Después de una noche entera terminando el arreglo de un traje de exhibición, Julia se fue a la cama por la madrugada. Su cabeza apenas había tocado la almohada cuando su alarma sonó, y se dió cuenta de que no estaba en su habitación, ¡y alguien se había llevado el traje que tanto se había esforzado en reparar!
Un momento... ¿Quién, en nombre de su santo internet, era esa persona en el espejo?
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2.
Julia no le prestó atención a la mujer. La incomodidad en las sienes fue suficiente para entender enseguida lo que pasó.
A falta de la memoria completa de la Julia de este mundo, solía tener algún que otro déjà vu o destello de información básica que le venía a su cerebro cuando se encontraba alguien que la original ya conocía.
El nombre de la señora frente suyo no era relevante, lo más importante era que ella fue su vecina en algún momento. Esto desorientó un poco a Julia, después de todo, la familia Dolce no se veía como una familia que había vivido en la pobreza, y esta mujer no se veía capaz de vivir en un barrio privado.
Julia se sacudió un poco, apartándose del alcance de la otra. La mujer no tomó esto muy bien y quiso agarrarla del brazo. —¿No habías presumido mucho de que ahora eras hija de una familia rica? ¿Tanto te disgusta que ésta vieja te hable?
Sin dejar espacio para que siguiera hablando, el celular que tenía en la mano sonó, lo que le dio un momento para escapar cuando respondió sin importar que la otra persona estuviera enfrente. Tras un breve intercambio de saludos, la otra persona que estaba al teléfono le preguntó su situación.
—Lo siento. Me perdí y creo que terminé en otro lado, ¿sería posible que me pudiera mandar la ubicación de nuevo? —A cambio, le pidieron que ella mandara su ubicación en tiempo real y que esperara en el lugar.
Cuando se despidió, se dio vuelta de nuevo. El aire caliente sopló y le hizo secarse el sudor del cuello con la mano. Esta vez, se disculpó con la vecina que había guardado silencio durante la llamada. —Lo lamento tía, creo que me dio un golpe de calor y se me nubló la vista. No la reconocí, lo siento.
Según lo poco que sabía de la vecina, no era mala, solo un poco brusca para hablar.
—Saliendo con este calor, toda vestida de negro, obviamente te va a dar un golpe de calor. Ven, vamos a sentarnos con los muchachos.
Siguiendo a la mujer con confianza, Julia llegó hasta debajo de su toldo, mirando la mercancía que ofrecían, y aceptó el vaso de agua que le sirvieron. Varios pares de ojos curiosos se volvieron hacia ella cuando se bajó la mascarilla. Mientras bebía, recogió una de las botellas decoradas de la mesita y la apartó. Cuando terminó de beber, la mujer le quitó el vaso y le agarró el rostro desde el mentón
—Mira eso, hasta te volviste más blanca. —Examinó su cara, moviéndolo en distintos ángulos. —Los ricos sí que saben cómo cuidarse, eh. Parece que era ayer cuando venías a casa para jugar con los muchachos, pareciendo un monito negro que se trepaba a los árboles con ellos.
Julia no recordaba nada de esto, aun así palmeaba las manos de la señora con afecto y consuelo. Ella volvió a hablar, colocando un mechón medio húmedo detrás de la oreja: —A tu abuela le hubiera gustado verte así, más rellenita y hermosa.
Anotó la información mentalmente. A lo lejos se escuchaban los autos que se estacionaban por las calles que no estaban cortadas. Su celular sonó un momento, así que soltó con cuidado la mano de la mujer y respondió.
—Señorita, el auto no puede entrar, va a tener que salir usted misma. Estamos en la entrada sur.
—Está bien, gracias, enseguida los alcanzo. —Después de eso, cortó la llamada y se separó de la mujer. —Tengo que irme, tía. Volveré en otro momento, cuando tenga un poco de tiempo, ¿está bien?
Al mismo tiempo, rebuscó en sus bolsillos y sacó el cambio de la mascarilla. —¿Puedo comprarte esta botella? Me gustó mucho.
La mujer enseguida le arrebató la botella y salió con ella hacia una de las tiendas detrás del toldo, mientras uno de los muchachos le cobraba y le daba el cambio; le trajo la botella de plástico bien lavada y le cargó un poco de agua fresca. —Acuérdate de tomar agua, que no te dé otro golpe de calor.
Julia lo tomó agradecida y salió camino a la salida sur, como lo indicaba la aplicación de navegación. Enseguida encontró el coche que la esperaba, con un hombre haciéndole señas, debajo de la sombra de un árbol enorme. La verdad es que nunca fue buena para identificar marcas de coches, pero de seguro era más caro que todos los que estaban aparcados en la cuadra. Tenía ese aire sutil a lujo discreto, aunque estaba cubierto por una capa de tierra suelta por el ambiente seco y caluroso.
El hombre en traje se acercó a la puerta del auto y la abrió, haciéndole una seña para que se metiera dentro. Ella le dio las gracias y saludó educadamente a la gente ya dentro.
Había dos hombres adentro: el chófer tras el volante y un hombre bastante guapo en los asientos traseros, separado de ella por un espacio vacío.
Este tipo debería dejar de fruncir el ceño, le saldrán arrugas.
El otro hombre que le abrió la puerta, el asistente, supuso, se subió al coche y el chófer encendió el auto.
Comenzó a conducir desde las calles concurridas hacia las avenidas rodeadas de semáforos y carteles más elegantes. Era bastante obvio que habían salido de las zonas residenciales y entraban a las áreas urbanizadas. Julia supuso que era su propia culpa haberse perdido, después de todo, solo hacía falta mirar a lo lejos para ver los edificios enormes de la ciudad y, en cambio, había caminado hacia el lado opuesto.
Jugueteó con su celular mientras habría la página web de un foro de preguntas. Escribió una nueva publicación, la clasificó y la envió. Había mucha gente en línea en ese foro, independiente de la hora, alguien contestaría a su pregunta.
Había creado una cuenta después de escanear el celular de la Julia original y ver que estaba casi vacío. Necesitaba algo con lo que entretenerse mientras racionaliza la situación en la que estaba, y esto era lo más cercano que tenía disponible. No conocía nada sobre los medios de entretenimiento de este mundo, así que no podía unirse a discusiones de fandoms; apenas había revisado su billetera, no tenía nada de sobra para salir a comprar cosas bonitas.