NovelToon NovelToon
MAHUA

MAHUA

Status: En proceso
Genre:Aventura / Magia y demonio / Romance
Popularitas:148
Nilai: 5
nombre de autor: melany ayelen tschentscher

Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.

NovelToon tiene autorización de melany ayelen tschentscher para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 24: "LA ORILLA DEL ADIÓS"

El océano respiró.

Lento.

Profundo.

Como un ser gigantesco durmiendo finalmente después de siglos despierto.

El Luk’s Stray avanzó unos metros más antes de quedar atrapado suavemente entre las corrientes cercanas a la costa.

Ya no parecía un barco maldito.

Solo viejo.

Cansado.

La tripulación comenzó a bajar lentamente los pequeños botes restantes.

Nadie hablaba demasiado.

Era extraño.

Después de pasar tanto tiempo sobreviviendo…

parecía que ninguno recordaba realmente qué hacer ahora.

Yo tampoco.

La Frontera se elevaba frente a nosotros envuelta en lluvia y niebla dorada.

Hermosa.

Inmensa.

Y de pronto…

terriblemente real.

Kai estaba sentado sobre un barril roto mientras intentaba vendar torpemente uno de sus brazos.

Hacía un trabajo horrible.

—Eso está al revés.

—No lo está.

—Kai.

Suspiró.

—Está bien. Tal vez un poco.

Me acerqué antes de pensar demasiado en ello.

Tomé la venda de sus manos.

Sus dedos se quedaron quietos apenas tocaron los míos.

El silencio entre ambos se volvió incómodo demasiado rápido.

La lluvia seguía cayendo alrededor.

Kai evitó mirarme mientras yo acomodaba el vendaje.

—Nunca imaginé llegar realmente acá.

Su voz sonó distinta esta vez.

Más baja.

Sin bromas escondiéndola.

—Siempre pensé que moriría antes.

Levanté apenas la vista hacia él.

Kai seguía mirando el océano.

—Todos los que cruzaban buscando la Frontera tenían un motivo grande.

Venganza.

Poder.

Salvar algo.

Salvar a alguien.

Soltó una pequeña risa seca.

—Yo solo quería encontrar un lugar donde pudiera terminar todo.

El viento atravesó la cubierta mojada.

Frío.

Doloroso.

Porque por primera vez entendí algo horrible.

Kai nunca esperó sobrevivir.

Todo este tiempo…

él había venido aquí para desaparecer.

Terminé el vendaje lentamente.

—Pero sobreviviste.

Kai finalmente me miró.

Y esa sonrisa cansada volvió.

—Sí. Supongo que ese es el problema ahora.

No supe qué responder a eso.

Porque yo tampoco tenía idea de qué venía después.

Toda mi vida había tenido una sola dirección.

Encontrar a Mahua.

Traerla de vuelta.

Nada más.

La marca ardió apenas bajo mi piel al pensar en ella.

En la pequeña criatura escondida en algún lugar dentro de ese continente imposible.

La capitana pasó junto a nosotros lentamente.

Observándonos en silencio durante unos segundos.

Luego dijo:

—La tribu de los Antais vive más allá de los bosques negros.

Mi corazón se tensó inmediatamente.

—¿Sabes dónde está Mahua?

—No exactamente.

Miró las montañas doradas a la distancia.

—Pero ellos sí.

Kai bajó la vista.

Y aunque intentó ocultarlo…

vi el momento exacto en que entendió lo que eso significaba.

Mi camino seguía avanzando.

El suyo no.

La capitana continuó caminando hacia los botes.

Como si hubiese dicho algo completamente normal.

Pero el silencio que dejó atrás fue demasiado pesado.

Kai soltó aire lentamente.

—Bueno.

Intentó sonreír.

—Supongo que ahí está tu final feliz.

No me gustó cómo sonó eso.

Como si ya estuviera hablándome desde lejos.

—Kai—

—No, está bien.

Esta vez la sonrisa no llegó a sus ojos.

Miró la Frontera otra vez.

—Siempre tuviste un motivo para seguir viviendo.

Sus dedos jugaron distraídamente con la venda recién puesta.

—Solo seguía caminando porque todavía no encontraba dónde detenerme.

El pecho me dolió de una forma extraña.

Porque de pronto entendí algo todavía peor.

No quería que él se fuera.

Y tal vez…

él ya había decidido hacerlo.

El primer bote tocó la orilla lejana.

La tripulación comenzó a descender bajo la lluvia.

La Frontera los recibió en silencio.

Sin monstruos.

Sin dioses.

Solo viento moviendo los árboles negros.

Kai se puso de pie lentamente esta vez.

Con cuidado.

Todavía adolorido.

Luego extendió una mano hacia mí.

—¿Vamos?

Miré su mano unos segundos.

Y por alguna razón…

sentí que estaba aceptando algo mucho más peligroso que entrar a la Frontera.

La arena de la Frontera era negra.

No oscura.

Negra.

Como ceniza mojada.

El primer paso sobre tierra firme se sintió extraño después de tanto tiempo en el océano.

Inestable.

Como si el mundo todavía siguiera moviéndose debajo mío.

La lluvia caía suave sobre la costa mientras la tripulación descendía lentamente de los botes.

Algunos lloraban.

Otros simplemente observaban el cielo.

Respirando.

Viviendo.

La capitana permaneció junto al último bote sin moverse.

El viento agitaba lentamente su abrigo oscuro ya desgastado por siglos de sal y tormentas.

Pero ahora…

ya no parecía parte del barco.

Parecía alguien que finalmente podía descansar.

Uno de los marineros se acercó a ella temblando.

Un hombre anciano.

Los ojos completamente llenos de lágrimas.

—Capitana…

La voz se le quebró.

—¿De verdad terminó?

Ella lo miró durante unos segundos.

Y luego asintió.

Solo eso.

El hombre cayó de rodillas llorando sobre la arena negra.

Y uno por uno…

los demás comenzaron a entenderlo también.

Las maldiciones.

El hambre.

Las voces.

Todo había terminado.

La capitana cerró los ojos.

Como si recién ahora se permitiera sentir el peso completo de tantos siglos.

Kai observaba la escena en silencio a mi lado.

Sin hacer bromas esta vez.

Solo mirando a esas personas recuperar algo que habían perdido hace demasiado tiempo.

—¿Qué pasará con ellos ahora? —preguntó finalmente.

La capitana abrió los ojos lentamente.

—La Frontera decide.

Miró el bosque lejano.

Las montañas.

El cielo gris.

—Algunos descansarán.

Otros quizá vuelvan a vivir un tiempo más...

—¿Pero tú?

La capitana tardó en responder.

Porque creo que ya sabía la verdad incluso antes de decirla.

—Mi deber termina cuando el último de ellos encuentre paz.

Miró el Luk’s Stray inmóvil sobre la costa.

El viejo navío parecía vacío ahora.

Muerto de verdad por primera vez.

—Después de eso… supongo que el océano finalmente me dejará ir.

El silencio cayó otra vez.

Pero esta vez no fue incómodo.

Fue triste.

La capitana caminó lentamente hacia nosotros.

Y cuando estuvo frente a mí…

sus ojos se movieron hacia la marca bajo mi ropa.

—Los bosques negros empiezan al norte.

Mi pecho se tensó.

—¿Qué hay ahí?

Ella me sostuvo la mirada unos segundos.

—Cosas antiguas.

Eso no ayudó demasiado.

—Gracias.

Una pequeña sonrisa cansada apareció en su rostro.

—Si Mahua sigue viva… probablemente te esté buscando también.

El viento atravesó la playa.

Más frío esta vez.

Como una advertencia.

Kai desvió la mirada hacia el bosque oscuro extendiéndose más allá de la costa.

Gigantesco.

Infinito.

La niebla se movía lentamente entre los árboles negros como si algo respirara dentro de ella.

Y entonces lo entendí.

Tenía que irme.

Ahora.

Cada segundo que esperaba hacía que la marca ardiera más fuerte.

Mahua estaba cerca.

Viva.

Asustada.

Sola.

Di un paso hacia el bosque.

Kai habló detrás de mí.

—Entonces… supongo que este es el punto donde nuestros caminos se separan.

Me detuve inmediatamente.

La lluvia golpeó suavemente la arena entre nosotros.

No quería girarme.

Porque una parte de mí ya sabía cómo se vería su expresión.

Esa sonrisa tranquila que usaba cuando intentaba fingir que algo no le dolía.

Aun así…

me di vuelta.

Kai estaba parado junto a la orilla con las manos dentro del abrigo mojado.

El viento movía lentamente su cabello oscuro.

Y aunque intentaba parecer relajado…

sus ojos se veían cansados.

Vacíos.

Como alguien que había llegado al final de algo.

—Kai…

Él levantó una mano.

—No hagas eso más difícil.

Eso dolió más de lo que debería.

—¿Qué vas a hacer?

Kai soltó una risa baja.

Sin humor.

—No tengo idea.

Miró la Frontera detrás mío.

Luego el océano.

—Toda mi vida estuve intentando morir antes de encontrar algo que me hiciera quedarme.

El aire se volvió pesado dentro de mi pecho.

—Y ahora…

Su voz bajó apenas.

—Ahora ya no estoy tan seguro.

El corazón me golpeó demasiado fuerte.

Porque entendí exactamente lo que no estaba diciendo.

La lluvia comenzó a aumentar otra vez.

Más fría.

Más intensa.

Y desde el bosque negro…

algo gritó.

Un sonido lejano.

Animal.

Incorrecto.

La marca ardió violentamente bajo mi piel.

Mahua estaba en peligro.

Ahora.

Kai lo notó inmediatamente.

Toda su expresión cambió.

La mano fue directo a la espada en su cintura por instinto.

—Tienes que irte.

Asentí lentamente.

Pero mis pies no se movieron.

Porque por primera vez desde que lo conocí…

sentía miedo de dejarlo atrás.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play