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Wishcalia

Wishcalia

Status: En proceso
Genre:Héroes / Mujer fuerte/hombre frágil / Amor-odio
Popularitas:216
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Wishcalia es una mujer de carácter férreo: fuerte, dominante y acostumbrada a que nadie le doble la voluntad.
Al conocer a Alexander, un amor profundo e inesperado nace entre ellos. Se casan, forman una hermosa familia y llenan su hogar de risas y hijos. Juntos parecen invencibles.
Sin embargo, la armonía se quiebra cuando su suegra empieza a manipular y sembrar conflictos con sus intrigas. Como si eso no fuera suficiente, el primer amor de Alexander reaparece con una pasión renovada, removiendo viejos sentimientos y poniendo a prueba los límites de su matrimonio.
Entre celos, secretos familiares y deseos del pasado que resurgen con fuerza, Wishcalia deberá usar toda su fuerza y astucia para proteger lo que más ama. Porque en esta historia, incluso la mujer más poderosa puede verse obligada a luchar por su felicidad.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La foto falsa

Wishcalia no durmió esa noche.

Se quedó abrazada a Alexander, sintiendo el ritmo constante de su respiración, pero su mente no dejaba de dar vueltas. La foto manipulada ardía en su teléfono como una bomba de tiempo. Alguien —casi con seguridad Camila— había intentado sembrar la duda otra vez. Y aunque Wishcalia había detectado el engaño rápidamente, el simple hecho de que existiera la molestaba profundamente.

A las seis de la mañana se levantó sin hacer ruido. Se puso ropa deportiva y salió a correr por la playa privada que bordeaba la mansión. El aire salado y el sonido de las olas la ayudaron a aclarar las ideas. Cuando regresó, sudorosa y con la mente más fría, tomó una decisión.

No iba a confrontar a Alexander de inmediato. Primero iba a reunir más pruebas.

Después del desayuno familiar —donde Mateo y Sofía llenaron la cocina de risas y migas de pan—, Wishcalia llevó a Alexander a un aparte en el despacho.

—Necesito que veas algo —dijo con voz calmada, pero firme.

Le mostró la foto en su teléfono. Alexander frunció el ceño al instante.

—¿Qué es esto?

—Una foto que me enviaron anoche. Supuestamente de ti y Camila hace tres días. ¿Reconoces la camisa?

Alexander la miró con atención y luego negó con la cabeza.

—Esa camisa la guardé hace meses. No la he usado desde que volvimos de aquel viaje a la playa. Alguien la manipuló.

—Lo sé —respondió Wishcalia—. Pero el hecho de que alguien se tome el trabajo de crear esto significa que no se van a rendir fácilmente. Quiero que me digas la verdad, Alexander. ¿Has visto a Camila en estos últimos días? ¿Aunque sea “por casualidad”?

Él la miró directamente a los ojos, sin parpadear.

—No. Te lo juro por nuestros hijos. No he visto a Camila desde la noche en el restaurante. Y no he hablado con ella desde que la bloqueé.

Wishcalia estudió su rostro durante varios segundos. Finalmente asintió.

—Te creo. Pero esto no se queda así. Voy a descubrir quién envió esto y voy a ponerle fin.

Esa misma mañana, Wishcalia llamó al detective privado y le envió la foto.

—Quiero que analice esta imagen. Averigüe de dónde salió y quién la manipuló. También quiero que siga a Camila las próximas 48 horas. Necesito saber si está planeando algo más.

El detective respondió con profesionalismo:

—Entendido, señora. Le enviaré un informe completo antes de mañana.

Por la tarde, Wishcalia decidió llevar a los niños al parque como había prometido. Alexander se unió a ellos. Ver a Mateo corriendo detrás de una pelota y a Sofía intentando subirse al tobogán sola le recordó por qué luchaba con tanta fuerza. En un momento, mientras Alexander empujaba a Sofía en el columpio, Wishcalia se acercó y lo tomó de la mano.

—Gracias por estar aquí —dijo en voz baja—. Esto es lo que quiero. Nuestra familia. Sin sombras.

Alexander la besó en la sien.

—Es lo que yo también quiero.

Pero la paz duró poco.

Esa noche, mientras cenaban, el teléfono de Wishcalia vibró con un nuevo mensaje de número desconocido. Esta vez no era una foto. Era un archivo de audio.

Wishcalia lo reprodujo con el volumen bajo. La voz de Camila se escuchaba claramente, hablando con alguien:

“…Alexander todavía me ama. Solo está confundido por esa mujer dominante que lo tiene atrapado. Cuando se dé cuenta de que ella no lo hace feliz, volverá conmigo. Siempre vuelve conmigo.”

La grabación terminaba con una risa suave.

Wishcalia sintió la rabia subirle por el pecho. Miró a Alexander, que estaba cortando la carne de Mateo.

—Alexander, ven un momento —dijo con voz controlada.

Subieron al despacho. Wishcalia reprodujo el audio delante de él.

Él palideció.

—Esto es una locura. Nunca dije nada parecido. Ella está inventando todo.

—Lo sé —respondió Wishcalia—. Pero está escalando. Primero la foto falsa, ahora esto. Mañana tengo la reunión con mi abogado para avanzar con la medida cautelar. Quiero que estés presente.

Alexander asintió.

—Allí estaré.

Esa noche, después de acostar a los niños, la tensión entre ellos era palpable. Wishcalia se duchó y salió del baño envuelta en una toalla. Alexander la esperaba sentado en la cama.

—Wishcalia… sé que estás enfadada. Y tienes razón. Pero por favor, no dejes que esto nos separe.

Ella dejó caer la toalla y se acercó a él completamente desnuda. Se subió a horcajadas sobre sus piernas y tomó su rostro entre las manos.

—No voy a dejar que nos separen —dijo con voz baja y peligrosa—. Pero necesito que entiendas algo, Alexander. Yo no soy una esposa que se queda callada ni que espera a que las cosas se arreglen solas. Yo actúo. Y si alguien amenaza mi familia, yo respondo con todo.

Lo besó con fuerza, casi con furia. Sus manos recorrieron el cuerpo de él con posesión absoluta. Esa noche Wishcalia no solo hizo el amor. Reclamó. Dominó cada movimiento, cada gemido, cada suspiro. Alexander se entregó por completo, repitiendo su nombre como una súplica y una promesa al mismo tiempo.

Cuando terminaron, sudorosos y jadeando, Wishcalia se quedó sobre él, mirándolo a los ojos.

—Dime que eres mío.

—Soy tuyo —respondió él sin dudar—. Solo tuyo.

A la mañana siguiente, en la reunión con el abogado, Wishcalia presentó tanto la foto manipulada como el audio. El abogado revisó todo con atención.

—Esto es acoso claro, señora Wishcalia. Podemos solicitar una orden de alejamiento contra Camila y reforzar la restricción contra su suegra. Con estas pruebas, el juez verá manipulación y posible daño emocional a la familia.

Wishcalia miró a Alexander, que estaba sentado a su lado.

—¿Estás de acuerdo?

Él tomó su mano sobre la mesa.

—Totalmente de acuerdo.

Cuando salieron de la oficina, Wishcalia se sentía más fuerte. Pero al llegar al auto, recibió otra llamada. Esta vez era Elena.

—Wishcalia —dijo la suegra con voz temblorosa pero cargada de veneno—. Acabo de enterarme de que quieres pedir una orden de alejamiento contra Camila. ¿Hasta dónde piensas llegar? ¿Vas a destruir a mi hijo solo por tu orgullo?

Wishcalia respiró hondo antes de responder.

—Elena, la que está destruyendo a tu hijo eres tú, aliándote con su ex para sabotear su matrimonio. Si no te detienes, no solo Camila va a tener una orden de alejamiento. Tú también vas a tener problemas para ver a tus nietos.

Elena soltó una risa amarga.

—Eres una mujer cruel. Alexander merecía algo mejor.

—No —respondió Wishcalia con frialdad—. Alexander me merecía a mí. Y yo lo elegí. Ahora tú decides si quieres seguir formando parte de esta familia o si prefieres quedar fuera.

Colgó sin esperar respuesta.

Esa noche, mientras Alexander dormía, Wishcalia se levantó y abrió su laptop. Revisó todos los informes del detective y comenzó a preparar un dossier completo: fotos, audios, mensajes, registros de llamadas. Todo organizado y listo para ser presentado si era necesario.

Cerró la laptop y miró hacia la cama donde Alexander dormía plácidamente.

Por fuera, parecía que tenía todo bajo control.

Por dentro, sabía que la verdadera batalla apenas empezaba.

Camila y Elena no se rendirían con una simple orden judicial.

Pero Wishcalia tampoco.

Ella era la dueña de su destino.

Y nadie —ni suegra, ni ex, ni pasado— le iba a quitar lo que había construido con sangre, amor y pura fuerza de voluntad.

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