Historia de Sylvanas...
Yang Kai es el hijo de dos grandes mafias. "Napolitano" un grupo de mafiosos liderado por Máximo Greco y su hija Laura Greco, que a su vez está casada con un gran líder de la mafia china "Lirio negro", Yang Si Chang.
Sylvanas Del Re una joven diseñadora que planea convertirse en una gran empresaria, pero su padre le encomienda una gran tarea. Ayudarle a perseguir este grupo de mafiosos que poco se sabe de ellos.
Su objetivo es conquistar a Kai, su helado napolitano, el hijo de la mafia rebelde. Pero ¿Qué pasa cuando el hijo de la mafia te quiere como su mujer y su madre, Laura Greco, como procreadora de bebes con ojos violetas?
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tiempo indefinido
La fiesta
que se llevara a cabo en la gran mansión de mi querida suegra dicta de ser tranquila,
por decirlo de alguna manera. Sabiendo los gustos extravagantes a los que está acostumbrada
no es una sorpresa que tire la casa por la ventana, en este caso la mansión.
Nuevamente me
encuentro de forma encubierta y no porque mi padre y la agencia así lo dispuso,
sino porque yo así lo quise.
Mi hermoso
chinito dictamino a último momento que no quería correr ningún riesgo presentándose
en la celebración junto a mi por lo que me dejo en mi departamento casi encadenada
a la pata de la cama con la idea de protegerme.
Si necesitara
protección usaría protectores diarios. No lo necesito por lo que con la ayuda
de mi informante me pude escapar de la custodia de mi guardaespaldas. Luego de
un vuelo en el que casi no dormí por la ansiedad, ahora estoy ingresando a la mansión
donde se dará la pequeña festicholi por el cumpleaños de mi querida suegra.
Nuevamente formando
parte del personal. Tuve que buscar una peluca nueva, una que mi helado no haya
visto ya y me agregue al disfraz un encantador lunar cerca de mis labios. Parte
de las lentillas, también estoy usando lentes con unos marcos cuadrados de
color negro muy grandes. Si vistiese un suéter color naranja soy la viva imagen
de Vilma Dinkley, el personaje de Scooby doo. Solo que más sexy.
Mientras sigo
a las demás chicas que se dirigen a la cocina, luego de colocarme el uniforme
que nuevamente me hace pensar en los personajes animes, trato de que mi falda
no muestre mucho mi trasero. En la cocina es todo un despelote, donde el
organizador del evento vocifera a los cuatro vientos ordenes a diestra y siniestra.
Me dan una
bandeja cargada de copas con burbujeante champan y de un azote en mi trasero soy
enviada junto a las demás chicas al corazón del evento.
Mientras paseo
entre los invitados, reprimiendo las ganas de cortar dedos cada vez que alguna
mano se toma el atrevimiento de tocar mi trasero, voy repartiendo copas y
procurando que los anfitriones no me detecten.
Casi lo logro.
—¿Qué haces aquí? —mierda. Es voz, ese tono, no solo me dejo
quieta en el lugar donde me oculto, sino que inmediatamente mis bragas quedaron
inundadas.
—Mmm… —trato de zafar sin que mire mi rostro, puede que
piense que soy una empleada holgazana.
Su fuerte mano se sierra en mi brazo e inmediatamente soy
empujada al interior de un cuarto. Esta casa cuenta con muchos cuartos
escondidos, al parecer. Su fuerte agarre se centra en mi cintura cuando me
acorrala contra la pared y mi mirada se alza cuando su respiración choca con mi
mejilla.
—¿Crees que no te reconocería? —murmura, cerca de mi piel—
Vistas lo que vistas, siempre te reconoceré, Sylvanas —me derrito cuando
susurra mi nombre con la voz oscura mientras que sus manos recorren mi cuerpo.
—No estaríamos en esta situación si me dejaras ayudarte —digo
conteniendo la respiración, sus manos en mis nalgas me aprietan más a su
cuerpo.
Soy un despojo cerca de el y juro que si me toca un poquito más
mi cuerpo romperá en pálpitos.
—No te quería acá, sabes bien que me preocupo por ti y tu
seguridad —dice mientras su nariz roza mi garganta, sus manos ajustan su agarra
y yo siento que desfallezco.
—Se cuidarme sola —se aparta de mi y me mira intensamente.
—Ya veo, por eso estas aquí conmigo, porque nadie te descubrió
—dice irónicamente y yo me vuelvo a apretar a su cuerpo extrañando su calor.
—Solo tu eres capas de reconocerme, ahora porque mejor no me
das un besito y seguimos con la fiesta —digo tratando de persuadirlo y que
olvide el hecho de que me pueden llegar haber descubierto colándome en una
fiesta donde podría tener un fin para nada placentero.
—Vas a matarme —dice y atrapa mis labios. Sonrío sobe los suyos
y le sigo el beso con la necesidad de que se convierta en un rapidito— ¿Quieres
que te folle qui? ¿Verdad? —pregunto divertido adivinando mis pensamientos. Asiento
mientras mis manos se dirigen a la cremallera de su pantalón—. Pues tendrás que
esperar —dice tomando mis manos, deteniendo mi avance.
Toda mi libido cae cuesta abajo cuando de un momento a otro
soy arrastrada por la habitación en penumbras y saliendo por otra puerta me
mete en otra habitación. Habitación que conozco muy bien.
—¿Por qué me traes aquí? —pregunto no muy segura de querer
saber la respuesta.
—¿Querías ayudarme? —dice—. Pues eso harás, ayudaras —espeta
para dejarme encerrada en la habitación del pánico.
Mierda.
Pasa alrededor de una hora donde lo único que hago es
deambular como fantasma por la habitación. La puerta se abre y una chica semi
desnuda es ingresada.
—¿Qué paso? —pregunto al verla en esas fachas.
—La drogaron y casi termina en las manos de un idiota —murmura
apretando los dientes mi helado Napolitano—, procura que tome mucho liquido
para que se desintoxique —puntualiza y se va de la misma forma que vino.
Suspiro y me encargo de la muchacha medio ida que tengo en
frente.
Con el correr de las horas el cuarto se fue llenando de diferentes
chicas, algunas drogadas otras asustadas. Compadeciéndome de ellas, las ayude a
estar tranquilas, hidratándolas y rezando para que la noche termine pronto.
Cerca del amanecer, como la vez en la que estuve en esta
misma circunstancia, Kai junto con otro tipo entraron a la habitación y nos
guiaron para salir y subir en una camioneta que ya estaba esperando para salir
del lugar.
El camino hasta dejar a las jóvenes en libertad se me hizo
eterno, mis ojos no cesaban de cerrarse. Cansada por la gran travesía en la que
estuve luego de que las chicas fueron dejadas en libertad con un enorme cheque
cada una, Kai me ubicó junto a él en la camioneta y volvimos a la ciudad.
El sonido
del agua cayendo me despierta. Miro a mi alrededor y noto que estoy en una habitación
en la nunca estuve. De volteo en la cama y recorro el lugar buscando de donde
viene el sonido tan relajante. Veo una puerta entreabierta de la que se puede
ver el vapor salir. Me incorporo en la cama y dirijo mis pasos hacia el lugar.
Abro la
puerta y me encuentro con la espalda de Kai. Voltea su cara y se encuentra con
mi mirada, sonríe y termina de voltear. Su desnudez es gratificante. Muerdo mi
labio inferior y me acerco a el. Me despojo de las prendas que tengo encima y tomo
su mano para hacerle compañía.
—Tienes un vuelo programado para que vuelvas a tu casa en
cinco horas —anuncia mientras enjabona mi cuerpo.
—¿Tan pronto? —pregunto disfrutando de su roce.
—Mi madre sabe que estas aquí y no quiero ponerte en peligro
—murmura concentrando su atención en mi cabello—. Sabes perfectamente que no podría
vivir si algo te sucediera —murmura mientras lava mi cabello, sus dedos en mi
cabeza me relajan—, déjame encargarme de mis asuntos y cuando sienta que no
corres peligro volveré por ti.
—¿Por qué presiento que eso llevara años y no días? —murmuro.
—Porque eres consciente de que así será, ahora déjame llenarme
de tu esencia porque no se cuándo volveré a tenerte entre mis brazos —murmura
dejando de ocuparse de mi cabello, para tomar mi rostro y acercarme al suyo y besarme
de manera demandante.
Tres horas más tardes, mi cuerpo duele en diferentes zonas. Sus
dientes dibujaron un mapa en mi piel sensible y mi mente guardo cada roce, caricia,
cada envestida, todo en el fondo de mi memoria porque se que no lo volveré a
ver por un buen tiempo.
—¿Me escribirás? ¿Te mantendrás en contacto? —pregunto
cuando estamos a solo minutos de separarnos por un tiempo indefinido.
—Tratare, pero bien sabes que no puedo ni quiero ponerte en
riesgo por mas que me vuelva loco por escuchar tu voz —murmura tomando mi
cuerpo en un abrazo apretado.
—No entiendo porque eso sería un riesgo —murmuro.
—Porque eres mi debilidad y si lo descubren lo usaran en mi
contra —responde y miro sus ojos.
—Creí que ya lo sabían —digo mirándolo, él me sonríe.
—Este tiempo en silencio ayudo a que dudaran de mis
sentimientos, pero verte en la fiesta temo que los haya hecho sospechar —murmura
y besa nuevamente mis labios para luego soltarme dejarme partir por un tiempo
indefinido.
Nunca pensé que el transcurrir del tiempo sin tener noticia
del hombre que invade mis sueños me volviera una mujer amargada. Si amargada,
de nada sirve escribirle si no obtengo respuesta.
Deje de lado todo lo del espionaje, ya no colaboro mas con
la agencia de ninguna manera. Solo me dedico a mi trabajo y a refunfuñar cada
ver que veo a mi guardaespaldas seguirme como si fuera mi sombra.
Hoy ya hace un año de la ultima vez que lo vi y le pedí a mi
sombra sigilosa que me llevé a la casa de la montaña. Ese lugar en cierto modo
conserva todo lo que somos. Por eso estoy acá sentada en este helicóptero contando
los segundos para llegar a ese lugar que me hace estar cerca de él.
Un mes después de que se marchara, deje de mandarle
mensajes. Ahora solo le escribo una vez al mes. En ese mensaje le cuento todo
lo que viví en mis días a días. Nunca obtengo respuesta, pero sé que los ve y
los lee. Eso de cierta forma me reconforta pero me llena de nostalgia, quiero
saber de él, que hace, donde esta, que come, que le preocupa, que le hace reír,
que le hace llorar, si me extraña. En fin, quiero saber de él, pero solo obtengo
silencios.
Lo que mas me atormenta es que el prometió no abrir un
abismo entre nosotros, pero al parecer no es un hombre de palabras porque no e
obtenido nada de él.
Llegamos a la casa de la montaña y al bajar del helicóptero me
quedo por unos minutos mirando la fachada de la enorme casa buscando algún indicio
de cambio. Nada. Todo esta como la ultima vez que vine.
Suspiro y me aventuro al interior. Ni bien traspaso el
umbral me recibe el cálido aroma de la comida hogareña, esa que el siempre preparaba
para mí, para nosotros. Debo admitir que mi sombra sabe hacer su trabajo, al
contratar alguien que se encargue de mi comida es gratificante.
Dirijo mis pasos hacia la cocina de la casa esperando
conocer la persona que me hará de cierta forma compañía por estos días. Al llegar
me quedo congelada viendo su espalda. Me acerco y antes de hacer algo solo me
abrazo a él. El deja de hacer lo que hace y voltea para estrecharme en sus
brazos, devolviendo mi abrazo, cortando el tiempo perdido y acercándonos más.
—Hola —susurro.
—Hola —responde y toma mi cara, me mira por un momento y me sonríe—.
Extrañaba tus ojos —dice y le sonrío para luego juntar mi boca con la suya.
—Yo también —digo separándome de su boca—. ¿Qué preparas? —pregunto
mirando hacia la cocina.
—Algo para nosotros —responde con obviedad.
—Pues eso tendrá que esperar —digo apagando el fuego, volteo
y lo empujo a una silla cercana, me subo sobre el y con hambre de sentir mas
que sus labios devoro su boca.
Al día siguiente me despierta un estruendo fuera de la habitación.
Aturdida por no saber que es lo que sucede, siento como unas fuertes manos me
arrastran lejos del calor de las sábanas.
—¿Qué pasa? —pregunto mientras camino torpemente detrás de
mi chinito favorito.
—Debo ponerte a resguardo —dice y abre una puerta oculta detrás
de un tapiz en la pared, me empuja dentro y me mira—. Lo siento.
Cierra detrás de si, dejándome en la oscuridad. Se escuchan
tiros, cosas rompiéndose, gritos y luego silencio.
Estoy congelada, sin saber que hacer, que pasa del otro
lado. Tato de agudizar el oído apoyo la cabeza en la puerta falsa y espero.
—Llegaste muy lejos, niño tonto —escucho la voz de alguien detrás
de este muro—. Llévenselo y busquen la zorra que lo acompaña.
Ahogo una exclamación y camino hacia atrás buscando una
salida. Choco con otra pared inmediatamente. Tanteando las paredes me doy
cuenta de que estoy en un cuarto de aproximadamente medio metro. Apoyo mi
espalda en la pared y resbalo hasta quedar sentada en el piso, rezando por que
a mi Kai no le haya pasado nada.
No se el tiempo que transcurre hasta que la puerta falsa es abierta
y veo la faz seria de mi guardaespaldas.
—¿Dónde esta Kai? —pregunto sin mover un musculo del lugar
donde me encuentro.
—No lo sé, recibí la notificación de alarma —solo dice
retrocediendo para darme espacio y salir del confinamiento en el que me encuentro—.
Ya puede salir.
Lentamente salgo del pequeño cuarto y lo primero que veo es
todo revuelto a mi alrededor, una mancha de sangre en el mismo lugar que vi por
última vez mi razón de ser. Me quedo ahí mirando la mancha.
—Búsquenlo y cuando lo encuentren vengan por mi —murmuro
volviendo al lugar en el que me dejo.
—Pero… —lo miro y deja de hablar.
—Solo tráiganlo a mí de nuevo, no importa lo que haga, solo
hazlo, habla con mi padre —pido y me acurruco en la oscuridad.
me encantó
súper genial
Gracias por tu tiempo
Felicidades Éxitos