Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 21 — El accidente más oportuno del mundo
La tranquilidad en el ala del heredero duraba… lo que duraba.
No porque hubiera caos real, sino porque, desde que Sirio había descubierto que sus pequeñas acciones podían reorganizar a los adultos a su alrededor, el día se había convertido en una sucesión de microeventos estratégicos. Nadie lo sabía, claro. Para el castillo, el bebé era solo eso: un bebé con gestos intensos y un timing sospechosamente perfecto.
Sirio, en brazos de la niñera, parpadeó con atención.
☁️ Objetivo del día: proximidad doméstica sin público.
☁️ Resultado ideal: abrazo prolongado con contacto no planeado.
El escenario se presentó solo.
Noctis había decidido reorganizar algunos documentos en la pequeña sala contigua a la habitación del heredero. Lucien revisaba un mapa sobre la mesa baja. La niñera acomodaba mantas cerca del brasero, cuyo calor suave mantenía la estancia confortable.
—Cuidado con la alfombra —advirtió el mayordomo al pasar—. La mandé cambiar y aún no está bien fijada.
Nadie le dio mayor importancia.
Sirio sí.
☁️ Alfombra suelta: variable interesante.
La niñera se inclinó para dejar a Sirio en la cuna por un momento. El bebé soltó un pequeño sonido de protesta, estirando los brazos. Noctis se acercó instintivamente.
—Déjamelo un segundo —dijo, extendiendo las manos.
La niñera dio un paso atrás… y su pie se enganchó en el borde de la alfombra mal fijada.
No fue una caída aparatosa.
Fue un tropiezo corto, torpe, suficiente para que Noctis avanzara un paso más rápido de lo previsto y Lucien reaccionara por reflejo, extendiendo el brazo para sostener a ambos.
En un parpadeo, la escena se comprimió:
Noctis con Sirio en brazos.
Lucien sosteniéndolos por la cintura para evitar la caída.
Los tres demasiado cerca.
Demasiado juntos para ser “nada”.
El aire se quedó quieto.
—¿Estás bien? —preguntó Lucien, con la voz más cerca del oído de Noctis de lo que había estado nunca.
—Sí —respondió Noctis, consciente de cada punto de contacto—. Yo… sí.
La niñera se cubrió la boca, horrorizada.
—¡Lo siento, mi lord! ¡No vi…!
—No pasó nada —dijo Lucien, sin soltar todavía—. Nadie cayó.
Sirio levantó la carita entre ambos, los ojos brillantes de calma absoluta.
☁️ Proximidad doméstica: lograda.
☁️ Abrazo prolongado: en curso.
Noctis se dio cuenta de que Lucien seguía sosteniéndolo cuando la urgencia había pasado. El silencio se alargó apenas un segundo de más.
—Mi lord… —murmuró.
Lucien retiró el brazo, carraspeando.
—La alfombra —dijo, señalándola como si fuera la culpable de todo—. Que la fijen mejor.
El mayordomo asintió desde la puerta, con una seriedad que no ocultaba la comprensión del momento.
—Se corregirá de inmediato.
La escena no terminó ahí.
Porque, como toda comedia romántica decente, el castillo no perdió la oportunidad de ver.
Mariel entró con una bandeja de té y se detuvo en seco.
—Oh.
Fue un “oh” pequeño, cargado de significado colectivo.
—No es lo que parece —dijo Noctis por reflejo.
Lucien lo miró de reojo.
—No parece nada —respondió—. Fue un tropiezo.
Mariel sonrió con una inocencia que no engañaba a nadie.
—Claro, mi lord.
Sirio bostezó, satisfecho.
☁️ Reacción del público: neutral–sospechosa.
☁️ Efecto colateral: rumores suaves incrementados.
Más tarde, cuando el ala volvió a la calma, Noctis dejó a Sirio en la cuna con cuidado.
—No fue intencional —murmuró, más para sí que para Lucien.
Lucien se quedó de pie cerca de la cuna, observando al bebé acomodarse.
—Lo sé —respondió—. Pero… no fue desagradable.
Noctis levantó la vista, sorprendido por la honestidad inesperada.
—Mi lord…
Lucien no añadió nada más. No hacía falta. El silencio no era incómodo; era nuevo.
Sirio, medio dormido, dejó flotar su último pensamiento del día:
☁️ Accidente doméstico: éxito moderado.
☁️ Contacto prolongado: confirmado.
☁️ Próxima misión: provocar una siesta compartida.
La tarde cayó con una calma distinta.
No porque nada hubiera pasado.
Sino porque, por primera vez, algo había pasado sin que nadie lo negara.