Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 7: Guerra Comercial
Si algo aprendí del mundo corporativo…
es que los problemas nunca llegan solos.
Siempre traen amigos.
A la mañana siguiente de la visita de la princesa humana, ya tenía tres informes nuevos sobre mi escritorio.
Uno era de producción.
Otro de comercio.
Y el último…
era de sabotaje.
—Princesa —dijo uno de los administradores demoníacos con nerviosismo—. Tenemos un pequeño problema.
—¿Pequeño o político?
—Económico.
Eso casi siempre era peor.
—Habla.
El demonio extendió un pergamino.
—Algunos comerciantes humanos empezaron a vender “cristales alternativos”.
Levanté una ceja.
—¿Alternativos?
—Falsificaciones.
Ah.
Eso fue rápido.
—¿Funcionan?
—No realmente.
—Entonces no es un problema.
—Bueno… sí lo es.
—Explícate.
—Son mucho más baratos.
Sonreí.
—Entonces sí es un problema.
El demonio asintió con preocupación.
—Algunos comerciantes humanos dicen que no necesitan nuestros cristales.
—Claro que lo dicen.
—¿Qué hacemos?
Me levanté lentamente de la silla.
—Primero…
—¿Sí?
—No entramos en pánico.
—Eso suena bien.
—Segundo…
—¿Sí?
—Dejamos que vendan.
El demonio casi dejó caer los papeles.
—¿¡Qué!?
—Que vendan todos los cristales falsos que quieran.
—Pero…
—¿Funcionan bien?
—No.
—¿Durarán mucho?
—No.
—Entonces el problema se resolverá solo.
El demonio parpadeó.
—Princesa…
—¿Sí?
—Eso es cruel.
—Eso es mercado.
En ese momento la puerta del despacho se abrió sin aviso.
Mi padre entró con expresión seria.
—Hija.
—¿Sí?
—Los humanos están peleando.
—¿Dónde?
—En su propio reino.
Eso sí era interesante.
—Explícate.
—Algunos nobles quieren prohibir nuestros cristales.
—¿Y otros?
—Quieren comprar más.
Sonreí.
Perfecto.
—¿Por qué sonríes? —preguntó mi padre.
—Porque eso significa que el mercado se está consolidando.
—No entiendo nada de lo que dices.
—Eso es normal.
Mi padre cruzó los brazos.
—Extraño cuando conquistábamos cosas con fuego.
—Eso es menos eficiente.
—Era más simple.
Antes de poder seguir discutiendo, un guardia apareció en la puerta.
—Princesa.
—¿Sí?
—El príncipe humano está aquí.
Mi padre suspiró con frustración.
—Otra vez.
Minutos después estábamos en la sala de reuniones.
El príncipe entró con su habitual calma.
Pero esta vez parecía ligeramente cansado.
Eso era nuevo.
—Princesa.
—Príncipe.
Mi padre estaba detrás de mí observándolo como un depredador vigilando a su presa.
El príncipe dejó un documento sobre la mesa.
—Tenemos un problema.
—Los cristales falsos.
El príncipe levantó una ceja.
—¿Ya lo sabe?
—Era inevitable.
—Algunos nobles están financiando esas falsificaciones.
—Claro.
—Quieren romper su monopolio.
—Eso también era inevitable.
El príncipe me observó unos segundos.
—No parece preocupada.
—No lo estoy.
—¿Por qué?
Me apoyé en la mesa.
—Porque están cometiendo el error clásico.
—¿Cuál?
—Competir en precio… cuando no tienen el producto real.
El príncipe cruzó los brazos.
—Explique.
—Los cristales falsos funcionarán unos días.
—Sí.
—Luego fallarán.
—Probablemente.
—Y cuando fallen…
El príncipe sonrió ligeramente.
—Los clientes volverán.
—Exactamente.
Mi padre levantó la mano.
—Tengo una pregunta.
—¿Sí, papá?
—¿Por qué los humanos son tan malos en negocios?
—Porque están aprendiendo.
El príncipe soltó una pequeña risa.
Mi padre golpeó la mesa.
—¡NO ME GUSTA CUANDO RÍE!
El príncipe ignoró completamente eso.
—Entonces su estrategia es… esperar.
—No.
—¿No?
—Esperar sería pasivo.
El príncipe parecía curioso.
—Entonces ¿qué hará?
Sonreí.
—Acelerar el problema.
—Eso suena peligroso.
—Lo es.
—Explique.
—Enviaremos técnicos demoníacos al reino humano.
—¿Para qué?
—Ofrecer mantenimiento gratuito.
El príncipe frunció el ceño.
—¿Gratis?
—Por tiempo limitado.
—Eso hará que todos comparen los cristales reales con los falsos.
—Exactamente.
El príncipe me observó con admiración.
—Eso destruirá el mercado de falsificaciones.
—Sí.
Mi padre sonrió.
—Me gusta este plan.
El príncipe guardó silencio un momento.
Luego dijo algo inesperado.
—Princesa.
—¿Sí?
—Empiezo a entender algo.
—¿Qué cosa?
—Usted no está reaccionando al mercado.
—No.
—Lo está controlando.
Sonreí.
—Ese es el objetivo.
El príncipe me miró unos segundos más.
Luego suspiró.
—Ahora entiendo por qué algunos nobles humanos están asustados.
Mi padre cruzó los brazos.
—¿Asustados de qué?
El príncipe respondió con calma.
—De su hija.
Silencio.
Mi padre se quedó pensativo unos segundos.
Luego asintió.
—Eso es razonable.
Suspiré.
A veces olvidaba que mi padre era el Señor Demonio.
Pero en ese momento estaba claro.
La reunión terminó poco después.
El príncipe se inclinó ligeramente antes de irse.
Pero antes de cruzar la puerta dijo algo más.
—Princesa.
—¿Sí?
—Esto ya no es solo comercio.
—Lo sé.
—Es una guerra.
Sonreí.
—No.
—¿No?
—Las guerras son caóticas.
El príncipe esperó.
—Esto…
Me incliné ligeramente hacia adelante.
—Esto es estrategia.
El príncipe se fue sin decir nada más.
Cuando la puerta se cerró, mi padre me miró.
—Hija.
—¿Sí?
—¿Estamos conquistando el mundo?
Sonreí.
—Todavía no.
Mi padre parecía decepcionado.
—Pero vamos en buen camino.
Eso lo animó.
Cuando la sala quedó vacía, respiré profundamente.
El negocio crecía.
Los enemigos aparecían.
El mercado se movía.
Todo era exactamente como en mi vida anterior.
(Porque algo que aprendí muy bien en mi vida anterior…)
(es que cuando una empresa empieza a dominar un mercado…)
(la competencia entra en pánico.)
(Y cuando entran en pánico…)
(empiezan a cometer errores.)
Y en ese momento…
la victoria ya estaba decidida. 😈💰
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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