Lucia tiene que vivir bajo el odio de su propia familia sin saber el porqué, toda su vida ha sido así. En la escuela conoce a Liam, un chico que parece interesarse en ella, pero para su sorpresa, Fernanda, la hermana de Lucia, está enamora de Liam, lo que causara mayores problemas para Lucia…
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QUE HACES ABBY
Narra Lucía, con el corazón dividido entre miedo y deseo
Cuando sonó el timbre que anunciaba el receso, recogí todas mis cosas con manos temblorosas y salí del aula. Caminé con paso decidido hacia la cafetería, donde vi a Abby sentada en la misma mesa de ayer. Me acerqué y me senté a su lado, aunque en realidad no creía poder sentarme con nadie más.
—¿Qué haces, Abby? —pregunté, tratando de sonar casual.
—Nada, solo pensando en que falta poco para Navidad y aún no he elegido mi vestido —respondió ella con una sonrisa distraída—. ¿Y tú?
Sonreí irónicamente.
—Cierto, no me había dado cuenta. Tampoco he elegido nada para esa fecha... Además, ese día también estudiamos. Recuerda que esta universidad no sigue las reglas de las demás. Y, la verdad, ¿qué caso tiene? No creo que a mi familia le guste verme en la cena ese día.
Abby frunció el ceño y me miró con seriedad.
—Es cierto... Pero no te preocupes, puedes venir a cenar conmigo y que no se hable más. Por cierto, ¿hablaste con Jeremy?
Suspiré hondo, sintiendo un nudo en la garganta.
—No, apenas sonó el timbre salí corriendo —confesé con voz baja, casi quebrada.
Ella me lanzó una sonrisa cómplice.
—Entonces aprovecha, ahí viene.
Giré la cabeza, confundida.
—¿Qué?
—Bueno, te dejo sola un momento, ya vuelvo... —dijo Abby antes de acercarse a alguien que estaba justo frente a nosotros—. Hola, Jere.
Jeremy saludó con una sonrisa tímida.
—Hola, Abby... Pequeña Luci, ¿podemos hablar?
Asentí, invitándolo a sentarse.
—Claro, siéntate. ¿De qué querías hablar?
Su mirada era intensa, casi reprochadora.
—¿Por qué me ignoraste en la mañana? ¿Ya no quieres ser mi amiga?
Me mordí el labio, con la vergüenza apoderándose de mí.
—Lo siento... Pensé que si no te hablaba y me alejaba, sería mejor. Así no tendría problemas con Fernanda... Pero me equivoqué. Quiero seguir siendo tu amiga. Ella no puede quitarme eso, ya me ha quitado mucho.
Él frunció el ceño, curioso.
—¿A qué te refieres?
Respiré profundo, dejando que las palabras fluyeran.
—Ella es mi hermana, y Alexander también. Aunque de parte de él no siento tanto odio hacia mí... El de Fernanda es mucho mayor. Ayer me dijo que no quiere verme cerca de tu amigo, ese tal Liam. Aunque es guapo, nunca pensé que fueran algo.
Jeremy se quedó callado un momento, como intentando asimilarlo.
—Lucy, yo fui quien te llamó ayer. No cortaste la llamada y escuché todo lo que pasó. No tienes que contarme nada.
Abrí los ojos, sorprendida.
—¿En serio fuiste tú quien llamó? Lo siento, no tenías que escuchar eso.
Sonrió con ternura.
—Sí, y no entiendo por qué conmigo eres segura, pero cuando se trata de ellos les tienes miedo.
Me encogí de hombros.
—No es a ellos, es solo a Fernanda. Alexander no me hace nada a menos que ella le diga.
Jeremy cruzó los brazos.
—Bueno, ¿me vas a contar por qué tienes miedo?
Antes de que pudiera responder, Abby intervino con calma.
—No la presiones, no le es fácil hablar de eso. Cuando esté lista, seguro te lo contará.
Me sentí agradecida y culpable al mismo tiempo.
—Lo siento, Jere.
—No te preocupes, esperaré.
Abby entonces dirigió una mirada firme a Jeremy.
—Ahora que se han vuelto a hablar, Jeremy, tienes que cuidarla de ellos. Más de Fernanda. Nunca permitas que esté cerca. Lo digo por si acaso, no esté cerca de Lucía. Sé que te puedes cuidar sola, pero no cuando se trata de ella.
Él asintió con determinación.
—No te preocupes, la cuidaré como mi propia hermana.
Le miré intrigada.
—¿Tienes una hermana?
Jeremy bajó la mirada, incómodo.
—Ehhh, sí, pero no está conmigo.
Abby soltó una risita y bromeó.
—¿Porque ya se casó o vives con padres separados?
Él negó con la cabeza.
—No es nada de eso, aún no estoy listo para hablar de ese tema. Lo siento.
Suspiré y cambié el tema.
—Bueno, bueno... ¿Qué harás en Navidad? Yo iré a casa de Abby.
Jeremy frunció el ceño.
—Tal vez nada, porque mis padres salieron de viaje hoy y falta todavía una semana. ¿Por qué irás allá? ¿Y tu familia?
Mi voz se tornó baja, casi un susurro.
—No creo que les guste verme ese día ahí. Por eso Abby me invitó a su casa. ¿Puedes venir si no llegan tus padres?
Abby sonrió, llena de emoción.
—Más luego les digo a mis padres para que arreglen todo. Y, sobre todo, más comida y licor.
Jeremy me miró y dijo serio.
—Ok, les avisaré a los míos, por si van a venir. Que ellos se la pasen genial en sus vacaciones.
Le miré y le recordé.
—Abby, sabes que yo no tomo, ¿para qué vas a pedir licor?
Ella soltó una carcajada.
—Ah, no. Este año sí tomarás. Es Navidad, tienes que divertirte.
Puse los ojos en blanco.
—Tú y tus locuras. Ahí veré ese día. Además, ya pasó mucho tiempo desde la última vez que bebí.
Él me miró curioso.
—¿Y no que no bebías?
—Sí, tomé una vez... a los 17 creo. Y no me fue nada bien. Después te cuento detalles. Con tal de que prometí no beber más.
La campana sonó, interrumpiendo la conversación.
—Vamos al salón, se terminó la charla. La cuidas —dijo Abby con una sonrisa.
Me levanté y les dije.
—Nos vemos a la salida para ir al gym. No te olvides.
Jeremy se levantó con entusiasmo.
—¿Puedo ir? Quiero conocer. ¿Me esperan?
Abby soltó una risa y dijo.
—Míralo, dale. Los espero. Chao.