Pasan las horas y todavía sigo lanzando cortes de oscuridad hacia el mismo pilar, ni siquiera podré comer por estar aquí.
—Eres un glotón.
—¿Eh?
—Así como lo oíste, deberías estar concentrado en entrenar ahora y dejar la comida para después —Dice regañándome.
—Por cierto ¿Qué hora es? —Pregunto.
—Son las 4 de la madrugada.
Guardo silencio y suelto un suspiro, miro hacia el mismo pilar y lanzando un corte de oscuridad provoco una gran explosión oscura y hace un pequeño agujero en la pared de la habitación.
—¿Por qué no me despertaste? Recuerda que soy humano y no un demonio —Digo molesto.
Athatriel solo hace una mueca y apareciéndose atrás de mí, pone su mano en mi hombro derecho y suspirando dice:
—Si te importa mas la comida que el entrenamiento tendré que matarte.
—Porque me hará sentir que ya pasamos por un momento similar a este —Expreso fríamente.
Hace 5 años antes de conocer a Athatriel y entrar en el mundo de los portadores demoníacos, vivía una vida llena de seriedad y egocentrismo sobre las demás personas, al tener magia de oscuridad y haber sido entrenado por el mismo Kuradel, me hacían sentir como si nadie pudiera vencerme de mi generación.
Cuando llegó el momento de ir hacer el ritual de unión espiritual no me llevaron a ninguna abertura entre el nuestro mundo y el mágico, si no me llevaron a una vieja cueva en las afueras de la Capital del Distrito Marley y nadie respondía mis preguntas.
—¿Por qué diablos estamos en una cueva? —Pregunté molesto.
—Estamos aquí, porque será el lugar donde harás el pacto espiritual —Me explicó mi maestro Kuradel.
Jamás llegué a pensar en aquel momento, que me tocaría hacer la unión con un demonio y estar al borde de la muerte.
Caminamos por la cueva oscura y solamente se veían algunas antorchas que estaban al final del pasillo de la cueva.
Al llegar al final del pasillo llegamos a una sala muy particular donde en medio de esta había una mesa de piedra con una espada recostada, la habitación tenía varias puertas de las cuales empezaron a salir varias personas y las cuales se acercaron a nosotros.
—¿Vienen hacer el ritual? —Preguntó un hombre con voz gruesa.
—Sí, pero necesito que preparen el ritual de invocación.
—¿El ritual de invocación? —Pregunté desconcertado.
Los hombres se pusieron alrededor de la espada y empezaron a hablar en una lengua muerta que ya nadie hablaba.
—Veni, et Ostende te nobis Athatriel de gladio.
Un humo negro salió de la espada y de ella salió un demonio con armadura de metal de color gris oscuro y con un brazo de color negro con rayas rojas.
No cabía duda, esa era la presencia de un demonio, su odio y ira eran notorios al ver sus ojos rojos carmesí.
—Ahora ¿quién es el valiente para hacer un pacto conmigo? —Preguntó Athatriel.
No tenía palabra alguna que pudiera decir en aquel momento, la ira me cegaba, pero también sentía miedo al ver tremendo poder en ese demonio.
—No haré el pacto con un demonio —Dije molesto buscando una salida para salir de la cueva.
—Y todo lo que has entrenado lo vas a dejar. Sabes tanto como yo, que tú solo no puedes vencer a los demonios si no te unes a un espíritu —Insistió mi maestro
—¡Una cosa es hacer un pacto con un espíritu y otra cosa es hacer un pacto con un demonio como él! —Reclamé molesto.
—Pues ahora si quieres sobrevivir y enfrentar a los portadores demoníacos, pues tendrás que enfrentarlo primero a él —Dijo mi maestro.
—¡Oh ya veo! posees magia de oscuridad, debes haber entrenado mucho para este día, lastima que no eres lo suficiente fuerte para poder soportarme tendré que matarte por ser débil —Murmuró en mi oído.
Cuando quise reaccionar fui atravesado por el abdomen por su brazo, la sangre comenzó a salir por mi boca y comencé a tener dificultad para respirar.
Quitando su mano caí al suelo y mi vista ya era borrosa, pensé que era el final aquel momento nadie sobrevive a una herida de ese tipo y solo era cuestión de tiempo para morir.
—Supongo que eres igual que los demás que intentaron hacer un pacto conmigo.
Apreté mis manos y los dientes para intentar hacer fuerza para levantarme y haciendo presión en mis piernas, me levanté y estiré la mano hacia donde estaba la espada. La espada salió volando de su posición y llegó a mis manos.
—Magia de oscuridad, ataduras de… oscuridad —Dije desesperado.
Varias cadenas de oscuridad aparecieron y rodearon a Athatriel y lo dejaron inmóvil.
—¿Cómo es posible que no estés muerto? ¿Y cómo es posible que tengas mi espada? —Gritó enojado Athatriel.
—La verdad es que no me queda mucho, pero si la espada respondió ante mi llamado significa que soy digno de hacer un pacto contigo —Dije mientras me limpiaba la sangre de la boca.
Su mirada llena de odio se fijó en mí y estirando su brazo derecho se deshizo de las cadenas de oscuridad. Aferrándome todavía a seguir vivo caminé hacia el y le di un golpe con la espada que el simplemente bloqueo con un solo dedo.
—No sé… porque razón… estoy vivo, pero… no pienso… morir sin antes pelear —Expresé cortadamente.
—Ya es suficiente, apenas y puedes mantenerte de pie —Dijo Athatriel sentándose en el suelo
Estaba demasiado cansado, perdía sangre y tenía dificultad para respirar, sentía como perdía la consciencia pensando que era el fin.
—Peleo… porque no quiero morir y quiero… vengar a todos los que murieron ese día, pero… ahora veo que hasta aquí puedo llegar —Dije para después caer al suelo inconsciente.
—¡Tristán!
—No puede entrar ahí maestro Kuradel.
Cuando desperté no había nadie en la habitación de hecho lo primero que se me vino a la mente fue pensar que estaba muerto. La herida en mi vientre aún estaba y el dolor junto con el cansancio se sentían, quise gritar, pero nadie escuchó mi voz y en la misma desesperación comencé a llorar al saber que iba a morir.
—Deja de ser llorón, todavía no estás muerto Tristán.
Al oírlo no quise darme la vuelta y solo me quedé parado esperando mi destino.
—La única manera de que no mueras es que aceptes hacer un pacto demoníaco conmigo.
—No creo… que quieras hacer un pacto… con un humano tan… débil —Dije temblorosamente.
—Deja de hacerte la victima y acepta de una buena vez el trato, solo te pediré que cada portador demoníaco que veas lo mates —Dijo Athatriel.
Al escuchar esas palabras no pude creerlo, pensé que no quería hacer un pacto con alguien tan débil, pero ahora se esta ofreciendo incluso a salvarme y hacer un pacto con él.
—Toma una decisión rápida te estas muriendo —Expresó Athatriel molesto.
—Antes de… aceptar me gustaría saber… ¿por qué me ayudas? —Pregunte con el poco aliento que me quedaba.
—No es que te ayude, lo que hago es tomar un buen recipiente y lacayo para matar portadores demoníacos
—Ya veo… aceptare el … pacto de unión —Dije.
Athatriel se acercó hacia mí y desapareció totalmente. Abrí mis ojos y vi que Kuradel y tres hombres mas estaban mirándome fijamente con cara de sorpresa.
No entendí lo que tanto me miraban, pero viendo bien enfocaban su mirada en mi brazo derecho. Cambié la mirada hacia el brazo y este era de color negro con algunas venas rojas carmesí. No solamente era mi brazo, si no también mi cuerpo de ese mismo lado estaba completamente envuelto en una armadura color gris con destellos rojo, después de haber mirado mi cuerpo recordé que me había dicho Athatriel que iba a hacer la unión demoníaca.
—¿Qué ha pasado con mi cuerpo? —Pregunte asustado.
—Ya lograste hacer el pacto conmigo —Dijo una voz gruesa
Me asusté al saber que esa voz venía de mi mente y volteé a varios lados tratando de buscar a esa persona que me había hablado en mi mente.
—¿Qué tanto buscas? —Preguntó Kuradel.
—Es que alguien me está hablando ¿No lo escuchas? —Respondí buscando todavía a esa persona.
—No seas estúpido, es algo normal que pasa después de hacer un pacto con un espíritu o un demonio.
—¿Cómo es eso posible? —Pregunté sorprendido.
Las miradas de mi maestro y esos invocadores eran demasiado incómodas, pero nunca les preste atención mas bien lo que me preocupaba es que siguiera con vida.
—Después de que se hace el pacto, el método de contacto entre el espíritu y el portador es la telepatía en mi caso y tú debes hablar como si estuvieras hablando con alguien.
Esa rara explicación me dejó desconcertado, pero entendí a lo que se refería Athatriel referente a la conversación.
—¿Estás hablando con Athatriel?
—Si maestro, pero ¿Por qué razón solo puedo usar el 50 porciento? —Dije pensativamente.
—No es lo mismo hacer la unión con un espíritu a con un demonio, varían ciertas cosas para que puedas usar el poder completo de tu demonio.
—Lo que dice el viejo es certero.
Cuando dijo viejo, no pude evitar soltar una risa y es que si mi maestro lo hubiera escuchado el mismo lo hubiera matado.
—¡Tristán! —Grita Athatriel enojado.
Rápidamente abro los ojos y busco con la mirada a Athatriel.
—Perdón, me dejé llevar con los recuerdos del día que nos conocimos —Respondo desactivando la unión.
—Si se notó que estabas perdido en tus recuerdos, pero ahora eso no es importante se acabo el tiempo de estar aquí.
—¿Por qué? —Pregunto sorprendido.
El campo de visión comienza a desaparecer completamente hasta dejarme en la oscuridad para después abrir mis ojos y regresar a la habitación.
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