NovelToon NovelToon
LA ESPOSA SUSTITUTA DEL DON

LA ESPOSA SUSTITUTA DEL DON

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Amor prohibido
Popularitas:6.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Elara entregó su lealtad, su corazón y sus años más jóvenes a Marcos Moretti, el hombre que una vez juró protegerla. Pero cuando su hermanastra Mía encaprichó su vida entera —hasta el punto de usurpar su vestido de novia—, la crueldad de Marcos no conoció límites. Tras una brutal paliza ordenada por el hombre que amaba, Elara perdió en silencio al hijo que llevaba en el vientre y, con él, la última chispa de su amor. Lo único que quedó en su interior fue un frío y implacable deseo de venganza.

Un contrato de sangre. Una traición imperdonable. Y una venganza vestida de novia.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9

Sin decir una sola palabra más, di media vuelta y abandoné el salón, dejando atrás los lamentos patéticos de mi hermana y la mirada suplicante y rota de Marcos. Subí las escaleras lentamente, apoyando la mano en la fría barandilla de madera noble, sintiendo que cada paso me acercaba un poco más a la cumbre de mi venganza.

La noche cayó sobre la mansión Moretti como un manto de plomo. La lluvia afuera arreciaba, golpeando los ventanales con una furia incesante, imitando el caos que se respiraba dentro de los muros de la casa. Me encontraba en mi habitación, sentada frente al tocador de caoba, observando mi propio reflejo en el espejo tenuemente iluminado por una lámpara de luz ámbar.

Mi rostro seguía mostrando los sutiles estragos de la paliza: una sombra morada y amarillenta se extendía aún por la comisura de mi mandíbula, y mis labios conservaban una pálida sequedad. Pero en mis ojos ya no había debilidad. Eran pozos oscuros, vacíos de compasión, repletos de una determinación implacable.

Unos nudillos discretos tocaron la puerta de mi habitación. No esperé a que abrieran.

—Está abierto —dije con voz neutra, sin voltear la cabeza.

La puerta cedió lentamente y la silueta alta y ancha de Marcos apareció en el umbral. Venía sin la chaqueta, con las mangas de la camisa blanca ligeramente remangadas hasta los codos, mostrando los antebrazos marcados por los tatuajes de la mafia y las cicatrices de mil batallas. Su rostro estaba demacrado, surcado por ojeras oscuras que delataban el infierno mental que estaba atravesando.

Cerró la puerta con suavidad tras de sí y avanzó unos pasos hacia el interior de la habitación, deteniéndose a prudente distancia, como si temiera que el simple roce de mi ropa pudiera desatar una chispa capaz de reducirlo a cenizas.

—Elara... —su voz sonó ronca, casi un ruego perdido en el aire denso de la habitación—. Apagaste las luces. Llevas horas encerrada aquí dentro sin probar bocado. Necesitamos hablar.

Giré lentamente el torso hacia él, cruzando las piernas con elegancia bajo la suave bata de seda oscura que llevaba puesta. Lo miré fijamente a los ojos, con esa calma aterradora que parecía descolocarlo más que si le hubiera gritado improperios.

—¿De qué quieres hablar, Marcos? —pregunté, con un tono de voz tan dulce que rozaba el veneno puro—. ¿De cómo arruinaste mi vida? ¿De cómo permitiste que tus hombres me destruyeran el cuerpo y el alma? ¿O prefieres que hablemos de nuestro hijo... el que ya no está gracias a tu maldita soberbia?

Marcos dio un paso al frente, con un dolor físico reflejado en sus facciones que hizo que por un segundo pareciera más vulnerable que nunca.

—¡No digas eso, por Dios, Elara! —exclamó con un hilo de voz, rompiéndose por dentro, y cayó de rodillas frente a mí, apoyando las manos sobre mis muslos, buscando desesperadamente mi contacto aunque sabía que lo rechazaría—. ¡Yo no sabía lo del embarazo! ¡Juro por mi madre muerta que si hubiera tenido la mínima idea de que esperabas un hijo mío, jamás... jamás habría permitido que pusieran un dedo encima de ti! ¡Me estoy pudriendo por dentro desde que el médico soltó esas palabras! ¡Cada segundo que pasa siento que me ahogo en mi propia culpa!

Intenté apartarlo, sacudiendo sus manos con un movimiento seco, pero su fuerza era superior y se aferró a mí con una desesperación ciega, apoyando la frente contra mi regazo mientras un par de lágrimas calientes —las primeras que le veía derramar en años— mojaban la tela de mi ropa.

—Tu culpa no me devuelve a mi hijo, Marcos —susurré, con el corazón convertido en hielo, aunque una extraña corriente de electricidad oscura comenzó a recorrer mi columna vertebral al sentirlo tan vulnerable, tan sumiso a mis pies por primera vez en nuestra historia—. Tu culpa no borra las patadas, ni la sangre, ni el vacío que siento aquí dentro. Eres un monstruo, Marcos Moretti. Un maldito asesino que destruyó lo único puro que le quedaba en este infierno.

—Haz lo que quieras conmigo —murmuró él contra mi regazo, con la voz quebrada por el llanto y la culpa, besando desesperadamente la tela de mi bata a la altura de mis rodillas—. Golpéame, destrúyeme, entrégame a mis enemigos si eso te da paz... Pero no me mires así. No me quites lo único que me mantiene con vida.

Miré su cabello oscuro, la nuca expuesta, la forma en que el hombre más temido de la ciudad se rendía y se arrastraba humillado ante la mujer a la que había pisoteado. Una extraña y perversa excitación comenzó a mezclarse con mi odio. El dolor y el placer, la destrucción y la pasión, siempre habían bailado muy cerca en el mundo en el que vivíamos.

Incliné el rostro hacia abajo, deslizando mis dedos fríos entre los cabellos oscuros de Marcos, tirando de ellos con fuerza hasta obligarlo a levantar la vista y mirarme directamente a los ojos. Sus pupilas estaban dilatadas, repletas de una devoción enfermiza y de un deseo desesperado que suplicaba redención a través del pecado.

—¿Quieres que te perdone, Marcos? —le susurré a los labios, con una sonrisa felina y cruel curvando mi boca—. ¿Quieres demostrarme cuán arrepentido estás de verdad?

Marcos tragó saliva con dificultad, con los labios temblorosos y la respiración caliente y acelerada rozando mi barbilla.

—Haré lo que me pidas... lo que sea —respondió él con voz ronca, con un hambre salvaje despertando bajo las capas de su miseria.

—Entonces demuéstrame cuánto duele perderlo todo —le ordené en un susurro gélido antes de abalanzarme sobre su boca con una furia desatada, atrapando sus labios en un beso salvaje, áspero y desesperado, donde el odio y la pasión colisionaron como dos trenes bala en medio de la noche.

Sus manos grandes y ásperas subieron de inmediato por mis muslos, apretando mi piel con una urgencia brutal, arrancando los lazos de mi bata con movimientos torpes mientras me devoraba la boca con la desesperación de un condenado a muerte. La temperatura en la habitación se disparó de golpe, transformando el dolor de la pérdida en un fuego abrasador y prohibido.

Entre jadeos rotos, arañazos en la espalda y mordiscos que sabían a sangre y lágrimas, nos entregamos a un frenesí oscuro sobre las sábanas revueltas. Cada embestida de Marcos era un intento desesperado por borrar el pasado, por suplicar perdón con el cuerpo, mientras que cada contracción de mis músculos y cada arañazo que le propinaba en los hombros era recordarle que mi alma ya no le pertenecía, que lo estaba consumiendo desde adentro y que, cuando llegara el momento final, no tendría piedad de él ni de su imperio de cenizas.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play