Está historia trata de una joven hermosa y muy humilde,su principal objetivo es superarse para ayudar a su mamá.
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Cap.8
Anais se quedó boquiabierta. — Maldito bipolar, ya me estaba cayendo bien.— pensó la joven. A ella no le importa que él se haya negado a llevarla a la constructora, de toda forma se iba a presentar. Decidió arreglarse mejor, con más glamour, no necesitaba mucho maquillaje, era una mujer sumamente hermosa.
Pidió un taxi, y se dirigió a la constructora. Al llegar, todos los presidentes se quedaron admirándola, era la mujer perfecta. Le preguntó a la secretaria por David Peyles.
La secretaria, después de informarle a David, la condujo a la oficina.
— Permiso, señor, aquí está la nueva empleada.— dijo la secretaria.
— Bien. Puedes retirarte.
— Permiso.— se retiró la secretaria.
David la miró detalladamente, de arriba abajo, ella sabía cómo llamar su atención. En vista de que él no decía nada, ella tomó la iniciativa.
— Señor, Peyles, ¿Cuál será mi lugar de trabajo?— preguntó arqueando una ceja, luego abrió sus labios con sensualidad.
— Si fuera por mí, te mandaría con la encargada de limpieza, pero por ahora estás de suerte. Mi asistente está de licencia, ocupará su sitio. Otra cosa… Aquí solos dos personas saben que eres mi esposa, quiero que siga siendo así, eres una empleada más, igual a todos.
Ella sonrió, su pesadez le recordaba el día que lo conoció.— No te preocupes, no estoy interesada en que me vinculen sentimentalmente contigo. Total, en realidad no somos nada.
— Como digas. Ahora dile a la secretaria que te dé los planos y empieza tu trabajo, espero que no sea una inútil.
— Por supuesto, señor. — dijo en un tono sexy.
Anais salió de la oficina, caminó con dirección a una de las secretarias, y su corazón se aceleró apresuradamente. No podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Era Pedro, el hombre que se burló de ella, que la engaño, y la utilizo.
Él también la miró y quedó sorprendido. Corrió hacia ella, asustado. La sujeto por el antebrazo, llevándola a un rincón más oculto, para que no lo vieran hablando con ella.
— ¿Qué diablo haces aquí? ¿Por qué no entiendes que lo que pasó entre nosotros no significó nada para mí? Deja de buscarme, tengo mi familia. Mi esposa es prima del dueño de esta constructora.— expresó nervioso.
Anaís sonrió. — Hola, Pedro, cuanto tiempo sin verte. No estoy aquí por ti, estoy trabajando, ¿Entonces tu esposa es prima de David? ¡Qué interesante! ¿Por qué estás tan nervioso?— indagó con malicia.
— No sé quién demonio te trajo aquí, pero voy a hablar con David, para que te despida inmediatamente.— soltó con rencor.
— Ve y dile que me despida, a ver si tienes suerte.— ella sonrió nuevamente, algo que molestó a Pedro, y decidió alejarse.
El día avanzó, todos los empleados volvieron a sus hogares. David llegó a su casa, se ejercitó, se duchó, descanso un poco, y todavía Anais no regresaba.
Él le preguntó a la señora Carmen, ella le contestó que no tenía noticias de su hija. De pronto, se abrió la puerta, Anais entró aparentemente cansada.
— Hola, mamá, ¿Cómo has estado?
— Bien, mi niña, ¿Te pasa algo?
— No. Te veo más tarde.
David la miró, realmente lucía cansada, talvez se excedió en cuanto al trabajo. Ella ni quisiera, lo miró.
Horas después, él fue a la habitación de Anais, y entró sin tocar. Ella únicamente tenía puesto una braga negra, y sus pechos al aire.
— Joder, ¿pero qué demonios te pasa? ¿Por qué no taca?— preguntó nerviosa, se cubrió sus pechos con las manos, luego corrió a buscar una toalla.
— Está es mi casa, no tengo que pedir permiso.
— Te equivocas, está es mi casa.
Él caminó a la ventana, con las manos en los bolsillos, después de meditar le dijo. — Tienes razón. No volveré a entrar aquí.
Un mes después
La relación entre David y Anais siguió de mal a peor. Cada vez que podían se insultaban. En la casa, aparte de dormir en distintas habitaciones, trataban de verse lo menos posible.
Entre ellos existía una tensión extraña, era como si por momentos, desearan estar juntos.
Habían llegado de la constructora, cada uno por su lado. Él la esperó en la sala.
— Anais, uno de los clientes de la constructora, tiene un evento esta noche. Tú vienes conmigo. — dijo relajado.
Ella se provocó, era un buen chiste.— ¿De verdad quieres que te acompañe? — sonrió.
— ¿Qué es lo que te causa risa? Vas a asistir conmigo, eres mi asistente.— se retiró.
Horas más tardes
David estaba esperando por Anais, sentado junto a la señora Carmen. Ella tenía varios minutos de retraso, eso lo tenía impaciente.
— Señora Carmen, dígale a su hija que baje, por favor. Debemos irnos.
— Mira, ahí está.
Él volteó a la dirección señalada. Ella iba bajando las escaleras con delicadeza. Tenía un vestido azul, ajustado a su hermosa figura. David no pudo evitar quedar verdaderamente atónito. Era la mujer más hermosa que él había conocido.
— ¡Wao! ¡Qué hermosa!— exclamó en un susurro, que la señora a su lado pudo escuchar.
— Señor Peyles, ya nos podemos ir.
— Perfecto. Vamos.— como un caballero le cedió el paso. No obstante, le abrió la puerta del auto, luego partieron a su destino.
Iban en total silencio, como si fueran dos extraños. Ninguno pronunció una palabra. Al llegar al evento, él le ofreció su brazo para entrar al lugar. Todos los presentes voltearon a mirar la hermosa pareja que hacía su llegada. Parecían dos enamorados.
Minutos después, como David conocía a la mayoría de los invitados, estaba relajado. Además, el evento era privado. Él tenía que saludar a unos amigos. — Dame unos segundos.— dijo él.
Anais se quedó ahí, sin conocer a nadie, y con muchas miradas sobre ella.
— Mira nada más, eres la mujer más bella que hay en este lugar, ¿Por qué andas con David?
— No tengo que darte explicaciones.— respondió con tranquilidad.
— No te hagas ilusiones con él, jamás te vas a ser caso, ama a su prometida.
— Ah, pues qué pena. Si terminaste, te puedes ir. ¿O quieres que haga un escándalo?
La esposa de Pedro se encontraba presente, por esa razón, él se fue de inmediato. Pero al parecer, más de uno quería hablar con la hermosa mujer. Se acercó un joven apuesto y elegante.