Shiro es un soldado el cual no revela nunca emociones, pero al llegar una carta de una desconocida su futuro qué parecía oscuro se ve iluminado por un sentimiento que no sabe de donde proviene ¿descubrira Shiro quien es esa persona o sabrá cual es ese sentido?
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Recuerdos perdidos
En la casa de Mirna en una habitación del segundo piso
Una joven estaba sentada en su cuarto, con las rodillas abrazadas y la mirada perdida hacia la ventana.
El rompecabezas descansaba sobre su escritorio, envuelto en su tela gris.
Como siempre.
Como si respirara en silencio.
La puerta se abrió suavemente.
Lio apareció en la puerta, con una mano en la nuca, evitando mirarla directamente.
—¿Estás molesta?
La joven no respondió de inmediato.
Suspiró, y giró apenas la cabeza.
—Sé que ibas a decirlo.
Lio se tensó.
—¿Decir qué?
—Auren.
Él abrió los ojos, sorprendido.
—¿Cómo…?
—Decias “Au…” y te mordiste la lengua para no decirlo ¿Cierto?.
Lio bajó la mirada, con vergüenza sincera.
—Lo siento de verdad no quise… —decía Lio —No sé por qué lo dije, solo… salió.
La joven lo miró unos segundos.
Su rostro no era de enfado, pero tampoco suave.
—No importa ahora.
En ese momento, la voz de Darel resonó desde abajo:
—¡Niña sin nombre! ¡¡Ven un momento!!
La joven se acerco a la puerta.
—Ya voy, ya voy…
La joven miró a Lio.
—Espera aquí, ¿Okey?
Él asintió en silencio, y ella salió.
Lio se quedó solo.
Miró alrededor.
El cuarto era simple, pero tenía un aire muy tranquilo.
Sus ojos cayeron sobre el escritorio.
Sobre el rompecabezas.
Una parte de él sabía que no debía tocarlo, pero la curiosidad pudo más.
《¿Por qué ella siempre se preocupa por eso?》
Se acercó y extendió la mano quitando la tela.
El objeto brillaba tenuemente bajo la luz.
Con suavidad, movió una pieza y luego otra.
Las formas parecían responder y encajar con facilidad.
Sin darse cuenta, siguió moviéndolas, pero entonces…
—¡¿QUÉ HACES?! —la voz de la joven lo hizo girar con un sobresalto.
Ella estaba en la puerta mientras lo miraba enojada, pero aun más dolida.
—¡Eso no es un juguete! —gritó, corriendo hacia Lio y cubriendo el rompecabezas con sus manos.
Lio retrocedió, abrumado.
—¡Y-yo no…! Solo… solo lo vi ahí… y me moví solo, no… no se porque.
—¡Eso es importante para mí! y tú lo sabes ¡Es lo único que quedó de mi familia!
El silencio fue total.
Lio bajó la mirada de forma muy apenada y ansioso.
—Lo siento —dijo en voz baja —De verdad lo siento yo no quise…
Y sin decir nada más se giró y salió de la habitación cerrando la puerta.
La joven se quedó en el cuarto, abrazando el rompecabezas envuelto.
Permanecío en silencio dentro de su cuarto hasta que respira hondo.
Coloca el rompecabezas sobre la mesa quitamdo la tela.
Observó cada pieza, entonces se centro en una en particular, que parecía fuera de lugar.
Y decidio movería, pero justo entonces una luz suave se encendió.
El rompecabezas brilló en un azul tenue y en medio del resplandor aparecieron imagenes como en un holograma.
En la proyección se veían tres figuras:
Una mujer con expresión serena y voz cálida y cabello largo color plateado.
Era Akari
Un hombre fuerte, de aspecto tranquilo, pero algo fornido.
Y una pequeña niña que corría entre ellos.
—Mi nombre es Akari y este —señaló al hombre— es Paul, mi esposo.
Y por último ella es…
La niña se acercó, tropezando y riendo.
—¡Acadi y Paol! —dijo la niña, intentando repetir los nombres de los dos.
Paul rió y la alzó en brazos, dándole un beso en la frente.
Akari acarició la cabeza de ambos con ternura.
—Este será el primero de los recuerdos, si lo estás viendo, es porque hoy cumples 15. Así que…
—¡Feliz cumpleaños Liora! —dijeron al mismo tiempo tanto Paul como Akari.
Mientras la niña reía.
La imagen se desvaneció lentamente, como humo atrapado en la luz.
Y La joven, sola, con el rostro bañado en lágrimas cayo de rodillas viendo el rompecabezas
Agarro el rompecabezas contra su pecho y empezó a llorar más fuerte.
—Papá…
—Mamá…
Su voz se quebró.
Sus dedos temblaban.
—Yo… yo tambien…
[---]
Muy lejos, en una sala oscura, un grupo de personas con capuchas hablaban.
Pero uno frunció el ceño, y golpeó la mesa con su palma para que todos los presentes lo escuchen.
—…Lo sentí —dijo con voz firme.
Todos los encapuchados presentes se tensaron y miraron con intriga.
—¿Qué fue? —preguntó uno de ellos
El primero sonrió apenas.
—El objeto que Akari nunca soltaba, el que no pudimos encontrar, fue activado.
Entonces apareció otro hombre uno que no portaba capucha, pero no se podía ver el rostro por la oscuridad.
—Bien, dime en donde esta —dijo el hombre sin capucha.
—Por el este señor.
—Okey, entonces desplega a las tropas y que investigen.
Todos los encapuchados se levantaron y se marcharon.
—Ja, en serio pensante que no lo encontraría, me pregunto que es lo que escondiste con gran empeño. Akari
Decía el hombre que aunque su cara no se viera, su sonrisa desquiciada era más que evidente.