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CONTRATO CON EL ROCKSTAR: EL PRECIO DE ENAMORARSE

CONTRATO CON EL ROCKSTAR: EL PRECIO DE ENAMORARSE

Status: Terminada
Genre:Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Casarse por embarazo / Matrimonio arreglado / Mi novio es un famoso / CEO / Completas
Popularitas:75.6k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Yazz García

Sofía y Nathan siempre fueron mejores amigos… hasta que una noche de impulso lo cambió todo. Ahora, atrapados entre secretos, rumores y un contrato absurdo que los obliga a casarse, deberán enfrentar emociones que nunca imaginaron.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Revelaciones

...CAPÍTULO 21...

...----------------...

...SOFÍA RÍOS ...

Nathan estaba sentado a mi lado, inquieto, con la pierna rebotando sin parar. Intentaba disimular, pero lo conocía demasiado bien. Estaba nervioso. Yo, en cambio, me sentía extrañamente vacía. Como si todo aquello le estuviera pasando a otra persona.

—¿Estás bien? —preguntó por quinta vez en menos de diez minutos.

Asentí sin mirarlo.

Mentir se me había vuelto una habilidad sorprendente.

La obstetra salió con una sonrisa profesional y pronunció nuestros nombres. Nathan se levantó de inmediato, como si le hubieran dado cuerda. Yo tardé un poco más, pero finalmente entramos al consultorio. Sentía el cuerpo pesado. No por el embarazo, sino por todo lo que representaba.

—Buenos días, Sofía. Buenos días, Nathan —saludó—. ¿Listos?

No sabía si estaba lista para algo así, pero asentí igual.

Me pidieron que me recostara en la camilla. Me subí la blusa con movimientos mecánicos. Nathan se colocó a mi lado, atento, demasiado ilusionado para alguien que decía estar asustado.

—Hoy vamos a ver el sexo del bebé, ¿verdad?—dijo él, incapaz de contenerse.

La doctora sonrió.

—Si el bebé se deja ver, claro que sí.

Bebé.

La palabra me atravesó como algo ajeno.

No sentí emoción. Ni expectativa. Solo una presión incómoda en el pecho.

El gel frío tocó mi piel y cerré los ojos por reflejo. En la pantalla apareció esa imagen borrosa que todos decían que era milagrosa. Para mí, seguía siendo incomprensible. Un conjunto de sombras que habían cambiado mi vida antes de que yo pudiera siquiera decidirla.

—Ahí está —dijo la doctora—. El corazón late fuerte.

Nathan se inclinó hacia la pantalla como si pudiera meterse dentro.

—¿Lo escuchas? —susurró, con una sonrisa que dolía de ver.

Asentí otra vez.

Lo escuchaba. Y, aun así, no sentía nada bueno.

Mientras la doctora seguía explicando medidas, semanas y síntomas, mi mente se fue a otro lugar.

A la universidad a la que no entré.

Al departamento pequeño que había alquilado con tanto esfuerzo y que ahora parecía un recuerdo inútil.

A mi vida antes de que todo se volviera un caos, una farsa, una mentira pública.

—Bien —dijo la doctora de pronto—. ¿Quieren saberlo?

Nathan me miró, expectante. Yo me encogí de hombros.

—Como quieran.

Él sonrió con nerviosismo.

—Sí, queremos.

La doctora ajustó un poco más el transductor, observó la pantalla y luego sonrió.

—Es una niña.

Nathan soltó una risa ahogada. Una risa de esas que salen cuando el pecho ya no puede contener lo que siente.

—¿Escuchaste, Sofi? —me tomó la mano—. Es una niña.

Miré la pantalla otra vez.

Una niña.

No sentí ternura.

Sentí rabia.

Una culpa inmediata por sentirla, y luego más rabia por esa culpa.

—Felicidades —dijo la doctora—. Todo se ve muy bien. El embarazo va normal.

Normal.

Nada en mi vida se sentía normal.

Nathan no dejaba de sonreír. Preguntó fechas, cuidados, si ya se podía comprar cosas, cuándo sería la siguiente ecografía. Yo respondí solo cuando me preguntaban directamente, con monosílabos.

—Les daré las imágenes impresas y agendamos la próxima cita. Sofía, recuerda descansar y alimentarte bien. Y Nathan… —lo miró con intención—. Apóyala. Estos meses son intensos.

—Lo haré —respondió él sin dudar—Siempre.

Cuando salimos del consultorio, él me abrazó con cuidado, como si yo fuera de cristal.

—Oye… —dijo bajito—Gracias por esto, Sofi.

Lo miré.

Sus ojos brillaban. Estaba genuinamente feliz. Y eso, de alguna forma cruel, me hizo sentir peor.

—No tienes que actuar así conmigo —le dije—No pasa nada.

—¿Así cómo?

—Como si esto fuera… —busqué la palabra—. Lo mejor que nos pudo pasar.

Su sonrisa se tensó apenas.

—Pero si lo es, Sofía. Estoy feliz de compartir estas experiencias contigo.

—Se nota.

Nathan suspiró.

—Sofi… es mi hija. ¿Cómo no estaría feliz?

Ahí estaba.

La diferencia entre nosotros.

Asentí.

—Y también nuestro karma.

Él no respondió. No discutió. Solo me pasó un brazo por los hombros mientras caminábamos hacia el estacionamiento.

Mientras avanzábamos, pensé que quizá había algo mal en mí.

Porque se suponía que debía sentir amor.

O al menos ilusión.

Pero lo único que sentía era la certeza amarga de que mi vida, tal como la había imaginado, se había terminado antes de empezar.

Y que esa niña —mi hija— era el recordatorio constante de todo lo que no había elegido.

Después de la clínica, Nathan insistió en que fuéramos a ver a sus padres.

La casa de los Salles estaba en una zona tranquila, lejos del ruido del centro. Demasiado tranquila para mi cabeza.

Era amplia, luminosa, con un jardín delantero lleno de flores que parecían cuidadas con devoción. De esas casas que huelen a comida recién hecha incluso antes de cruzar la puerta.

—Ya llegamos —dijo Nathan, estacionando el auto frente a la casa.

No respondí.

Solo me quedé mirando mis manos sobre el regazo. Me sentía atrapada en un papel que no había elegido audicionar.

Nathan apagó el motor y me miró de reojo.

—Sofi —me llamó con suavidad—. ¿Estás bien?

No respondí de inmediato.

Me quedé mirando la fachada, preguntándome en qué punto exacto mi vida había dejado de sentirse como mía.

—Si te sientes mal, podemos irnos rápido —dijo con cuidado—No tienes que quedarte mucho.

Asentí, aunque no lo estaba.

No lo estaba desde hacía semanas.

No era que me sintiera mal físicamente.

Era peor: me sentía vacía.

Se bajó primero, rodeando el vehículo para abrirme la puerta gesto automático que llevaba haciendo desde que éramos adolescentes.

La puerta se abrió antes de que tocáramos el timbre.

—¡Sofía! —exclamó su madre, Amara, avanzando hacia mí con los brazos abiertos.

Siempre había sido así conmigo.

Desde que éramos niños y yo pasaba más tiempo en esta casa que en la mía.

Me abrazó con fuerza. Yo me quedé rígida unos segundos… hasta que, contra mi voluntad, me relajé un poco.

—Estás más delgada —dijo, separándose apenas para mirarme el rostro—. ¿Estás comiendo bien?

—Más o menos —respondí.

—Eso no sirve ahora —intervino el padre de Nathan, Elias, apareciendo detrás con una sonrisa tranquila—. Ahora hay que comer por dos.

Sentí el comentario como un peso en el pecho.

Nathan puso una mano en mi espalda, suave, como recordándome que estaba ahí.

—Pasen, pasen —dijo Amara—Los chicos ya están adentro.

Y ahí fue cuando los vi.

Lucas fue el primero en levantar la vista desde el sofá.

El gemelo de Nathan.

Idéntico por fuera… completamente distinto por dentro.

Nuestros ojos se cruzaron apenas un segundo.

Él desvió la mirada primero.

Bien.

—¡Miren quién llegó! —gritó Yasmín desde la cocina—. ¡La esposa famosa!

Rodé los ojos.

—No exageres —dije, sin ganas.

—No estoy exagerando—respondió, riéndose—. Sales en todos lados.

Roxanna y Dalia se acercaron a saludarme con abrazos torpes y preguntas encima de preguntas.

Aiden, el mayor, casi nunca se encontraba aquí. Ya que es solo hijo del padre de Nathan con su primera y difunta esposa. Era muy raro verlo desde que se independizó, hace algunos años.

—¿Cómo estás, Sofía? —preguntó Rox.

La pregunta más simple del mundo.

La más difícil de responder.

—Bien —mentí.

Nadie me creyó.

Pero nadie insistió.

Nos sentamos a la mesa poco después. La conversación fluía sola, como si mi vida no estuviera hecha un desastre, como si yo no me sintiera una impostora sentada ahí.

Hablaban del trabajo de Nathan, de su viaje esta noche a Los Ángeles, del álbum nuevo.

De la gira.

De todo lo de ASTRA.

—Nathan nos contó lo del bebé hace semanas —dijo Amara de pronto, sirviéndome más comida—Estoy tan emocionada de ser abuela.

Tragué saliva.

—Me alegra mucho, señora Salles.

No sabía qué más decir.

—Estamos felices —añadió Elias—Muy felices.

Yo no.

Lucas carraspeó desde el otro extremo de la mesa.

—Sí… todos estamos felices.

Lo miré. Él también me miró ahora, directo a los ojos.

Aparté la vista primero esta vez.

Después de comer, los chicos se dispersaron por la casa. Nathan fue al jardín con su padre. Las chicas se quedaron en la cocina.

Yo terminé en la sala… sola.

O eso creí.

—No tienes que actuar —dijo Lucas, desde atrás.

Me giré lentamente.

—¿Actuar qué?

—Que todo está bien —respondió—.No lo está, al menos para ti.

—No es asunto tuyo.

—Nunca lo fue —aceptó—Pero igual duele verlo.

Me crucé de brazos.

—No empieces.

—No voy a juzgarte —dijo—. Solo… no te reconozco.

Eso fue peor que cualquier reproche.

—Yo tampoco —admití, en voz baja.

Lucas suspiró y pasó una mano por su cabello.

—Nathan está intentando hacer lo correcto.

—Lo sé.

—¿Y tú?

No respondí.

Porque no sabía si estaba intentando algo… o simplemente dejándome arrastrar.

Nathan apareció en la puerta justo entonces.

—¿Todo bien?

—Sí —dijimos Lucas y yo al mismo tiempo.

Amara llamó desde la cocina que el postre estaba listo. Nathan me tomó la mano sin preguntarme y caminábamos de vuelta a la mesa.

...----------------...

La tarde se fue demasiado rápido.

En el aeropuerto, Nathan estaba distinto. Más callado. Más consciente.

—No me gusta dejarte sola —dijo mientras caminábamos hacia la zona de embarque—Lo sé —respondí—. Pero es tu trabajo.

La banda tenía que quedarse un mes en Los Ángeles para grabar la segunda parte del álbum.

La productora había decidido mover todo el proceso allá: estudio, productores, sesiones visuales, reuniones con plataformas internacionales. Querían relanzar la imagen de ASTRA… más fuerte y limpia.

—Es solo un mes —dijo—. Pasará rápido.

Me tomó el rostro entre sus manos.

—Prométeme que te cuidarás —añadió—. Y que irás a las citas.

—Lo prometo.

—Y que me avisarás si pasa algo.

—Nathan…

—Sofi —me interrumpió—Se trata de nuestra hija.

Asentí.

Antes de irse, apoyó su frente en la mía.

—Te amo —dijo, sin titubear.

Y ahí estaba el problema.

No supe qué responder.

Solo lo abracé.

Lo vi alejarse con su mochila al hombro, girarse una última vez para sonreírme…y entonces desapareció entre la gente.

Me quedé sola.

Con una alianza en el dedo.

Una niña creciendo dentro de mí.

Y un futuro que ya no reconocía.

1
Almu Dena
me parecióarsvillo y con grandes y profundas enseñanzas
Juana liliana Rosas
excelente
Ebida Marina Sanchez Lima
Es obvio Sofía. Mujita si no hubieses abierto las piernas. El no t lo fuera metido 🙄🙄🙄
Ebida Marina Sanchez Lima
🤔🤔🤔🤔 ESRA TIPA es una mongólica. Inmadura
Blanca Santini
me gusta mucho esta historia y la estoy disfrutando mucho de principio a fin, así como disfruté la primera parte un contenido que tiene de todo un poco y mucha reflexión... muchas gracias y bendecido día 🙏
Sandra Patricia Ramirez Linares
super me encanto
Maria Dejesus Fernández
a mi a veces me pareció muy injusta y egoísta Sofía con Nathan.mevencanto la lectura.felicidades escritora ☺️
Liliana Flores
Ps mucho amor, no creo, no lo hubiera engañado si en realidad lo amara
Liliana Flores
Eso de firmar contratos, viene de familia creo que Emma no le contó todo para que la historia no se repitiera /Speechless/
Carina Alanis
Gracias yess la ame de principio a fin 😭😭
DC
hola felicitaciones por esta historia ☺️ aunq me hubiese gustado q ellos qdaran juntos peroooo bueno la historia fue otra, de igual manera me gusto 💐💐💐
Candelaria Ortiz Reyes
gracias como dices fue sube y baja entonces sí dudo mucho la novela para que terminaras pero bueno al final ya tenemos el final gracias por ponerlo y mucha suerte para la próxima
GRACIELA CORONADO
si a mí también me gustaría la historia de Angela y Asher 👏👏👏
Elvia Morales
hermosa historia me atrapo demasiado seria bueno la historia de angela y asher felicitaciones escritora👏👏👏👏
Yanet Cristina Vilugron Salazar
Me gusto la historia, felicidades autora excelente novela 👏👏👏👏
meidi aguiar
excelente historia amiga llore me moleste pero al final siempre por los hijos tenemos que llevar una buena relación para que ellos estén bien y felices
Jaini Ball Nuñez
la verdad luego de la primera historia se esperaba algo.muy bueno de esta pero no tuvo nada de coherencia
Vanina Herrera
hermosa historia, me encantó ❤️
Vanina Herrera
excelente
Jiskah Basti
Me gustó mucho la historia me gustaría leer la historia de Ángela y Asher
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