Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Todo estaba listo para la ceremonia. Los viejos del consejo estaban muy desconcertados por la noticia, ya que no fueron consultados —especialmente Verfor.
Los padres de Samanta llegaron entre los primeros; ella estaba demasiado nerviosa, mirando por todos lados buscando a Ema.
El alfa recibía a todos sonriendo cuando vio a Verfor acercarse con el rostro fruncido.
—Buenas noches, Verfor. Bienvenido —dijo sonriendo.
—Alfa Fernando, gracias... Me temo que no traje obsequio por la repentina noticia... que tampoco fue consultada —dijo sonriendo a duras penas.
—Qué raro... No sabía que un alfa tenía que consultar con los del consejo —dijo con firmeza Ema, que se había colocado detrás de su padre.
—Niña, es de mal educación meterse en conversaciones ajenas...
—Alfa Ema, para usted, Verfor... ¿Acaso se olvida con quién está hablando? ¿O quién le otorgó ese puesto? —dijo desplegando su aura, haciendo que Verfor tragara saliva con dificultad.
Fernando sonrió ladino; estaba más que orgulloso de ver a su hija poner en su lugar al viejo.
—Me temo que dije algo que lo malinterpretó... Alfa Ema —dijo entre dientes.
—Que no se repita, Verfor. No olvide —se acercó a él— que puedo hacerte desaparecer. Yo soy tu alfa, te guste o no. ¿Queda claro? —Bell gruñó a su lado.
—Sí... Alfa —dijo Verfor bajando la cabeza ante su presencia.
«Esta maldita mocosa. Cuando recupere mi posición, no dejaré que se salga con la suya.»
Después de eso, Verfor entró y Ema siguió recibiendo a los invitados junto a su padre. Cuando vio a Samanta llegar, sus miradas se cruzaron.
—Alfa Ema, muchas felicidades —dijo Luis junto a su esposa Ester.
Samanta la miró; estaba muy nerviosa, pero la observó con la misma mirada que antes le causaba terror. Sin embargo, Ema la recibió sonriendo.
—Muchas felicidades, Ema... Estoy tan contenta de que celebremos con toda la manada —dijo con fingida alegría.
—Gracias, Samanta. Yo estoy más que feliz por un año más de «vida» —dijo mirándola fijamente. Samanta sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar esas palabras.
Después de ese saludo tan satisfactorio, y al ver su rostro pálido, vio llegar al idiota del otro reino.
—Llegó el alfa, cariño —sonrió su padre burlón al ver su cara de asco—. Podría ser tu futuro esposo.
Ema lo miró con una sonrisa forzada:
—Primero muerta —dijo entre dientes, haciendo que su padre riera. Pero Verfor lo llamó y la dejó sola.
—Padre, si te molesta, dile que le cortaré la cabeza —dijo al oído, mirando a Verfor, quien seguro escuchó. Él sonrió y se retiró.
«Ema, sabes que hoy podríamos encontrar a nuestra pareja destinada, ¿no?»
«No tengo ganas para eso, Bell. Los hombres arruinan todo, y por mi posición solo se acercarán por interés propio. Debes entenderlo.»
«Entiendo tu punto, pero ¿la rechazarás si la encontramos?»
«Lo más probable. No estoy para historias de amor... Tengo que poner en orden este reino; es lo único que me importa por ahora.»
«Está bien, Ema.» —se hizo una bolita en un rincón de su mente.
«Perdón, Bell.»
Ema suspiró después de esa charla con su loba, cuando se dio cuenta de que el idiota del alfa Lucas estaba cerca.
—¿Se te perdió algo? —dijo levantando una ceja—. Te estaba saludando, pero veo que estabas ocupada.
—Sí, era algo importante. Gracias, puedes pasar.
—Vaya... Qué amable eres... ¿Sabes que estás hablando con un alfa? —dijo la rubia a su lado.
—¿Un alfa? Pensé que era un títere con peluca —dijo mirando a Lucas, quien frunció el ceño.
—Maldita insolente. ¿Ahora te crees valiente? —se burló la rubia.
—¿Disculpa? ¿Y tú quién eres? Que yo sepa, no te invité —dijo Ema mirándola de arriba abajo. La rubia mostró sus ojos de lobo, pero Lucas la detuvo.
—Déjala... No estamos en nuestra manada, Cristina —la miró de reojo.
—Pero... Mi lobito... Ella me trató mal —decía tocando su pecho con aire seductor, pero Lucas la apartó.
—¿Pasan o se van? Mi casa no es un motel; para eso está la suya, alfa Lucas —dijo directa, mirando a sus guardias. Lucas la miró con enojo.
«Vaya... La cachorra está diferente hoy.»
Samanta llegó al ver que Lucas hablaba con ella.
—Ema... ¿Qué haces? Estás echando al alfa Lucas ¿cómo puedes hacer eso? —la agarró con fuerza, apretándola con sus uñas.
Ema miró a Samanta y a Cristina, que la observaban con odio, luego fijó la vista en Lucas, quien sonría ladino.
—Alfa, controle a sus zorras o yo mismo las sacaré a patadas de mi casa. Y pobre de ti cuando se entere mi padre... —sacó la mano de Samanta con fuerza, haciendo que esta quejara de dolor.
—No lo harías... —gruñó Lucas.
—Pruébame, perro sarnoso. Sabes que no te conviene un conflicto ahora —mostró sus ojos de lobo. Lucas se sorprendió por su desafío y ordenó que llevaran a Cristina de vuelta a su manada.
—Ema... ¿Por qué hiciste eso? Sabes que no te conviene tratarlo así —dijo Samanta mirándola con odio.
—¿Necesito tu permiso, acaso? Puedes quedártelo; después de todo, está más usado que un trapo de piso —la miró fijamente. Samanta apretó su vestido con fuerza—. Es mejor que no te metas en mi camino, Samanta... —se acercó a su oído—. Si no quieres que sepan que eres una asesina —sonrió y la dejó plantada en la puerta.
Samanta tembló ante sus palabras. Nadie podía saber que fue ella; la matarían, y arruinaría su gran oportunidad de ser luna de Lucas.
Después de todo ese espectáculo, Ema saludó a los otros tres alfas, quienes ya tenían sus lunas. La recibieron con amabilidad e incluso hablaron de temas importantes —para su sorpresa.
...
La ceremonia fue corta; Ema ya estaba cansada de tanta gente. Pidió que se hiciera el brindis y luego todos se retiraron.
—Veo que ni siquiera se digna a despedirse de mí —dijo Lucas detrás de ella.
Ema estaba sentada en su jardín tomando un exquisito vino dulce —un manjar en su boca que no había podido disfrutar en su otra vida, siempre ocupada y sin momentos tan relajantes. Pero la calma duró poco al escuchar al idiota de Lucas.
Ema se volteó—Adiós —dijo volviendo a su posición.
Lucas apretó los dientes al ver su desprecio; antes se derretía por él, y ahora ni siquiera lo miraba.
—¿Acaso está celosa? —se burló sentándose a su lado.
—Ch, ni que fueras Brad Pitt —dijo entre dientes, riéndose.
—¿Disculpa? ¿Quién es ese? —gruñó Lucas.
—Uff, si supieras... Es como el vino: de infarto —decía mordiéndose los labios.
Mientras Lucas gruñía al escucharla hablar de ese desconocido.
—Veo que lo conoce muy bien —gruñó celoso.
—Lo vi una vez —dijo sin importancia, recordando su pasado como seguridad—. Y créeme: esos músculos —apuntó al abdomen de Lucas— son un chiste comparados con los de él —se tomó el resto del vino de un trago.
—Me retiro... Así puedo seguir pensando en su Brandon ese Pit —dijo furioso.
—Gracias. Y seguro será excitante mi sueño —dijo en voz alta para que lo escuchara. Lucas se fue furioso al oír esas palabras.
«Esa maldita... ¿Cómo puede decir eso? ¿Y quién demonios es ese Pit?»
«Ema... ¿Ese Pitt es tan bueno así?» —preguntó Bell curiosa.
«Así que eres toda una traviesa, lobita» —rió.
«Cállate... Solo es curiosidad.»
«Sí, es hermoso. Como un dios del Olimpo.»
Ema se quedó un rato más hablando con Bell, charlando mientras su loba movía la cola imaginando a todos los hombres que Ema describía. Aún estaba insegura de contarle sobre su reencarnación; dejaría que todo fluyera despacio.
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muy entretenida