Sebastián, un huérfano de 16 años rechazado por su heterocromía, solo encontraba consuelo en las novelas BL… especialmente en el villano, a quien siempre admiró.
Tras morir de hambre en un orfanato, despierta en un mundo imposible:
ha reencarnado como el hijo del villano.
Ahora llamado Sirio, con recuerdos intactos y una mente adulta atrapada en un cuerpo de bebé, decide cambiar el destino después del final de la historia.
Su objetivo es claro: hacer feliz a su papá villano.
¿El candidato perfecto para ser su mamá?
El asistente omega serio, elegante y demasiado ignorado por el destino original.
Entre escenas tiernas, momentos ridículamente graciosos y un bebé que claramente sabe demasiado, comienza una comedia BL de reencarnación donde el más pequeño… es quien manda.
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Capítulo 18 — El rumor que se creyó antes de ser verdad
El problema de los rumores no es que nazcan.
Es que no piden permiso para crecer.
A veces empiezan como una frase incompleta en el mercado, una mirada que se alarga más de lo normal, un silencio interpretado a conveniencia. Y otras veces, como ahora, nacen de la simple necesidad humana de explicar lo que no encaja con la imagen que ya tenías de alguien.
El villano no estaba solo.
El castillo ya no era tan frío.
El asistente omega permanecía demasiado cerca.
Eso era suficiente para que la gente inventara un hilo invisible que uniera los puntos.
Noctis fue el primero en sentir el peso del rumor en el cuerpo.
No fue un comentario directo. Fue la forma en que dos doncellas se quedaron en silencio al verlo pasar. Fue el saludo de un guardia que sonó más amable de lo habitual. Fue el modo en que el mayordomo, tan correcto como siempre, carraspeó antes de mencionar “ciertas habladurías” que no merecían atención.
Noctis no era ingenuo.
Sabía reconocer el murmullo social cuando empezaba a inclinarse hacia lo personal.
—Esto es incómodo —murmuró al mayordomo, ajustando la carpeta de informes contra el pecho.
—Los rumores se apagan cuando no se les da oxígeno —respondió el mayordomo—. O cuando se los enfrenta con normalidad.
Noctis no estaba seguro de qué opción prefería.
Sirio, en brazos de la niñera, observaba el ir y venir con una atención que nadie interpretaba como estratégica.
☁️ Rumor romántico: activado sin intervención directa.
☁️ Probabilidad de crecimiento: alta.
☁️ Riesgo para mamá: incomodidad social.
☁️ Riesgo para papá: cero (aún no entiende).
El rumor encontró su escenario perfecto en la cena con nobles aliados.
La mesa era larga, las copas brillaban, las conversaciones fluían con esa cortesía tensa que caracteriza a los encuentros donde nadie quiere ser el primero en decir algo incómodo. Lucien presidía la mesa con su habitual sobriedad. Noctis se mantenía a un lado, atento a la logística del servicio. La niñera sostenía a Sirio cerca, envuelto en mantas.
Un noble de voz melosa decidió ser el primero en “decirlo sin decirlo”.
—Mi lord —comentó, girando la copa entre los dedos—. Es agradable ver que… ha encontrado compañía en su propia casa.
La frase cayó como una gota de tinta en agua clara.
Noctis se tensó. La niñera bajó la mirada. Un par de nobles intercambiaron sonrisas cómplices. Lucien levantó la vista con calma peligrosa.
—No entiendo a qué se refiere —respondió.
—Oh, nada indebido —se apresuró el noble—. Solo… es evidente que confía mucho en su asistente. Es bueno no estar solo.
Lucien sostuvo la mirada del hombre durante unos segundos que se hicieron largos.
Sirio, detectando el pico de tensión emocional, decidió intervenir con su movimiento favorito: elección visible.
Estiró los deditos hacia la manga de Lucien. Luego, con un pequeño sonido de protesta que no era llanto, giró la cabeza y se acomodó contra el pecho de Noctis, como si el mundo fuera demasiado grande de pronto.
No fue un gesto calculado para los adultos.
Fue una escena.
El noble sonrió, interpretando lo que quería interpretar.
—El heredero también parece tener preferencias —comentó, con un tono que rozaba la broma.
Noctis abrió la boca para aclarar algo que ni él sabía cómo formular. Lucien se adelantó.
—Mi hijo elige dónde se siente seguro —dijo, con una voz firme que no admitía réplica—. Eso no es un espectáculo para su entretenimiento.
El noble carraspeó, incómodo. El ambiente se relajó apenas. Noctis miró a Lucien con una mezcla de sorpresa y alivio. No había defensa romántica; había defensa de dignidad.
Sirio, desde su refugio estratégico, pensó:
☁️ Papá defendiendo sin negar el rumor: equilibrio perfecto.
La cena continuó, pero el murmullo ya no era el mismo. Algunos nobles parecían avergonzados. Otros, más curiosos que antes. El rumor, lejos de extinguirse, cambió de tono: dejó de ser picante y se volvió… humano.
El villano tenía un hijo.
El asistente lo cuidaba con dedicación.
El castillo ya no era solo un bastión de decisiones duras.
Eso bastaba para que la gente quisiera creer en una historia más cálida.
Noctis lo sintió al retirarse temprano de la mesa para llevar al heredero a su habitación. Los pasillos parecían más silenciosos. No por ausencia de gente, sino por respeto nuevo.
—No tenías que decir eso —murmuró Noctis, una vez a solas en el ala del heredero.
Lucien se detuvo en la puerta.
—Tenía que hacerlo —respondió—. No porque importe lo que digan… sino porque no voy a permitir que te conviertan en un comentario.
Noctis bajó la mirada.
—Gracias.
Sirio cerró un ojo, satisfecho.
☁️ Rumor plantado.
☁️ Defensa pública: confirmada.
☁️ Próxima fase: situaciones “accidentales” que obliguen a proximidad sin declaraciones.
Esa noche, el rumor siguió creciendo… pero de una forma inesperada.
En la cocina se hablaba de cómo el señor del castillo había defendido al asistente. En los corredores, de cómo el heredero parecía más tranquilo cuando Noctis lo sostenía. En el patio, de cómo el castillo ya no parecía tan frío.
No eran historias maliciosas.
Eran intentos torpes de entender un cambio.
Noctis se quedó más tiempo del habitual en la habitación del heredero. No por obligación, sino por inercia. La costumbre se estaba formando sin pedir permiso.
Lucien pasó por la puerta, se detuvo, observó la escena: Noctis meciendo al bebé con cuidado, el bebé tranquilo, la habitación en calma.
—Noctis —dijo.
El omega alzó la vista.
—Mi lord.
—No tienes que cargar con lo que la gente imagina —añadió Lucien—. Yo me encargo de eso.
Noctis asintió. El alivio no era completo, pero era real.
Sirio, con los ojos medio cerrados, pensó:
☁️ Rumor plantado.
☁️ Defensa pública: confirmada.
☁️ Próxima fase: situaciones “accidentales” que obliguen a proximidad sin declaraciones.
La noche cayó sobre el castillo con una calma distinta.
Noctis se retiró al fin. Lucien se quedó un momento más junto a la cuna.
—No sé en qué me estoy metiendo —murmuró.
Sirio respiró tranquilo.
☁️ No necesitas saberlo todo ahora, papá.
Lucien exhaló.
Tal vez no todo tenga que ser una decisión estratégica, pensó.
A veces, basta con no apartarse.