El amor más profundo a menudo nace de la ceniza de la traición más amarga.
Para evitar su ejecución como la villana de la historia, Anya deberá abandonar al príncipe que la odia y forjar un pacto con el verdadero antagonista, reescribiendo su trágico final con magia y pasión.
¿Podrá cambiar su destino?
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Capítulo 06
El sol de la mañana se filtraba a través de los pesados cortinajes de seda carmesí en la mansión de los O’Higgins, pero la calidez no llegaba al ambiente gélido que reinaba en el comedor principal. Anya, sentada en la cabecera de la mesa de roble, cortaba su fruta con una precisión quirúrgica. Frente a ella, su padre, el Duque Gustav, mantenía una expresión que oscilaba entre la furia contenida y una creciente confusión.
Los periódicos de la mañana ya estaban sobre la mesa. Los titulares eran predecibles: *"Escándalo en la Gala de la Cosecha: La Ruptura de los O'Higgins y el Nuevo Sol de Oakhaven"*.
—¿Tienes idea de lo que has hecho, Anya? —la voz de Gustav era un rugido amortiguado—. No solo has permitido que el Príncipe Heredero te humille en público, sino que has tenido la osadía de "devolverle" el compromiso. ¡La Casa O’Higgins nunca ha sido rechazada! ¡Nosotros somos los pilares del reino!
Anya dejó el cuchillo lentamente. El sonido metálico al chocar contra la porcelana pareció un disparo en el silencio del comedor. Levantó sus ojos rojos, ahora más brillantes y lúcidos que nunca, y sostuvo la mirada de su padre sin pestañear.
—Padre, respire —dijo ella con una calma que descolocó al hombre—. No hubo rechazo, hubo una liquidación de activos de bajo rendimiento. Erick Cromwell es un activo en caída libre. Su popularidad depende de su imagen de "príncipe perfecto", una imagen que ahora está ligada a una huérfana sin linaje ni dote. Al romper el compromiso yo misma, he salvado nuestro honor. Ahora no somos los "abandonados", somos quienes consideraron que la corona no era lo suficientemente digna para nosotros.
Gustav se quedó boquiabierto. Nunca había escuchado a su hija hablar de política o estrategia con tal frialdad. Para él, Anya siempre había sido una herramienta emocional, una mujer cuya obsesión por el príncipe era una garantía de poder futuro.
—¡Es el futuro Rey! —insistió Gustav, golpeando la mesa—. Con Mía Roster a su lado, la facción de los nobles menores ganará fuerza. Nos estamos aislando.
—Nos estamos purificando, que es distinto —replicó Anya, tomando un sorbo de té—. Erick es impulsivo. Mía es manipuladora, pero su poder se basa en la percepción de los demás. Si yo hubiera reaccionado como la Anya que usted conocía —gritando, llorando, atacando—, les habría dado la razón. Habría sido la villana necesaria para su cuento de hadas. Pero al mostrarme indiferente, los he dejado sin guion. Ahora, ellos son solo dos amantes imprudentes, y yo soy la mujer que está por encima de sus juegos infantiles.
En ese momento, Danna entró en el comedor con una bandeja de plata. Su rostro estaba pálido.
—Mi lady, el Duque... perdón, una visita ha llegado. Es Lady Carla y Lady Gisela. Dicen que vienen a... ofrecer su apoyo en estos momentos tan difíciles.
Anya esbozó una sonrisa que no contenía calidez alguna. Carla y Gisela eran las "amigas" de la antigua Anya, el tipo de buitres sociales que se alimentaban de la desgracia ajena bajo el pretexto de la sororidad. En la novela original, ellas eran quienes incitaban a Anya a cometer sus peores actos de sabotaje contra Mía, solo para después burlarse de ella a sus espaldas.
—Diles que pasen al salón de té, Danna —ordenó Anya—. Es hora de dar mi primera lección de distancia.
***
El salón de té estaba decorado con flores frescas, pero el ambiente era tenso. Carla y Gisela estaban sentadas en el borde de sus sillas, ocultando sus sonrisas triunfantes detrás de abanicos de encaje.
—¡Oh, querida Anya! —exclamó Carla en cuanto la vio entrar—. Vimos lo que pasó anoche. ¡Fue un horror! ¡Esa pequeña zorra de Mía realmente ha hechizado al príncipe!
—Estamos tan preocupadas por ti —añadió Gisela, fingiendo un tono lastimero—. Dicen que Erick va a pedirle al Rey que la nombre baronesa para poder casarse con ella formalmente. ¡Es una insolencia! Anya, tenemos un plan. Sabemos dónde se reunirán mañana. Si envías a tus hombres para...
—¿Para qué, Gisela? —la interrumpió Anya, sentándose con una elegancia que las hizo callar—. ¿Para crear otro escándalo que solo serviría para que Erick la proteja más? ¿Para que yo termine pareciendo una mujer despechada y amargada?
Las dos mujeres se miraron, confundidas.
—Pero... tú lo amas —susurró Carla—. Siempre has dicho que morirías sin él. ¡No puedes dejar que esa muerta de hambre se salga con la suya!
Anya las observó con un desprecio apenas velado. Estas eran las trampas emocionales de la trama original. La narrativa la empujaba constantemente a reaccionar, a odiar, a sabotear. Si caía en la ira, perdía. Si caía en la venganza, moría.
—El amor es una palabra muy grande para lo que yo sentía por Erick —dijo Anya, sirviéndose té ella misma, ignorando el protocolo—. Era una costumbre, una ambición mal dirigida. Pero anoche, mientras lo veía allí de pie, tan pequeño y tan predecible, me di cuenta de algo fundamental.
—¿De qué? —preguntaron ambas al unísono.
—De que Erick Cromwell no es el centro del universo. Y Mía Roster... ella solo es el centro del universo de Erick. Ninguno de los dos tiene el peso suficiente para ocupar un solo segundo más de mis pensamientos. No habrá planes, no habrá venganzas, no habrá cartas de odio. Desde hoy, ellos son invisibles para la Casa O'Higgins.
—¡Pero la gente hablará! —chilló Carla—. Dirán que te has rendido.
—Dejen que hablen —respondió Anya, clavando sus ojos rojos en los de Carla, quien retrocedió por el frío que emanaba de esa mirada—. El silencio es el insulto más grande que se le puede dar a alguien que busca atención. Mía Roster vive de las reacciones que provoca. Si no le doy ninguna, ella se marchitará en su propia insignificancia. Y ustedes... —Anya hizo una pausa deliberada—. Si han venido aquí esperando encontrar a una mujer destrozada para sus chismes de salón, se han equivocado de puerta.
Anya se levantó, dando por terminada la reunión.
—Danna, acompaña a las damas a la salida. Tengo documentos que revisar. Mi tiempo es ahora demasiado valioso para desperdiciarlo en funerales de relaciones muertas.
Cuando las dos mujeres se fueron, casi huyendo de la presencia imponente de Anya, el salón recuperó su paz. Anya caminó hacia la ventana y observó los jardines. Sabía que esta era la parte más difícil: mantener la distancia emocional. La trama de la novela era como un imán que intentaba arrastrarla de vuelta al conflicto. Erick intentaría provocarla para validar su elección, y Mía intentaría hacerse la víctima para mantener su relevancia.
—La distancia no es solo física —se dijo Anya a sí misma, tocando el cristal frío—. Es la negativa total a ser un personaje en la historia de otros.
Se dirigió a su escritorio y abrió un mapa del reino de Oakhaven. Sus dedos se deslizaron lejos de la capital, lejos del palacio, hacia las tierras del norte, donde las montañas eran perpetuamente grises y los bosques escondían secretos que la corona prefería ignorar.
En el mapa, marcado con un sello oscuro, estaba el territorio de la Fortaleza Sombría. El hogar de Liam Gallagher.
En la novela, Liam era descrito como un hombre de una belleza aterradora y una crueldad sin límites, el villano que finalmente traicionaba al reino en los capítulos finales. Pero Anya, con su conocimiento del futuro, sabía que Liam no era un villano por naturaleza, sino por circunstancias. Él también había sido empujado por la narrativa hacia un rincón oscuro.
—Si voy a romper este libro —susurró Anya—, necesito a alguien que ya haya sido quemado por sus páginas.
Esa tarde, Anya no ordenó vestidos nuevos ni preparó su asistencia a la siguiente fiesta. En su lugar, pidió a Danna que le preparara ropa de viaje resistente, de cuero y lana oscura. Iba a adentrarse en el Bosque Prohibido, una zona neutral entre los ducados, oficialmente para "recoger hierbas medicinales", pero en realidad, para buscar el encuentro casual que la alejaría definitivamente del camino de la ejecución.
No más lágrimas por un príncipe mediocre. No más juegos con una protagonista falsa. La lección de distancia estaba aprendida: para ganar el juego, primero tienes que dejar de jugar bajo sus reglas.
Anya O’Higgins ya no era una pieza del ajedrez de Erick. Ahora, ella estaba empezando a mover su propio tablero.
qué paso con el papá, el rey y quienes son ceniza y rosa?
🫥 (joder soy gata)