Son dos herederos, distintos países, lo tienen todo, pero no lo quieren (o no han encontrado la forma correcta de usarlo), se encontrarán por una casualidad y no revelaran su identidad por distintas razones, lo tienen todo para crear un emporio, pero como en toda historia no faltara quien los envidia y con mucha avaricia creara conflictos que tendrán que sortear, a su favor? ambos tienen su inteligencia, amigos, contactos y dinero. Será suficiente?
Acompañame a leer esta historia ATT Santihelo
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22 Conspiracion
En el piso 42 de la sede central de Helvetia Defence Corp, el ambiente era de una actividad frenética pero armónica. Habían pasado sesenta días desde que Andreas recuperó legalmente el mando, y el proceso de limpieza había sido exhaustivo. Peter Keller, recuperado de su depresión y con un semblante renovado, caminaba por los pasillos no como un hombre derrotado, sino como el mentor experimentado que la empresa necesitaba.
A su lado, Luca, cuya reputación había sido restaurada con honores públicos, coordinaba los nuevos protocolos de seguridad junto a Thomas, quien tras el conflicto al regresar de Brasil y descansar, decidió estar lado a lado con Andreas para vigilar de cerca la reconstrucción de la firma. —Andreas, los informes de auditoría están listos. Hemos recuperado el 95% de la confianza de los accionistas —dijo Luca, entrando en el despacho del CEO—. Pero Peter y Thomas creen que necesitas un respiro.
Andreas levantó la vista de un contrato. Sus ojos estaban cansados, pero su mente estaba en otra parte. —No puedo permitirme otro error, Luca. Huber nos enseñó que la complacencia es el primer paso hacia la ruina.
—Un líder agotado es un líder peligroso, hijo —intervino Peter desde la puerta—. La empresa está a salvo. Luca, Thomas y yo nos encargaremos de las guardias este fin de semana (y te aseguro que no firmaremos nada sin leer). Además, Thomas está afuera diciendo que si no te saca de aquí, te convertirás en parte del mobiliario suizo.
Andreas sonreía levemente. Thomas, ahora instalado en la ciudad, se había convertido en su sombra y en su recordatorio constante de que la vida seguía fuera de los servidores. La mención de su amigo lo hizo pensar inmediatamente en el mapa que tenía guardado en su navegador privado: el itinerario de Iliana.
Sorpresa en el Norte:
A miles de kilómetros, en el clima cálido y vibrante de Medellín, Iliana y Ariana disfrutaban de los últimos días de su estancia en Colombia. El viaje sabático estaba cumpliendo su propósito. Iliana se sentía ligera, alejada de las responsabilidades de Sideris Corp y de la identidad de Nox. Para el mundo en Colombia, ella era simplemente una turista más con un gusto exquisito por el café y la arquitectura.
—¿Has hablado con Andreas hoy? —preguntó Ariana, mientras terminaban de empacar sus maletas en un hotel boutique de El Poblado.
—Hace una hora. Está enterrado en papeles, como siempre —suspiró Iliana—. Me parte el corazón oírlo tan agotado, pero entiendo su miedo. Los Keller son perfeccionistas, y perder el control de Helvetia los marcó profundamente.
—Thomas está igual —añadió Ariana con una risita—. Aunque está en Zúrich con Andreas, dice que la ciudad es tan silenciosa que a veces extraña el caos de Brasil, pero que no dejará solo a Andreas hasta que todo esté blindado. Mañana salimos para Toronto. El frío de Canadá nos va a asentar después de tanto trópico.
La conspiración comenzó en un chat encriptado mientras Andreas y Thomas tomaban un café frente al lago de Zúrich. "Canadá es el lugar", dijo Thomas. "Ellas llegan el viernes a Toronto. Si salimos de Kloten el jueves por la noche, podemos estar en el hotel antes de que registren su entrada. Solo un fin de semana, Andreas. 48 horas y volvemos a Helvetia".
Andreas, impulsado por una impulsividad que raramente se permitía, aceptó. Prepararon el viaje con el secreto de una operación militar. Peter y Luca dieron su bendición, prometiendo que el legado de los Keller no se movería un milímetro de su eje mientras ellos no estuvieran. Y Peter le dijo al oído a Andreas _ aun espero mis nietos!!!_
—ya te dije padre como están las cosas Iliana No es cualquier Mujer y le respetare su tiempo de descanso le costó mucho obtenerlo y nos amamos podremos esperar y tú lo harás también—, Peter hizo un mohín como el gato con botas y Andreas no pudo evitar reírse de su padre que parecía un niño.
Llegaron a Toronto bajo un cielo gris acero. Se instalaron en el Fairmont Royal York, el mismo hotel donde Iliana había reservado una suite. Thomas se aseguró de que sus habitaciones estuvieran en el mismo piso, ansioso por ver a Ariana después de semanas de distancia.
Cuando Iliana y Ariana entraron en el lobby del hotel, cansadas por el vuelo desde Colombia, lo último que esperaban era ver a Andreas y Thomas esperándolas cerca de la chimenea central con copas de champaña en la mano.
Iliana se detuvo en seco, dejando caer su bolso de mano. Andreas se levantó, con una sonrisa que iluminó su rostro cansado. —Dijiste que tenías una junta de seguridad —susurró Iliana, corriendo hacia sus brazos.
—Esta es la junta más importante de mi vida —respondió Andreas, estrechándola con una fuerza que decía más que cualquier palabra.
Thomas y Ariana se fundieron en un abrazo similar. Durante esas horas, el mundo corporativo de Zúrich dejó de existir. Andreas se dio cuenta de que, aunque Helvetia era el orgullo de los Keller, Iliana era su verdadero hogar.
Lo que dejaron pendiente en Brasil
En la suite principal, la única iluminación provenía de la chimenea de mármol. Andreas estaba sentado en el borde de la cama king-size, observando cómo Iliana se acercaba a él tras dejar sus maletas. El peso de Helvetia Defence Corp, de las firmas, de los abogados y de la traición de Huber, parecía haberse evaporado en cuanto cerró la puerta de la habitación.
—Todavía no puedo creer que estés aquí —susurró Iliana, rodeando el cuello de Andreas con sus brazos.
Andreas la atrajo hacia sí, hundiéndose en el hueco de su cuello. Por primera vez en dos meses, sus hombros no estaban tensos.
—No podía pasar un día más escuchando tu voz a través de una pantalla, Iliana. En Zúrich, soy el CEO de los Keller, el hombre que tiene que reconstruir un reino. Pero aquí... aquí solo quiero ser el hombre que te ama.
Iliana lo apartó un poco para mirarlo a los ojos. Con la punta de sus dedos, delineó las ojeras que el cansancio había tatuado bajo sus ojos.
—Te has descuidado, Andreas. Prometiste que no dejarías que la empresa te consumiera.
—Lo sé —admitió él con una sonrisa culpable—. Pero ahora que estoy contigo, siento que puedo respirar de nuevo.
Se fundieron en un beso lento, profundo, que no tenía prisa. No era un beso de despedida ni de urgencia, sino de reconocimiento. Andreas la recostó sobre las sábanas de seda blanca, sintiendo el contraste entre su piel cálida y el aire fresco que entraba por la rendija de la ventana. En ese momento, Iliana no era la hacker "Nox" ni la CEO de Sideris; era la mujer que le daba paz. Y Andreas no era un Keller bajo ataque; era un hombre entregado por completo.
—Espérame un poco más —susurró Andreas contra sus labios—. Falta muy poco para que este muro entre nosotros desaparezca.
Iliana sonrió, acariciando su cabello. —Te esperaría toda una vida, pero eres tú quien me debes esperar, por ahora soy feliz contigo aquí a mi lado.
Thomas y Ariana: El Deseo en la Penumbra
Dos puertas más allá, la atmósfera era diferente, más eléctrica y cargada de una pasión que había sido contenida durante semanas. Thomas, tras decidir regresar a Zúrich, sentía que cada segundo lejos de Ariana era una pérdida de tiempo.
Thomas la tenía acorralada contra la gran ventana que daba a las luces brillantes de la CN Tower. La ciudad de Toronto se extendía bajo ellos como un manto de diamantes, pero Thomas solo tenía ojos para ella.
—Zúrich es hermosa, Ariana —dijo Thomas, con su voz vibrando en un tono bajo—, pero es fría como el hielo sin ti. He pasado noches enteras mirando el lugar vacío en mi cama, preguntándome por qué diablos te dejé seguir con este viaje.
Ariana soltó una risita traviesa, pasando sus manos por debajo de la chaqueta de Thomas.
—Porque me amas y sabes que necesito esto. Además, Thomas... la distancia hace que este momento se sienta diez veces mejor. ¿No lo crees?
Thomas no respondió con palabras. La levantó en vilo, y Ariana enredó sus piernas alrededor de su cintura, riendo suavemente mientras él la llevaba hacia el centro de la habitación. Thomas la depositó sobre el sofá de terciopelo azul y comenzó a desabotonar su camisa con una urgencia que hizo que Ariana suspirara.
—No voy a dejar que te vayas mañana sin que recuerdes exactamente a quién perteneces —declaró Thomas, besando su clavícula.
—Lo recuerdo cada segundo —respondió ella, cerrando los ojos mientras se perdía en sus caricias—. Pero no me importa que me lo recuerdes toda la noche.
En esa habitación, no había preocupaciones sobre infiltrados ni espionaje. Solo estaba el ritmo de sus respiraciones y el calor de sus cuerpos. Thomas, el hombre que solía ser cínico y calculador, estaba completamente desarmado ante la mujer que lo conocía mejor que nadie.