Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 10
Fue entonces que empezaron a sucederse una serie de crímenes en la ciudad que marcaron definitivamente mi existencia. Primero encontraron a una mujer asesinada de dos balazos en el cráneo. Mi adjunto Shatner me informó que era una fémina que vendía sus caricias y que trabajaba para un proxeneta al que llamaban "Tornado" quien pretendía hacerse de la ciudad, en desmedro de los otros sujetos que se aprovechan de las mujeres ofreciéndolas como mercancía a hombres, también, angustiados por tener intimidad y ansiosos de noches de pasión y erotismo en la cama.
Dos días después fue encontrada muerta otra mujer con un gran corte en el cuello. Estaba tumbada en unos basurales. La habían degollado y la dejaron morir desangrada. Fue un crimen horroroso y despiadado. En el móvil de ella encontré muchísimas amenazas de un sujeto que aseguraba era el nuevo dueño de las calles y que debía sumarse a su cuadrilla de féminas o de lo contrario moría. Ahora ella estaba muerta.
En apenas una semana habían matado a casi siete mujerzuelas que ofrecían sus caricias al mejor postor en las calles de la zona roja de la ciudad, todas asesinadas con crueldad.
El comandante Marcus,. mi jefe, ordenó estar atentos a esa seguidilla de crímenes para capturar al asesino en serie. -Hay un homicida desquiciado suelto en las calles, sembrando el pánico, y debemos atraparlo, la ciudad está convulsionada y aterrada por esos terribles asesinatos-, nos dijo a todos luego de una intensa sesión en la sala de conferencias de la comandancia.
El capitán Richards, el jefe de homicidios no tenía pistas excepto de que el tal "Tornado" pretendía tomar las calles y manejar el negocio de las mujerzuelas.
-El meretricio es un negocio muy rentable y fácil-, me dijo Richards, pensando que yo ignoraba todo eso. A mí me gustaba verle los ojos a Richards. Eran muy varoniles y majestosos, imponentes, delirantes e hipnóticos como las de una divinidad helénica. Y me fascinaban también sus manos grandes, con muchos vellos, que me electrizaban, tanto que mordía los labios impetuosa, con deseos de morderle y hundirle mis colmillos je je je.
Parker, otro de mis adjuntos, hizo un recorrido por la zona roja, queriendo saber del tal "Tornado" y de sus competidores y, después de casi un día, regresó a la comandancia entre sorprendido y atónito a la vez. -Hay varios hombres ofreciendo sus besos y caricias a mujeres solas, jamás vi tanta locura en las calles-, me contó.
-¿Hombres? ¿Dices hombres?-, me mostré aturdida también.
-Sí, capitana. Hombres vendiendo sus besos y caricias. Son guapos, altos, elegantes, pulcros, bien vestidos, muy atractivos. No solo convencen a las mujeres para pasar una noche de pasión sino también a otros hombres que gustan de ellos-, me relató sin salir de su asombro.
Yo no sabía eso, pero mi secretaria, Pamela Jones, sí estaba enterada. -Son hombres de compañía, capitana, en el internet hay muchos ofrecimientos de esos sujetos a mujeres que requieren de estar con alguien y pasarla bien je je je-, sonrió pícara y traviesa.
Me dejó pensativa, imaginando alguno de esos tipos, guapos y atractivos, mordiéndole el cuello a mi regalado gusto a cambio de un dinero. Pese a lo provocativo y sugerente que resultaba, me daba repulsión hacerlo, aunque finalmente lo hice, je jeje.
*****
Después de Gabriel me enamoré de un ladrón, así como lo leen. A mí me gustó mucho ese hombre porque era muy apuesto, fornido, de excelentes bíceps y musculatura bien marcada. Se llamaba Harrison y le decían "Sansón" porque, ya les digo, era bastante fornido. Parecía un tanque.
Habíamos realizado una razzia pen los suburbios, haciendo muchas detenciones, sobre todo de ladronzuelos comunes y uno de ellos era "Sansón". El tipo ese robaba celulares a personas distraídas y a los que se resistían, ¡pum! les metía un puñete y los mandaba volar hasta Marte.
Yo estaba en mi oficina, cuando mi adjunto, el teniente Shatner me informó de las detenciones. Fui de inmediato a la sala de registros donde fichaban a los detenidos para ser derivados al área de requisitorias y de buenas a primeras, me impactó "Sansón". Quedé boquiabierto viéndolo tan hermoso y escultural. -¿Quién ese sujeto tan enorme? Parece un mastodonte-, abaniqué mis ojos excitada y admirada a la vez.
-Un pobre diablo dedicado al robo de celulares-, me dijo indiferente Shatner, mientras yo me relamía viendo sus músculos haciendo una cordillera en toda su humanidad. Y por supuesto ansiaba hundirle mis colmillos en su cuello, je je je.