El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará
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debes sobrevivir
—Tiene que ser una maldita broma —dijo Susan, sudando nerviosa.
—¡Ja! Te creíste el truco del golem —dijo Edgard, dando un paso adelante y cayendo al vacío. Frente a él se había abierto un agujero negro por el que se precipitó para cerrarse un momento después.
—Escapó —dijo Susan asustada, mirando a los dos adolescentes que quedaban. Luego ese miedo se convirtió en maldad y sonrió al mirar a su esqueleto del jardín para darle una orden—Acábalos.
—Por un carajo —replicó Jean corriendo en dirección opuesta al monstruo, quien trataba de golpearlo con las tres extremidades restantes. Giraba y agitaba los brazos, pero no conseguía atrapar al muchacho escurridizo, que por una extraña razón era más ágil de lo normal. El océano pasó por su mente, provocándole un severo dolor de cabeza. —No… otra vez no.
El esqueleto iba a aplastar al joven cuando vio que este se detuvo al quejarse del dolor de cabeza, pero su cráneo reventó por la presión de un chorro de agua que salió del suelo. El pecoso seguía apretando su cabeza por el dolor. Giraba para ver dónde estaba su enemigo, pero solo encontró un esqueleto en el suelo y no vio a Lisa en ningún lugar del jardín.
—Tus amigos te abandonaron, Thompson —le advirtió Susan, invocando un cráneo volador con dos manos. El monstruo tenía tres metros de envergadura desde lo alto a lo largo y estaba posicionado detrás de la mujer. —Si te rindes, te dejaré vivir para tu interrogatorio.
—No son mis amigos y literalmente mis recuerdos fueron borrados, así que no hay nada que interrogar —respondió Jean mirándola serio—. Solo diré que esta casa nunca fue mía.
—Entonces estás aceptando que eres un monstruo que colabora con un Strathman —dijo Susan en un tono agresivo.
—Soy un recluta de la jodida asociación —contestó Jean.
—Pero eres un peligro para el mundo… Thompson, mataste a tu padre, destruiste tu casa para defender a un grupo de terroristas —añadió Strathman.
—¿Aún quieres pelear? ,Qué mujer más terca —dijo Jean. La rabia que sintió cuando supo que no era humano y que sus padres andaban en algo raro volvió por las palabras de la mujer; el agua regada en el césped se dirigió a su cuerpo, envolviéndolo como si fuera una serpiente enredada en un árbol. Esto no lo manipuló él, más bien, parecía como si su cuerpo tratara de defenderse por su cuenta. - Este puto mundo es una jodida mentira, viví como un humano y me niego a morir como un monstruo que se dejó pisotear por una jodida loca amante de los esqueletos.
—Mereces ser corregido, mocoso —dijo Susan corriendo hacia el muchacho. El monstruo que flotaba iba a lanzarle un puñetazo cuando recibió otro golpe que los mandó a volar. Se trataba de un orco verde y apestoso.
—¡Rowawar! —gritó el orco corriendo contra la invocadora, la cual invocó cuarenta esqueletos guerreros, que rodearon al orco por un lado y cerca de la acera rodearon también a Jean, quien le daba la espalda a un grifo amarillo para bomberos.
Siete esqueletos saltaron contra el orco, apuñalándolo varias veces y haciendo que este sangrara sangre negra, pero el ser verde no caería fácilmente: aporreó a sus enemigos hasta hacerlos trizas, se acercó a la mujer para matarla con una porra, pero el esqueleto flotante detuvo ese golpe con su brazo derecho.
—¡Maldito Edgard, sigues aquí! —gritó la mujer invocando otros dos brazos para su esqueleto guardián, el cual retuvo con más fuerza a su enemigo gracias a esto. El orco fue empujado varios metros hacia atrás y el resto de los esqueletos aprovecharon la oportunidad para envolverlo y rematarlo a puñaladas. La mujer miró a Jean, quien esquivaba los ataques de los esqueletos.
—Es hora de darte un empujoncito —dijo Edgard, saliendo de un agujero negro detrás del adolescente. Armado con un martillo de guerra, aporreó a la primera fila, mandando a volar sus huesos y cráneos; se abrió paso directo entre ellos sin miedo alguno, aplastando cabezas y costillas desde ambos lados. Desde los dos flancos del pelotón de no muertos aparecieron dos golems de piedra de tamaño humano, quienes apoyaron al mago haciéndole lo mismo a lo que quedaba del ejército de esqueletos, destrozándolos con sus constantes golpes.
La mujer invocó tres fósiles del emblemático y majestuoso T-rex para que destrozaran al enemigo, pero Edgard, al ver a estos seres, dijo «no jodas» y posteriormente entró casi derrapando en un agujero negro. Los dinosaurios muertos, al no ver al mago, intentaron morder a los gólems de piedra, pero sus mandíbulas se rompieron, los entes se agarraron a puños con las bestias y con cada puñetazo se iban rompiendo los huesos hasta matarlos de nuevo.
—Otro de sus malditos trucos, creo que tendré que usar mi juguetito más especial —dijo Susan apretando sus dientes por el enojo. Dio un chasquido y esto provocó que todos los huesos y el polvo se alzaran y se dirigieran a la posición de su esqueleto flotante, fusionándose con este. —¡Oh, álzate, gran Gashadokuro!
Un enorme esqueleto se formó tras la fusión. Estaba en cuatro patas y su cráneo era más grande en comparación con su cuerpo y su altura superaba la de un edificio de tres pisos. Tomó a su dueña y la puso en su cabeza con suavidad. Ambos miraron al único enemigo que les quedaba en el campo de batalla.
—Si quiero sobrevivir, deberé hacer lo impensable, pero esto es muy diferente al skinwalker — pensó Jean con mucha tensión. Ese monstruo en verdad le aterraba y de ser posible tenía que quitarle la vida a otro ser humano; su habilidad recién descubierta le estaba provocando dolor en sus huesos y músculos e incluso ya respiraba bastante lento. El aire le pesaba en los pulmones, generándole una sensación de ahogo. —Hazlo, Jean.
—Aunque lo intentes, niñito, nada te va a funcionar, porque ya caíste en la trampa —dijo la mujer. El adolescente estaba siendo arrastrado hacia el Gashadokuro como si fuera un imán; Strathman lo miraba con desprecio, pero en el fondo ya sabía que había ganado la pelea. Incluso si Edgard apareciera, también sería arrastrado hacia el monstruo.
Susan consiguió al Gashadokuro en Japón, en una misión donde esta bestia devoró a un pelotón entero de militares. Los atrajo hacia él y estos se disolvieron al tocar al monstruo, volviéndolo mucho más grande. Ella logró atraparlo y fingió que lo destruyó, ya que esa bestia le parecía muy interesante.
Uno de los golems se acercó a Jean, dándole la espalda mientras miraba al Gashadokuro. De esta manera pudo evitar que el pecoso fuera atraído hacia la bestia; el esqueleto gigante alzó uno de sus brazos para aplastar al joven, pero el pequeño golem logró detener el ataque al alzar los brazos. El monstruo lanzó otros tres ataques más, pero el ente de piedra bloqueaba los ataques y con cada golpe las falanges se le iban partiendo.
Un montón de papeles rodearon al yokai. Eran tantos como una ola e incluso podrían llenar una casa de dos pisos cuatro veces. Eran talismanes antimaldición, que bloquearon el efecto de absorción del monstruo, provocando que se generara una luz blanca en el suelo que incluso le dolía al ser huesudo. Jean corrió lo suficiente como para poder ver bien y poder darle un tiro certero a su enemiga. Su cuerpo ardía por el gasto de energía que generaba al manipular agua; estiró su brazo y el agua que rodeaba su torso salió disparada en dirección al hombro izquierdo. La fuerza fue tanta que terminó por rompérselo y por separarla de su sirviente, pero el Gashadokuro consiguió atraparla en el aire.
—¡Maldito mocoso! —Gritó de dolor. Su brazo estaba caído producto de la herida . —¡Ya cómelo de una vez!
—Gashi, Gashi. —Sonaron los dientes del monstruo como respuesta. Tomó al minigolem y lo arrojó contra una casa vecina, destruyendo las paredes por el impacto y haciendo que las personas gritaran aterradas cuando escucharon toda la conmoción y vieron por sus ventanas al enorme yokai. Todos llamaron a la asociación de cruzados para pedirles ayuda.
—¡Inténtalo de nuevo, cabrón, revelaré todo lo que hizo Edgard! —Amenazó la mujer sacudiendo su brazo bueno.
—No volveré a fallar —dijo Jean cansado. De hecho, reactivar esta habilidad le provocó un sangrado nasal y que sus ojos se pusieran rojos por su inexperiencia. La serpiente de agua volvió a su torso y posteriormente fue lanzada contra la mujer de nuevo.
La serpiente hecha de agua salió disparada con mucha más potencia que el primer ataque. Susan sonreía nerviosamente, alzando una mano, comenzando a disparar huesos desde el suelo, intentando frenar el ataque, pero la serpiente evadía cada uno de los obstáculos .
El gashadokuro intentó bloquear el ataque con una mano, pero no lo consiguió, ya que a ambos lados de su cabeza emergieron dos puños de los agujeros negros de Void. Estos puños le pertenecían a otro golem mucho más grande, pero no lo invocó al completo porque podía terminar por matar a Jean. Ambos puños golpearon al mismo tiempo, reventando el cráneo del Gashadokuro, con lo que cientos de partes del esqueleto saltaron varios metros.
El agua a presión giraba penetrando el hueso lentamente hasta romperlo, logrando salir por la otra parte de la mano del monstruo e impactando en el abdomen de la mujer, atravesando su cuerpo también, mezclándose con su sangre y órganos molidos por la presión. Ella se retorció del dolor y cayó al suelo mientras el cuerpo de su último sirviente se desmoronaba a su alrededor , vomitando sangre hasta que impactó de espaldas contra el suelo .
—Al final caí en su trampa, cuando lo llamé yo ya había perdido... ¡Cof! —tosió Susan. Su odio se apaciguó al ver la cara pálida del pecoso, ya que ella era su primera víctima. —Ya cruzaste la línea, niño, ya no tienes remedio.
—Me encargaré de que no sea como tú, la que eliminaba testigos solo por placer —dijo Edgar, quien salió de su dimensión de bolsillo y sujetaba a Jean de un hombro.
—Edg… —No logró terminar su frase; la lanza divina cayó de un agujero negro que estaba sobre ella: fue empalada en su corazón, provocándole una muerte instantánea.
—Nunca te confíes frente al enemigo —dijo Edgard, volteando a mirar a Jean. -No importa si está en el suelo, siempre puede lanzar un último ataque, tanto moral como físico.
—La maté, Strathman —dijo Jean, aún temblando por todo lo sucedido, dejando caer gruesas gotas de sudor por su frente —. ¿Dónde están los demás?
—Están en mi dimensión de bolsillo —dijo Edgard—. Vi que Andersen viene para acá. Si llegara a ver tus ojos, estaríamos en verdaderos problemas y la pelea contra Susan habría sido en vano. — Un montón de carros negros llegaron a la calle, alertando a Void—. De hecho, ya está aquí.