentos desactivo el hechizo de las cadenas y la dejo caer junto conmigo al quebrantado suelo.
—Si tan solo hubiese sido mas fuerte no hubiera…
—¡Alice deja de ser una llorona lamentosa! —grito molesto—. ¡¿Dónde dejaste tu gran valentía de guerrera?!
—Tristán…
—En serio te ves patética en este estado, perdiste a tu madre, pero de menos todavía tienes una familia la cual te quiere, sin embargo, yo… ¡yo no tengo a nadie y no me estoy lamentando! —exclamo tomándola de los brazos—. ¡Si no puedes pasar la prueba deja de hacerte la valiente y di que no puedes enfrentar las cosas sola!
—¡No es que no pueda! ¡Quiero superarlo, pero…pero ¿cómo puedes abandonar tus sentimientos por alguien? ¡Dímelo!
—Crees en verdad que abandone mis sentimientos por ellos —digo apáticamente—. De verdad no tienes idea de lo que es perder todo e inundarte en la ira.
Así es, todavía guardo rencor contra los demonios, no sé si estoy haciendo en lo correcto para hacer entrar en razón a Alice, pero…si ella logra entenderlo posiblemente supere la prueba y porte Excalibur.
—¡Por qué… tienes que ser tú! —exclama recostándose en mi pecho—. ¡En serio soy tan patética!
Sus lagrimas recorren por todo mi pecho estas ya no son de dolor por lo de su pasado, sino son de su impotencia por fallar y verla llorar ciertamente me hace sentir un poco de lastima por ella. Estirando mi brazo sobre ella la abrazo y miro hacia el cielo. Aunque sea solo espiritualmente siento todo su calor en mí, quisiera decir que no es agradable, pero me estaría mintiendo.
Pasaron unos cuantos minutos de estar juntos y poco a poco Alice se fue levantando para después decirme lo siguiente:
—Tristán superare la prueba y te demostrare que no soy patética —dice mostrando una sonrisa.
—Te quedan 30 minutos, así que toma la decisión que se te apetezca —digo alejándome de ella—. Si vas a huir solo tienes que salir de la residencia y es todo.
—Tristán…gracias por salvarme.
—Me tendrás que invitar a comer a un restaurante que prepare los mejores cortes de carne en forma de pago —comento sonriendo.
Mientras bajo las escaleras un tipo de orbe de luz aparece delante de mí y extrañamente se empieza a estirar hasta aparecer una joven doncella en una capa de ojos color celeste y pelo negro.
—Tristán Dagger, veo que interrumpiste la prueba de Alice y al parecer está ahora mas motivada para pasar la prueba.
—¿Quién eres? —pregunto.
—Todos los guerreros me conocen como la Dama del Lago, así que tú también me puedes llamar de esa forma —me responde la doncella.
—Supongo que tendré que vérmelas con usted por interrumpir su prueba ¿verdad? —digo dando un suspiro.
—No al contrario, ciertamente estoy esperando con ansias que hagas la prueba y ver que tan fuerte eres —me dice tomándome el rostro—. Regresa y toma la espada después de que termine la jovencita.
Al momento de que terminar de decirme eso me levanto instantáneamente del suelo y veo los rostros de Adahir y Diane.
—¡Pudiste ayudar a Alice! —exclama Diane tomándome del brazo—. ¡Por favor dime que si estará bien!
—Diane me podrías soltar, Alice se encuentra bien y saldrá pronto —digo tomando su delicada mano.
—¿Qué se siente estar dentro de su mente? ¿Sentiste algo extraño? —me pregunta Adahir.
—Aclaro no estuve recorriendo por sus recuerdos, de hecho, ni siquiera pude ver lo que ella estaba pasando, solo la veía a ella hacer unas raras posturas donde en cierta forma se puede decir que sostenía el cadáver de su madre —menciono acercándome a Alice—. Aunque ella no era la única que estaba ahí, también estaba alguien llamada La Dama del Lago.
—¡Dijiste La Dama del Lago! —exclama el conde.
—Usted ni me hable, por su culpa estaba en un momento de crisis —le digo irritado.
—Tristán si te das cuenta de quien…
—Si me doy cuenta Adahir, no soy incrédulo, pero en cierta forma esta mujer quiere que haga la prueba de la espada también para su propia curiosidad —interrumpo a Adahir.
—Entiendo, pero ¿estás seguro qué quieras que diga eso Ofiuco?
—¿Qué pasa Diane? —le pregunta Adahir.
—Tristán ¿sabes de la Leyenda de Ofiuco?
—¿Qué tiene que ver Ofiuco con La dama del Lago? —respondo con otra pregunta.
—Pues que varios héroes que portaron Excalibur y lograron ver a esa mujer obtuvieron una maldición que a cierta edad mueren de forma inminente sin poder hacer nada —me responde seriamente—. Muchos de ellos intentaron acudir a Ofiuco cuando rondaba por la tierra libremente para ser curados y ellos eran los únicos que no podía curar.
—¡Estás diciendo que voy a morir por ver a una mujer! —exclamo.
Diane cambiando su mirada hacia otro lado, Adahir lleno de sorpresa en su rostro y el conde simplemente se queda inmóvil sin explicar nada.
—Solamente si decides tomar el arma, pero hay otra cosa mas que debes saber y es que si le cuentas de tu maldición a otra persona esta tendrá el mismo destino que tú.
—Pero Alice todavía está haciendo la prueba ¿no? Ella no es la que recibiría la maldición en todo caso —dice Adahir
—Ya está predestinado que Tristán será el siguiente portador de esta espada y no hay forma alguna de que pueda evitarse —le responde Diane.
El conde solo guarda un silencio profundo y comienza a caminar hacia la salida cuando de repente un destello de luz comienza a venir de Alice.
—Alice…
—Te dije que iba a volver pronto —me interrumpe.
—No esperaba menos de ti princesa llorona —le digo sonriendo.
—¡Estúpido!
—¿Alice te encuentras bien? —pregunta el conde acercándose.
—Me encuentro bien tío, pero lamentablemente no puedo portar a Excalibur —le responde desanimada.
Al parecer ella se encuentra bien la verdad no sé ciertamente si ella logro superar ese pasado o decidió salir por si misma.
Ayudo a levantar a Alice junto al conde y mientras la llevo conmigo para entregarla a Diane y Adahir, le susurro lo siguiente:
—Active el hechizo y no diga nada sobre la maldición por favor.
—¿Qué tanto susurras? —me pregunta.
—Nada que te importe rubia llorona —respondo—. Diane y Adahir les encargo a esta dama y llévenla a descansar a una de las tantas habitaciones del castillo.
Entregando a Alice me acerco hacia Excalibur para contemplarla por un momento y hacer una señal con la cabeza para indicar que active el hechizo.
— O spectaculum luminis gladio tuo verum est forma et ostendam tibi quioa non sum dignus.
Excalibur comienza a soltar un gran brillo que me encandila completamente y hace que cierre los ojos del mismo brillo. Pasan dos segundos y los vuelvo abrir, pero ahora ya no estoy en la habitación, sino estoy en lo que sería mi antigua ciudad hace 15 años.
—Dama del Lago muéstrate y deja de jugar con mis recuerdos —grito—. En serio crees que esto me hará sentir dolor.
—Veo que eres difícil de manipular, pero…esto solamente es el comienzo de la tortura.
Cuando escucho esas palabras todo comienza a ponerse oscuro y aparecen delante de mí varias personas cubiertas en una capa.
—Esos son…
—Son todas las personas que has matado ¿qué harás en esta situación? —me interrumpe entre risas.
—No deberías mostrarme también algo referente a mi mayor anhelo o acaso tanto es tu deseo de verme morir —digo egocéntricamente.
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Comments
Rata de pared
Tristian, tus problemas nos son que los problemas de los demás ni menos, dios
2024-01-24
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