Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.
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18_El Cazador en la Gala
La imponente fachada de cristal y acero del Centro de Convenciones Internacional brillaba bajo la noche de la ciudad, un faro de opulencia y poder. Limusinas se alineaban en la entrada, desfilando figuras impecablemente vestidas que representaban la élite de la política, las finanzas y el entretenimiento. Este era el mundo de Karma Akabane, un universo de brillo y estrategia, muy diferente al aula tranquila de Nagisa Shiota.
Nagisa ajustó nerviosamente la corbata de seda que Karma había insistido en que usara. El traje oscuro, un regalo sorpresa de Karma (quien había "adivinado" perfectamente sus medidas), le quedaba como un guante, pero aún se sentía extraño con él. Era un mundo de apariencias, un escenario para los grandes jugadores, y Nagisa no estaba seguro de cuál era su papel. Karma, a su lado, vestía un traje a medida de un tono carbón profundo, que acentuaba su figura esbelta y poderosa. Irradiaba una confianza innata, una calma peligrosa que siempre había poseído, pero que ahora parecía aún más pronunciada.
—¿Nervioso, mi pequeño cazador? —murmuró Karma, inclinándose para depositar un suave beso en la sien de Nagisa, una caricia apenas perceptible para los ojos curiosos de los transeúntes.
Nagisa se encogió de hombros, la piel aún hormigueando por el contacto.
—Un poco. Nunca he estado en un lugar como este. Y... no sé cómo se supone que debo actuar.
Karma sonrió, sus ojos dorados brillando con diversión y afecto.
—Solo sé tú mismo. Y si alguien te molesta, mírame. Me encargaré de ellos. Siempre.
La última palabra fue dicha con una seriedad que cortó la ligereza del momento, un recordatorio tácito de su nuevo entendimiento. Karma entrelazó sus dedos con los de Nagisa, una declaración pública silenciosa pero firme.
Al entrar al vasto salón principal, el ruido y el esplendor los golpearon de lleno. El suave murmullo de cientos de conversaciones, el tintineo de copas de champán, el aroma a flores exóticas y perfumes caros. Las luces brillantes reflejaban en los cientos de ojos que, Nagisa notó, no tardaron en posarse sobre ellos. O más bien, sobre Karma.
Karma Akabane era una figura prominente, y su llegada nunca pasaba desapercibida. Pero la presencia de Nagisa a su lado, la forma en que sus manos estaban entrelazadas, fue un shock visible para muchos. Las cabezas giraron, los cuchicheos se alzaron, y algunas miradas se detuvieron en Nagisa con una curiosidad que oscilaba entre la sorpresa y el juicio.
—Mira, ahí está Karma —escuchó Nagisa que alguien susurraba—. Y parece que ha traído a... ¿su nueva adquisición?
Nagisa sintió una punzada de incomodidad, pero el apretón firme de Karma en su mano fue un ancla.
De repente, una figura familiar se abrió paso entre la multitud, sus ojos verdes brillantes de alegría al verlos.
—¡Karma! ¡Nagisa! ¡Aquí están! —Era Kayano, deslumbrante en un vestido de noche color esmeralda, que realzaba su figura. Se acercó con una sonrisa radiante, abrazando a Karma con familiaridad y luego a Nagisa con una calidez genuina—. Me alegra que hayan podido venir.
Kayano dirigió una mirada a sus manos entrelazadas, y una chispa de comprensión y aprobación danzó en sus ojos.
—Así que, finalmente, el pequeño Karma se ha dignado a presentar a su... cazador oficial —dijo Kayano con una sonrisa astuta, un guiño para Nagisa.
Karma bufó, divertido, mientras Nagisa sentía cómo el rubor subía a sus mejillas.
—Kayano, por favor. No asustes a mi... invitado —replicó Karma, aunque la mano de Nagisa permanecía firmemente apretada en la suya.
—Oh, ¿"invitado"? —Kayano se rio entre dientes—. Después de la escena matutina, yo diría que es mucho más que un invitado. De todos modos, me alegra verlos juntos. Tenía una corazonada.
Kayano, con su intuición afilada, parecía haber captado la esencia de su relación incluso antes que ellos.
Mientras conversaban, un hombre de mediana edad, con un traje impecable y una sonrisa que no llegaba a sus ojos, se acercó. Su aura de poder y frialdad era casi palpable.
—Karma Akabane —dijo el hombre, su voz suave como la seda, pero con un matiz de acero—. Me complace verte. Y veo que has traído... ¿compañía?
La mirada del hombre se detuvo en Nagisa, escudriñándolo con una intensidad que hizo que Nagisa se sintiera desnudo. Era una mirada que evaluaba, que buscaba debilidades.
Karma endureció su postura, su cuerpo se tensó ligeramente. Este no era un simple conocido.
—Señor Tanaka —respondió Karma, su voz perdiendo toda su ligereza y volviéndose fría y calculada—. Permítame presentarle a Nagisa Shiota.
La forma en que Karma dijo su nombre, el énfasis en "Nagisa Shiota", lo presentó no como un simple acompañante, sino como una entidad por derecho propio, alguien importante para Karma.
El Señor Tanaka asintió con una cortesía mecánica, pero su sonrisa se tensó aún más.
—Un placer, joven Shiota. Aunque debo confesar que no estoy familiarizado con su... trabajo.
La implicación era clara: Nagisa no pertenecía a este mundo. Era una debilidad, una distracción. Nagisa sintió el filo de la condescendencia, pero en lugar de encogerse, una chispa fría se encendió en sus ojos azules. La amabilidad del maestro había desaparecido, reemplazada por la calculada frialdad del asesino.
Karma, notando la transformación sutil en Nagisa, casi imperceptible para un ojo no entrenado, sonrió internamente. Estaba a punto de intervenir, de soltar una de sus pullas venenosas, pero la ligera presión de Nagisa en su mano, un mensaje silencioso, lo detuvo.
Kayano intervino con su gracia característica, intentando suavizar el ambiente.
—El profesor Shiota es un maestro excepcional, Señor Tanaka. Y una influencia vital en ciertos... proyectos de Karma.
Tanaka desestimó el comentario de Kayano con un gesto casi imperceptible, sus ojos fijos en Karma.
—Espero que esta nueva... distracción, Karma, no afecte tu juicio en los negocios. El mercado no perdona errores. Y tus competidores son implacables.
El mensaje era una advertencia velada. Una amenaza sutil dirigida a Karma, utilizando a Nagisa como punto de presión. La sonrisa de Tanaka se amplió, revelando una dentadura perfecta, pero sus ojos permanecieron fríos como el hielo.
Fue entonces cuando Nagisa actuó. Separó su mano de la de Karma, un movimiento deliberado y fluido. Se adelantó un paso, colocándose ligeramente al frente de Karma, interponiéndose entre él y Tanaka. Su postura era relajada, casi indolente, pero sus ojos azules se clavaron en los de Tanaka con una intensidad helada que hizo que incluso el experimentado hombre de negocios sintiera un escalofrío.
—Señor Tanaka —la voz de Nagisa era suave, pero cada palabra cayó con el peso de una piedra, desprovista de cualquier calidez. Era la voz de un depredador que evalúa a su presa—. No soy una "distracción". Soy el ancla. Y le aseguro que la capacidad de juicio de Karma, lejos de verse mermada, se ha agudizado considerablemente. Hay cosas que solo un buen... observador puede ver. Y hay peligros que solo un buen cazador puede anticipar y neutralizar.
La sonrisa de Nagisa era pequeña, casi inexistente, pero letal. Había un brillo en sus ojos que reflejaba la inteligencia, la astucia y una profunda capacidad para la violencia controlada. No era un comentario, era una declaración de guerra velada, una promesa.
Karma, a la espalda de Nagisa, no pudo evitar que una sonrisa genuina se extendiera por su rostro. Su pequeño depredador.
Tanaka, por primera vez, parecía genuinamente desconcertado. La frialdad en la mirada de Nagisa, la sutil pero inconfundible amenaza en sus palabras, no era algo que encontrara a menudo en estos eventos. Había juzgado mal.
—Mis disculpas, joven Shiota —dijo Tanaka, su sonrisa ahora era más forzada, sus ojos revelando un nuevo respeto, teñido de precaución—. Evidentemente, subestimé su... papel.
El Señor Tanaka asintió, su mirada fija en Nagisa por un momento más, evaluándolo con una curiosidad completamente nueva. Finalmente, con un "disfruten de la velada" que esta vez sonó más a "lo tendré en cuenta", se retiró, no sin antes dirigir una última mirada de sorpresa a Karma.
Kayano silbó suavemente.
—Vaya, Nagisa. No has perdido el toque. O deberíamos decir, nunca lo perdiste.
Nagisa se giró, su expresión volviendo a ser un poco más suave, aunque aún con esa capa de acero.
—Nadie lo hace, Kayano. Solo algunos lo usan con más frecuencia que otros.
Karma se acercó a Nagisa, volviendo a tomar su mano.
—Definitivamente no eres una "distracción", mi pequeño cazador. Eres una fuerza a tener en cuenta. Y te aseguro que la perspectiva de tenerte a mi lado solo me hace más... peligroso.
Nagisa sonrió, una sonrisa genuina esta vez, sintiendo el calor de la mano de Karma. La gala aún era joven, y ya habían dejado clara su posición. Este mundo podría ser de Karma, pero Nagisa no era un mero accesorio. Era su igual. Y juntos, eran una fuerza imparable.
La noche transcurrió entre el bullicio y la intriga. Karma, con Nagisa a su lado, navegó las corrientes de poder con una habilidad magistral. Nagisa observó, aprendió y, cuando fue necesario, lanzó miradas y comentarios sutiles que demostraban que no era ajeno a las complejidades del entorno.
Varios hombres y mujeres de negocios se acercaron a felicitar a Karma, lanzando miradas curiosas a Nagisa, quien respondía con una cortesía fría y una presencia que desmentía su aparente fragilidad. La presencia de Kayano, que no se separó de ellos por mucho tiempo, también sirvió como un amortiguador, presentando a Nagisa con orgullo y dejando claro que el "acompañante" de Karma no era un simple capricho.
Cuando Karma subió al estrado para dar su discurso, Nagisa lo observó con una mezcla de orgullo y fascinación. La forma en que comandaba la atención de la sala, la inteligencia incisiva de sus palabras, la confianza que irradiaba... Era el Karma que siempre había conocido, pero magnificado, operando en un escenario mucho más grande. Sentía una punzada de emoción al saber que ese hombre, con todo su poder y ambición, lo había elegido a él.
Al finalizar el discurso, entre aplausos y felicitaciones, Kayano se acercó a ellos, con una sonrisa cansada pero satisfecha.
—Karma, Nagisa —dijo, frotándose los brazos—, la noche ha sido larga. Y dudo mucho que su apartamento, Karma, esté en condiciones de recibir visitas improvisadas a estas horas. Y Nagisa, sé que no vives tan lejos, pero ya es muy tarde.
Karma la miró con una ceja alzada, sabiendo exactamente a dónde iba.
—¿Estás insinuando algo, Kayano? —preguntó Karma, aunque su tono era juguetón.
—Solo digo que mi casa es grande, la cama de invitados es cómoda y no acepto un no por respuesta —Kayano puso sus manos en sus caderas, con una expresión de determinación. Luego le guiñó un ojo a Nagisa—. Además, quiero los detalles de ese "cazador" tuyo. Mañana por la mañana, con café.
Nagisa se rio, sintiendo la ligereza y la calidez de la propuesta de Kayano. Era una invitación a su mundo, una señal de aceptación genuina. Miró a Karma, quien asintió con una sonrisa.
—Supongo que no podemos negarnos a la hospitalidad de nuestra madrina —dijo Karma, con una leve inclinación de cabeza.
Y así, la noche que había comenzado con nervios y una confrontación tensa, terminó con la promesa de una conversación amistosa y la comodidad de un hogar compartido, por insistencia de Kayano. Nagisa sintió que, a pesar de los desafíos, su lugar junto a Karma, y en este nuevo mundo, comenzaba a consolidarse.