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El Hijo De La Tierra

El Hijo De La Tierra

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Fantasía épica / Salvando al mundo / Amor de la infancia
Popularitas:57
Nilai: 5
nombre de autor: Rainy Bailord

Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.

Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.

NovelToon tiene autorización de Rainy Bailord para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Tiempo Juntos (parte 2)

Después de que Tobías le tomara la fotografía, el ave extendió sus alas y emprendió vuelo.

—¿La tomaste?

—preguntó Jack con preocupación.

Tobías: Sí, elfo. La tomé.

Jack: ¡Déjame verla!

Tobías le mostró la fotografía en la pantalla de su celular.

Jack la observó durante unos segundos.

Jack: Oh... el ave es hermosa. Posiblemente sea lo único lindo de esta foto.

Tobías: No digas babosadas y mejor empecemos a organizar este jardín.

Jack: Bien. Entonces empecemos a poner la tierra. ¿Arreglaste la pala?

Tobías: Sí. Solo había que ajustarla.

Jack sonrió y tomó la pala con entusiasmo.

Tobías: Oye, oye... tú no vas a usar la pala. Yo lo haré.

Jack: ¿Pero por qué?

Tobías lo miró como si la respuesta fuera obvia.

—No lo sé... ¿Será porque casi te caes cargando esos costales de tierra?

Jack cruzó los brazos.

Jack: Eso fue...desequilibrio, sigues exagerando.

Tobías. Necesitas fuerza para aplanar el terreno.

Jack entrecerró los ojos.

Jack: Solo quieres presumir tus músculos.

Tobías: ¿Mis músculos?

Tobías arqueó una ceja y se quitó el saco.

Jack iba a responder algo ingenioso, pero las palabras murieron antes de salir de su boca.

Tobías era delgado, pero los meses de trabajo físico comenzaban a notarse. Sus brazos no eran enormes ni exagerados, pero sí fuertes y definidos.

Jack apartó la mirada de inmediato.

Tobias: Bueno... tengo poco musculo..

Jack: Ajá....Solo un poco. Claro.

Jack sintió cómo sus orejas comenzaban a calentarse.

—¿Podemos volver al jardín?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Tobías.

Tobías: Dame la pala. Tenemos trabajo que hacer.

Jack: De acuerdo...

Tobías: Y ayúdame trayendo esa carretilla.

Jack asintió y fue por ella.

La carretilla tampoco era especialmente pesada, pero aun así tuvo que hacer un esfuerzo considerable para moverla.

Tobías: Bien. Vas a poner el contenido de ese costal en la carretilla. Con cuidado.

Jack: Sí...

Jack levantó el saco como si estuviera cargando una tonelada de ladrillos.

Intentó vaciarlo, pero apenas logró que una parte de la tierra cayera dentro.

El costal quedó a medio vaciar y Jack estaba a punto de dejarlo caer.

—Oh, madre de Dios... —murmuró Tobías con tono burlón.

Se acercó, tomó el saco y terminó de vaciarlo en pocos segundos.

Jack bajó la mirada.

Jack: Lo siento... no soy muy útil para estas cosas.

Tobías: Tienes brazos de espagueti.

Jack: Desearía verme... como tú.

La sonrisa burlona de Tobías desapareció por un instante.

—No. —dijo Tobías

Jack levantó la mirada.

Jack: ¿No?

Tobías: No. Así te ves bien, te ves...lindo.

Por un momento ninguno de los dos dijo nada.

Y, para desgracia de ambos, los dos se sonrojaron al mismo tiempo.

—Bueno... —murmuró Jack.

—Bueno... —repitió Tobías.

Los dos apartaron la mirada inmediatamente.

Después de que la carretilla estuvo llena, comenzaron a rellenar los charcos.

Tobías se encargó de la mayor parte del trabajo mientras Jack movía la carretilla de un lado a otro y trataba de no agotarse demasiado.

Varios minutos después, el suelo había recuperado su aspecto normal.

Solo quedaba un problema.

La silla.

La silla seguía atrapada en el árbol.

Y, por desgracia, parecía ser el desafío más complicado de todos.

Jack sacó una escalera de su cobertizo y con ayuda de Tobías la colocaron frente al árbol.

La vieja escalera rechinó cuando Tobías comenzó a subir.

Tobías: ¿Estás sujetándola bien?

Jack: Sí.

Tobías: Lo digo en serio.

Jack: Y yo también.

Tobías lanzó una mirada de desconfianza hacia abajo antes de continuar escalando.

La silla seguía atrapada entre las ramas.

Se estiró lo más que pudo para alcanzarla.

Tobías: Un poco más...

La rama se movió.

La escalera también.

Tobías: ¡No muevas la escalera!

Jack: No la estoy moviendo.

Tobías logró sujetar una de las patas de la silla.

Tobías: Bien... bien...

La silla se negó a salir.

Tobías: ¿Cómo demonios terminó tan atascada?

Abajo, Jack parecía estar pensando profundamente en algo.

Jack: Oye, Tobías.

Tobías: ¿Qué?

Jack: ¿Sabes cuál es el animal más antiguo del mundo?

Tobías: Jack, estoy ocupado.

Jack: El pingüino.

Tobías: ¿Qué?

Jack: Porque está en blanco y negro

Jack se rió suavemente. Después...

Hubo un silencio.

Tobías: Ese es posiblemente el peor chiste que he escuchado en mi vida.

Jack: Te reíste.

Tobías: No me reí.

Jack: Sí te reíste.

Tobías: Estoy intentando bajar una silla de un árbol.

Jack: Eso no responde si te reíste o no.

Tobías soltó un suspiro desesperado.

Tobías: Jack, si me caigo, voy a perseguirte con esta silla.

Jack: Eso sería difícil porque estaría corriendo muy rápido.

Tobías: ¡Concéntrate en sostener la escalera!

Jack: Lo estoy haciendo.

Tobías: ¡Entonces deja de contar chistes!

Jack: Está bien...

Pasaron tres segundos.

Jack: Oye, Tobías.

Tobías: No.

Jack: Pero ni siquiera he dicho nada.

Tobías: No.

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