Décimo primer libro de la saga colores
El capitán Albert Mercier, un lord arruinado de Floris emprenderá un viaje al mar a una misión de alto riesgo hacia una tierra desconocida, (Polemia) un reino helado donde se topara con Mermit, una nativa arisca que desafiará su destino.
¿Podrá el amor superar las barreras del entendimiento? Descúbrelo ya.
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23. Flores rotas
...MERMIT:...
— Perdón — Volví a decir cuando Albert me ayudó a vestirme.
Intuía que seguía molesto por lo que hice, nunca fue mi intención causar otro problema, yo solo quería sentir como era andar a caballo, como se sentía correr a toda velocidad sobre una bestia, pero casi terminé en un calabozo y por Albert fui salvada.
Adelaida me explicó que él pagó para evitar que me encerraran, era un tipo de intercambio para solventar los daños que causé y lo que garabateo en ese papel era la garantía.
Albert me siguió rodeando contra el escritorio.
No sabía que así eran los castigos, en mi tribu me hubiesen atado desnuda a un tranco, sobre la nieve y el viento, también me hubieran quemado con carbón.
Esto no parecía un castigo, fue algo exquisito, no sabía que podía lamer esa parte de mí, cada día me sorprendía con algo nuevo.
El siempre tocaba los símbolos tallados en mi piel, pero también mi cicatrices de innumerables reprimendas, también accidentes al hacer labores y la pelea con la tribu enemiga, las que él sanó.
Tocó mis mejillas y me dió un beso en la frente.
— Está bien, Mermit — Dijo, peinando mi cabello con sus dedos, aligerando su expresión — No lo vuelvas a hacer.
Sonreí y lo abracé.
Era tan bueno conmigo, era el hombre más bueno que existía.
"Casi dos años conviviendo en mar y se me olvidó que eras una curiosa, no te importan los riesgos, aunque en la guarnición lucías muy asustada, a nadie le gusta el encierro"
Me separé de él y tomé sus manos.
Lo besé, acariciando sus labios, mordiendo con ligereza, como me enseñó.
Se apartó un poco, rozando mi nariz con la suya.
"Deja de provocarme"
Apretó mis manos.
Mi interior clamaba por más a pesar de la rudeza que ejerció hace poco.
Se apartó.
— Ve a dormir.
Siempre me mandaba a dormir después de tomarme.
Quería dormir con él.
Rodeó el escritorio para acomodar las cosas que desordene.
— Perdón.
"En esto no tienes culpa" Me lanzó una mirada descarada.
Me marché del estudio.
Aliz estaba por el pasillo, un poco curiosa al verme salir, la saludé e hizo un gesto con la cabeza.
Subí a mi habitación.
Revoltoso estaba en en su cama, pero salió saltando al verme.
Me agaché y lo toqué, mordió mis dedos y siguió saltando.
— Come — Ordené, no había tocado su plato de lo que parecía ser carne triturada hasta que quedara como una masa.
Al insistir lo hizo, empezó a comer.
Tomé un poco de la porción y la llevé a mi boca.
La escupí de nuevo.
Sabía horrible.
Yo comía carne cruda, pero nunca supo así.
Me limpié la boca mientras iba a buscar mi camisón para dormir.
****************
A día siguiente entré al comedor, se escuchaban conversaciones y me desconcertó.
Albert no estaba solo.
Había una mujer sentada en una de las sillas.
No, no era la Dayanara, era una mujer un poco más mayor que ella.
Fruncí el ceño.
Tenía ropas como las de Albert, una camisa holgada, un chaleco de cuero y collares colgando, su cabello era castaño oscuro con algunas canas, su rostro estaba bronceado y tenía marcas de expresión como Adelaida, pero no tantas.
"Albert, me recibiste con mucha comida"
"Sé la clase de comida que dan en el barco, así que come"
"Los viajes largos ameritan porciones controladas" Dijo, masticando la comida.
"En mi misión había más privilegios, con un miembro importante del rey debían servir platillos exquisitos" Albert lucía alegre y relajado.
"Un viaje privilegiado" Ella rió.
Me acerqué.
La mujer desvió su mirada a mí y sonrió con curiosidad.
"Madre, ella es Mermit Mercier, mi protegida y futura prometida si lo quiere" Albert ondeó su mano hacia mi.
"Ah, lo que me contaste por carta sobre la nativa de Polemia" Dijo, levantándose y acercándose, quise retroceder un poco "No, no temas, soy Lady Alondra Mercier, aunque prefiero mi apellido de soltera, Gallard" Tomó mi mano "Un gusto conocerte"
"Es mi madre" Albert moduló más lento.
— ¿Madre? — Me sorprendí — Guisad (Madre)
"Así se dice madre en nativo" Albert observó a su madre "Supongo"
Mi guisad no vivía, murió con el último parto, aunque mi quesac insistía que aunque me crío yo era hija de la tierra blanca y esa era mi madre.
Aunque mi guisad era mucho más joven que yo cuando me crío, después que pasó por el ritual no volvió a acercarse a mí.
"Es muy hermosa" Ella me sonrió "Encantadora"
"Aún está aprendiendo nuestro idioma"
"Poco a poco, estoy segura de que nos sentaremos pronto a conversar" Tocó mi mejilla y se alejó.
Tenía pantalones y botas.
"Así será"
Me senté en mi lugar cuando ella hizo lo mismo.
"¿Y para cuándo te casarás?"
Albert volvió a tornarse nervioso.
¿Por qué se ponía así cada vez que decían "casarse"?
¿Qué significaba?
"Cuando ella pueda expresarse más"
"Ojalá sea pronto"
Volvió en silencio, uno agradable.
"Planeo hacer un viaje a Hilaria"
"¿Cuándo?" Su madre se desconcertó.
"Aún no tengo fecha" Albert volvió a su seriedad.
"¿Y ella con quién se quedará?"
Su madre me observó.
"Hablaré con la institutriz"
"Si quieres, yo podría quedarme también"
"No, madre, tienes tus asuntos y no quiero que dejes eso de lado"
"Albert, como tú, yo también necesito un respiro del mar, ya me estoy haciendo mayor y me canso más rápido, quisiera quedarme un tiempo aquí, si lo permites"
"Por supuesto que sí" Albert sonrió.
"Bien, después del desayuno iré a mi barco a buscar mis pertenencias"
"Voy a acompañarte, quiero ir a ver la nave"
"¿Ya le explicaste que planeas viajar?" La madre de Albert me señaló con la mirada.
"No, lo haré cuando tenga una fecha en concreto"
Empezamos a comer.
****************
Tiré del brazo de Albert cuando me percaté de que saldría.
"Tienes lecciones con Adelaida, espera aquí por favor"
— Quiero pasear.
— No, no será un paseo.
Fruncí mis labios, haciendo un mohín.
"Déjale ir con nosotros, le gustará ver el barco"
"Le fascinan los barcos, pero la institutriz vendrá pronto y no le gusta que jueguen con su tiempo"
"Es una lástima"
"No merece salir aún" Negó con la cabeza "Con lo que causó ayer, es mejor que se quede"
"¿Qué causó?"
"Te cuento en el camino"
— Albert — Protesté.
"¿Cómo le harás cuando te vayas de viaje?"
"No lo sé"
Él suspiró pesadamente, colocándose la capa que estaba colgada junto a la puerta.
Se marcharon y crucé mis brazos, queriendo seguirlos.
No podía, si me metía en problemas de nuevo Albert no lo perdonaría.
Decidí hacer caso.
Adelaida llegó y entramos al salón para comenzar las lecciones.
Me concentré en ello.
— ¿Y lord Albert?
— Salió — Dije y siguió con las lecciones.
Alguien entró al salón después de unos minutos.
No era Albert, era el sujeto de la playa, fruncí el ceño al verlo, traía flores en las manos, un ramo.
"Buenos días"
"¿Cómo entró usted aquí?" Adelaida se quedó en su sitio, juzgando con la mirada.
"El mayordomo, por supuesto, mi señora, no soy un irrespetuoso para meterme en casas ajenas sin tocar"
"¿Y quién es usted? ¿Qué quiere? El dueño de ésta casa no se encuentra, le sugiero venir después"
El hombre se quitó el sombrero, acercándose a la mesa.
"Ah, es lamentable que Albert no se encuentre, aunque, está usted como chaperona"
"¿Chaperona? Si me disculpa, estoy en medio de una lección con mi aprendiz, puede volver luego" Ella elevó una ceja.
"No es mi intención molestar, solo quería saber como se encuentra la señorita" Me observó atentamente, sus ropas eran muy refinadas y su cabello muy bien peinado.
Lucía muy joven, le faltaba crecer, no era como Albert.
Adelaida me evaluó.
"¿De dónde la conoce?"
"Ayer, evité un horrible accidente, emprendí la marcha a caballo y la alcancé en la playa" Sonrió con suficiencia.
"¿Eso no fue obra del lord?" Adelaida lucía incrédula.
"No, él llegó después, al parecer no quiere aceptar que de ser por mí, su protegida se hubiese lastimado o peor"
"La señorita Mermit se encuentra bien, ya puede retirarse" Cortó Adelaida, su tono era impaciente.
— Mermit — Dijo el hombre y fruncí el ceño "¿De dónde es ese nombre?"
"No lo sé, pregúntele al lord"
"Yo soy Farrell Cooper, sin título, pero con fortuna" Se acercó y tomó mi mano "Encantado, hermosa señorita"
Me zafé de su agarre con asco, arrugando mi naríz.
Solo Albert podía tocarme.
Tendió las flores, eran de un lindo color precioso, rosa y azul pálido.
Las tomé sin poder evitarlo.
Olí, se sentía la fragancia.
Hermosas.
"Déjese de atrevimiento, mi aprendiz no tiene tiempo, tampoco interés" Adelaida se irritó, tomando las flores y tendiendolas hacia él.
"Lo lamento, puedo ser directo, pero soy honrado y caballeroso" Inclinó su cuerpo en una reverencia "La señorita me agrada"
"Ella no está lista para ser pretendida, ni siquiera a aprendido a hablar el idioma, tenga, no aceptará sus flores"
"Ah ¿Es una extranjera? Interesante" Se tocó la barbilla "¿De qué parte es?, para mí ya aceptó las flores cuando las tomó"
"Eso no es de su incumbencia, ella no entiende de formalidades"
"Ya hablé con el tutor, le dí a conocer mis intenciones"
"Su respuesta es lo que me interesa y dudo que haya sido positiva" Adelaida lo observó de pies a cabeza.
Él no tomó el ramo.
"La negación es momentánea"
"No insista" Gruñó Adelaida "Le pido que se retire y se lleve esto"
"¿No me invita ni un té?"
"No soy la dueña de ésta casa para servirle"
"¿Es verdad qué la señorita Mermit está comprometida con lord Albert?"
Adelaida se quedó quieta, con expresión indignada.
"Eso no es así"
"Gracias, era lo que necesitaba escuchar"
Tomó las flores.
"De todas formas, la señorita no está lista para compromisos, así que eso no debe darle esperanzas en lo absoluto"
"Seré paciente, hasta que pueda hablarme y encantarme con el tono dulce de su voz"
No me gustaba su forma de mirar, con intensidad palpable y desagradable.
"Ya puede retirarse"
"Me doy por conforme" Volvió a observarme, sonriente "La he podido ver de nuevo y eso basta"
"Ya se puede retirar, entonces"
Hizo una reverencia.
— Adiós, Mermit — Dijo y me mantuve callada "Tu silencio me atrae, es como un misterio indescifrable" Se alejó "Hasta luego, señora" Lanzó una mirada seria a Adelaida.
Se marchó, pero dejó el ramo sobre un florero que estaba cerca.
Ella frunció el ceño.
"¿De dónde salió ese? Ya tenía controlada la distracción que te producía Albert y viene otro a molestar, espero que con este no te disperses"
Me advirtió con la mirada.
No podía creer que ese hombre viniera hasta la casa ¿Cómo supo llegar? Poco importaba, ya que no sabía porque vino y no me agradaba.
Adelaida seguramente le dijo que no volviera.
Seguimos practicando.
Después de terminar la lección, me acerqué a esas flores.
Las olí de nuevo, eso me produjo un estornudo.
"Deja esas flores" Bramó Adelaida mientras recogía los libros y las hojas.
Toqué los pétalos.
No entendía su irritación.
Solo eran flores y me gustaba oler.
Tomé un pétalo y me lo comí.
Me gustaba el sabor.
— Mermit — Dijo Albert, entrando al salón.
— Albert — Me alegré al verlo, abrazándolo.
Me aparté al ver la mirada de Adelaida.
"¿Cómo estuvo la lección?"
"Bien, aunque hubo cierto imprevisto"
Tomé las flores del jarrón y se las mostré.
"¿Y esas flores tan hermosas?" Parecía curioso, tomando el ramo incluso, oliendo "¿Las trajo usted? Adelaida"
"¿Yo?" Se rió ella "Ese ramo es obra de un pretendiente de Mermit"
Albert frunció el ceño.
"¿Pretendiente?"
"Así es, un tal Farrell Cooper, vino acá a expresar su interés delante de mí, dice estar muy interesado de Mermit, incluso mencionó que será paciente y esperará a que ella aprenda para pedir su mano"
Tomé el ramo de las manos de Albert y lo seguí oliendo.
Él me lo arrebató y me quedé desconcertada.
Lo aventó al suelo y empezó a pisotearlo.
Me agaché para recogerlas, estaban destruidas.
— ¡No! — Grité al ver como las flores quedaban maltratadas — ¡Malo!
Albert salió rápidamente del salón.
albert los celos son malos recuerda que mermit no entiende solo es curiosa tienes que enseñarle
mermit va sentirse triste