Victoria Black fue víctima de una terrible traición por parte de su hermana y su esposo llevándola a una muerte con arrepentimientos, pero el universo le ha regalado una segunda oportunidad, esta vez con conocimiento del futuro le va a conocer el verdadero amor y los que la hicieron sufrir se las van a pagar con intereses.
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El hombre que fingió olvidarme
Capítulo 3
El hombre que fingió olvidarme
Encontré a Adrián en la biblioteca. Sabía que estaría allí. En nuestra primera vida, siempre estudiaba en la mesa del fondo cuando estaba molesto conmigo. Era su refugio cuando necesitaba silencio y, después de todo lo que había ocurrido entre nosotros, supuse que seguiría siendo el lugar donde pudiera esconderse del resto del mundo.
Me senté frente a él.
Adrián levantó la mirada.
—¿Otra vez tú?
—Sí.
—¿Acaso no sabes rendirte?
—No cuando se trata de ti.
Respondí con una sonrisa y sus dedos se detuvieron sobre el libro.
—Victoria...
—Necesito decirte algo.
—Ya te escuché.
—No. —Respiré profundamente—. Esta vez necesito que me escuches de verdad.
Adrián cerró el libro con lentitud.
—Habla.
Lo miré.
—Nunca debí creer lo que me dijo Lucía.
Sus ojos cambiaron.
—¿Qué te dijo?
—Que hablabas mal de mí. Que me despreciabas. Que solo te acercabas a mí por interés.
Su expresión se endureció.
—¿Y ahora le crees?
—No.
Durante unos segundos, ninguno dijo nada.
El silencio de la biblioteca parecía demasiado grande.
—Entonces, ¿por qué cambiaste de opinión?
No podía decirle la verdad. No podía decirle que había visto nuestra muerte. No podía contarle que había despertado cinco años antes con todos los recuerdos de una vida que todavía no había ocurrido.
Así que busqué otro recuerdo.
—¿Recuerdas una conversación que tuvimos cuando teníamos doce años?
Adrián quedó inmóvil.
—¿Qué conversación?
—Me dijiste que, si alguna vez necesitaba ayuda, podía llamarte tres veces.
Sus ojos se abrieron ligeramente, con una expresión de asombro.
—Nadie recuerda eso.
—Yo sí.
Él bajó la mirada.
—Lo olvidaste durante años.
—Lo sé.
—Entonces, ¿qué cambió?
Lo miré.
—Yo. Yo cambié.
Adrián guardó silencio. Después apartó el libro y apoyó los antebrazos sobre la mesa, observándome cuidadosamente, como si buscara algo que aún no sabía qué era.
—No sé qué fue lo que te ocurrió.
—Me gustaría explicártelo, pero es muy difícil.
—¿Por qué?
—Porque probablemente pensarías que estoy loca.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Era la primera que me dedicaba desde que había regresado.
—Inténtalo —me respondió.
—¿Intentar qué?
—Explicármelo.
Negué con la cabeza.
—Todavía no.
Y entonces esa sonrisa desapareció.
—Si es así, no puedo confiar en ti.
Esa frase dolió porque tenía razón. Yo quería que él confiara en mí mientras escondía la verdad más importante de mi vida.
—No te estoy pidiendo que confíes ciegamente.
—¿Entonces qué quieres?
—Una oportunidad.
Adrián me observó durante varios segundos.
—¿Para qué?
—Para demostrarte que esta vez no voy a alejarte.
Su expresión cambió.
—¿Esta vez?
Me quedé en silencio. Había hablado demasiado. Él se inclinó ligeramente hacia mí y habló en voz baja para que nadie alrededor pudiera escucharlo.
—Victoria, hablas como si ya hubieras vivido todo esto.
Mi corazón se detuvo.
—Es solo una sensación.
—¿Sabes? No parece una sensación.
No supe qué responder. Él sostuvo mi mirada, esperando. Por un instante, pensé que iba a descubrirlo todo.
Entonces su teléfono vibró.
Adrián miró la pantalla y su rostro se volvió serio.
—Tengo que irme.
—¿Quién era?
—Nadie.
Guardó el teléfono demasiado rápido y me levanté.
—¿Es por mí?
—No.
—Entonces mírame y dímelo.
Adrián me miró a los ojos.
—No todo lo que hago tiene que ver contigo, Victoria.
La respuesta debería haberme molestado, pero no lo hizo. Vi algo detrás de su dureza.
Era miedo, y no por él, sino por mí.
—Estás ocultándome algo.
—Sí.
—¿Qué es?
—Todavía no puedo decírtelo.
Antes de marcharse, se detuvo.
—Y, Victoria...
—¿Sí?
—No vuelvas a confiar en Lucía solo porque es tu hermana.
Lo miré, sorprendida.
—¿Por qué dices eso?
—Porque yo también aprendí algunas cosas.
—¿Qué cosas?
Adrián negó con la cabeza.
—Cuando tenga pruebas, te las contaré.
Y se marchó.
Me quedé mirando la puerta por donde se había ido y comprendí que quizá Adrián sabía mucho más de lo que había imaginado.
Durante unos segundos permanecí sentada en la biblioteca, intentando ordenar todo lo que acababa de ocurrir.
Adrián desconfiaba de Lucía.
Adrián estaba investigando algo.
Demasiadas piezas para ignorarlas.
Me obligué a respirar antes de levantarme.
No podía correr detrás de Adrián cada vez que aparecía una nueva pregunta. En mi primera vida había cometido precisamente ese error: había permitido que mis emociones decidieran por mí y, después, había dejado que Lucía me manipulara como quería.
Esta vez sería diferente.
Si Adrián tenía un secreto, descubriría cuál era, pero lo haría sin entregarle a nadie el control de mis decisiones.
Saqué mi teléfono y vi una notificación nueva.
Número desconocido.
Abrí el mensaje.
"No confíes en nadie".
Un segundo mensaje apareció
inmediatamente después.
"Ni siquiera en el hombre que acaba de salir de la biblioteca".
El pulso se me aceleró. Levanté la mirada y recorrí toda la biblioteca.
Alguien estaba observándonos.
No sabía si aquella persona quería salvarme... o asegurarse de que volviera a morir.