Kairos y Alessia , el primer amor de cada uno, Separados por una promesa de matrimonio. Zahraea, la esposa de Kairos tienen un accidente junto con él por una rabieta de celos de su primer amor. Después del accidente , Kairo puede leer todos los pensamientos de su esposa Zahraea, y Kairos decide no mencionar el divorcio nunca más, pero Zahraea no está de acuerdo con Kairos.
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UN AÑO DE APARIENCIA
El matrimonio de Kairos y Zahraea se había convertido en un espectáculo meticulosamente controlado.
Durante doce meses, habían jugado sus papeles con precisión: él, el esposo protector y atento; ella, la esposa perfecta y elegante. Eran una pareja poderosa, respetada en los círculos empresariales, admirada por los medios.
Pero detrás de las cámaras, no había besos, no había caricias ni palabras dulces. Sólo acuerdos.
Socios en un matrimonio sin amor.
Zahraea se acostumbró rápidamente a su nueva vida. Aprendió a moverse entre los Lazarescu con la misma habilidad con la que manejaba sus negocios.
Se convirtió en una figura clave en la empresa de la familia, su inteligencia y astucia le valieron el respeto de sus suegros y la admiración de algunos empresarios.
Con el tiempo, incluso la prensa comenzó a especular sobre su influencia en el imperio Lazarescu.
Pero ni siquiera en los eventos más exclusivos Kairos y ella se mostraron como una pareja real.
Las fotos siempre los capturaban juntos, pero con una distancia calculada.
Nunca hubo una roce casual, un gesto de cariño espontáneo.
Y aunque nadie lo decía abiertamente, la falta de afecto entre ellos se convirtió en un secreto a voces.
—Tu esposa es impresionante —comentó uno de los socios de la familia, observando a Zahraea desde la otra esquina del salón de un evento benéfico. Kairos siguió su mirada.
Zahraea conversaba con algunos empresarios con la misma elegancia de siempre. Llevaba un vestido negro que realzaba su figura, su cabello recogido en un moño impecable.
— Kairos: Lo sé —respondió con tono neutro —Pero nunca la besas afirmó el empresario
Kairos lo miró de reojo y pregunta —¿Debería?
El hombre se encogió de hombros —Eres su esposo. Un beso en público no haría daño.
Kairos sonrió con frialdad —No somos una pareja que alardea de su amor. Era una respuesta calculada y siempre lo era.
Zahraea también escuchaba los rumores. Sabía que la gente se preguntaba por qué nunca actuaban como una pareja enamorada.
Pero lo cierto era que a ella le daba igual. Había aprendido a valorar la tranquilidad que le daba ese matrimonio.
No tenía que fingir amor por un hombre que nunca la había querido.Y, aunque al principio la idea de un matrimonio sin afecto le parecía fría, ahora lo veía como una ventaja.
La independencia que había ganado valía más que cualquier gesto romántico o eso se repetía cada noche antes de dormir.
Sin embargo, todo cambió cuando una noticia inesperada llegó a los oídos de Kairos.
Esa noche, mientras revisaba algunos documentos en su oficina, su teléfono vibró con un mensaje de un número desconocido.
"Kairos, no sé si deberías saber esto, pero Alessia no está bien. Desde que te casaste, cayó en depresión. No quiere hablar con nadie. Algo debe hacerse."
Kairos sintió un nudo en el estómago — Alessia, su primer amor, su verdadero amor. No pudo ignorarlo.
Por primera vez en un año, su fachada de esposo perfecto se resquebrajó y supo que, tarde o temprano, tendría que enfrentarse a su pasado.
Kairos leyó el mensaje una y otra vez, sintiendo cómo una sensación incómoda se instalaba en su pecho.
"Alessia no está bien."
Las palabras eran simples, pero el peso que llevaban era abrumador. Él había imaginado que su matrimonio la lastimaría, pero nunca pensó que la llevaría a una depresión. No pude evitar recordar la última vez que la vio.
Habían estado de pie en aquel café, justo antes de que ella se fuera al extranjero. Su mirada estaba llena de tristeza, pero también de esperanza.
"Espérame, por favor." —Ese fue su último ruego.
Y ahora, un año después, le llegó la noticia de que Alessia estaba destrozada. Kairos pasó una mano por su rostro, sintiendo una mezcla de culpa y frustración.
Sabía que no podía hacer nada, su vida estaba atada a Zahraea, pero una parte de él no podía ignorar el dolor de Alessia y eso era un problema.
Un problema que, inevitablemente, llegaría a los oídos de su esposa. Kairos cerró su teléfono y tomó aire. No podía ignorarlo.
Esa misma noche, cuando Zahraea regresó de una cena de negocios, la esperó en la sala.
— Kairos: Necesitamos hablar.
Ella se detuvo en la entrada, sin mostrar sorpresa. Se quitó los pendientes con calma antes de responder.
— Zahraea : ¿Sobre qué?
Kairos no se anduvo con rodeos y le dijo — Alessia.
Zahraea levanto una ceja y le pregunta —¿Qué pasa con ella?
— Kairos: Recibí un mensaje y dicen que está mal y tiene depresión.
La expresión de Zahraea no cambió. Se limitó a mirarlo con la misma indiferencia con la que discutían sobre contratos y eventos.
Luego, con un tono casi aburrido, respondió:
— Zahraea : Falta ver si es verdadero lo de la depresión.
Kairos sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era la respuesta que esperaba, no había compasión, ni burla, ni frialdad en solitario.
Y en ese momento lo entendió. Hasta ahora, habían sido socios en este matrimonio, llevándolo con la misma eficiencia con la que manejaban sus negocios.
Pero eso estaba a punto de cambiar, porque a partir de ese instante, la guerra entre ellos había comenzado.