Te daré un millón de dólares por pasar 30 días con tu mujer- dijo con ese tono altanero que lo caracteriza desde el primer día que lo escuche hablar.
Debes estar loco- contesto mi esposo sin dudar un solo segundo.
Acepto- dije recibiendo las miradas de todos los presentes. Quizás nadie lo entendería pero era la única manera de salvarla y darle todo aquello que luego de la operación necesitaría.
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capitulo 30
Llegamos a un restaurante muy lujoso en el centro de Sicilia, no voy a negar lo nerviosa que estaba. Ese lugar era sumamente costoso y mucho más grande que aquel donde habíamos cenado en Italia. Tome de la mano a Hannah y seguimos a una moza que nos indicaba el camino. Íbamos las dos tan compenetradas mirando las pinturas y lo hermoso del lugar, cuando de repente levante la vista y lo vi, parado al final de una escalera, parecía un príncipe y me estaba esperando a mí. Ese traje negro le daba un toque de misterio qué yo quería descubrir sin ningún problema, mis lujuriosos pensamientos me pusieron las mejillas coloradas y por un momento tuve que recordarte a mis pulmones como tomar aire para no morirme allí mismo.
Vi una sonrisa en su rostro en cuanto empezamos a subir las escaleras, y casi al llegar a los últimos escalones él extendió su mano y yo la tome sin dudarlo. Magdalena tenía razón, era momento de darle una oportunidad a mi lastimado corazón. Nos dirigimos a una mesa cerca del balcón donde podíamos ver las luces de toda la ciudad. Él corrió amablemente una silla y ayudo a Hannah a sentarse, podía notar como ella lo miraba embobada, nadie había sido tan gentil con ella ni siquiera su padre, quien después de enterarse de su condición la había alejado un poco de él. Luego vino y me corrió mi silla para que tomase asiento, la mesa era enorme, pero los 3 estabas sentados bien juntos.
La moza se acercó a nosotros y dejó bebidas para todos y varios platos principales para que degustáramos mientras elegíamos qué cenar.
Mientras charlábamos y comíamos el ambiente se iba relajando, Hannah había decidido pedir unos Sorrentinos rellenos de jamón y queso y yo esta vez iría por carne con ensalada. Nicolás por su parte también comería carne, pero con puré de calabaza y papa. La recomendación para nuestros platos era vino tinto, pero nunca fue de mi agrado, así que pedí un vino blanco. Mi pequeña tomaría agua y mi acompañante decidió que lo mejor sería compartir conmigo esa botella. Por alguna razón las cartas que la moza nos había dejado no tenían precio en los platillos ni en las bebidas, pero más o menos me podía dar una idea de lo costoso que era el lugar, solo que desconocía qué fuese de Nicolás.
Espero que todo lo de aquí sea de su agrado- dijo mirándonos embobado a ambas.
Es un hermoso lugar, gracias- le contesto Hannah moviendo sus pequeños pies qué colgaban de la silla.
En serio es precioso- le dije sonriéndole.
No más que ustedes, parecen princesas esta noche- nos respondió.
Antes de que llegarán los platos principales, un grupo de músicos con violines empezó a tocar suaves melodías, Nicolás extendió su mano invitándome a bailar y como hace un rato en las escaleras, la tomé sin pensarlo.
Bailábamos de manera lenta, los cuerpos bien apoyados contra el otro, su mano en mi cintura aferrándome con fuerza y mi cabeza apoyada en su pecho escuchando la música más hermosa que había oído en mi vida, el latir de su corazón. La mirada atenta de Hannah sobre nosotros y esa hermosa sonrisa que se dibujaba en su rostro.
Aun cuando la canción termino, dudábamos en separarnos, era como si hubiésemos nacido el uno para el otro, quería quedarme así entre sus brazos, sintiendo su calor, cuando de pronto el recuerdo de la conversación con el médico de Hannah me devolvió a la realidad, en breve nos iríamos y esto solamente sería un bello recuerdo. Me alejé un poco sin levantar la vista del suelo, podía sentir como intentaba retenerme cuando le dije que iría al tocador, pero luego de segundos me dejo ir. Nunca en todo ese tiempo me atreví a mirarlo.
Ya sola en el baño, me mire al espejo y suspire.
¿qué estoy haciendo? Mi prioridad es mi hija- me repetía para hacerme entrar en razón-esto es un trato qué se terminará pronto, él no querrá volver a verme después de esto y yo tengo que estar fuerte por ella- me gritaba para poder darme el valor de decirle que nos iríamos, que tenía que estar mucho antes en Estados Unidos porque así lo requería el médico de mi hija, pero había algo que no quería que me fuera, un sentimiento muy dentro de mí, me decía que debía pedirle que luego de todo me deje volver a su lado. No quería perder a ninguno de los dos, le sentía tan egoísta y al mismo tiempo tan frustrada. ¿Tan necesitada de afecto estaba que un hombre en menos de 25 días me había puesto mi mundo y mi corazón de cabeza? ¿Era esto a lo que llamaban "amor a primera vista"? Ni siquiera con Antony me había pasado esto, sentirme tan fuerte y a la vez tan vulnerable. Salí del baño porque sé que se preocuparían por mí, pero antes de llegar a la mesa escuché algo que terminó por desarmarme.
¿Me lo prometes?- decía Hannah mientras jugaba con su tenedor -quiero que cuides de mi mamá, por favor- podía sentir angustia en su voz, mi pobre pequeña.
Las voy a cuidar a las dos, no solo a ella, sino también a ti- no Nicolás no debes prometer algo que no sabes si podrás cumplir, me dije internamente en cuanto escuche su respuesta.
Gracias- le decía Hannah mientras se bajaba de su silla y corría a abrazarlo, por todos los dioses este hombre se había ganado el cielo.
Ya volví ¿de qué conversaban ustedes dos?- les dije antes de tomar asiento entre ellos nuevamente.
Nada mami- le agradecí a Nicolás por todo esto- me mintió mi princesa y se lo dejaría pasar solamente porque detestaba verla mal.
Me parece perfecto mi amor, uno siempre tiene que ser muy agradecido- le dije mientras volteaba a ver a Nicolás quien se había puesto de rodillas a mi lado sorprendiéndome completamente.
Mi corazón se detuvo al ver en su mano una cajita de terciopelo rojo con un anillo dentro.
Quiero que me permitan acompañarlas a Estados Unidos y estar en todo momento con ustedes, para luego cuando todo mejore volver aquí y hacerte mi esposa y tu hija mi hija legalmente- sus palabras hacían latir con fuerza a mi corazón, mire de reojo a Hannah quien sonreía impresionada de todo y voltee a verlo de nuevo.
Me tire sobre él casi llorando y acepte, podía escuchar los gritos de felicidad de mi niña y como los músicos que aún se encontraban allí y algunas mozas aplaudían felices.
Esta es mi promesa de que siempre estaré para ustedes, protegiéndolas con mi vida de ser necesario- nos pusimos de pie y me beso como si no hubiese un mañana. Luego de separarnos por falta de aire, se acercó a Hannah y le dio a ella una cajita parecida a la mía que contenía una hermosa pulsera de oro con su nombre grabado -esta es mi promesa para ti de que cuidaré muy bien de tu mami y que también te protegeré con mi vida- le dijo mientras le colocaba el brazalete. Hannah lanzó sus brazos a su cuello con emoción y también se permitió derramar un par de lágrimas. Podía escuchar como le agradecía mientras lloraba y él la abrazaba como si realmente fuese su hija, expendio su brazo para que yo me uniese a ese cálido abrazo familiar.
El resto de la comida transcurrió con total normalidad, mientras reíamos por todos los chistes que mi pequeña hacía. Había sido una noche maravillosa y muy sorprendente. Todos los miedos que pude sentir momentos antes se habían esfumado en cuanto él nos propuso acompañarnos, mi corazón latía con tanta fuerza que temía sufrir un paro cardíaco de tanto amor que desbordaba. Al final si había tenido que escucharlo.