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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Sobrevivir sin WiFi es un crimen

El problema no era la falta de señal.

Era que nadie parecía considerarlo un problema.

—No hay WiFi —dijo Allegra por tercera vez, como si repetirlo pudiera invocar una solución milagrosa.

Maeve, sentada en la cama con las piernas cruzadas, levantó la vista de su cuaderno.

—Sí hay.

—No hay.

—Sí hay.

—Maeve, llevo diez minutos intentando cargar una página.

—Eso aquí es normal.

Allegra la miró con horror genuino.

—¿Normal?

—Normal.

—Eso es inaceptable.

Maeve sonrió.

—Es Inglaterra.

—Eso no es una excusa, es una advertencia.

Allegra dejó caer el teléfono sobre la cama como si la hubiera traicionado.

—¿Cómo sobreviven?

—Hablando entre nosotros.

Silencio.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Allegra negó lentamente.

—Prefiero el frío.

Maeve soltó una risa.

—Te acostumbrarás.

—No planeo quedarme tanto tiempo.

Maeve no respondió.

Solo la miró.

Y eso fue peor.

—Voy a encontrar señal —anunció Allegra, levantándose con determinación.

Maeve ni siquiera preguntó.

—Buena suerte.

—Gracias.

—La vas a necesitar.

Allegra ignoró el comentario y salió de la habitación.

Pasillo.

Nada.

Escaleras.

Nada.

Ventana.

Nada.

—Esto es personal —murmuró.

Se apoyó contra la pared, levantando el teléfono como si pudiera negociar con él.

—Solo una barra. No pido mucho.

Silencio.

Ni una.

—Traición.

—No funciona así.

Allegra giró la cabeza.

Rowan.

Otra vez.

—¿Tú vives en las paredes o algo? —preguntó ella.

—Coincidencia.

—Claro.

Allegra volvió a mirar su teléfono.

—No hay señal.

—Lo sé.

—¿Y no te molesta?

—No.

—¿Nada?

—Nada.

Allegra lo observó como si fuera un fenómeno extraño.

—Eres preocupante.

—Tú dependes demasiado de eso.

—Se llama civilización.

—Se llama distracción.

Allegra entrecerró los ojos.

—Eso sonó profundo.

—No lo era.

—Lo fue un poco.

Rowan se encogió de hombros.

—Aquí hay señal.

Allegra levantó la vista de golpe.

—¿Dónde?

Rowan señaló hacia arriba.

—Azotea.

Allegra sonrió lentamente.

—Sabía que me caerías bien.

—No dije que fuera fácil llegar.

—Eso lo hace más interesante.

—Eso lo hace más probable que te atrapen.

Allegra ya estaba caminando.

—Vamos.

—No dije que iría.

—Pero vas a hacerlo.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Rowan suspiró.

—Eres agotadora.

—Y tú me sigues.

—No te sigo.

—Claro.

Pero la siguió.

La puerta hacia la azotea estaba, por supuesto, cerrada.

—Esto se está volviendo repetitivo —comentó Allegra.

Rowan sacó la misma herramienta de antes.

—No te acostumbres.

—Ya lo hice.

Click.

Puerta abierta.

El aire frío entró con más fuerza que nunca.

Allegra subió primero.

—Esto es increíble.

La vista era amplia. Más abierta que la noche anterior. El cielo gris comenzaba a oscurecerse, y el viento movía su cabello sin pedir permiso.

Rowan salió detrás.

—¿Y la señal? —preguntó él.

Allegra levantó el teléfono.

Una barra.

Una.

—¡La encontré! —dijo, como si hubiera descubierto oro.

Rowan la observó.

—Es una barra.

—Es esperanza.

—Es mínima.

—Es suficiente.

Allegra caminó unos pasos, levantando el teléfono en distintas direcciones.

—No te vayas —murmuró al dispositivo—. Podemos hacer que funcione.

Rowan se apoyó contra la pared.

—Esto es triste.

—Esto es supervivencia.

—Esto es obsesión.

—Esto es necesario.

Silencio.

Allegra finalmente logró cargar algo.

—¡Sí! —exclamó.

—¿Qué?

—Un mensaje.

—¿Importante?

Allegra leyó.

Su expresión cambió.

No mucho.

Pero Rowan lo notó.

—¿Qué pasó?

Allegra bloqueó el teléfono.

—Nada.

—No parecía nada.

—Lo es.

Silencio.

Rowan la observó.

—¿De tu padre?

Allegra levantó la mirada.

—No.

Demasiado rápido.

Rowan no insistió.

Pero tampoco dejó de notar.

—Bien —dijo finalmente.

Allegra guardó el teléfono.

—Ya tuve suficiente tecnología por hoy.

—Eso fue rápido.

—Estoy creciendo como persona.

—No lo suficiente.

Allegra sonrió.

—Nunca es suficiente.

El viento sopló más fuerte.

Allegra se acercó al borde, mirando hacia abajo.

—No puedo creer que esté diciendo esto… pero este lugar no es tan terrible.

Rowan levantó una ceja.

—Eso sonó casi positivo.

—No te emociones.

—No lo hago.

Silencio.

Otra vez.

Pero ahora… más ligero.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó Allegra de pronto.

Rowan no respondió de inmediato.

—Por decisión propia.

Allegra lo miró.

—Eso no tiene sentido.

—Para ti no.

—Explícame.

Rowan negó con la cabeza.

—Otro día.

Allegra lo observó.

—Siempre haces eso.

—¿Eso qué?

—Responder sin responder.

—Funciona.

—Es frustrante.

—También.

Allegra sonrió.

—Bien. Me gusta un poco.

—Eso es preocupante.

—Lo sé.

Un ruido.

Puerta.

Pasos.

Ambos se giraron al mismo tiempo.

—Otra vez no —murmuró Allegra.

—Otra vez sí —respondió Rowan.

La puerta se abrió.

Y ahí estaba.

Thornbridge.

Por supuesto.

Sus ojos recorrieron la escena con calma peligrosa.

—Qué sorpresa.

Allegra sonrió.

—Nos encanta el aire fresco.

—En horario no permitido.

—Detalles.

Thornbridge dio un paso adelante.

—Esto no es opcional.

—Nada aquí lo es.

—Y aun así decides ignorarlo.

Allegra se encogió de hombros.

—Consistencia.

Silencio.

Thornbridge miró a Rowan.

—¿Tú también?

—Sí.

—Decepcionante.

Rowan no respondió.

Thornbridge volvió a mirar a Allegra.

—Otra infracción.

—Estoy acumulando puntos.

—Aquí no funcionan así.

—Qué desperdicio.

Un segundo de silencio.

—Ambos —dijo Thornbridge—. Mañana. Primera hora. Oficina del director.

Allegra sonrió.

—Ya somos clientes frecuentes.

—No es un privilegio.

—Lo parece.

Thornbridge no reaccionó.

—Bajen.

Sin opción.

Sin discusión.

Allegra caminó hacia la puerta.

Rowan la siguió.

Cuando pasaron junto a Thornbridge, Allegra murmuró:

—Deberías intentarlo alguna vez.

—¿El qué?

—Romper una regla.

Thornbridge la miró, seria.

—No lo necesito.

Allegra sonrió.

—Eso suena aburrido.

Y salió.

En el pasillo, el silencio volvió.

Pero esta vez… Allegra no estaba molesta.

Ni siquiera por el castigo.

—Valió la pena —dijo.

Rowan la miró.

—¿Por una barra de señal?

Allegra negó.

—Por salir.

—Te meterá en problemas.

—Ya estoy en ellos.

—Más.

—Siempre hay más.

Silencio.

Allegra caminó unos pasos más y luego se detuvo.

—Oye.

Rowan levantó la vista.

—¿Sí?

Ella dudó.

Un segundo.

Raro.

—Gracias.

Rowan la observó.

—¿Por qué?

Allegra sonrió, apenas.

—Por no ser como los demás.

Rowan sostuvo su mirada.

—Tú tampoco lo eres.

Allegra inclinó la cabeza.

—Lo sé.

Y por primera vez…

eso no sonó como una defensa.

Sonó como una verdad.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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