Siempre he creído que contaba con una familia unida y llena de amor. Sin embargo, un día la desgracia se presentó en mi vida. Fue en ese momento cuando todo cambió y la tragedia me llevó lejos del amor de mi vida. Este doloroso acontecimiento me abrió los ojos y me hizo darme cuenta de quienes eran realmente mis verdaderos enemigos, aquellos que siempre habían estado a mi alrededor, ocultos tras una falsa fachada de cariño y apoyo.
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Episodio 9
●Alberto: con una expresión de rabia en el rostro, miré a Úrsula y le dije : Así que el irresponsable de tu padre se atreve a desafiar mis órdenes. ¡Lárgate de aquí en este mismo instante! Mi voz era un torrente de furia y descontento. Ya verán esos malditos de qué soy capaz, continúe, mientras mi enfado iba en aumento.
De un empujón salí de la sala, mi furia palpable. Me dirigí a los guardias que estaban bajo mi mando, quienes al ver mi expresión conocían bien que algo no iba bien. Una vez reunidos en el patio, con un tono autoritario, les órdene sin rodeos: Ahora, todos ustedes me acompañarán a traer de vuelta a Felipe y a su familia, regresarán a la ciudad de inmediato. Han ignorado mis órdenes, y eso es algo que no puedo perdonar. ¡Rápido, salgamos de una vez! Con determinación, me dirigí a mi carruaje, preparándome para la acción sin mirar atrás, No voy a permitir que esa pollita se case con MaCRUCEsin antes tenerla entre mis brazos, sin haberla echó mía.
●Úrsula: Salgo del palacio de don Alberto y me encuentro con un ambiente muy animado a mi alrededor. Una sonrisa se dibuja en mi rostro mientras me encamino de regreso a mi casa. Pienso para mis adentros que, si el filibustero no toma ninguna acción, estoy completamente segura de que don Alberto lo hará. Así que, mi querida hermana, le hará pagar cada una de sus acciones, una por una.
Al llegar a casa, me doy un relajante baño para despejarme de la agitación del día. Luego, me dejo caer sobre la cama, sintiéndome expectante mientras espero con ansias que lleguen las noticias, las que me interesan. En realidad, aunque se podrían considerar malas para otros, espero que sean buenas para mí.
CRUCE DE SAN FERNANDO
●Tuerto: Hace varios días que comencé a observar a la palomita con tres de mis compañeros, he notado un gran movimiento a su alrededor. Hoy, la he visto salir de la ciudad acompañada de varias personas. Sin embargo, el carruaje en el que viajan es sumamente lujoso, lo que me hace suponer que gozan de una buena protección. Además, hay varios guardias con ellos, lo que complica aún más la situación. Siento que esta misión se está volviendo cada vez más difícil de llevar a cabo. He decidido seguirlos un poco más para ver si surge alguna oportunidad adecuada para secuestrarla, pero si no logran presentarse posibilidades para llevar a cabo mi plan, me veré obligado a marcharme sin hcer nada, pero me quedaré con todas las monedas de plata que esa señorita me dio. De todas formas, no creo que ella se atreva a decir algo sobre esto ya que ella es a la que menos le interesa que esto se sepa.
●Sofía: chicos de mi cuenta, corre que hoy mismo se casen y mi marido no vuelva a molestarlos. Me acerco a Felipe y le digo: tú sabes que, aunque los esté ayudando, mi marido puede intervenir y, conociéndolo, se ensañará contigo y tus negocios, ya que no pudo hacerlo con tu hija.
●Felipe: Por supuesto, señora, no se preocupe. Ya estoy tomando las medidas necesarias para abordar esta situación. No me importa en absoluto lo que pueda suceder; prefiero enfrentar cualquier problema antes que ver a mi hija sufriendo y siendo infeliz por culpa de él. Le pido disculpas por lo que voy a decir, pero tengo que ser honesto: su esposo es un hombre despreciable. No pienso permitir que le haga daño, ni siquiera un dedo encima. Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario, incluso si eso significa poner en riesgo mi propia vida.
●Ofelia: Tranquilo, Felipe. Ya hemos dejado atrás la ciudad, y eso es lo más importante en este momento. Puede contar con nosotros para lo que necesite. Yo me ocuparé de Inés como si fuera mi propia hija, y usted sabe cuánto la quiere mi hijo. Después de unirlos en matrimonio, deberíamos considerar la opción de enviarlos a vivir a un lugar distante por un tiempo. Así podríamos dejar que todo se calme. ¿No les parece?
●Sofía: Estoy completamente de acuerdo con Ofelia. Lo más sensato en este momento es que los muchachos se trasladen a una casa que tengo en un lugar llamado Campo Hermoso. Allí estarán a salvo y podrán disfrutar de una estancia cómoda. Alberto no tiene conocimiento acerca de ese sitio, ya que fue un regalo especial que me hizo mi padre para situaciones como esta. Así que tiene todo lo que necesitan para sentirse bien. Una vez que estén listos, les indicaré cómo llegar hasta allí.
●Felipe: Muchas gracias, señora Sofía. Me parece perfecto. Cuando finalicemos todo este asunto, les compartiré la noticia a los chicos. Estoy seguro de que estarán muy contentos, sin importar el lugar, siempre y cuando estén juntos. Usted conoce bien a mi pequeña Inés; es tan dulce y amable que todos la adoran. Además, se parece muchísimo a su madre.
●Inés: Me había quedado dormida en los brazos de Manuel, sumida en un profundo sueño. De repente, un movimiento brusco del carruaje, causado por una piedra que se había desplazado, me hizo despertar de golpe. Al abrir los ojos, me di cuenta de que todos a mi alrededor estaban murmurando en voz baja, como si compartieran algo importante sin querer ser escuchados. Entonces, con gratitud, les dije a todos: Muchas gracias por lo que están haciendo por nosotros. Luego volví la vista hacia mi papá y le señalé emocionada, ¡Mira, allí se ve la iglesia! ¡Vamos rápido! Con eso, desperté a Manuel, que también había estado descansando, y juntos nos levantamos del asiento del carruaje para descender con prisa.
●Sofía: Así es, hija, este es el lugar donde se van a casar. Al bajar del carruaje, me acerqué a las puertas de la iglesia y las golpeé suavemente con mis manos. Sin embargo, una extraña sensación fría comenzó a recorrer mi cuerpo, llenándome de nerviosismo. A pesar de eso, decidí insistir y volví a tocar las puertas, que se abrieron ante mí.
●El sacerdote, con una expresión de sorpresa y preocupación, preguntó: ¿Por qué has llegado a la casa del Señor en estas horas tan inusuales, hija? Y, ¿qué significa la presencia de todas estas personas aquí?
●Sofía: Le pido disculpas, su reverencia. La razón por la que estoy aquí es porque nos encontramos en una situación complicada. Como usted ya debe saber, yo soy la esposa del señor de San Calletano, y he venido en compañía de estos jóvenes, quienes necesitan su ayuda para contraer matrimonio.