Diane; una mujer que vive la vida despreocupadamente, donde le importa poco el qué dirán o lo que piensen de ella. Se enfrentará a muchas circunstancias desafortunadas, que le harán cuestionar su suerte. Luego de un accidente en el que estuvo a punto de perder la vida, ocurren ciertos acontecimientos donde extrañamente un desconocido y un misterioso hombre aparecen en su vida para cambiarla por completo.
Una historia donde nada es lo que parece; y existen secretos que pueden darle un giro inesperado a la vida de Diane.
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Epílogo
Dicen que “Dios obra por senderos misteriosos”. Antes no lo creía, hasta que tuve el privilegio de volver a reencontrarme con él.
Han sido años maravillosos, donde el amor, el apoyo incondicional, la comprensión y la paciencia, han sido los ingredientes que primordialmente han mantenido este amor vivo cada día.
La vida nos ha premiado grandemente, a pesar de todo lo que hemos pasado. Convivimos como novios por dos años, luego decidimos dar el primer paso de casarnos y como último, hacer una familia.
Por el tiempo que estuvimos conviviendo como novios, estuvo lleno de muchas pruebas y fue un camino difícil de recorrer, pero no hay barrera que el amor verdadero no pueda sobrepasar.
Fui recuperando poco a poco la memoria y, cuando más mal me sentía, Ezequiel siempre estuvo ahí para mí. A pesar de ser recuerdos vagos, la mayoría de ellos estaban llenos de lágrimas, amarguras, tristezas y decepciones, así que opté por hacer borrón y cuenta nueva.
Mi esposo se sometió a varias terapias y logró recuperar su voz; aunque fue un proceso muy difícil y largo, siempre estuve ahí apoyándolo para que no perdiera la fe y la fuerza de continuar asistiendo a cada una de ellas. Al año de recibir las terapias, estaba hablando mucho mejor, se podía entender claramente lo que decía, aunque hablaba pausado.
Ezequiel es un esposo y padre ejemplar; nuestra hija Kiara es adoración con su papá. Actualmente tiene seis años y ha sido la bendición más grande que Dios nos pudo haber enviado.
Mis padres no me buscaron nunca más, ya que me enteré a los dos meses que mi hermana había fallecido. Ya no tenían nada que buscar en mí, porque nunca les importé y porque claramente no iba a sacrificarme por ella, ni por nadie. Podrá sonar muy egoísta, pero mi vida también tiene valor. Nadie vale más, nadie vale menos, porque todos somos fundamentalmente iguales. No hubiera querido que mi hermana muriera porque no soy persona de desearle el mal al prójimo, pero luego de lo que me hicieron, no hay forma de que en mi corazón aún no guarde ese resentimiento hacia mis padres.
De Edgard lo último que supe y, fue por comentarios de mi jefa es que, se apareció días después del entierro al trabajo para culparme de la muerte de mi hermana. Por suerte, no estuve presente cuando sucedió; luego de eso, hasta ahora no me he cruzado con él y creo que ha sido lo mejor.
*A pesar de creer que lo perdí todo, resultó no ser verdad; tenía un tesoro muy valioso delante de mí todo el tiempo y ahora que lo tengo conmigo, voy a apreciarlo, cuidarlo y amarlo por lo que me resta de vida.
El amor fue más fuerte que el olvido; mucho más fuerte que las mentiras, el tiempo, la distancia o el silencio. Porque, aunque mi mente lo había olvidado, en mi corazón su nombre seguía grabado.*