En el juego de cupido no hay reglas hasta el más frío puede terminar enamorándose.
Alexander Davis no es la excepción, el también caéra en las garras del amor aunque parezca muy díficil.
FRÍO.
ARROGANTE.
EGOCÉNTRICO.
Eso es lo que describe a Alex Davis.
Y Lily Walker es la única que puede controlarlo y dominarlo.
Primer libro de la biología ( EL QUE SE ENAMORE PRIMERO PIERDE)
NovelToon tiene autorización de Loves I para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
23...
Lily.
Capítulo 23 Lily.
Al final, terminaba este día cansada. Guardaba mis cosas; quería irme. La ansiedad me invadía con rapidez. Alexander hoy me había tenido con los nervios de punta: entre informes y más informes, llamadas y reuniones, firmas y firmas de documentos. Pareciera que lo hacía a propósito. Estoy exhausta; me encuentro imposibilitada para soportar otra hora cerca de él.
¿Pero qué iba a esperar de él? ¿Que hoy las cosas fueran diferentes entre ambos? Él solo me trata distinto porque he cambiado mi aspecto, pero si nada hubiera cambiado, sería el mismo trato: Alexander es un hombre que no se fija en nada más que en lo superficial; un cuerpo bonito, maquillaje, curvas perfectas. Esa era la realidad, y debía aceptarla y convencerme de ello.
Hombres como Alexander son típicos: promiscuos, que solo se encargan de las mujeres con el único propósito de recibir placer y satisfacer sus deseos.
Me pegué una cachetada mental. No debía juzgarlo. Cada quien tiene sus cuestiones; tengamos un poco de fe en él. A veces, los idiotas necesitan que alguien tenga un poco de fe en ellos.
Salí dirigiéndome al ascensor. Vi la hora en mi reloj: eran las 3:30 p.m. Josh dijo que vendría por mí a esta hora. Entré, y como en la mañana, Alexander irrumpió con rapidez antes de que las puertas se cerraran.
—¿Ya se va? —preguntó.
Le lancé una mirada obvia; frunció el ceño.
—Ya no me necesita, he hecho todo, además le he dicho que tengo que salir temprano hoy…
—Sí, así es, pero yo nunca dije que aceptaba que se fuera. Además… —piensa por un largo rato, parece inventando algo en su mente—Necesitamos… —sigue pensando, mirando alrededor con desesperación buscando una excusa perfecta, y entonces me señala—El archivo de entidades lo necesito para hoy mismo…
—Ya se lo dejé en su escritorio —respondo con un vaivén.
—Oh —se queda con la palabra en la boca, sigue pensando y ahora dice—Los informes de gestión eso también nece…
—También ya se lo dejé en el escritorio, debajo de estos.
—Oh…
Fijé mis ojos en el número del ascensor; aún faltaban 8 pisos por bajar.
—El itinerario de mañana, lo necesito con urgencia…
Lo miré, fruncí el ceño, mi rostro plasmado con sorpresa. Entrecerró sus ojos analizándome, tipo “Ah, sí, ¿esa no lo tienes, no?”
—Itinerario… ¿para qué lo necesita? —levanto los hombros con sosiego.
—Porque simplemente lo necesito… Ya veo lo que intenta hacer.
—Pero nunca me ha pedido esto; es la primera vez que me lo solicita.
Acerca su mano a mis labios, callándome:
—Sh sh sh sh sh… —musita fanfarrón—No debes cuestionar a tu jefe, preciosa; solo debes obedecer…
Solté un bufido, le quité su mano con rapidez y fijé mi vista en los números que descendían.
—Pero me lo ha pedido a última hora —miro mi reloj—ya no estoy trabajando…
—Aun estás en horario laboral —levanta los hombros con sosiego—puedes regresar y hacer tu trabajo…
—He pedido permiso, por lo que me iré…
—No, necesito ese in… —ahora yo lo detengo, poniendo mis manos en sus labios…
—Sh sh sh sh —lo callé—que descanse, señor Davis…
Las puertas del ascensor se abrieron y lo dejé atrás, lucía perplejo. Atravesé el pasillo y salí al exterior. Josh me esperaba a la salida con su casco negro en la mano.
Josh Ashton, el multimillonario que conocí en Canadá. Me lo encontré hace unos pocos días, en mi escape repentino a un pueblito lejano para poder respirar y sacarme de la cabeza a Alexander. Necesitaba calmarme y pensar; sentía que se me estaba saliendo de control la situación. Después de nuestro encuentro en el bar, me fui. Josh había tenido la misma idea. Él había terminado con uno de sus amoríos (un hombre canadiense que me mostró en fotos). En dos días nos hicimos cercanos; como buenos amigos, ambos nos sinceramos. Él sabe la caótica situación de Alex y yo; y yo conozco la historia complicada de amor de él con aquel hombre canadiense.
Después de contarle todo, me dijo que tenía una teoría, y que debía confirmarla. Para hacerlo, debíamos volvernos cercanos. Le pregunté y lo único que me dijo fue:
—El demonio, en ocasiones, puede caer en amor, y sin darse cuenta, lo demuestra a través de los celos.
Hoy me trajo aquí en la mañana, después de pasar por una cafetería y comprarme unos deliciosos rollos de canela para desayuno, y se ofreció a acompañarme al trabajo y venir por mí para llevarme a la universidad.
—Hola Josh —saludé al llegar a él. Se inclinó dándome un beso en la mejilla.
AUTORA: Ay no, a ALEXANDER ahora mismo debe estar dándole un mini infarto.
—Hola preciosa —revolvió un poco mi cabello como una niña pequeña—¿Qué tal el día con tu dominante jefe?
Encogí mis hombros.
—No es dominante —dije convencida. Josh sonrió; se acercó, mirando a mis espaldas, sin quitar los ojos de encima, y me ayudó poniendo un mechón de mi cabello detrás de la oreja.
—Parece que mi querido amigo no puede quitarte los ojos de encima.
Me volví hacia él, y era cierto: Alex estaba ahí a varios metros, mirándome penetrante. Fruncí el ceño, confundida; no debería estar aquí afuera.
—Él es así —levanté los hombros restándole importancia. Me extendió el casco y sonrió gigante—¿Prometes no ir a mucha velocidad? —le reproché.
—¿Y por qué no? Tú tan solo debes confiar en mí.
—No soy de las que confían con facilidad en otros.
—Pues ya verás, me la ganaré de a poco.
Si no supiera las preferencias de este hombre, ahora mismo estaría dudando de que este coqueteo falso fuera tan real.
Una gran risita se me escapó sin querer. Josh puede ser muy amable y coqueto a la vez, pero en ocasiones repite que la gente suele aparentar muy bien y no debemos dejarnos guiar por las impresiones. Me considero desconfiada; por mi infancia, aprendí a desconfiar de los demás. En ocasiones, personas que dicen amarte se encargan de darte latigazos y arañazos por la espalda.
De pronto, la inconfundible postura de Alexander se interpuso entre los dos. Josh sonrió abiertamente ante tal gesto.
—¿Y ahora qué? —mascullé entredientes con fastidio.
Alexander lo miraba con enojo palpable, mientras Josh estaba completamente relajado, como si esas reacciones le fascinaran.
—Lily, mi madre nos ha invitado a la cena hoy, por lo que debemos irnos pronto…
—¿Debe ser una broma? —el fastidio aún me era palpable.
—Créame que no quisiera arruinar su coqueteo con nadie, pero es urgente, así que andando —ubicó su mano en mi espalda y me incentivó a moverme.
—No puedo, tengo que ir a clases —la ansiedad y el desfortunio por haber tenido la desesperanza de vincularme con un sujeto como él me invadía. Quizás era un pecado que estaba pagando de mi vida pasada; sé que estaba haciendo esto para fastidiarme y hacerme enojar, pero no conocía el objetivo. Quizás estaba aburrido y solo quería meterse conmigo para no aburrirse…
—Con tus clases no te preocupes; ese asunto ya está arreglado. No hay problema, así que andando —insistió, empujándome leve con su mano en la cintura.
Internamente: Me encontraba gritando en todas formas posibles, gritándole millones de cosas con enojo.
Externamente: Simplemente lo miré; mis labios se cerraron en una delgada línea evitando estallar. Solté un suspiro de cansancio…
—Está bien, espere un momento —lo miré, diciéndole “márchese, déjenos solos”.
Su sonrisa petulante se ensanchó aún más; fue mezquino como un niño pequeño.
—No…
Iba a lanzarle mi veneno, pero…
—Lily querida —Josh intervino, tomó mis manos con suavidad; aquello hizo que el rostro de Alex se desencajara—Nos veremos luego, en el mismo lugar —me guiñó un ojo—ya sabes dónde…
—Lo siento —percibí la necesidad de disculparme—Esto no estaba dentro de mis planes…
—No te preocupes —se acercó para darme un beso en la mejilla, pero Alex tiró de mi brazo y, tomándome desprevenida, me dirigió a su auto.
—He tenido suficiente de esto —masculló, abrió la puerta del auto y me empujó adentro.
—¡Buenas noches amigo! —le gritó Josh desde la lejanía. Alex cerró la puerta con dureza y se subió al piloto.
Contrólate, Lily. Contrólate. Cuenta hasta 100… o mejor dicho hasta 500, para que no lo golpees aquí mismo.
1…
2…
3…
4…
5…
6…
7…
8…
9…
Encendió el motor y se metió en las calles de la ciudad, conduciendo como Toretto en Rápidos y Furiosos.
A la mierda la cuenta…
—¡¿Qué mierda es esta actitud?! —finalmente exploté.
Alex apretó sus manos en el volante; pensé que también iba a explotar, pero el muy cabrón reía a carcajadas.
—¿Enojada? —preguntó con burla—¿En serio quieres involucrarte con un idiota como Josh?
—¡¿Y a usted por qué le importa?! —mascullé con furia—Si me involucro con él o no, no es de su incumbencia.
—Me importa porque eres mi esposa, por contrato, obviamente. Pero mi esposa, al menos… —levanta los hombros con calma—Josh es mi amigo, no es alguien que te convenga; suele ser un idiota con las mujeres, no tiene buena reputación. Además, ¿aceptarás las consecuencias cuando un periodista amarillista haga una noticia sobre ustedes dos juntos?
—Yo no soy presa de los periodistas; deberían seguirme si no soy nadie de importancia —dije con simpleza.
Él soltó una risita sarcástica.
—Ay, eres tan inocente. Josh solo te traerá problemas. ¿Desde cuándo se han vuelto tan cercanos? —preguntó curioso.
—Mi intimidad no es algo que debe importarle —determiné—si me respeta aunque sea un poquito, no se atreva a inmiscuirse en mi vida personal.
—No existe la vida personal entre esposos.
—Ay, por favor, señor Davis. Ambos sabemos que todo no es más que una farsa, lo que hace que no tengamos derechos al otro. Usted puede hacer lo que quiera, y yo también…
El auto se detuvo con rapidez. Tuve que sujetarme fuerte para no estrellarme contra el parachoques interno.
—No, no querida, tú eres mi esposa —me toma del cuello con firmeza, me acerca a él, sus labios se rozan a los míos—No me enoja derrochar unos cuantos millones de dólares, pero que alguien toque lo mío… eso es insoportable para mí. Imagínate la ira que siento justo ahora porque alguien ha tocado a mi esposa —su tono dominante, entre dientes, no me deja contestar.
Me besa en un vaivén salvaje, dominante y atrevido. Sus dedos se arraigan en la piel de mi cuello. Tengo que seguirle el ritmo. Se detuvo, logrando que recupere el aire que había perdido.
—Eres mi esposa, y nadie aparte de mí puede tocarte…
Todo dentro de mí se estremece. El hombre vuelve a saltar a mis labios, invadiéndome, enterrándose en cada fibra de mi ser. Lo detengo, me monto encima de él, sentándome en sus piernas.
—¿Así que admites estar celoso?
Me ignora e intenta unir su boca con la mía, pero yo lo esquivo y lo detengo con firmeza.
—¿Alexander Davis, sí o no?
—Me encanta cuando te tomas tu papel de dominante, eso me pone —mira su evidente entrepierna—bueno, ya debes imaginarte cómo…
Lo tomo del cabello, hago mi mano puño en él. El hombre jadea de placer. Deslizo mis labios por su cuello, dejando un camino de besos; el jadeo de placer se intensifica.
—¿Así que piensas que puedes tenerme? —pregunté con burla.
Una sonrisa pícara en sus labios…
—¿Ósea, no podría? —hace un puchero inocente; aquello me hace estremecer. El calor en mi parte baja se intensifica; me muevo frotando mis caderas en su entrepierna.
Mierda —suelto jadeante de placer.
No le doy respuesta. Mi boca se dirige por su mentón hacia sus labios, solo rozándolos.
—¿Sí o no? —vuelvo a preguntar insistente. Ni yo misma creo que he acelerado su respiración; su voz suena ronca de placer.
Niego, me relamo los labios; él mira mi gesto con atención. Suelto un poco el nudo de su corbata, y con picardía empiezo a desabotonar su camisa; la desabotoné completamente. Me siento a su lado en cuclillas, saco su cinturón y desabrocho sus pantalones para dejarlo libre. Antes, con un lazo, me hice un moño alto para que mis cabellos no estorben.
—Lily, ¿qué estás…?
Lo freno poniendo mi dedo índice en sus labios, dejando su pregunta a medias.
—Alex, si escucho una palabra más, no seguiré con lo que tengo en mente —me inclino a su parte deseosa, la tomo entre mis dedos, firme y extensa, tal y como lo imaginé—parece que llegaremos tarde a tu madre…
La duda en su rostro puedo sentirla en cada poro, tratando de comprender, descifrando si esto realmente está pasando.
—¿Acaso esto es real? —pregunta al aire libre, con duda.
—Sí lo es, así que cierra tu maldita boca y disfruta; hoy te mostraré las estrellas con mi boca —le dije. Sí, yo, Lily Walker, acababa de decirle eso a Alexander Davis…
No tenía ni idea por dónde empezar; jamás había hecho esto antes, pero los jadeos de placer de Alexander me demostraban que iba por buen camino. Me detuve cuando él alcanzó el éxtasis. Un sonido gutural retumbó en el auto.
—Maldita sea, Lily, ¿ya lo has hecho antes? —su voz ronca, entremezclada con respiración agitada.
Negué.
—No, solo lo he leído en algunos libros…
Él sonrió abiertamente.
—Benditos sean los libros entonces —dijo gracioso…
Ahora atacó mi boca, fue salvaje y muy exigente. Lo detuve:
—Alex, la cena con tus padres…
—Ellos pueden esperar —me dijo, mordisqueando mi cuello; tuve que detenerlo con firmeza de su pecho—Alex…
El bufó con renuencia.
—Bien —se acomodó la ropa—Pero esto no se quedará aquí, ya verás, señorita —prometió—tu esposo cumplirá cada una de las expectativas de esos libros que has leído…
No puedo evitar reír con picardía…
—Ya veremos…
Y suelta un largo suspiro antes de arrancar el vehículo.
Yo, Lily Walker, acabo de hacerle una mamada (sin nada de experiencia) a Alexander Davis.
----