NovelToon NovelToon
Me traicionaste, ahora yo cobro

Me traicionaste, ahora yo cobro

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Velicia lo dio todo por su matrimonio. Durante tres años soportó en silencio, amó sin condiciones y mantuvo en pie la organización Kensington desde las sombras. A cambio, Michael —su esposo— la humilló, la golpeó estando embarazada de ocho meses y la obligó a arrodillarse ante la mujer que secretamente lo manipulaba.

Esa noche, Velicia tomó una decisión: no lloraría más, no suplicaría más. Se marchó de la mansión llevándose consigo los documentos más peligrosos de la familia Kensington.

Lo que Michael nunca supo es que la «mujer de clase baja» con la que se casó era en realidad Velicia Romanov, heredera de una de las familias más poderosas del mundo subterráneo.

Cuando la verdad sale a la luz, el imperio que Michael creía suyo empieza a desmoronarse. Las alianzas que creía sólidas se disuelven. Y el amor que destruyó jamás volverá.

Mientras Michael se hunde en el arrepentimiento, un hombre diferente entra en la vida de Velicia: Lorenzo Sullivan, líder de su propia organización, que la admira por su fuerza y la elige sin intentar poseerla.

Pero la venganza personal es solo el comienzo. Una organización en las sombras —Black Throne— ha puesto a Romanov, Sullivan y Kensington en su lista de objetivos. La guerra del mundo subterráneo se convierte en una batalla a gran escala donde la lealtad, la traición y el sacrificio decidirán quién sobrevive.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo — 29.

La lluvia caía desde la tarde. Las gotas golpeaban el cristal de la ventana del apartamento con un ritmo lento, pero suficiente para enmascarar los pasos de alguien que acababa de entrar al pasillo del octavo piso.

Ramón estaba de pie a pocos metros de la puerta del apartamento de Sania; la mirada, gélida. Hacía varios días que Sania había desaparecido sin dar señales. Su número de teléfono estaba inactivo, todos los lugares que la mujer solía frecuentar estaban vacíos, y el instinto de Ramón le decía que algo había ocurrido.

Levantó la mano, a punto de tocar la puerta. Pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta del apartamento de enfrente se abrió. Una mujer de mediana edad salió con una bolsa de basura.

Al ver a Ramón, pareció reconocerlo.

—¿Busca a la señorita Sania?

Ramón asintió con brevedad.

—¿Está?

La mujer negó con la cabeza.

—Lleva tres días sin volver.

—¿Tres días? —Ramón frunció el ceño.

—Sí —la mujer pareció recordar algo—. Ah, sí... hace unos días volvió en muy mal estado.

—¿Mal... estado?

—Sí. La acompañaba una enfermera.

El corazón de Ramón empezó a latir más rápido.

—¿Una enfermera?

—Los escuché hablar. Dijeron que la operación había salido bien.

Operación. Esa sola palabra llenó la mente de Ramón de un mal presentimiento.

—¿Qué operación?

—No sabría decirle.

—Pero... —la mujer pensó unos segundos— ...si no me equivoco, escuché la palabra "embarazo".

Ramón se quedó helado. Todo el cuerpo pareció perder las fuerzas.

—Embarazo...

—Sí.

La mujer reanudó su camino, mientras Ramón seguía inmóvil como una estatua.

¡Imposible! Sania le había prometido que cuidaría de su bebé. Incluso cuando todos se volvieron en su contra, incluso cuando Michael la echó, Sania seguía diciendo que ese hijo era la única razón para seguir con vida.

Entonces, ¿de qué operación hablaban?

Dos horas después, Ramón estaba sentado en su auto. Sobre el tablero había una carpeta con los resultados de la investigación de sus hombres. La abrió despacio. Dentro estaba la copia de un historial médico. Nombre de la paciente: Sania Adriana. Procedimiento médico: interrupción del embarazo. Fecha del procedimiento: hacía tres días. Ramón leyó esa línea una y otra vez, pero el resultado era siempre el mismo. Le temblaban las manos. Su hijo ya no existía. Su hijo, abortado a propósito.

¡Bam!

Ramón golpeó el volante con todas sus fuerzas. La bocina taladró el silencio. Se le enrojecieron los ojos. Todo este tiempo había sobrevivido bajo la sombra de Black Throne, cumpliendo órdenes que jamás le gustaron, cargando con todos los pecados, por una sola razón: Sania y su hijo.

Ahora, esa razón había desaparecido.

Esa noche.

Joseph Bonanno disfrutaba de una copa de vino en su despacho cuando uno de sus hombres entró.

—Señor.

—¿Qué pasa?

—Ramón está aquí.

Joseph sonrió con sutileza.

—Hazlo pasar.

Instantes después, la puerta se abrió de golpe. Ramón entró sin formalidades; la mirada consumida por la furia.

—Qué raro verte sin que te hayan llamado —Joseph siguió sentado con calma.

Ramón arrojó la carpeta del historial médico sobre la mesa.

—¿Eso fue obra de ustedes?

Joseph echó un vistazo al contenido.

—Ah... así que al fin te enteraste.

—¿Por qué? —la mandíbula de Ramón se tensó.

Joseph bebió un sorbo de vino antes de contestar.

—Porque un hijo vuelve débil a la gente.

—¡Era mi hijo!

—¡Exacto! —Joseph sonrió con sutileza—. Y nosotros no necesitamos soldados con debilidades.

Ramón se movió en un instante. En un segundo ya tenía agarrado a Joseph del cuello de la camisa.

—¿Quién le ordenó a Sania que lo hiciera?

Joseph no se alteró en absoluto. Lo miró con toda calma.

—No fuimos nosotros.

—¿Entonces quién?

—Solo le dimos una opción.

—¿Qué opción?

—Si quería seguir viva, debía deshacerse del niño.

La sangre de Ramón hirvió al instante.

—¡Malditos!

¡Bam!

Estrelló el puño contra la mesa; la copa de vino se hizo añicos.

Pero Joseph seguía sonriendo.

—¿Estás furioso?

—¡Mataron a mi hijo!

—No —Joseph negó con suavidad—. La que mató a tu hijo fue la mujer que amas.

La frase dejó a Ramón completamente sin palabras.

—Sania eligió el poder. Eligió entrar en la organización —continuó Joseph con tono indiferente, pero mirada afilada—. Eligió vengarse de Michael y de Velicia. Y después... se deshizo de tu hijo.

Cada frase era como un cuchillo hundiéndose en el pecho de Ramón. Todavía recordaba con nitidez la noche en que Sania lloró diciéndole que quería proteger a su bebé. Ahora comprendía que todo había sido una mentira.

Horas más tarde...

Sania acababa de regresar al apartamento. En cuanto abrió la puerta, se quedó paralizada. Ramón ya estaba sentado en la sala.

La habitación estaba a oscuras; solo la luz de la ciudad entraba por la ventana, haciendo que el rostro de Ramón luciera mucho más frío.

—Ya volviste.

La voz del hombre sonó extremadamente serena, y fue justamente esa calma lo que le puso la piel de gallina a Sania.

—¿Cuándo llegaste?

—Hace rato.

Sania intentó mantener la compostura.

—¿Qué quieres?

Ramón se puso de pie despacio.

Un paso.

Dos pasos.

Hasta detenerse justo frente a Sania.

—Solo quiero una respuesta —sus miradas se encontraron—. ¿Por qué?

—¿Por qué, qué? —Sania fingió no entender.

—¿Por qué mataste a nuestro hijo?

Las palabras de Ramón le transformaron el rostro a Sania al instante. Supo que Ramón ya lo sabía todo.

Pasaron varios segundos en silencio. Al fin, Sania soltó un largo suspiro.

—Porque no lo necesitaba.

La respuesta hizo que Ramón cerrara los puños hasta que las venas se le marcaron.

—Era sangre nuestra.

—Lo sé.

—¿Entonces por qué?

Sania lo miró sin remordimiento.

—Porque ese niño solo habría sido una carga, Ramón. Todavía tengo un objetivo. No puedo llevar un bebé al medio de una guerra.

Ramón soltó una risa queda, pero esa risa sonaba más aterradora que la ira.

—Entonces... ¿así de fácil lo tiraste?

Sania no contestó. Para ella, aquella decisión ya estaba cerrada.

—De verdad soy un idiota —Ramón negó con la cabeza—. Traicioné a tanta gente, maté a tanta gente... incluido a tu marido. Viví como un perro de Black Throne solo porque quería protegerte.

La voz de Ramón empezó a quebrarse.

—Y resulta que... la más cruel de todos eres tú.

Sania vio caer lágrimas de los ojos de Ramón, pero no eran lágrimas de debilidad, sino las lágrimas de un padre que perdió a su hijo antes de poder abrazarlo.

Ramón se limpió el rostro con brusquedad. Cuando volvió a levantar la cabeza, su mirada ya había cambiado. Todo el amor se había extinguido y toda esperanza se había esfumado. Lo único que le quedaba a Ramón hacia Sania... era odio.

—Tienes razón, no merezco ser padre. Pero a partir de hoy, tampoco voy a ser el perro de Black Throne.

Ramón se dio la vuelta hacia la puerta.

Sania dijo de inmediato:

—¿Adónde vas?

Ramón se detuvo sin voltear.

—Antes vivía por ti, Sania. Ahora... voy a vivir para destruir a todos los que me arrebataron a mi hijo.

La puerta del apartamento se cerró con fuerza.

¡Bam!

Sania se quedó petrificada.

Desde que se unió a Black Throne, era la primera vez que sentía un miedo genuino. Porque conocía a Ramón: ese hombre no era el más inteligente.

Pero cuando lo perdía todo, Ramón no se detenía hasta cobrar cada deuda. Y a partir de esa noche, Black Throne acababa de crearse un enemigo que conocía la organización desde adentro.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play