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Hasta El Fin Del Mundo

Hasta El Fin Del Mundo

Status: En proceso
Genre:Fantasía LGBT / Apocalipsis / Amor-odio
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

El cielo estaba despejado aquella mañana, y las calles de la ciudad permanecían tranquilas. Nadie imaginaba que, antes de que terminara el día, el mundo que conocían dejaría de existir.

nas cuando anos riendo. Varios testigos aseguran
amó a su padre, pero la llamada terminó enviándolo ntesta, ón cambió.

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Salvando a un Bebe

El vehículo avanzaba por la carretera mientras Darian observaba la ciudad a través de la ventana. Los edificios estaban dañados, algunos automóviles permanecían abandonados en medio de las calles y varias tiendas tenían los cristales rotos.

No se escuchaban voces ni conversaciones. Solamente el motor del vehículo y el viento que entraba por una pequeña abertura.

—No me gusta este silencio —murmuró Iván, mirando las calles—. La última vez había criaturas por todas partes.

—Mantén los ojos abiertos —respondió Marco desde el asiento del copiloto—. No sabemos qué podemos encontrar.

Darian ajustó su arma y asintió.

Después de varios minutos, llegaron a una farmacia. Marco estacionó frente a la entrada y los tres descendieron del vehículo.

—Buscaremos antibióticos, vendas, analgésicos y cualquier medicamento que todavía sirva —explicó Darian—. Revisen las fechas de caducidad y no pierdan de vista la entrada.

Los soldados entraron con cuidado. Había cajas tiradas por el suelo y algunos estantes estaban completamente vacíos.

Iván comenzó a revisar los cajones detrás del mostrador, mientras Marco buscaba medicamentos en los estantes menos dañados.

—Encontré vendas y algunos analgésicos —avisó Iván.

—Aquí hay antibióticos que todavía están sellados —añadió Darian, guardándolos en su mochila.

Pasaron cerca de veinte minutos reuniendo todo lo que podía ser útil. Después revisaron otra farmacia y consiguieron más suministros.

Cuando terminaron, regresaron al vehículo.

—Hay un edificio de apartamentos a dos calles de aquí —dijo Marco mientras señalaba el mapa—. Podríamos encontrar sobrevivientes. También necesitamos saber si queda alguien en esta zona.

Darian observó el edificio a través del parabrisas.

—Vamos. Pero entraremos con cuidado.

Los tres estacionaron cerca del edificio y bajaron con sus armas preparadas.

La entrada estaba parcialmente destruida. Había manchas oscuras en las paredes y varios objetos personales abandonados en el suelo.

Darian hizo una señal para que los otros dos guardaran silencio.

Entraron lentamente, revisando los pasillos y las puertas abiertas. En algunos apartamentos encontraron muebles volcados, pero no había nadie. En otros solamente quedaban rastros de que sus habitantes habían escapado apresuradamente.

Al llegar al segundo piso, escucharon un sonido débil.

Era como un sollozo.

Los tres se detuvieron.

—¿Lo escucharon? —susurró Iván.

Darian asintió y señaló una puerta entreabierta al final del pasillo.

Se acercaron sin hacer ruido. Marco se colocó a un lado de la entrada mientras Darian empujaba la puerta con cuidado.

—¿Hay alguien aquí? Somos soldados. Venimos a ayudar —anunció Darian en voz baja.

Al principio no hubo respuesta.

Entonces escucharon una voz temblorosa.

—Aquí… por favor…

Los tres entraron.

En una esquina del apartamento encontraron a una mujer sentada en el suelo. Tenía el rostro pálido, la ropa sucia y los ojos hinchados de tanto llorar. Entre sus brazos sostenía a un bebé que dormía tranquilamente, envuelto en una manta.

Cuando vio los uniformes militares, la mujer comenzó a llorar todavía más.

—¡Por favor, ayuden a mi bebé! —suplicó, extendiendo los brazos—. Llévenselo de aquí… se los ruego. No dejen que le pase nada.

Iván se acercó despacio, intentando tranquilizarla.

—Señora, cálmese. Vamos a ayudarla. ¿Está herida?

La mujer bajó la mirada.

Darian observó su hombro y sintió que el estómago se le encogía.

Tenía una mordida profunda en el hombro y varios rasguños que le recorrían el brazo. Las heridas parecían recientes.

Darian conocía demasiado bien aquellas marcas.

—No… —murmuró, retrocediendo ligeramente.

Iván también las vio. Su expresión cambió, pero cuando el bebé se movió entre los brazos de la mujer, volvió a mirarlo con preocupación.

—¿Cómo se llama? —preguntó suavemente.

—Mateo… —respondió ella entre lágrimas—. Mi pequeño se llama Mateo.

La mujer acarició la cabecita del bebé y le dio un beso en la frente.

—Todavía no ha despertado. No sabe lo que está pasando… Por favor, llévenselo. No tengo a nadie más.

Iván se arrodilló frente a ella y extendió los brazos.

—Démelo. Lo cuidaré.

La mujer dudó unos segundos, apretando al pequeño contra su pecho, como si entregarlo fuera lo más difícil que había hecho en su vida.

Finalmente, colocó al bebé entre los brazos de Iván con muchísimo cuidado.

—Por favor… prométame que no dejará que le pase nada.

Iván acomodó la manta alrededor de Mateo.

—Se lo prometo. Haremos todo lo posible por mantenerlo a salvo.

El bebé continuó dormido, ajeno a lo que sucedía a su alrededor.

Sin embargo, cuando Iván se levantó, escuchó el sonido metálico de un arma.

Se giró rápidamente.

Marco apuntaba directamente a la mujer.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Darian, alarmado.

—Lo que tenemos que hacer —respondió Marco con frialdad.

—¡Baja el arma!

Marco no se movió.

—Está infectada, Darian. Mira su hombro. No va a sobrevivir.

—¡Todavía está consciente! ¡No sabemos cuánto tiempo le queda!

—¿Y qué quieres que hagamos? ¿Esperar a que se convierta en una de esas cosas y ataque a alguien?

La mujer comenzó a temblar al comprender lo que estaban diciendo.

—Por favor… —susurró—. No quiero hacerle daño a nadie. Solamente quiero que mi hijo esté a salvo.

Darian se interpuso entre Marco y la mujer.

—Podemos llevarla con nosotros. Quizá en el refugio puedan hacer algo.

Marco soltó una risa amarga.

—Sabes perfectamente que no hay cura. Ya vimos lo que les ocurre a los infectados.

—¡Eso no significa que tengas derecho a decidir que debe morir!

—¡Estoy intentando proteger a los demás!

Las voces comenzaron a elevarse, y el bebé se removió entre los brazos de Iván, soltando un pequeño quejido.

—¡Basta los dos! —susurró Iván—. Van a despertar al niño.

Marco apretó la mandíbula y bajó el arma apenas unos centímetros.

Después miró a Darian.

—Nos vamos. Ahora.

—Yo no voy a dejarla aquí.

—Darian, no tenemos tiempo para esto.

—¡Entonces vete tú! ¡Yo me quedaré con ella!

Marco lo miró con incredulidad. Luego se acercó y lo agarró firmemente del brazo.

—Escúchame bien. Si nos quedamos, podríamos terminar igual que ella. No voy a perder a otro compañero por una decisión estúpida.

Darian intentó soltarse.

—¡Suéltame! ¡No puedes hacer esto!

—¡Y tú no puedes salvar a todo el mundo!

Marco tiró de él hacia la puerta. Darian se resistió, volviendo la cabeza hacia la mujer, que permanecía sentada en el suelo con lágrimas recorriendo sus mejillas.

—¡Por favor, Marco! ¡No la mates!

Pero Marco no se detuvo.

Iván salió detrás de ellos, sosteniendo al bebé contra su pecho y protegiéndole la cabeza con una mano. Su rostro estaba pálido y sus ojos evitaban mirar hacia el apartamento.

Darian seguía forcejeando.

—¡Déjame regresar! ¡No podemos abandonarla así!

Marco lo empujó hacia el pasillo y cerró la puerta detrás de ellos.

Durante unos segundos, ninguno habló.

Darian miró la puerta cerrada, respirando agitadamente, mientras intentaba soltarse del agarre de su compañero.

Entonces, desde el interior del apartamento, se escuchó un disparo.

¡BANG!

El sonido retumbó por todo el edificio.

Darian se quedó completamente inmóvil.

Sus ojos se abrieron y el rostro perdió el color.

—No… —susurró.

Iván abrazó al bebé con más fuerza, mientras Mateo comenzaba a llorar, despertado por el estruendo.

Marco soltó lentamente el brazo de Darian.

Nadie dijo una palabra.

Darian miró la puerta una última vez, incapaz de aceptar lo que acababa de ocurrir. Después bajó la cabeza y apretó los puños.

—Ella solamente quería salvar a su hijo… —murmuró con la voz quebrada.

Marco no respondió.

Iván intentó calmar al pequeño, meciéndolo suavemente entre sus brazos.

—Tenemos que irnos —dijo finalmente—. El disparo pudo atraer a las criaturas.

Darian permaneció quieto unos segundos más, hasta que escuchó un ruido lejano que provenía de las escaleras.

Algo estaba subiendo.

Marco levantó su arma.

—¡Muévanse! ¡Ahora!

Los tres comenzaron a correr hacia la salida. Iván llevaba al bebé protegido contra su pecho, mientras Darian avanzaba detrás de ellos, todavía con la imagen de aquella mujer en la cabeza.

Habían salido de la base buscando medicamentos y sobrevivientes.

Ahora regresaban con un bebé huérfano y una decisión que Darian jamás podría perdonar.

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Sumirá
😭👏
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