María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 17
María al ver lo salir tan enojado, pensó en preguntarle a Omar ¿qué le pasó?, pero antes que dijera algo lo miró salir corriendo detrás de Aquiles, solo quería asegurarse de que no lastimara a nadie de su gente, lo conocía también, que en toda su vida solo 4 veces lo había visto así y no había sido nada bueno, la sangre que corrió en esos momentos fue tanto de enemigos como de aliados.
Omar al salir a la cubierta lo mira subiendo el mástil y eso fue un alivio, frota su rostro para calmarse, en ese momento escucha la voz de Marcos que le dice. - ¿Qué pasó?
Marcos estaba en la puerta de la cocina cuando miró salir a Aquiles, con solo verle la cara de demonio que llevaba se dio cuenta de que algo malo había pasado, por un momento pensó en acercarse y preguntarle que le pasaba, pero al igual que Omar sabía que no era bueno ni verlo cuando estaba así.
Omar resopló y preocupado dijo. – María le dijo: “yo nunca me pienso arrodillar ante la basura” entre otras cosas, pero creo que eso fue lo que lo puso así, porque él…
Al momento de recordar lo que le contestó Aquiles se muerde los labios y se queda callado, mirando hacia donde estaba él, se sintió inseguro de repetir lo que dijo, pero Marcos no pensaba quedarse con la duda y molesto le dice. – repite lo que dijo.
Omar lleva su mano a su cabeza frota su cabello e inseguro dice. – que nunca se va a parecer a ella, creo que se refería a su…
Marcos se puso pálido y dijo sin pensar. – a su hermana.
Déjamelo, tranquilo y diles a los hombres que cualquier problema te lo informen a ti, que nadie lo vaya a molestar; me duele que María esté sola abajo, pero lo mejor será que no nos acerquemos, eso lo puede tomar muy mal Aquiles.
Omar voltea a verlo y serio hasta con algo de molestia le dice. – Maldición Marcos, tú estuviste ahí, te tocó estar en el rescate, por qué no me dices ¿Qué pasó? Quiero ayudar a mi amigo, quiero poder entenderlo.
Yo he pensado en lo que vivió, pero por más que trato de pensar en lo que vivió con su hermana no logro entender por qué se pone así, que hasta desconoce a sus aliados; pienso que, si la hubieran violado, no sería razonable que también hiciera lo mismo con sus mujeres, eso lo entendería, si la hubiera golpeado hasta matarla, pensaría que haría lo mismo, pero no hace nada de eso.
Marcos suspiró profundamente, deja su mano en su hombro y tranquilo le dice. – quisiera poder darte respuestas, pero creo que ni si quiera nuestro rey Ragnar, el padre de Aquiles sabe lo que sus hijos vivieron.
Aquiles no dejó que nadie tocara a su hermana, la cargó todo el tiempo, hasta que llegamos a la isla y él mismo prendió el fuego para quemar su cuerpo; por lo que nunca quiso hablar de lo que vivió, se ha quedado con todo adentro, hay veces que pienso que voy a morir sin poder conocer la verdad.
Omar no pienses mucho en eso y si realmente eres su amigo, solo apóyalo, no lo dejes solo, tratemos de entenderlo, aunque no nos guste lo que hace.
Ya no se dijo nada y Aquiles pasó el resto del día sobre el mástil se hizo cargo de vigilar, eso lo tranquilizó; rápido pasaron dos días, Marcos logró convencerlo de ir a ver a María, aunque él ya no quiso bajar, le dio permiso de que le llevara comida y agua, de que se hiciera cargo de ella.
Aquiles, no quería volver a verla, le dijo que iba a viajar como prisionero, podían alimentarla, darle agua y hasta podían ir a verla, pero no iba a salir de ahí hasta que llegaran a la isla; ya a él no le importaba ni siquiera obtener una disculpa, lo único que quería era no volver a verla, olvidarse de que existía.
Marcos no quiso discutir su decisión, que les dejara verla, alimentarla, hasta llevarle una cobija ya era un avance, aunque fuera por unos días, porque pensaba convencerlo de que la dejara salir; junto con Omar fueron a verla, le llevaban comida, agua y una manta para que estuviera más cómoda, pero cual fue su sorpresa al llegar con ella.
La encontraron en el suelo, ardiendo en fiebre y susurrando palabras sin sentido; los dos se asustaron al verla, rápido Omar abrió la jaula tocó su frente y se dio cuenta de que estaba ardiendo en fiebre.
Marcos le ordenó que fuera a decirle a Aquiles y que llevara al médico que iba en el barco, uno de los caballeros que era guerrero, pero también sabía de medicina; por un momento Omar se negaba, quería sacarla de ahí, pero, aunque no les gustara el capitán era Aquiles, su príncipe heredero, le debían lealtad más que nada a él.
Omar salió a toda prisa, fue a buscar a Aquiles, que estaba encargándose del timón. Al llegar con él, alterado le dijo. – María está ardiendo en fiebre y delirando por la temperatura, amigo déjame sacarla de las jaulas, que el médico la atienda, te lo pido como un favor para mí.
Aquiles se quedó sin saber qué decirle al escuchar lo que le decía, no podía creer que esa mujer fuera tan fuerte para no pedir perdón y preferir morir, sin querer recordó a su hermana.
Recuerdo.
Jamás me humillaré a ustedes, prefiero morir y una vez que su hermana les gritó eso, Aquiles miró como uno de los hombres que los estaban vigilando golpea a su hermana, le ordenaba que se arrodillara, pero ella con todas sus fuerzas se volvía a poner de pie y la volvió a escuchar gritarles. – Nunca me arrodillaré ante la basura, soy la hija del rey de reyes, solo a mi padre le debo lealtad.
Fin del recuerdo
Aquiles no podía creer que aparte de su hermana en ese mundo hubiera alguien tan fuerte como lo fue ella y menos que fuera esa mujer que tenía la virtud de siempre molestarlo, de hacerlo sentir cosas que no sabía explicar, pero Omar estaba tan desesperado que termina gritándole para que reaccione.
Omar no podía esperar, quería que el médico bajara atenderla y en ese momento mira que Aquiles ordena a uno de los hombres que se hiciera cargo del timón, empieza a caminar y cuando estuvo a unos pasos le dice. – Ve por el médico que vaya a mi camerino.
Omar pensó escuchar mal y molesto le grita. - ¿Qué dijiste?
Aquiles serio le dice. – solo haz lo que te ordeno, deja de preguntar.
Después de decir eso se fue a la bodega, al llegar mira que Marcos le estaba poniendo unos trapos húmedos en la frente, se acerca y lo hace a un lado, la levanta en sus brazos, camina para sacarla de ahí, en ese momento le dice. – La llevaremos a mi camerino, es el más limpio y cómodo.
Marcos no dijo nada solo lo siguió, le gustó que por lo menos eso lo hiciera reaccionar.
Aquiles la recostó en la cama y a los minutos llegó el médico, la empezó a revisar, después de un momento encontró la herida en su pantorrilla, que se le había infectado; rápido empezó a curarla, a pedir algunas cosas que ocupaba, mientras que le ordenaba a Aquiles de que le pusiera trapos pequeños en su cabeza mojados, algo que hizo sin protestar.
El médico estuvo casi dos horas atendiéndola, pero la fiebre no bajaba nada y eso le preocupaba, no le quedó más que ordenar llevarla al médico para mojar su cuerpo, pero ahí solo estaban hombres, Marcos, Omar y Aquiles se le quedaron mirando, molestos por lo que proponía, ella era una doncella, su cuerpo no lo podían ver mucho menos tocar.
El médico al ver que nadie se movía voltea a verlos y se sorprendió al verlos tan molesto; suspiró y serio dijo. – ustedes deciden, ¿la metemos al agua o dejamos que se muera por a calentura? ¿Qué les importa más?
Omar ansioso y molesto dice. – yo quiero que viva, pero no quiero casarme con ella, no estoy loco.
Marcos se rasca la cabeza y serio dice. – mi esposa se molestaría mucho si se entera que miré el cuerpo de otra mujer
Aquiles miraba a María, realmente no quería que se muriera y se sentía culpable de que estuviera así, pero lo que era peor no quería que nadie viera su cuerpo, eso sí le molestaba mucho; si ella no estuviera así de mal, ya hubiera agarrado a golpes al médico por lo que había propuesto, pero trataba de recordarse que era para mantenerla con vida, realmente no sabía que hacer, pero lo que sí tenía seguro que esos tres no la iban a ver desnuda.