Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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Todos fueron a la arena para escuchar los resultados. Adrián salió con paso firme frente a la multitud.
–Felicitaciones a los jóvenes que lograron pasar a la semifinal. Los afortunados son: el alfa Lorenzo y sus dos Gamas; las dos Gamas de Sangre y Sombras; y la alfa Ema de Colmillo y Sombras.
Ema sonrió junto a los demás. Había pensado que quedarían más competidores, pero muchos fueron descalificados y otros se retiraron voluntariamente.
–La pelea entre el alfa Lucas de la manada Sangre y Sombras y Paolo de Colmillo y Sombras se realizará mañana a primera hora, ya que ambos abandonaron la prueba de hoy. Felicitaciones a todos y disfruten del día.
Después de la ceremonia, se dirigieron al gran salón para comer con los miembros de todas las manadas. Justo cuando Ema iba a empezar su comida, Patrick se acercó:
–Alfa Ema, el Rey solicita su presencia —anunció.
–¿No puede ser?… ¿Es urgente? —le señaló su plato lleno.
–Me temo que sí.
Ema rodó los ojos y lo siguió resignada, mientras Lucas la burlaba desde la mesa, disfrutando de su carne.
...
Llegó a las oficinas acompañada de Patrick y entró con mala gana. Adrián sintió su aroma: aún no se había bañado, y ese olor natural era más que estimulante para él; tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantener la compostura.
–Me llamó… Rey —dijo Ema.
–Sí… Lamento la hora; seguro estabas a punto de comer —le indicó un asiento.
–Así es… —frunció el ceño de mal humor.
–Seré breve. Encontramos a quien irrumpió en su habitación —informó.
–¿Quién fue? —frunció el ceño.
–La misma que le causó esas heridas, me temo —la miró detenidamente. Su figura estaba muy bien proporcionada y resultaba placentera de admirar.
–¡Samanta… bruja! —murmuró entre dientes. Cuando sintió un cosquilleo en su cuerpo, levantó una ceja:— ¿Le gusta lo que ve?
–Disculpe… Solo quería informarle que recibirá un castigo formal, quedará descalificada de los juegos y se notificará a su padre —se acomodó el cabello, tratando de distraerse.
«No soy la única que se distrae»
–Bien, entonces me retiro —Ema se levantó de golpe. Adrián se adelantó para abrirle la puerta, pero ella se sobresaltó y reaccionó con una llave de lucha.
Adrián quedó sorprendido por su agilidad; quedaron frente a frente, atrapados en ese agarre.
–Disculpe… Pensé que…
Adrián sintió su aroma y gruñó bajo: Aron la anhelaba con locura. Le dio un beso que la dejó jadeando; el vínculo estaba llegando a su punto máximo.
Ema se sintió embriagada y correspondió el beso, que se tornó apasionado y voraz.
–¡Hijo! ¿Estás ahí? —El golpe en la puerta de su madre los hizo volver en sí.
Adrián la soltó con cuidado; Ema estaba completamente agitada.
«¡Carajo… Me dejé llevar!»
–Alfa… —Adrián también estaba alterado por lo sucedido.
«Entonces quiere decir que… nos acepta»
«Sí, Ema»
–Fue un error, disculpe… —dijo Adrián.
«Error… dijo error. ¡Lo sabía!»
«No, no puede ser… Ema, no»
Ema apretó los dientes:
–Sí… Y uno muy grande —dijo saliendo del lugar furiosa. Saludó cortésmente a la madre del Rey, pero se retiró rápidamente sin mirar atrás.
«Te lo advertí, Bell. Todos son iguales»
«¡Idiota! Lo arruinaste todo» —gruñó Aron en su mente.
...
Ema salió del baño completamente agotada. Mañana sería su día libre: solo se realizaría la pelea entre Lucas y Paolo. Quería dejar salir a Bell, quien había estado enojada, y le vendría bien despejarse.
Camino hasta la salida del recinto; los chicos aún no bajaban de sus habitaciones, así que aprovechó para estar sola un rato. Todavía no caía la tarde.
Se adentró en el bosque y dejó que Bell tomara el control. La loba estiró las patas y corrió a toda velocidad, cazó un pequeño animal y se lo comió entero. Luego llegaron a una laguna de agua cristalina y se metieron en ella.
«Ema… Discúlpame por haberme enojado contigo»
«También te pido perdón, Bell. Fui muy grosera contigo y no pensé en tus sentimientos»
«Y mandona»
«Y mandona… Te necesito, Bell. De verdad que lo siento»
«Deja de llorar; entiendo tu enojo. Ganaremos esta competencia y, bueno, después veremos qué hacemos con el Rey»
«Gracias, Bell. Tenemos que irnos; ya se está oscureciendo»
Bell le devolvió el control a Ema, quien aprovechó para bañarse en el agua fresca. El lugar era hermoso, el clima cálido y el bosque reinaba una paz profunda.
Se quedó unos minutos más, sacó su ropa de la bolsa que había llevado y sintió que la observaban desde la sombra. Sabía muy bien quién era.
«Su lobo quiere conocerme; pide acercarse»
«Bien… Con él no tengo problema»
Ema se dio vuelta y vio aparecer a un gran lobo blanco: sus patas eran enormes, su pelaje tan blanco como una nube y sus ojos amarillos como el sol.
–¿Quién diría que pareces un algodón de azúcar? —dijo Ema frente a él.
«Sí, soy hermoso, igual que tú…» —dijo el lobo con su voz gruesa.
Ema lo acarició:
–¿Tu portador duerme? O ¿está con nosotros? —preguntó sentándose en la orilla, con los pies en el agua.
«¿Acaso me extrañas, alfa?»
–En tus sueños, Rey… —balbuceó. Todavía estaba furiosa por lo sucedido, y él actuaba como si nada hubiera pasado.
«¿Puedo ver a tu loba?» —preguntó Aron, lamiéndole la mano.— «Y disculpa al idiota de mi portador»
Ema asintió:
–Tranquilo. La próxima le daré en las bolas —murmuró en su oído.
Se retiró un poco hacia la oscuridad y dejó que Bell saliera. La loba movía la cola emocionada y se acercó lentamente a Aron, quien la olfateó cuidadosamente hasta su cuello.
«Los dejaré solos… Bell, controlate»
Aron la invitó a correr juntos. Mientras jugaban, Bell saltaba feliz sobre él. Ema sentía su alegría y solo sonrió: debía dejarla disfrutar.
Llegó la noche y ambos regresaron a la laguna. Aron la lamió la cabeza en señal de despedida y Bell gruñó suavemente en su cuello.
«Mi hermosa Bell… Nos veremos pronto»
Ambos devolvieron el control a sus portadores, quienes se cambiaron en lugares separados. Ema se disponía a marcharse cuando Adrián la tomó de la mano.
–Ema… Sobre lo de hoy… —balbuceó. Ema apartó su mano; no quería escucharlo.
Adrián la volvió a agarrar: no podía dejar las cosas así.
–¿Hasta cuándo me evitará? —acarició su mano.
–Me quedan cuatro días más —golpeó su mano suavemente. Adrián sonrió ladino.
–¿Ah, qué le teme? —se acercó con cuidado.— Ese rechazo que se impone no es real… ¿O me equivoco?
Ema sintió su respiración sobre su piel; le gustaba esa sensación: era poderosa y exquisita. Sus ojos penetrantes eran como una droga que solo quería que la consumiera para siempre.
–No sé de qué habla, Rey… —dijo con voz suave; su respiración ya estaba agitada.
Adrián percibió su excitación, apretó los dientes para controlarse, pero su dulce aroma lo volvía loco: todo en ella lo hacía reaccionar.
–Usted sabe que no puede resistirse a mí… Solo se obliga a creerlo —acarició su mejilla. Ema soltó un quejido al sentir su toque suave que le provocaba cosquilleos en el rostro.
–Lo dice como si usted no hiciera lo mismo… —tomó su mano y se acercó tanto que podía ver la diminuta cicatriz en su labio.— Usted pide mucho, Rey, pero no muestra nada a cambio. Yo no me lleno con palabras dulces.
Adrián soltó su agarre despacio:
–Entonces, ¿con qué se llena, alfa, si se puede saber?
–Con hechos. Verdaderos. Alguien que no se retracta de lo que hace y dice… Algo que parece complicarle mucho, pero no tarda en culpar a los demás. Así que si piensa que con decirme palabras bonitas o amenazarme con muerte por mi rechazo… Bueno —lo empujó suavemente con el dedo—. Prefiero mil veces aceptarlo a estar con un idiota cobarde que no sabe lo que quiere —se dio vuelta, dejándolo desconcertado y sin palabras que decir.
«Eres un gran idiota. No pienso ayudarte esta vez» —gruñó Aron dentro de él.
–¿Ahora son muy amigos?
«Sí, y si nos rechaza, olvídate de mí, Adrián. No pienso perder a una mujer tan increíble como ella; estarás solo»
Adrián gruñó. Sabía que había cometido un error enorme y que Ema tenía razón: era un cobarde. Tenía miedo de entregarse a ella. Había vivido cuatrocientos años, y todas las mujeres que se le acercaban habían sido traidoras o interesadas. Pero Ema despertó en él algo desconocido: admiración, por todo lo que ella era.
Regresó furioso a su habitación, cerró los ojos intentando dormir, pero solo lograba ver la imagen de su beso en su mente.
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