Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 09 Salto en el tiempo
—¿Quienes son ustedes? —Preguntó una voz áspera, Rory no quería asustarlas pero no pudo evitarlo.
Fridda, ya despierta, se aclaró la garganta y luego se levantó para después ayudar a Victoria. Después respondió:
—Mi nombre es Fridda y ella es Victoria, nos perdimos luego de que se fuera la luz a causa de la tormenta. —Explicó manteniendo la calma.
—¿Podrían ayudarnos a salir de aquí? —Victoria los escudriñó con la mirada, aquellos hombres parecían montañeses vestidos con ropas antiguas.
Duncan y Rory se miraron extrañados, no entendían muy bien a qué se referían con eso de que “se fuera la luz”.
—¿Por qué llevan tan poca ropa? Parecen rameras ¿acaso lo son? —Esta vez fue Duncan quién preguntó.
Los ojos de Victoria se abrieron de par en par. —¿Cómo se atreve a insinuar algo así?
—No somos eso que usted dice, señor. Creo que estamos vestidas perfectamente para un desfile de modas. —Fridda tampoco iba a permitir ese insulto.
Los hombres seguían sin entender de qué hablaban esas dos.
En un perfecto Gaelico, Duncan le habló a su compañero Rory.
—No entiendo de que hablan. Creo que es mejor dejarlas aquí, me generan desconfianza.
—Morirán de frío, están extraviadas, ya lo oíste. Deberíamos llevarlas al castillo.
—¿Te volviste loco? Son extrañas. No podemos llevarlas.
—Miralas Duncan, son indefensas. Sería un crimen dejarlas en medio del bosque desprotegidas ante tantos peligros.
Victoria y Fridda observaban como aquellos dos se hablaban en un dialecto extraño que ellas no entendían, pero parecían en desacuerdo.
—Si mueren, no es mi culpa, yo no las traje aquí. —Se encogió de hombros.
—Pero si las encontraste y aún así no las ayudaste. —Las cejas fruncidas de Rory.
Duncan puso los ojos en blanco, su amigo era un gigante, guerrero implacable en el campo de batalla pero tenía un gran corazón.
—Bien... Aunque te repito, no confío en ellas y tan pronto como sea posible, vas a sacarlas de mis tierras.
—Gracias, eres un gran chico. —Rory sonrió.
Victoria ya estaba harta de la situación. —¿Van a ayudarnos o no?
—Las llevaremos con nosotros al castillo. —Declaró Duncan, luego se giró y volvió con el resto del grupo.
—¿Castillo? —Repitieron Victoria y Fridda al unísono.
—Sí. Junto a Lochleven.
Ambas mujeres se miraron, estaban muy confundidas.
—Vicky, que nos lleve a donde sea, pero que nos saque de aquí. Tendremos señal en el celular y podremos pedir un taxi de vuelta al hotel. —Fridda estaba urgida por una cama caliente y ropa seca.
—Tienes razón, entonces andando. —Victoria comenzó a caminar junto a Rory y Fridda.
Se detuvieron en seco cuando vieron a varios hombres rudos a caballo, podían sentir las miradas curiosas y lascivas sobre ellas, llegaron a sentirse desnudas.
—Dales un par de frazadas para que se cubran, no quiero a mis guerreros tentados. —Dijo Duncan, mirandolas con desprecio.
—Lo haré. —Respondió Rory mientras buscaba lo que le pidieron.
—Perdón, pero ¿en serio iremos montadas sobre esos animales?
—¿Algún problema? Si no os gusta, son libres de quedarse aquí. —Duncan no ocultaba su disgusto.
—Qué atrevido...
—¡Vicky! Cierra el pico. —regañó Fridda. —Ellos son los únicos que pueden sacarnos de aquí. Iremos arrastradas si es necesario.
—¿Es que no ves cómo nos habla? —Se quejó Victoria.
—Shhh. —Fridda le hizo un gesto de silencio.
Rory se acercó a Fridda y la instó a subirse a su caballo, no fué fácil pero con ayuda lo logró.
Por su parte, Duncan le pidió a Victoria que hiciera lo mismo y al final tuvo que cargarla porque esta casi se cae al intentar subir.
Él se acomodó justo detrás de ella y Victoria se sintió segura; se envolvió aún más en la frazada, agradecía tenerla aunque le parecía una tela horrible.
La caravana avanzaba a paso rápido, para las chicas era una completa locura todo lo que estaba ocurriendo. ¿Quien se iba a imaginar que terminarían en medio de una cabalgata a través del bosque?
Todo aquello era surreal, y Fridda no podía sacarse del pecho esa sensación de que algo no encajaba.
Cuando mermaron en paso, Fridda quiso saber más sobre aquellos sujetos.
—¿Ustedes quienes son? —Preguntó girando su cabeza hacia Rory.
El gigante la miró de vuelta para luego responder.
—Somos del Clan MacIver, Lord Duncan es nuestro líder y Lochleven nuestro hogar. —Respondió orgulloso. —Yo soy su jefe de guerra.
La cabeza de Fridda daba vueltas ¿Clan? ¿Jefe de guerra? Eso parecía sacado de una película antigua.
—¿En qué año estamos? —preguntó con voz temblorosa.
El hombre la miró con confusión marcada en el rostro.
—1265 —Respondió lacónico
El color abandonó la cara de Fridda. —¿Qué... Qué dijiste?
—¿Estás bien? —Preguntó en cambio Rory.
Victoria se encontraba dormida, ajena al descubrimiento de Fridda, que se estrujaba los ojos intentando despertar de aquella pesadilla.
—¿Cuánto falta para llegar? —La voz de Fridda temblaba, necesitaba con urgencia averiguar lo que estaba ocurriendo.
—Un par de horas más. Pero dime, ¿Te encuentras bien? —Repitió la pregunta al no recibir respuesta.
—Estoy bien, gracias. —Respondió a pesar del nudo en su estómago.
Con los primero rayos del sol iluminando el día, un imponente castillo se alzó a la vista, una edificación magnífica hecha en piedra.
—¡¿Qué caraj...?! —La expresión de Victoria irritando a su acompañante.
—Qué mujer tan grosera. —Susurró Duncan.
Victoria lo ignoró completamente, buscó a Fridda con la mirada y la encontro justo a un lado.
—¿Reconoces este lugar? —Le preguntó y pudo notar la expresión blanquecina de Fridda.
—Sí, lo reconozco. —Respondió nerviosa.
Media hora después, entraban a las inmediaciones del castillo.
Victoria miraba todo mientras arrugaba la nariz ¿Qué era ese lugar? ¿Por qué todos y todo parecían medievales?
—Fridda...
—Victoria... Prometeme que mantendrás la calma.
—No puedo prometerlo. Dime qué ocurre.
—Creo que dimos un salto en el tiempo.
Fridda la miró esperando el alboroto.