Darío De la Forte, un hombre que lucha contra su pasado y las manipulaciones que una vez destruyeron su relación con Erika Angeléis Santi. Tras un reencuentro en París, Darío descubre que las traiciones y los malentendidos fueron orquestados por Ariadna, una mujer obsesionada con él. Decidido a no perder nuevamente a Erika, Darío se embarca en un viaje de redención y amor, dispuesto a luchar por la mujer que siempre ha amado. En el proceso, ambos deberán enfrentar sus propios demonios y sanar las heridas del pasado para construir un futuro juntos.
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Te conozco
Darío
—¿Darío?
—¿Si, señora Ana?
—¿En serio? Si vuelve a salir de esa boca una señora en vez de una tía, te va a doler una parte baja que posees.
Tuve que reírme, es por eso por lo que tío Amel la ama, es una mujer única y su hija heredo esa cualidad.
—Entendí, tía Ana.
—Bien… Lo que quería decirte, es gracias, por devolvernos a esa Erika que habíamos perdido.
—No debería agradecerme, pues sin ella yo tampoco hubiese regresado a ser el Darío que era.
—Algo me contó tu madre sobre un tiempo oscuro que tuviste.
—El mismo que tuvo Angy, por desgracia, solo espero que no se repita.
—Me alegra que la ames como ella a ti.
—No le quepa la menor duda tía, yo haré hasta lo imposible por hacerla feliz.
Ella nada más afirmo y luego me mando fuera, con las cosas en las manos fui en busca de mi novia. Al entrar a la habitación y verla allí las memorias se agolparon en mi mente, recordé tantas cosas que hicimos juntos. La más especial fue hacerla mi novia en esa cama. Entonces una idea malévola surgió, había algo que debía hacer en ese mismo colchón y era el dar el paso a hacer la mía por completo.
Ya lo sé, me comporto como un adolescente, pero es lo que siento y es genial sentirse así, libre de ataduras, nada te importa más que la persona que está contigo. En algún momento la burbuja reventará y caeré en ese estado de calma, en donde aún la deseo, pero no en esta total locura.
Luego de quitarnos la picazón como ella dice, nos cambiamos para disfrutar de esa maravillosa parrillada al estilo de los Santi que solo ellos saben hacer. Llevo a mi hermosa agarrada de la cintura y entramos riendo al área de la piscina donde están los demás. Todos nos miran y me pongo algo nervioso, pero Angy enseguida lo mejora al besarme en la quijada. La dejo ir hacia el agua con su cuñada mientras camino en dirección donde están los hombres, Dael al verme nada más me mira atravesado y se va. Tan solo lo mire marcharse para luego devolver mi atención a Xavi y verlo subir sus hombros mientras me pasa una cerveza.
—Tranquilo muchacho, Dael es temperamental, tú lo conoces, ya se le pasará la sobre protección.
Solo le afirmé a tío y me empiné de la botella para seguir hablando con ellos sobre la comida y esas cosas. Amel es muy bueno a la hora de preparar la carne, solo el olor te hace la boca agua. Estoy riendo con ellos mientras me rasco el cuello por vergüenza, ya que me han hecho una pregunta sobre Erika que no quiero responder. Xavier buscando problema como siempre, justo cuando voy a decirles que lo dejen.
—¡Desgraciado!
Me viro hacia la voz y una trompada va a mi quijada sacándome de circulación, caigo a la hierba mientras las chicas gritan.
—¡Dael! ¡¿Estás loco?!
—¿Ese se cree que puede hacerle daño a mi hermana?
No pienso quedarme así, está mal, pero no… Me levanto y le devuelvo lo que me dio, haciendo retroceder su cuerpo. Sé que va a volver a por mí y de buenas a primera Angy se atraviesa y le da una cachetada, luego se vuelve a mí y me da otra. Todos nos quedamos congelados en el lugar, su cara está llena de rabia y las lágrimas no dejaban de correr.
—No vuelvas a golpear a mis hermanos en tu vida Darío. —Se viró hacia Dael—. ¿Y tú? No vuelvas a ponerle una mano encima a mi novio y uno de tus mejores amigos. ¿Es que te has vuelto loco? Lo que yo haga con mi cuerpo es mi problema no el tuyo. ¡Estoy harta de ligar con malcriadeces!
Con eso se larga y antes de ir tras ella, solo le pido disculpas a Dae y corro llamándola. Ella ha salido de la casa, no me detengo hasta tenerla en mis brazos. Trata de zafarse, pero la beso obligado, me muerde y no me importa la vuelvo a besar. Golpea mi espinilla y duele, aun así, su boca es mía de nuevo. No sé cuánto tuve que soportar hasta que se dio por vencida y me lo devolvió haciéndome sentir aliviado.
Tomé su mano y la llevé hasta nuestro parque, en donde la senté en un columpio y comencé a darle impulso. Ella reía, ese sonido llenaba mi pecho y verla comportarse tan libre me daba paz. Ese momento ha sido más duro para ella que para nosotros. Detengo el balanceo y paso al frente para tomar su mano, la reviso y está algo roja, por eso la beso.
—Eres demasiado para mí, ¿cómo eres tan perfecto?
—No lo soy, tú me ves así, pero en unos meses me dirás que como estuviste tan ciega para no ver mis defectos.
Ella ríe con ganas y niega.
—Se te olvida que te conozco desde pequeña, sé muy bien lo que detestas y lo que amas. Como… que es insoportable para ti que las cosas se salgan de tus manos o que te engañen, como a cualquiera. No soportas el romero en tu comida y el té es algo que aborreces. No te gustan las cosas muy dulces, pero aprendiste a comerlas por mí. Amas tocar la guitarra e investigar es tu pasión, así como beber café. Te gusta mantenerte en forma por salud no porque te interese el físico. Aborreces a esas personas que viven criticando el estilo corporal de otros y no viven su propia vida, lo aprendiste de tu mami. Adoras a tía Samay con la vida, al punto de ser tan obsesivo con ella como tu padre. Odias que te interrumpan cuando estás hablando y que no te dejen ver un juego completo de fútbol. No te gusta que invadan tu espacio personal ni que te digan que hacer. Entre muchas cosas más que podría decir.
La levanto del columpio y beso su nariz.
—Mi novia odia que sea risueño con otras mujeres, dice que soy un coqueto. Detesta que me demoro más que una mujer para arreglarme, dice que es mi lado femenino el que manda. —Ambos reímos—. Ama el chocolate y también el café, todo tipo de dulce la vuelve loca, pero no puede tener coco. Ama la pizza y si te atreves a robarle un pedazo de su comida terminaras con un tenedor encajado en la mano. —Bajo y subo las cejas, tengo una marca en mi mano que lo prueba, ella ríe—. Ama usar el olor a violeta y adora esa flor, así como beber todo lo que sepa a limón. Odia hablar y que no le contesten, así como detesta ir de compras a no ser que sea necesario, yo digo que ese es su lado masculino. No es celosa, pero de vez en cuando si sospecha algo se eriza de pies a cabeza. Odia las películas de terror, sin embargo, ama las de ciencia ficción. Es muy trabajadora y dedicada a los suyos, ama mucho a su familia. No se da por vencida tan fácil y es fiel a los suyos. Adora bailar, París y que bese su cuello, adora ser mi mujer.
Abre su boca asombrada y me carcajeo por su expresión.
—Que creído eres y para que lo sepas, sé muy bien tu punto débil.
—¿Ah sí?
—Te vuelves loco cuando mi nariz recorre tu cuello.
Es cierto, es algo que no entiendo, pero, aun así, es cierto de que posee ese poder sobre mi cuerpo.
—Yo también sé otra debilidad.
Me reta a que le diga y bajo mis manos lentamente hasta sus caderas donde comienzo a hacerle cosquillas, en nada está tratando de evitarme bajo grandes carcajadas. Luego de jugar por un rato regresamos a casa, en donde todos nos miran y Dael corre con los ojos llenos de lágrimas a abrazar a su hermana.
—Perdóname tati, nunca más lo vuelo hacer.
La imagen es preciosa, me recuerda a cuando eran pequeños y le jalo el pelo a su hermana por no querer darle pizza. Erika lloró tan fuerte que lo asusto y para calmarla le decía de esa misma forma. Salgo de ese recuerdo y veo que lentamente se acerca a mí, le sonrío de lado. Todo su enojo ha sido porque vio la mordida en el seno de su hermana, sabía que esa gracia iba a costarme en algún momento, hasta yo me odiaba por ese impulso que tuve de marcar su piel.
—Yo nunca voy a herir a tu hermana, entiende que yo la amo, es mi mundo como es el tuyo.
—Lo sé, lo siento… Erik tiene razón en que tú eres uno de mis mejores amigos, como mi hermano, debí pensar… pero tú me conoces.
Solo aseguré y nos dimos un abrazo, en eso escuchamos una vocecita.
—Tía Erika, abuela me dijo que debía pedirte que me prestes esta muñeca.
Me alegraba ver que la nena regresaba a su ser normal, todos de hecho nos iluminamos al verla ser ella otra vez.