cuando toda una manada está en un guerra con razas su única esperanza es alguien quien menos esperan..
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Mia
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Llegando a la Manada Prado Verde, Alex ya tenía el informe en mano mientras Agustín le contaba cuántos enfermos había.
– Curaré primero el agua; debemos encontrar la zona más afectada. Curé el bosque de la Manada Espalda Plateada y sus ríos… Pero cada territorio es distinto.–
Decía Alex caminando junto a ellos hacia la oficina.
– ¡Cariñito!–
Un grito estridente los hizo alzar la mirada. Ángel suspiró al ver a Cecilia y su padre, quien tenía la cara nublada al ver a Alex.
– Concejal Claudio, ¿teníamos alguna reunión? Porque ahora estoy ocupado.–
Ángel estaba serio ante ellos; su voz gruesa y fría los puso nerviosos.
– Vine porque los medios no dejan de preguntar si tomarás a mi hija… ¿Lo harás? Ahora más que nunca, ella está siendo observada por todos.–
– Lamento informarles que eso ya no se realizará.– La expresión de ambos fue digna de un poema. –La manada enfrenta muchos problemas y no dispongo de tiempo.–
– Pero cariño… La gente hablará y sabes que yo seré la afectada.–
Agarró su brazo. Alex apretó los dientes mientras se recostaba en la pared, mirando a otro lado: no podía enojarse ahora. Nayla gruñó suavemente en su mente: “Tranquila”.
– Deberías haberlo pensado.– Le quitó el agarre bruscamente. –¿Crees que no supe que ustedes fueron responsables de la foto?– Gruñó con fuerza.
Cecilia y Claudio bajaron la cabeza, sintiendo su presión sobre sus hombros.
«Ese anillo…» Pensó Cecilia al ver de reojo la mano de Alex. –¿Por qué ella lleva el anillo de tu madre?…– Balbuceó furiosa: conocía ese anillo y lo deseaba más que nada.
Alex puso su mano detrás de su espalda. Agustín se colocó frente a ella. –No creo que funcione el plan.– Susurró.
– Sí, necesito tu ayuda.– Alex ocultó su anillo y tomó el brazo de Agustín con una sonrisa. –Este anillo…–
Dijo mostrando las manos de ambos, que lucían iguales –había creado uno con una liana. La cara de Agustín reflejaba nerviosismo; sentía la mirada de Ángel sobre su cuerpo.
– ¿El alfa… es tu pareja?–
Preguntó Cecilia. Alex asintió y le dio un pellizco a Agustín, quien también asintió, tragando con esfuerzo. Cecilia sonrió.
– Ahora tengo asuntos que atender; hablaremos después.– Dijo cortante Ángel.
Claudio asintió a regañadientes. Cecilia le lanzó una mirada coqueta a Ángel y miró con prepotencia a Alex y Agustín, quien la soltó al instante al sentir la mirada penetrante de Ángel.
– Rey, discúlpeme… Ella me agarró sin previo aviso.– Estaba más que asustado.
Alex movió su mano mientras soplaba un polvo ligero sobre las espaldas de Cecilia, quien caminaba junto a su padre. El polvo los envolvió completamente.
– ¿Qué fue eso?– Preguntó Ángel.
– Ahora no volverán. Cuando duerma, creerá que estuvo contigo todo el día y, cuando quiera acercarse a ti, no podrá.– Sonrió.
– ¡Qué poder tan formidable!– Dice Agustín.
– Además, sabremos dónde se encuentran: los marqué para hacerlo más fácil. Tengo oídos en todo el bosque y mis hermosos animalitos lo ven todo.– Sonrió.
Ángel sonrió ladino: tenía una gran reina, inteligente y astuta. Se prepararon para dirigirse a la zona donde fluía el cauce de agua más grande.
– ¿Quieres venir?–
Alex se desvestía frente a él; Agustín estaba en el auto, a distancia, haciendo guardia y listo para avisar si algo pasaba. Ángel se mordió el labio al mirar su cuerpo desnudo: la estaba provocando y le encantaba.
– Claro que sí.–
No dudó en quitarse la ropa ante ella, quien lo observó detenidamente mientras se mordía el labio inferior. Tomó su mano y la llevó consigo; entraron despacio: el ruido de la cascada era ensordecedor.
– ¿Listo?–
Ángel asintió. Alex movió sus manos y unas gotas de agua empezaron a elevarse suavemente, danzando alrededor de ellos. Ángel tomó su cintura; el agua recorría su cuerpo junto a ella mientras ella bailaba –era algo mágico para sus ojos.
– Hermoso…–
Miró a Alex, quien cerraba los ojos mientras sentía la lluvia de la cascada caer sobre ellos y el agua brillaba, devolviendo todo a su estado natural.
– Tenías razón: tenía un toque de la plaga, pero no tan fuerte.– Lo envolvió con sus brazos alrededor del cuello.
– Alex…– Jadeó al sentir sus besos en su piel. –¿Estás segura?–
La miró: ya no podía contener su excitación, sentía su entrada presionando su masculinidad. Estaba preocupado por lastimarla; sabía que los elfos eran delicados y su cuerpo era tan pequeño que temía hacerle daño.
– Claro que sí… No me lastimarás.–
Acarició su mejilla mientras jadeaba cerca de su boca, sintiendo su fuerte deseo. Ángel la besó, haciendo que ella se colocara sobre sus caderas. El beso fue intenso y apasionado; el agua caía mientras sus jadeos se perdían en sus labios.
Ángel la recostó sobre el borde de la orilla, entre los árboles –un lugar donde nadie los vería. Besó su cuerpo, lamió sus senos hasta llegar a su punto más sensible. Alex jadeó agitada, moviendo sus caderas con anhelo.
– No puedo aguantar más, cariño.–
Alex lo tumbó en el pasto; estaba más que excitada junto a él. Se colocó sobre su masculinidad, entrando despacio mientras Ángel lamía sus senos para aminorar cualquier dolor.
Al introducirse completamente, Ángel la hizo girar hasta quedar encima de ella. Empezó a moverse suavemente, gruñendo de placer al sentir su interior apretado y cálido; su temperatura era frenética para todo su cuerpo. Alex besaba su cuello con deleite, dejando pequeños mordiscos mientras él aumentaba la cadencia de sus estocadas, agarrando sus caderas para acercarla más a sí mismo. Su espalda se arqueaba, jadeando con más fuerza.
– Ángel…– Gimió.
– Estás demasiado deliciosa, cachorra.– Gruñó. –Eres toda mía.–
La besó con más fuerza mientras sus movimientos se aceleraban hasta alcanzar el clímax. Alex estaba eufórica y le mostró su cuello; él no dudó en sacar sus dientes y marcarla. Alex hizo lo mismo, lanzando un jadeo entre la mordida.
Terminaron agitados mientras sus besos continuaban y sonreían el uno al otro.
– Quisiera seguir, pero tenemos mucho por hacer.– Besó su cuello.
– Continuaremos más tarde.–
Alex sonrió y besó su manzana de Adán, haciendo que él jadeara.
– Me vas a volver loco, cachorra.– Sonrió.
Se vistieron juntos y avisaron a Agustín que iban en camino. Alex tuvo que curarse un poco del malestar; Ángel no dudó en comprar comida y algo para aliviarla: estarían muy ocupados ese día y empezó a preocuparse al ver que había más personas afectadas de lo esperado.
– ¿Segura que puedes? Iré por tu primo: es demasiado trabajo para ti.–
Alex rio al verlo preocupado, pero asintió: sentía su cuerpo cansado después de su arranque de pasión y no le vendría mal ayuda extra. Max llegó acompañado de Cesar, quienes la ayudaron mucho y permitieron terminar rápidamente.
– Tenía razón, Rey: eran demasiadas personas; no hubiera terminado sola.–
– Sí, sabía que no descansaría sin curar a todos.– La llevaba en brazos, dormida.
– Nos veremos mañana.– Se disponía a irse con Max cuando se detuvo. –No olvide venir a celebrar su cumpleaños.– Subieron al auto.
– Su cumpleaños…– Sonrió Ángel mientras la miraba dormir. La llevó a su habitación y ordenó varias cosas para ella. –Mañana serás mi hermosa Reina.– Balbuceó mientras se acomodaba a su lado en la cama, abrazando su cuerpo contra el suyo y oliendo su suave perfume mezclado con vainilla.
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