Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 18: Una visita inesperada
El silencio en el vestíbulo de la mansión Vega era tan intenso que parecía que el aire se había detenido.
Las últimas palabras de Ricardo Salazar seguían resonando en la mente de todos.
“La persona que inició todo esto todavía vive en esta casa.”
Camila sentía que el corazón le latía con fuerza.
Miró a Adrián.
Su expresión era dura.
Fría.
Pero en sus ojos había algo más.
Duda.
—Eso es una mentira —dijo finalmente Adrián.
Salazar lo observó con calma.
—¿Estás seguro?
Sebastián dio un paso adelante.
—Estás intentando dividirnos.
Salazar soltó una pequeña risa.
—No necesito hacerlo.
Lucas cruzó los brazos.
—Entonces dime algo.
Salazar lo miró.
—¿Qué?
—Si alguien de la familia Vega inició el fraude…
Lucas inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué no lo dijiste hace años?
El silencio cayó sobre el vestíbulo.
Salazar caminó lentamente unos pasos.
—Porque en ese momento nadie estaba listo para escuchar la verdad.
Camila frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
Salazar se detuvo frente a ella.
—Tu madre pensaba lo mismo.
El corazón de Camila dio un salto.
—No hables de ella.
Salazar habló con voz tranquila.
—Era una mujer muy inteligente.
Camila apretó los labios.
—Entonces dime algo.
Salazar levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
—Si mi madre sabía la verdad…
Camila lo miró fijamente.
—¿Por qué murió la madre de Adrián y no la mía?
El silencio volvió a caer.
Sebastián observó a Salazar con atención.
—Esa es una buena pregunta.
Salazar suspiró.
—Porque la persona que estaba detrás del fraude cometió un error.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Qué error?
Salazar respondió lentamente.
—Pensó que solo una persona había descubierto la verdad.
Adrián frunció el ceño.
—Mi madre.
Salazar inclinó ligeramente la cabeza.
—Exacto.
Camila respiró profundo.
—Entonces el accidente no fue un accidente.
Salazar respondió con calma.
—No.
El silencio se volvió más pesado.
Camila sintió que su mente intentaba procesar todo.
—Entonces alguien intentó silenciarla.
Sebastián habló con voz baja.
—Pero no sabían que la madre de Camila también estaba involucrada.
Salazar sonrió ligeramente.
—Exactamente.
Lucas apoyó una mano en la baranda de la escalera.
—Entonces tu gran revelación es que uno de nosotros es el villano.
Salazar negó lentamente.
—No.
Lucas levantó una ceja.
—¿No?
Salazar habló con calma.
—La persona que inició todo esto no es uno de ustedes.
Camila frunció el ceño.
—Entonces ¿quién?
Salazar respondió con una mirada hacia el interior de la casa.
—Alguien mucho más cercano a la familia Vega.
El silencio volvió a caer.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Más cercano cómo?
Salazar sonrió levemente.
—Alguien que ha estado observando todo durante años.
Sebastián cruzó los brazos.
—Eso sigue sin responder la pregunta.
Adrián dio un paso adelante.
—Di el nombre.
Salazar lo miró fijamente.
—Todavía no.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Entonces ¿para qué viniste?
Salazar respondió con calma.
—Para advertirles.
Camila frunció el ceño.
—¿Advertirnos de qué?
Salazar habló con voz baja.
—De lo que va a pasar mañana.
El silencio se volvió inquietante.
Camila recordó el edificio de la fotografía.
—El edificio.
Salazar inclinó la cabeza.
—Exactamente.
Sebastián habló con tono serio.
—Sabes que vamos a ir.
Salazar respondió con calma.
—Por eso vine.
Camila lo miró.
—¿Para detenernos?
Salazar negó.
—Para decirles que no estarán solos allí.
Lucas sonrió.
—Eso ya lo sabíamos.
Salazar levantó ligeramente la mirada.
—No saben quién más irá.
El silencio volvió a llenar el vestíbulo.
Camila sintió un pequeño escalofrío.
—¿Quién?
Salazar habló lentamente.
—La persona que realmente inició el fraude.
El corazón de Camila comenzó a latir con fuerza.
—Entonces mañana podríamos conocerlo.
Salazar respondió con calma.
—Tal vez.
Adrián frunció el ceño.
—¿Tal vez?
Salazar habló con voz fría.
—Si llegan vivos.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el aire se volvía frío.
Sebastián habló con tono firme.
—Eso suena como una amenaza.
Salazar respondió con calma.
—No.
—¿Entonces qué es?
Salazar levantó la mirada.
—Un hecho.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Esto se pone cada vez mejor.
Camila lo miró con incredulidad.
—¿Te parece divertido?
Lucas respondió con una sonrisa leve.
—No.
—Entonces ¿qué?
—Interesante.
Camila suspiró.
—No puedo creer que esto esté pasando.
Adrián observó a Salazar con atención.
—¿Ya dijiste todo lo que viniste a decir?
Salazar guardó silencio unos segundos.
Luego habló.
—Casi.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué falta?
Salazar respondió con calma.
—Decirles algo sobre la madre de Camila.
El corazón de Camila dio un salto.
—No te atrevas.
Salazar la miró.
—Tu madre no murió por accidente.
El silencio fue inmediato.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—¿Qué?
Sebastián frunció el ceño.
—Eso no estaba en los informes.
Salazar respondió con calma.
—Porque alguien se encargó de ocultarlo.
Camila sintió que las manos le temblaban.
—Mi madre murió hace años…
Salazar habló con voz baja.
—Sí.
—Entonces ¿qué estás diciendo?
Salazar respondió lentamente.
—Que alguien también intentó silenciarla.
El silencio se volvió aterrador.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Eso es imposible.
Salazar la observó.
—Tu madre sobrevivió.
Camila frunció el ceño.
—¿Sobrevivió a qué?
Salazar respondió con una frase que hizo que el miedo recorriera todo su cuerpo.
—Al mismo intento de asesinato que mató a la madre de Adrián.
El silencio fue absoluto.
Camila apenas pudo hablar.
—Eso… eso no puede ser verdad.
Salazar inclinó ligeramente la cabeza.
—Tu madre sabía quién estaba detrás del fraude.
Camila sintió un nudo en el estómago.
—Entonces… ¿por qué nunca lo dijo?
Salazar respondió con calma.
—Porque sabía que si hablaba…
Hizo una pausa.
—Tú estarías en peligro.
El silencio llenó el vestíbulo.
Camila sintió que el mundo parecía moverse lentamente.
—Mi madre sabía la verdad…
Salazar levantó la mirada.
—Sí.
Camila tragó saliva.
—Entonces mañana…
Salazar terminó la frase.
—Podrían descubrir lo mismo que ella.
El silencio volvió a caer.
Adrián observó a Salazar con una mirada fría.
—Si todo lo que dices es verdad…
Hizo una pausa.
—Entonces mañana encontraremos respuestas.
Salazar sonrió levemente.
—O encontrarán algo mucho peor.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Qué cosa?
Salazar respondió con una voz tan tranquila que resultó inquietante.
—La razón por la que alguien está dispuesto a matar para mantener ese secreto.
En ese momento, el sonido de un coche entrando al jardín rompió el silencio.
Sebastián miró hacia la puerta.
—¿Esperábamos a alguien más?
Adrián frunció el ceño.
—No.
Uno de los guardias apareció en la entrada.
—Señor Vega…
Adrián lo miró.
—¿Qué pasa?
El guardia habló con voz tensa.
—Hay alguien más afuera.
El silencio volvió a caer.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Quién?
El guardia respondió con una frase que dejó a todos en silencio.
—Una mujer que dice conocer la verdad sobre sus madres.