Cuando el destino de una u otra manera junta a dos almas necesitadas de amor.
Esta novela tendrá temas sexuales para mayores de 18 años, el que leea queda a responsabilidad del lector.
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capítulo 22 Una lección de una segura Esmeralda.
A la mañana siguiente, Dragos como buen enamorado se levantó antes para hacer un rico desayuno y sorprender a su preciosa mujer, sabía que ella había sufrido demasiado y él le daría ese amor que tanto le faltaba, y que decir de él aunque vivió dentro de un hogar lleno de amor, pues, sus padres siempre mostraron ese amor de pareja y amor de padres, él al ver sufrir a su madre con aquella enfermedad que la fue consumiendo poco a poco y luego su padre que sufrió, pero la perdida del amor de su vida tirándose a la depresión al grado de atentar con su vida y él siendo el hijo mayor tener que ayudar a salir adelante a su familia tuvo que dejar a un lado el amor y dedicarse a darle una mejor vida a su padre y hermana olvidándose del mismo, llenado ese vacío, esa soledad, con mujeres banales y superficiales, solo saliendo con ellas para satisfacer su necesidad física, por eso con Esmeralda se sentía diferente, lo hacía sentir vivo, alegre, espontáneo, cosa que le agradaba en demasía, cuando subió a su habitación nuevamente ya llevaba la charola con unos ricos wafles con mermelada de fresas, fruta picada, café, jugo y una hermosa rosa.
— Buenos días mi amor, dijo Dragos.
— Hola mi vida, buenos días, te levantaste antes, no se vale.
— Te quería dar la sorpresa de un rico desayuno.
— Huele rico.
— Gracias mi amor y sabe mejor, dime qué prefieres jugo o café.
— Café, pero ven acuéstate aquí conmigo, por cierto la rosa está hermosa, solo tengo una duda.
— Dime cuál es.
— De dónde la sacaste si en el jardín no hay rosas.
— Mmmm le corté una rosa al jardín del vecino, claro está, sin que se diera cuenta.
— Gracias, por tan bonito detalle.
— Para mí es un placer complacer a mi futura esposa.
— Ja, ja, ja «a, sí».
— Después hablaremos de eso mi vida, ahora a cambiarnos para recibir los muebles tenemos un día muy agitado.
— Qué mandón saliste, pero tienes razón.
Los dos terminaron de desayunar y esperaron un poco más para la llegada de los muebles, todo marchaba bien hasta que llegó la hermosa diseñadora, alta, de cabello castaño claro, delgada, unas piernas torneadas, con vestido sugestivo que dejaba poco a la imaginación, iba muy maquillada, para que negarlo Esme se sintió pequeña e insignificante, como compararse con una mujer como ella, en ese momento quería dejar solo a Dragos y que entre colegas y profesionales de ese ramo, se entendieran…
— Con una voz sexy hablo aquella mujer, Hola Dragos hasta que por fin te dejas ver otra vez.
— Hola Matilde, también me da gusto saber de ti, te ves muy bien, Dragos se acercó a ella y por inercia la tomo de la cintura para saludarla con dos besos en la mejilla.
— Gracias, guapo y di….
— Lamento interrumpir, señorita “Matilde”, pero a mí, novio, solo yo le puedo decir guapo, así que le pido que se dirija a él por su nombre, entendió.
— Matilde solo miro a Esmeralda y la barrio con la mirada para dirigirse a Dragos otra vez y preguntarle de manera sarcástica, ¿Ella es tu novia?.
— Así es Matilde, esta hermosura, es mu novia Esmeralda y ella decidirá donde irán todos los muebles.
— Pero yo quiero que lo hagamos juntos.
— Tú tendrás la última palabra, mi amor, así que comencemos.
La diseñadora con mala cara aceptaba las indicaciones de Esmeralda y aunque ella le indicaba que los muebles lucirían mejor de otra manera, Esmeralda supo defender su lugar, Dragos, que solo miraba desde lejos, se sintió orgulloso de su reina, él había notado la incomodidad de esmeralda en cuanto vio a Matilde, pero jamás imagino que su reina defendiera lo suyo ósea él, cosa que lo hacía sentir maravillado porque demostraba que su mujer pelearía por él, lo que no contaban ninguno de los dos era que Matilde estaba tomando algo para acercarse nuevamente a Dragos.
— ¿Te escondes de mí, Dragos?.
— No tendría porque, ya terminaron de arreglar los muebles.
— Faltan algunos detalles, pero no vine hablar de eso, pues recuerdo que tienes a alguien más allá fuera arreglando el asunto— acercándose de manera coqueta y descarada, bajando el cierre de su vestido, que estaba exactamente el busto, lo dejo tan abajo que faltaba poco para que salieran de su escondite, te he extrañado demasiado, hace mucho que no nos divertimos.
— Y no creo que eso pase nuevamente Matilde, no negaré que pase agradables momentos contigo, pero ahora estoy en una relación y no le faltaré a mi novia.
— Vamos, por favor Dragos, no sé qué planeas, pero sé que no irás en serio con esa… Esa gorda…
— Lamento interrumpir mi amor, dijo una Esmeralda enojada, ella pensaba hacer una escena como esa de las novelas, pero decidió ser más inteligente, recordando alguna vez ejemplos que dio su maestra de su carrera, se acercó a él le pasó la mano por dentro de la camisa de aquel pecho fuerte y velludo, para después subirla por el cuello llegando a su mandíbula, él la volteo a ver y fue ahí donde ella le plantó un beso de esos, moja bragas introduciendo su lengua jugando con la de él y explorando cada espacio olvidándose de que ahí estaba esa otra mujer tratando de sonsacar a su antiguo amante— recuerda que tenemos visitas más tarde y necesitamos apurarnos y bañarnos juntos o es que ya se te olvidó.
— Mi vida sabes que eso jamás se me olvida nunca— volteo a ver a Matilde— al parecer ya terminaron su trabajo verdad.
— Eso parece Dragos.
— Bueno, pues, como dice mi mujer, tenemos visitas y bueno.
— Ya me retiraba, espero vernos pronto en algún nuevo proyecto Dragos— se despidió de dos besos en la mejilla, ignorando completamente a Esmeralda.
— Matilde, espera— Esme corrió a su bolso y luego regreso con un billete de 200 pesos—, aquí tienes tu propina para que te compres un refresco tú y los demás chicos.
— Pero qué crees que haces estúpida.
— Dragos como el ceño fruncido y con una voz molesta contesto,- escúchame bien lo que te digo ahora Matilde, porque será la primera y última vez que te lo diga, no te vuelvas a dirigir de esa manera a mi mujer, le pides disculpas en este momento o te despides de tu trabajo.
— Pero… Pero Dragos…
— Solo escucharé tu disculpa, no más.
— Dragos, déjala, dijo Esmeralda, llegarán nuestras visitas y para mí ellos son más importantes de la diseñadora.
— Por favor mi amor, no permitiré que te traten de esta manera.
— Lo que cuenta es lo que estás haciendo, ahora guapo, señora, puede sientes retirarse de “mi casa”, hasta luego ya sabe dónde está la puerta.
Matilde salió de ahí humillada, pues, jamás en su vida la habían tratado de esa manera, como darle propina, pero no comentaría nada, pues, tenía un excelente trabajo y no lo perdería por esa gorda como le decía ella, mientras dentro de la casa Dragos le decía a Esmeralda que ella merecía una disculpa, pero ella le explico que sabía como se expresaban las mujeres como Matilde de mujeres como ella, y que no le molestaba que le dijera gorda sino más bien le molestó de sobremanera el cómo le coqueteo sin ningún ápice de vergüenza, y ella pelearía por lo que era suyo, Él por supuesto estaba más que feliz con una sonrisa de oreja a oreja por escucharla hablé así, se sentía orgulloso porque reacciono con más seguridad.
Una vez que se fueron todos, observaron su casa amueblada, se miraron los dos, se dieron un fuerte abrazo, él le hizo saber que ese era su nuevo hogar en donde comenzarían una nueva vida y que se sentía afortunado de tenerla, le dio un beso y después de eso subieron a bañarse y arreglarse para recibir él a su familia y ella a su jefa.