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LA MIRADA QUE ME SALVO, LA VOZ QUE TE ARRULLO

LA MIRADA QUE ME SALVO, LA VOZ QUE TE ARRULLO

Status: Terminada
Genre:Amor a primera vista / Ídolo / Celebridades / Romance / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Estela tiene veinticinco años y la vida rota. Tras perder a su padre y cuidar a su madre enferma, se refugia en sus musicales favoritos. Es una soñadora que espera un amor de película, sin saber que el destino aguarda en la primera fila de un teatro.
David es el barítono del momento, una estrella internacional cansada de la soledad. Al salir al escenario para encarnar al Fantasma de la Ópera, una mirada inocente y húmeda entre el público lo hechiza por completo.
Decidido a conocerla sin el ruido de su fama, David inicia un juego desde el anonimato. Mediante rosas, notas y llamadas de madrugada con una voz que la derrite, reconstruye el mundo de Estela. Pero cuando los secretos se vuelven pesados, la realidad de la fama, los chantajes de una actriz y un embarazo en el exilio amenazan con destruir su paraíso.
¿Sobrevivirá el amor cuando caigan las máscaras? Descubre una historia profunda donde él fue salvado por sus ojos; y ella, arrullada por su voz.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 23 EL ULTIMO ACORDE EN PAZ

El reservado del antiguo café literario, escondido en una de las callejuelas más tranquilas del centro de Madrid, estaba bañado por una luz ámbar y mortecina. El repiqueteo de una lluvia fina contra los cristales emplomados acentuaba el silencio sepulcral del espacio. Laura y Carlos habían orquestado el encuentro con la precisión de dos cirujanos del destino. David había viajado en un coche privado durante toda la noche de su único día de descanso de la gira, impulsado por una desesperación ciega. Cuando la puerta de madera del reservado se abrió con suavidad, Estela entró vistiendo un sencillo abrigo gris. Al ver al hombre de pie junto al ventanal, desprovisto de gorras, gafas de sol o máscaras, su corazón dio un vuelco salvaje, pero mantuvo una serenidad imponente. Su vientre, donde un nuevo y secreto latido comenzaba a albergarse, le otorgaba una fuerza y una madurez que nunca antes había poseído.

David dio un paso hacia el frente, con el rostro pálido, los ojos oscuros hundidos por el insomnio y las manos temblorosas. Su imponente presencia de barítono parecía haberse evaporado, dejando al descubierto únicamente al hombre vulnerable que sangraba por dentro.

—Estela... gracias por venir —alcanzó a decir David, y su voz barítona, profunda y aterciopelada arrastró una nota de súplica que le encogió el pecho a la joven—. Pensé que no volverías a mirarme nunca más. La portada de las revistas, lo de Elena... necesitas saber la verdad, por favor. Necesito que escuches mi versión antes de que me borres para siempre de tu vida.

Estela se sentó en una de las butacas de cuero gastado, cruzando las manos sobre su regazo de forma protectora. Miró al hombre que amaba con una mezcla de infinita tristeza y compasión.

—Estoy aquí para escucharte, David —respondió ella con una voz suave, pausada y limpia, desprovista de la rabia que la había dominado semanas atrás—. No he venido a gritarte ni a reprocharte nada. Solo quiero entender.

David se arrodilló frente a ella de forma instintiva, apoyando las manos en los brazos de la butaca para quedar a su altura, desnudando su alma por completo en la intimidad del reservado.

—Elena descubrió lo nuestro, Estela. Escuchó una conversación privada de Carlos y se enteró de que estaba enamorado de una chica en Madrid. Ella es una mujer ambiciosa, obsesionada con el estatus y la prensa. Inventó esa exclusiva del romance y la soltó a los periodistas para colgarse de mi éxito. Cuando fui a enfrentarla al camerino, me amenazó de la forma más cruel posible. Me dijo que si desmentía la portada públicamente, utilizaría sus contactos para investigar tu identidad. Amenazó con lanzar a los paparazzis y a la prensa del corazón contra ti, contra tu casa, contra tu madre enferma. Iban a tacharme de acosador por rastrear tus datos en taquilla y arrastrarían tu nombre por el fango de los quioscos.

David sintió que una lágrima de pura frustración resbalaba por su mejilla, apretando los puños con impotencia.

—Acepté callar temporalmente y fingir esa cordialidad ante los fotógrafos única y exclusivamente para protegerte a ti, Estela. Para salvar tu paz familiar y evitar que el circo de mi fama destruyera tu tranquilidad. Prefiero que todo el país piense que soy el novio de esa víbora antes de permitir que un solo periodista ponga un pie en la puerta de tu casa. El hombre que se entregó a ti en la penumbra de la costa norte, el que te compuso ese vals... ese es el verdadero David. Te amo con una pureza que me asusta. Por favor, dime que me crees.

Al escuchar la confesión, Estela sintió que un peso colosal de humillación y resentimiento se disolvía en su pecho, reemplazado por una calidez reconfortante. Su intuición romántica no le había fallado: el hombre del que se había enamorado no era un farsante. Su "Fantasma" había aceptado cubrirse con una nueva y dolorosa máscara mediática solo para actuar como su escudo protector frente al ruido del mundo exterior. Estela alzó una mano temblorosa y, con una delicadeza infinita, deslizó la yema de sus dedos por la mejilla empapada de David, secando su lágrima en un gesto que supuso el perdón absoluto.

—Te creo, David —susurró Estela con una sonrisa melancólica iluminándole los ojos castaños—. Te perdono de todo corazón. Ahora entiendo la magnitud de tu sacrificio y la pureza de lo que sentimos en la suite. Pero... precisamente por eso, porque entiendo la monstruosidad del mundo que te rodea, sé que no podemos estar juntos.

David la miró con los ojos abiertos de par en par, sintiendo que el pánico le atenazaba la garganta.

—¿Por qué, Estela? Si me perdonas, si sabes que te amo... podemos luchar contra Elena, podemos buscar una salida...

—No, David. Tu mundo está lleno de focos, de chantajes, de contratos y de una exposición constante que yo no puedo ni quiero soportar —explicó ella con una madurez poética y desgarradora, manteniendo sus manos firmes, ocultando el secreto del nuevo ser que crecía en su vientre—. Mi realidad es el silencio, el cuidado de mi madre y la necesidad de una paz absoluta. Forzar un amor entre dos universos tan incompatibles solo terminará por destruirnos a los dos. Ahora mismo, el momento exige que nos separemos. La distancia va a ser nuestra mejor aliada para sanar las heridas y permitirte terminar tu gira en paz.

Estela se levantó de la butaca, colocándose el abrigo gris. David se puso en pie también, devorado por una añoranza anticipada que le rompía el alma en mil pedazos. No hubo promesas de futuro, no hubo juramentos de reencuentro en las estaciones de tren; sabían que estirar la esperanza en ese instante de crisis solo aumentaría el sufrimiento. Se fundieron en un último abrazo largo, estrecho y tridimensional en mitad del reservado del café, un contacto en paz donde el aroma a lavanda de él y el perfume a vainilla de ella se sellaron en el tiempo como el acorde final de una hermosa ópera trágica. Estela se dio la vuelta y cruzó la puerta con paso firme, dejando a David de pie junto al ventanal, con el corazón roto pero con el consuelo sagrado de haber recuperado la pureza de su perdón.

Mientras tanto, en la barra del piso inferior del café, Laura y Carlos apuraban sus respectivas tazas de café expreso en un silencio cargado de expectación. Al ver bajar a Estela con el rostro sereno y trazas de paz en la mirada, Laura supo que el cierre había sido el correcto. Carlos subió las escaleras de inmediato para recoger los pedazos emocionales del cantante. Sin embargo, antes de que Laura cruzara la puerta de salida para unirse a su amiga, Carlos regresó al vestíbulo inferior y se detuvo frente a la joven.

—Se marchan de Madrid, ¿verdad? —preguntó Carlos en voz baja, mirándola con un respeto absoluto—. Lo he intuido por la forma en que te has despedido del personal del teatro el otro día.

—Sí, Carlos. Nos marchamos lejos —confesó Laura, cruzándose de brazos con una mirada analítica y protectora—. Cerramos el piso. Estela necesita un horizonte limpio para reconstruirse y empezar desde cero. No me pidas la dirección ni el país, porque no te lo voy a decir. David necesita concentrarse en salvar su carrera del chantaje de Elena y Estela necesita silencio.

Carlos asintió con lentitud, sacando su terminal móvil personal de la chaqueta de hilo y mostrándole la pantalla a Laura.

—No te pido datos privados, Laura. Respeto el muro de protección que has levantado para tu amiga —dijo el mánager con una honestidad inquebrantable—. Pero quiero pedirte un favor. Guarda mi número de teléfono personal. El secreto. Mantengámonos conectados a través de la distancia, en un absoluto secreto entre nosotros dos, sin que ellos sospechen nada. Yo me encargaré de vigilar a David, de desarmar la trampa de Elena poco a poco con mis abogados y de limpiar su horizonte mediático. Tú cuida de Estela en el exilio. Mantengamos encendida esa pequeña chispa en las sombras, con la firme esperanza de que, cuando la tormenta de la fama termine por amainar, tú y yo podamos encontrar la manera de tender el puente definitivo para que nuestros amigos vuelvan a estar juntos. Se lo debemos a la música que los unió.

Laura contempló el número en la pantalla, miró la silueta de Estela que esperaba bajo el paraguas en la acera lluviosa de la calle y, con una sonrisa de absoluta complicidad y esperanza, grabó el contacto en su dispositivo. Ella guardaba el secreto más grande de todos: el embarazo de su amiga, la vida que nacería en el exilio. No le diría nada a Carlos por el momento para salvaguardar la paz de la gestación, pero saber que contaba con un aliado incondicional en las sombras de la industria le inyectó una dosis de maravillosa fe hacia el futuro.

—De acuerdo, Carlos —aceptó Laura, estrechándole la mano con firmeza—. Mantengamos el hilo encendido en la oscuridad. Buena suerte con la gira.

El telón de la primera gran etapa de sus vidas cayó finalmente con el sonido de la puerta del café al cerrarse. Estela y Laura se alejaron bajo la lluvia de Madrid rumbo al tren del exilio, dejando atrás el eco de un amor gótico, misterioso y truncado, pero custodiadas por dos guardianes silenciosos que, desde las sombras digitales de la distancia, ya habían comenzado a mover los engranajes de un reencuentro que prometía ser histórico cuando el destino decidiera que la máscara de la realidad ya no era necesaria.

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Romina
en vez de poner lo siento muchísimo era NO CREAS TODO LO QUE LEES lpm
Romina
siempre tiene que haber una perra medita en el medio
Romina
y que pretendía? que vaya con los periodistas para decirle oh mi bella dama me cautivo con sus ojos llorosos en la primer fila.... déjate de joder estela.
Romina
nunca entendió la verdadera vida de el. lo que le dijo que le pasaba antes de conocerla. que se piensa que es la única que sufre en este mundo
MaReyanaga Maldonado
va estar interesante 👏👏👏
Adriana Montoya Velez
todos estos relatos son lo mismo se enamoran de alguien quedan embarazadas y al primer tropies se dejan y ella se larga con un hijo negandole la oportunidad de ser padre y conocer su hijo por pura inmadurez y no ser capas de hablar con el sobre la situación que se les presentó no me parece.....
Adriana Montoya Velez
que inmadura
Mirna Lobo
sencillamente hermosa historia felicidades escritora, otra vez me dejas encantada, un gran abrazo 🤗🤗😍😍😍
Mirna Lobo
😍😍😍
Mirna Lobo
al fin ☺️😍🤗🤗
Mirna Lobo
que reacción fué esa /Smug/ acaso es un asesino en serie para que ella actúe así 😠 que loca !!!!!
Mirna Lobo
no entiendo por qué tanto misterio /Grimace/
Mirna Lobo
es interesante y romántico la forma en que se comunican para conocerse, pero en el mundo real da un poco de miedo /Grimace/
Mirna Lobo
tengo mucha expectativa con ésta historia ☺️ comencemos ☺️
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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