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ENTRE SUEÑOS Y SABANAS

ENTRE SUEÑOS Y SABANAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

¿Cómo puede alguien a quien nunca habías visto conocer cada rincón de tu cuerpo? Lía está a punto de descubrir que su divorcio es el menor de sus problemas, y que algunos sueños no vienen a buscarte... vienen a cazarte.

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capitulo 10

El edificio de la Constructora Montero se alzaba hacia el cielo como un obelisco de cristal, pero para Lía, esa mañana se sentía como un mausoleo. Al cruzar las puertas giratorias, el murmullo de los empleados se detuvo en seco. Las noticias sobre la detención de Julián y la implicación de Sara habían corrido como pólvora en los diarios financieros.

Lía no bajó la cabeza. Vestía un traje de sastre gris oscuro, el cabello recogido con una precisión militar y una mirada que no admitía réplicas. A su lado, Dante caminaba en silencio, su presencia actuando como un escudo invisible pero palpable. Él no era su abogado oficial —ese papel seguía siendo de Victoria—, pero era su ancla.

—Buenos días —dijo Lía al llegar a la recepción, su voz proyectándose con una seguridad que nunca antes había necesitado usar—. Convoquen a la junta directiva en diez minutos. Salón principal.

—Señora Montero... —balbuceó la recepcionista—, la junta estaba esperando noticias de... bueno, del señor Julián.

—El señor Julián ya no forma parte de esta empresa, ni de mi vida —respondió Lía sin detenerse—. Y a partir de hoy, yo soy la única que da órdenes aquí.

...

La reunión de la junta fue una carnicería diplomática. Los hombres que antes la ignoraban o le hablaban con condescendencia ahora la miraban con temor. Lía presentó las pruebas de la extorsión de Julián y la complicidad de Sara. No pidió permiso; exigió la destitución inmediata de cualquier aliado de su exesposo.

—Mi padre construyó este imperio sobre secretos y extorsión —concluyó Lía, de pie en la cabecera de la mesa, la misma silla que Julián había usurpado durante años—. No puedo cambiar el pasado, pero no permitiré que el futuro de esta empresa siga manchado de sangre. El "Proyecto Esmeralda" en el lago del norte queda cancelado definitivamente. Las tierras serán devueltas a la comunidad y se creará un fondo de compensación para las familias afectadas.

—¡Eso nos costará millones en acciones! —protestó uno de los directivos más antiguos.

—Prefiero una empresa con menos millones y más integridad —sentenció Lía—. Si no están de acuerdo, mis abogados tienen preparadas sus liquidaciones. Pueden irse hoy mismo.

Nadie se movió. El silencio fue la señal de su victoria. Al salir de la sala, Dante la esperaba en el pasillo, apoyado contra la pared con una sonrisa de orgullo que le iluminaba el rostro.

—Has estado increíble, jefa —susurró él, atrapando su mano y besando la palma.

—Me tiemblan las piernas, Dante —confesó ella, permitiéndose una pequeña grieta en su armadura—. Pero era necesario. Necesitaba matar al fantasma de mi padre para poder vivir mi propia vida.

—Ahora solo te queda un fantasma por enfrentar —dijo Dante, su expresión volviéndose seria—. Victoria ha conseguido la autorización. Sara quiere verte.

...

El centro de detención preventivo olía a desinfectante industrial y a sueños rotos. Lía se sentó frente al cristal reforzado, esperando. Cuando Sara entró, escoltada por una guardia, el contraste fue brutal. Ya no quedaba rastro de la mujer seductora y arrogante de la gala. Su hermana vestía el uniforme gris de la prisión, el rostro lavado y los ojos inyectados en sangre.

Sara tomó el teléfono del otro lado del cristal con una mano temblorosa.

—Vienes a regodearte, ¿verdad? —siseó Sara, su voz distorsionada por el auricular—. La gran Lía Montero, la santa, la triunfadora.

—Vine a preguntarte por qué, Sara —respondió Lía, manteniendo una calma que le costaba mantener—. El dinero no era problema para ti. Papá te dejó una fortuna. ¿Por qué ayudar a Julián a destruirme?

Sara soltó una risa amarga que terminó en un sollozo seco.

—¿El dinero? ¡No era por el dinero, imbécil! Era por él. Todo lo que tú tenías, siempre lo hacías parecer tan fácil. Tu talento, tu matrimonio aburrido pero "perfecto", tu gracia... Quería que vieras que el hombre que dormía contigo prefería mi cuerpo, mi fuego. Quería romperte para ver si debajo de esa perfección había algo real.

—Lo que encontraste fue algo real, Sara —dijo Lía, acercándose al cristal—. Encontraste a una mujer que no se rompe tan fácil. Pero en el proceso, te rompiste tú. Julián te usó como un peón. El dinero que desvió a tus cuentas no era para ti; era para tenerte como escudo legal si lo atrapaban. Eres su cómplice oficial ante la ley.

Sara palideció, sus ojos moviéndose con pánico. —Él dijo que me amaba. Que nos iríamos lejos...

—Él no ama a nadie, Sara. Ni siquiera a sí mismo. Estás aquí por un hombre que intentó matarme ayer.

—Lía... por favor —suplicó Sara, pegando las manos al cristal—. Somos hermanas. Habla con tus abogados. Dile a Victoria que me obligaron. No puedo quedarme aquí.

Lía miró las manos de su hermana, las mismas manos con las que jugaba en el lago cuando eran niñas, las mismas manos que habían acariciado a su esposo a sus espaldas. Sintió una punzada de dolor, un eco de la hermandad perdida, pero se mantuvo firme.

—Te quiero, Sara. Porque eres mi sangre y porque recuerdo a la niña que fuiste. Pero no voy a mentir por ti. Tendrás que enfrentar las consecuencias de tus actos. Victoria no te defenderá, pero me aseguraré de que tengas un abogado de oficio decente. Es todo lo que puedo hacer.

Lía se puso de pie y colgó el teléfono. Sara empezó a gritar y a golpear el cristal, pero Lía no miró atrás. Caminó hacia la salida, sintiendo que con cada paso que daba hacia la luz del sol, el peso que había cargado en sus hombros durante siete años se disolvía.

Dante la esperaba fuera, junto al coche. Al verla salir, supo de inmediato cómo había ido la reunión. No hicieron falta palabras. La tomó en sus brazos y la sostuvo mientras ella finalmente lloraba; no de tristeza, sino de liberación. Lloró por la hermana que perdió, por el padre que nunca conoció de verdad y por la mujer que por fin era libre de ser.

...

Esa noche, el ático de Dante recuperó su magia. Sin secretos, sin amenazas y con el divorcio en marcha de forma implacable, el aire se sentía puro. Lía estaba sentada en la terraza, viendo las estrellas, cuando Dante salió con dos copas de vino.

—He estado pensando —dijo él, sentándose a su lado—. La constructora necesita un nuevo comienzo. Y tú necesitas un proyecto que sea solo tuyo.

—Lo sé —dijo Lía, tomando un sorbo de vino—. He decidido convertir las tierras del lago en un centro de arquitectura sostenible y refugio natural. Quiero que el lugar donde empezó nuestra pesadilla sea el lugar donde otros encuentren paz.

Dante la miró con una admiración que le quemaba la piel. —Es una idea perfecta. Y yo sé de alguien que estaría encantado de llevar la parte legal de ese centro de forma gratuita.

Lía rió y se acurrucó contra él. —Te va a salir caro, abogado Valerios.

—Ya me has pagado con creces, Lía —susurró él, dejando la copa y tomando su rostro entre sus manos—. Me devolviste los sueños.

Se besaron bajo el cielo de la ciudad, un beso que ya no sabía a urgencia prohibida, sino a la calma de un hogar encontrado. Se dirigieron a la habitación, y esa noche, la sensualidad fue una marea suave y profunda. Se amaron con la parsimonia de quienes saben que tienen toda la vida por delante. Dante recorrió cada curva de su cuerpo como si estuviera memorizando un nuevo mapa, y Lía se entregó a él con una confianza absoluta, sabiendo que ya no había nada que ocultar.

En la oscuridad de la habitación, justo antes de quedarse dormida, Lía susurró:

—Dante... ya no tengo bragas mojadas al despertar por un desconocido.

Dante rió entre dientes, abrazándola por la cintura. —¿Ah, no? ¿Y eso es bueno o malo?

—Es perfecto —respondió ella, cerrando los ojos—. Porque ahora, cuando me despierto, el hombre de mis sueños está a mi lado, respirando sobre mi piel. Ya no necesito soñar para sentirme viva.

Lía se durmió con una sonrisa. Sabía que los juicios contra Julián y Sara serían largos, que la prensa no la dejaría en paz por un tiempo y que reconstruir una empresa era una tarea titánica. Pero por primera vez en su vida adulta, no tenía miedo. El destino, con todas sus vueltas crueles, la había llevado de regreso al muelle de su infancia, y esta vez, el niño que le prometió protección no se iría a ninguna parte.

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