El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.
nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.
NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
ir ala ciudad y buscar sobrevivientes
Darian estaba sentado junto a su hermano cuando un sargento se acercó a él. Era un hombre alto, de cabello entrecano y expresión seria.
—¿Sargento Darian? —preguntó.
Darian se levantó de inmediato.
—Sí, señor.
—Me informaron que llegó después de enfrentarse a una de esas criaturas y que logró rescatar a su hermano. Necesitamos soldados con experiencia, así que, a partir de ahora, formará parte de nuestro equipo de defensa.
Darian asintió, dispuesto a obedecer.
—Entendido, señor. ¿Cuáles son mis órdenes?
—Mañana saldrá a la ciudad junto con otros dos soldados. Su misión será recorrer las zonas cercanas y buscar sobrevivientes que todavía necesiten ayuda. También deberán informar sobre la cantidad de criaturas que encuentren y las condiciones de las calles.
Daniel, que había escuchado la conversación, se levantó preocupado.
—¿Mañana ya tendrá que salir? —preguntó, mirando al sargento.
—Así es. No podemos dejar a las personas allá afuera sin intentar rescatarlas —respondió el hombre.
Darian miró a su hermano y luego volvió la atención hacia su superior.
—Estaré preparado.
—Bien. Pero no saldrá esta noche. Ha tenido una jornada agotadora y necesitamos que descanse. Mañana, a primera hora, le darán el equipo necesario y conocerá a los dos soldados que lo acompañarán.
El sargento le entregó una pequeña tarjeta de identificación y se marchó para continuar supervisando el refugio.
Darian observó la tarjeta durante unos segundos antes de guardarla en el bolsillo de su uniforme.
—¿De verdad vas a volver a salir? —preguntó Daniel, con la voz un poco temblorosa.
—Tengo que hacerlo. Hay personas que necesitan ayuda.
—Pero acabas de llegar… Ni siquiera has descansado.
Darian suspiró y se sentó junto a él.
—Por eso mismo voy a descansar ahora. No te preocupes, Daniel. Tendré cuidado.
Su hermano no parecía convencido, pero finalmente apoyó la cabeza en su hombro.
—Prométeme que vas a regresar.
Darian se quedó callado un instante. Después le revolvió suavemente el cabello castaño.
—Te lo prometo. No voy a dejarte solo.
Las luces del gimnasio comenzaron a apagarse poco a poco. Los soldados organizaron turnos de vigilancia mientras los sobrevivientes intentaban dormir.
Darian se acostó en una de las camas, aunque su mente seguía llena de preguntas. No sabía qué encontraría al regresar a la ciudad ni cuántas personas necesitarían ayuda.
Sin embargo, antes de cerrar los ojos, miró a Daniel, que finalmente se había quedado dormido en la cama de al lado.
Por esa noche, al menos, su hermano estaba a salvo.
Y Darian haría todo lo posible para que continuara así.
A la mañana siguiente, Darian despertó antes de que sonara la alarma del refugio. Apenas había dormido unas horas, pero sabía que debía prepararse para la misión.
Se levantó con cuidado para no despertar a Daniel, quien seguía dormido bajo una manta. Antes de marcharse, le acomodó la manta sobre los hombros y dejó una botella de agua junto a su cama.
—Cuídate, hermanito —susurró.
Después se dirigió al área militar, donde varios soldados revisaban sus armas y organizaban las provisiones.
—¡Darian! —lo llamó un sargento—. Tus compañeros ya están listos.
Darian se acercó y encontró a dos soldados esperándolo. Uno era un joven de cabello castaño oscuro, llamado Marco, de expresión seria. El otro, de cabello rojizo y ojos verdes, se llamaba Iván y parecía un poco más relajado.
—Ellos te acompañarán durante la búsqueda de sobrevivientes —explicó el sargento—. Marco conoce las calles del sector norte e Iván se encargará de las comunicaciones. Tú estarás al mando durante el recorrido.
—Entendido, señor —respondió Darian.
El sargento les entregó un mapa de la ciudad y señaló varias zonas marcadas con círculos rojos.
—Estas áreas dejaron de responder a nuestras comunicaciones anoche. Su prioridad será buscar personas con vida y traerlas al refugio. No se separen y, si encuentran demasiadas criaturas, regresen inmediatamente. ¿Entendido?
—¡Sí, señor! —respondieron los tres.
Poco después, Darian terminó de revisar su equipo y se colocó el cubrebocas oscuro que protegía parte de su rostro. Ajustó las correas de su uniforme y comprobó que llevara todo lo necesario.
Iván lo observó mientras cerraba su mochila.
—Espero que no tengamos que enfrentarnos a demasiadas de esas cosas.
—Nuestra misión es rescatar sobrevivientes, no luchar sin necesidad —contestó Darian—. Mantengan los ojos abiertos y no hagan ruido innecesario.
Marco asintió y abrió las puertas del garaje militar. Afuera los esperaba un vehículo todoterreno con suficiente combustible para llegar al sector norte.
Antes de subir, Darian volvió la mirada hacia el edificio donde dormían los civiles. Pensó en Daniel y en la promesa que le había hecho.
Voy a regresar.
Subió al vehículo y cerró la puerta.
—¿Listos? —preguntó.
—Listos —respondió Marco.
Iván encendió la radio y comprobó la señal.
El vehículo abandonó el refugio mientras las enormes puertas se cerraban detrás de ellos.
La ciudad que apareció ante sus ojos estaba irreconocible. Había automóviles abandonados, semáforos apagados y calles cubiertas de escombros. Algunos edificios tenían las ventanas rotas y, a lo lejos, se elevaba una columna de humo.
Darian apretó la mandíbula.
—Comenzaremos por las viviendas del sector norte. Si alguien sigue ahí, tenemos que encontrarlo.
Ninguno de los tres sabía qué les esperaba al llegar.