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El Eco De Un Encuentro (Segunda Parte De "Bertha")

El Eco De Un Encuentro (Segunda Parte De "Bertha")

Status: En proceso
Genre:Malentendidos
Popularitas:441
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Esther

La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.

NovelToon tiene autorización de Maria Esther para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡Mi familia!, gritaba Marco, casi enloquecido por el dolor

Sara notó algo raro entre los gemelos. ¿Y ahora, qué mosca les picó?, preguntó de pronto sin miramientos.

¿Por qué preguntas?, no nos pasa nada, ¿verdad, Santos?

No, solo que me corriste de "nuestra casa", dijo Santos con ironía.

¿Es verdad eso, Alex?, dijo Sara, incrédula.

Alex no contestó, se limitó a observarla en silencio y luego se dirigió a su lugar de trabajo.

Vamos, dejen la plática para otra ocasión, los clientes ya están llegando.

Ese día hubo bufete, y los comensales, pasaron en fila tomando todo lo que se iban a comer.

Gisela, estaba ojo avisor por si veía a Zoé, no iba a permitir que se le metiera a su marido por los ojos.

Afortunadamente, ella no se presentó, Gisela estaba enojada con su esposo por no pararle bola a la susodicha.

Él se justificaba diciendo que ella entraba sin tocar a la puerta, y que le era imposible correrla. Todo era por educación. "La mujer no me interesa en lo más mínimo", había dicho Marco.

Aun así, ella seguía molesta.

De pronto, como a las doce del mediodía, una mujer entró muy despampanante, provocando chiflidos en los hombres (que eran la mayoría), ella iba ataviada con chiqui short y un top muy escotado, era... Zoé.

Uno de los meseros la llevó a una mesa apartada de las demás.

Gisela sintió arder su corazón, esa mujer le daba mala espina. Le pidió a José que no le quitara el ojo de encima. No le tenía confianza.

Te encargo que me digas todo lo que haga, no la pierdas de vista...

Sí, señora, dijo José con educación. Enseguida se fue a llevarle el platillo a Zoé. Ahí se quedó parado sin hacer ruido.

Puedes irte, le dijo Zoé a José.

José obedeció, pero se quedó cerca para poder vigilarla.

Cuando Zoé creyó que nadie la veía, dejó un billete en la mesa y se escabulló entre la gente, ante la mirada fija de José.

Él la siguió en silencio, Zoé entró como de costumbre sin avisar, al despacho de Marco, quien estaba ocupado revisando unos papelea.

¿Puedo pasar?

Ya estás adentro, dijo Marco sin emoción alguna.

Vamos, no estés enojado, yo puedo darte momentos de placer inigualable.

No estoy enojado, pero quiero que te vayas y no vuelvas más, ni aquí ni en el restaurante, no eres bienvenida.

¿De qué estás hecho?, ¿acaso eres gay?, dijo Zoé, indignada.

Lo que pasa es que mi esposo me es fiel, y tú no eres más que una arrastrada, mi esposo no quiere nada contigo, ¿acaso no entiendes el español?, dijo Gisela entrando al despacho.

Tú no eres mejor que yo, mírate, eres muy sosa, no tienes atractivo alguno.

Claro, y tú tienes de más, por eso llegas aquí toda desnuda, a ver si se te pega algo, lástima que a los hombres solo les gustes por un rato, en cambio, yo, soy la esposa de Marco.

Zoé no soportó escuchar a Gisela y se le fue encima, pero Gisela no estaba manca y se defendió como una leona.

Marco actuó rápido y logró separarlas.

¡Basta!, Zoé, será mejor que te vayas y no vuelvas más. Si vuelves a poner un pie en este lugar la policía será la que te dé la bienvenida.

¡Poco hombre, maricón, joto!

Zoé fue sacada del restaurante por los guardias de seguridad.

Pero Zoé no se iba a quedar tranquila, ya estaba maquinando algo en su mente.

Dos días después del incidente...

Amor, me quedaré un rato más, voy a checar el menú de mañana con los muchachos y Cristina.

Está bien, amor, te espero en la alcoba.

Eran las seis de la tarde, el local ya estaba vacío, solo quedaban en él Santos, Alex, Cristina, Sara y Gisela.

Todos fueron al despacho de Marco, Gisela empezó a hablar. ¿Qué desean que hagamos mañana de menú?

Tú eres la jefa, dijo Sara.

Sí, pero como equipo que somos, todos debemos aportar nuestro granito de arena.

Gisela tiene razón, dijo Cristina; así que aceptamos todas las sugerencias.

Así estaban preparando todo para el día siguiente, nadie se dio cuenta de que una sombra caminaba por toda la casa, con sumo cuidado de no hacer ruido cerró con llave el despacho.

Roció con gasolina por toda la casa y después, sin el menor remordimiento, prendió un cerillo y lo aventó al líquido que se esparcía por toda la casa.

Sin voltear, salió de la casa.

En el despacho, los cinco personajes seguían en lo suyo.

Las llamas se elevaron como impulsadas por el viento.

El calor se empezó a sentir, fue cuando Gisela notó que el humo se estaba filtrando por debajo de la puerta.

¡Dios mío!, se está quemando la casa. La voz de alerta de Gisela, puso en shock a todos los reunidos.

Trataron de abrir la puerta, pero estaba cerrada por fuera con el seguro.

Gisela sacó su cel y le llamó a Marco.

Desgraciadamente, Marco se había quedado dormido sentado en la silla del escritorio de su cuarto.

Santos llamó a los bomberos, mientras que Alex buscaba por donde salir de ahí.

Había una ventana, pero esta estaba sellada, Marco, a raíz de su vida pasada era muy desconfiado.

El humo entraba a raudales por la puerta, el encierro y el humo empezó a hacer mella en ellos.

La primera en caer fue Sara, no podía respirar. Alex trató de ayudarla, pero él también sentía que le faltaba el aire. Santos se quitó la playera y se la puso a Alex en la cara, pero ya era tarde, él se desmayó junto a Sara.

Uno de los vecinos dio la voz de alarma, y entre todos trataron de apagar el fuego en lo que llegaban los bomberos.

Marco despertó al oír el ruido que hacían los vecinos.

Salió de la casa de al lado.

¿Qué sucede?, dijo, pero se paró en seco al ver su restaurante completamente, preso del fuego.

¡Dios mío!, mis hijos, mi esposa, mi cuñada. Están adentro.

Trató de entrar, pero los vecinos lo detuvieron, el fuego estaba destruyendo todo su patrimonio. Pero le dolía más su familia.

Los bomberos llegaron y de volada empezaron su faena de apagar el fuego.

A Marco lo que más le importaba era su familia, que estaban en el despacho.

¡A un lado!, gritaban los bomberos a los curiosos que se arremolinaban para ver el suceso.

¡Mi familia!, gritaba Marco, casi enloquecido por el dolor.

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