Mía una de 19 años es obligada a casarse con un mafioso por culpa de su hermana gemela ella está pagando
su hermana era una drogadicta siempre estaba en problemas mano a la mujer de un mafioso y el por venganza decide casarse con ella para hacerla pagar todos los días por haber arrebatado al amor de su vida
sus padres por proteger a su princesa entregaron a mía una hija que ellos cautiva
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capitulo 17
El ruido de pasos vuelve a romper el silencio del edificio.
Rápidos.
Firmes.
Desesperados.
Renzo sube las escaleras de emergencia.
No espera el ascensor.
No quiere perder ni un segundo más.
Su respiración es pesada…
sus manos tensas…
su mente solo tiene una imagen.
Mía.
—Señor, ya revisamos todo —dice uno de sus hombres por el comunicador—. No hay nadie.
Renzo no responde.
Sigue subiendo.
Un piso más.
Otro más.
Hasta que llega al último nivel.
Una puerta metálica.
Cerrada.
La mira.
Aprieta la mandíbula.
Y sin dudar…
la patea.
La puerta cede de golpe.
Y entonces…
el viento le golpea el rostro.
La terraza
Amplia.
Vacía.
Con el sonido de las hélices cortando el aire.
Un helicóptero.
Encendido.
Listo para despegar.
Y ahí…
están ellos.
El mundo de Renzo se detiene.
Mía.
Frente a él.
Pero no sola.
Joseph está detrás de ella.
Un brazo rodeando su cuerpo.
Y en su otra mano…
un arma.
Apuntando directo a su cabeza.
El corazón de Renzo se detiene.
—Sueltala
Su voz sale baja.
Controlada.
Pero cargada de todo.
Mía abre los ojos.
Lo ve.
—Renzo…
Su voz tiembla.
Confundida.
Asustada.
—¿Qué… qué haces acá?
Joseph sonríe.
Tranquilo.
Como si nada.
—Llegaste rápido.
Renzo no aparta la mirada.
—Te dije que la soltaras.
Joseph acerca más el arma a la cabeza de Mía.
Ella se queda completamente quieta.
—Un paso más… —dice Joseph— y se termina todo.
Silencio.
El viento sopla más fuerte.
Las hélices giran.
Hanna aparece detrás de Renzo.
Y al ver la escena…
se queda helada.
—Mía…
Mía la mira.
Sus ojos se llenan de confusión.
—Hanna… ¿qué está pasando?
Pero nadie responde.
Porque la tensión…
es insoportable.
Renzo
Aprieta los puños.
Cada músculo de su cuerpo está listo para reaccionar.
Pero no puede.
No cuando el arma está ahí.
—Joseph…
su voz baja…
—esto es entre vos y yo.
Joseph ríe.
—No.
Niega con la cabeza.
—Esto es gracias a ella.
Mía frunce el ceño.
—¿De qué hablan…?
Mira a Joseph.
—¿Qué está pasando?
Joseph acerca su rostro al de ella.
—Nada que tengas que preocuparte… preciosa.
Pero ya no suena igual.
Ya no es el mismo tono.
Y Mía lo siente.
Su cuerpo se tensa.
—Joseph… —susurra— ¿qué haces…?
Hanna
Da un paso adelante.
—Mía… escuchame…
Joseph levanta un poco más el arma.
—Ni un paso más.
Hanna se detiene.
Aprieta los dientes.
—Esto no era necesario…
Joseph la mira.
—Todo esto… es tu culpa también.
Hanna guarda silencio.
Porque sabe…
que en parte es verdad.
Mía
El miedo empieza a crecer.
Rápido.
Fuerte.
Real.
—Joseph…
intenta soltarse un poco…
pero él la sujeta más fuerte.
—Quedate quieta.
Y ahí…
algo dentro de ella se rompe.
Porque esa voz…
no es la misma.
Ese hombre…
no es el mismo.
Mira a Renzo.
—¿Qué está pasando…?
Su voz se quiebra.
—Por favor…
Renzo la mira.
Y por primera vez…
no hay enojo.
Solo dolor.
—Mía…
da un paso mínimo…
—vení conmigo.
Joseph presiona el arma.
—Ni lo intentes.
Joseph
Sonríe.
Disfruta.
—¿Sabés qué es lo mejor de todo esto?
Mira a Renzo.
—Que cayó sola.
Mía lo mira.
—¿Qué…?
Joseph se inclina levemente hacia su oído.
—Eras el camino perfecto para llegar a él.
El mundo de Mía…
se rompe.
—No…
Niega con la cabeza.
—No…
—Sí.
La suelta apenas lo suficiente para que vea a Renzo.
—Nunca fuiste más que eso.
Sus ojos se llenan de lágrimas.
—Mentira…
Su voz es débil.
—Todo fue mentira.
Silencio.
Renzo
No aguanta más.
—BASTA.
Da un paso.
Joseph reacciona.
El arma firme.
—Te dije que no.
—Esto termina hoy —dice Renzo.
—Sí —responde Joseph—. Termina hoy.
El helicóptero hace más ruido.
Listo para irse.
Final
Mía está en el medio.
Temblando.
Rota.
Sin entender cómo todo se convirtió en esto.
Renzo de un lado.
Joseph detrás.
El arma.
El viento.
El ruido.
Y su corazón…
rompiéndose en mil pedazos.
Joseph sonríe.
—Elegí bien, Renzo…
Pausa.
—O la salvás…
o la perdés para siempre.
El tiempo se detiene.
Y nadie respira.
Porque en ese momento…
todo puede pasar.