Valeria Alarcón es una chica de 18, nacida es una familia millonaria.
Está acostumbrada a salirse siempre con la suya, lo que nunca imaginó que su camino se cruzaría con Mateo un humilde mecánico con un atractivo irresistible.
Valeria decide enamorarlo solo por diversión disfrutando de humillarlo frente a su círculo social.
Lo que nunca esperó era caer en su propio juego y enamorarse de él.
Año después, Mateo ya no es el joven mecánico de antes sino un exitoso doctor y empresario.
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capitulo 10: extrañándola
Dos días después
En el taller
Mateo estaba en el taller y, mientras trabajaba, no podía dejar de pensar en Valeria. Hacía ya dos días que ella no iba a verlo y en ese tiempo había sentido cuánto le hacía falta. Cada día que pasaba se daba más cuenta de que lo que sentía por ella no era simple atracción, sino algo mucho más profundo. Extrañaba verla llegar como siempre, con esa seguridad y esa grandeza que parecían iluminarle el lugar.
Mateo: ¿Dónde estás, bonita?.- pensó.
Por otra parte, Valeria estaba en su habitación. Terminando de alistarse, eligió un atuendo elegante que resaltaba su atractivo. Satisfecha con la elección, se acercó al espejo y se aplicó un poco de labial Chanel Rouge como último detalle. Se había arreglado más de lo normal porque pensaba ir a ver a Mateo, y eso la tenía emocionada.
Valeria: Hoy iré a ver a Mateo. -dijo en voz baja, mientras se sonreía a sí misma.
Con todo listo, tomó su bolso y salió rumbo al taller.
Al llegar, desde el carro, Valeria vio algo que la incomodó una mujer atractiva estaba coqueteándole a Mateo, y aunque no quisiera admitirlo, sintió un pinchazo de celos al verlo sonreírle.
Valeria: ¿Y esa quién será?.-pensó, incómoda.
Esperó pacientemente y, minutos después, la desconocida se despidió y se marchó. Entonces Valeria bajó del carro con el ceño fruncido.
Valeria: Mateo. -lo llamó mientras caminaba hacia él.
Apenas escuchó su voz, Mateo se volteó y una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
Mateo: Señorita Valeria -pronunció, dejando escapar una sonrisa que demostraba lo feliz que estaba de verla otra vez.
Valeria: Sí, otra vez vine. Dime, ¿me extrañaste? -preguntó, dando un paso más cerca de él.
Mateo: ¿Y si te dijera que sí? -confesó, con una sonrisa sincera que le salió del alma.
Valeria: Claro, soy difícil de olvidar, Mateo.
Mateo: Es muy difícil olvidarla, señorita. -dijo, sin apartar la mirada, como si quisiera que ella sintiera lo que decía.
Valeria avanzó un poco más, quedando a escasos centímetros de él.
Valeria: ¿Sabes, Mateo? Me gusta que me pienses, pero más me gusta que lo admitas.
Entonces lo besó, tan de repente y con tanta intensidad, que ni ella misma podía creer lo que acababa de hacer. Mateo, con el corazón acelerado, se apartó apenas un instante.
Mateo: Me tienes enamorado, bonita.- confesó.
Valeria pensó que todo iba como lo había planeado. Después lo miró con una suavidad estudiada, buscando que Mateo creyera que realmente le importaba.
Valeria: Me gustas, Mateo. -se inclinó de nuevo y lo besó, para luego apartarse con elegancia, mientras él quedaba quieto, sonriendo como un niño enamorado.
Horas más tarde, en la universidad, Valeria se encontraba en la cafetería. Mientras jugaba con la pajilla de su bebida, recordaba las palabras de Mateo y una sonrisa traviesa se escapaba de sus labios.
Valeria: Esto es divertido -pensó, sin borrar la sonrisa maliciosa de su rostro.
De pronto, Andrea se acercó sin hacer ruido y le cubrió los ojos por detrás, divertida.
Andrea: ¡Amiga! -chilló divertida, como solía hacerlo cada vez que quería sorprenderla.
Valeria: ¡Me asustaste, Andrea! -se quejó mientras se daba la vuelta para mirarla.
Andrea: No será que estabas pensando algo malo y por eso te asustaste.
Valeria: Después te cuento de mis secretos peligrosos.
En ese momento, Fabián, un compañero adinerado, apareció frente a la mesa con una sonrisa confiada. Había ido con la clara intención de invitar a Valeria a su próxima fiesta, pues sabía que sin ella el ambiente no brillaba igual; todos la consideraban el alma de la noche.
Fabián: Valeria, quiero invitarte a una de mis fiestas bomba -dijo, extendiéndole un sobre.
Valeria: Claro que iré -afirmó de inmediato, como si aquella invitación fuera un deleite imposible de rechazar.
Enrique se marchó satisfecho, y Andrea la miró incrédula.
Andrea: ¿En serio irás? -preguntó con el ceño fruncido, consciente de que su amiga no solía saber ponerse límites en esas fiestas.
Valeria: Por supuesto. ¿Por qué no? La vida se hizo para disfrutar.
Andrea: Valeria, sabes que en esas fiestas hay demasiados excesos y tú no te sabes controlar cuando se trata de alcohol.
Valeria rodó los ojos.
Valeria: Beber no es malo. Hay que disfrutar de todo en esta vida. Además, tú me acompañarás.
Andrea: No, Valeria. Sabes que no me gustan las fiestas.
Valeria: Eres mi única amiga, Andrea. -dijo con un tono persuasivo, recordándole sutilmente la complicidad que siempre habían compartido.
Andrea: Está bien, Valeria. Te voy a acompañar, pero solo porque no quiero que termines haciendo algo de lo que después te arrepientas.
Valeria: Ay, gracias. Sabía que no me fallarías.
Más tarde, al llegar a la mansión, Valeria subió directamente a su habitación, se dio una ducha y eligió con cuidado una vestimenta con la que pudiera impresionar a Mateo.
Cuando salió nuevamente rumbo al taller, lo encontró a punto de irse.
Valeria: Hola, Mateo -saludó con una sonrisa.
Mateo: ¿Otra vez por aquí, señorita? -preguntó con un tono más cercano y divertido, como siempre que la veía aparecer.
Valeria: Sí quería invitarte mañana a dar un paseo por la ciudad. ¿Qué dices? -preguntó con malicia, sabiendo que aquello no sería más que otro paso para enredarlo aún más.
Mateo: ¿Tú me estás invitando a mí? -preguntó sorprendido. Aún no entendía del todo lo que ella buscaba, y esa invitación solo lo confundía más.
Valeria: Sí, ¿qué tiene de raro? -preguntó con ligereza, como si no tuviera importancia.
Mateo: Está bien, señorita. -aceptó, sin poder ocultar el brillo en sus ojos.
Valeria: Perfecto, paso por ti. Buenas noches.
Valeria se acercó, le robó un beso rápido y salió del taller, dejándolo con una sonrisa boba y el corazón acelerado.