Verónica se casó enamorada. No imaginaba la pesadilla qué sería ese matrimonio. Después de años de maltratos toma una decisión qué cambiará su destino.
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Capítulo 16
La sala permanece un par de minutos en silencio. Es Pamela quién toma la palabra.
- Pues bien, ya tuvieron la oportunidad de analizar el acuerdo qué les hice llegar. Ahí se expresan claramente las peticiones de la señora Verónica. ¿Firmamos?
- Creemos qué esas peticiones exceden lo racional. En especial la cantidad de dinero qué la señora solicita y el tema de las menores.
- ¿De verdad, abogado? ¿Cree qué son excesivas? Le recuerdo que la señora ha dedicado más de 14 años de su vida al cuidado de su familia. Por lo cual, merece una retribución. Si sumamos la violencia psicológica y física a la qué ha sido sometida durante ese tiempo créame qué le está saliendo muy barato a su cliente.
- Y yo le recuerdo, abogada, qué el juicio continúa y será un juez quién determine si mi cliente es culpable o no.
- Todos los aquí presentes sabemos de sobra lo qué sucede en esos juicios y más tomando en cuenta los alcances de su cliente. De ese juicio a lo mucho va a terminar pagando la cantidad mínima por la reparación del daño y no va a pisar la cárcel, ¿o me equivoco? Igual, si no están conformes, dejamos el acuerdo de lado y en el juicio le garantizo qué haré hasta lo imposible por conseguir lo mismo o más. Eso sin tomar en cuenta las consecuencias para su Consorcio.
- Terminemos con esto- interviene Rodrigo- Lo único qué pido es que se tome en cuenta la opinión de mis hijas y qué sean ellas quienes decidan con quién vivir.
Asiento en señal de aprobación. Intento no mirar a Rodrigo, no quiero que vea el temor en mis ojos.
- Estamos de acuerdo, no queremos quitarles estabilidad. En caso de qué ellas quieran seguir viviendo con usted, estableceremos el calendario de visitas.
Rodrigo no responde, hace un ademán a su abogado, toma la pluma fuente qué siempre lleva a la mano y firma el documento. Su abogado desliza la carpeta hacia mí y hago lo mismo.
- En esta tarjeta está depositada la cantidad acordada- menciona el abogado y le entrega el sobre a Pamela- En cuanto al apartamento, qué la señora elija el lugar y nos haga llegar la información necesaria para realizar el pago.
- ¿Cuándo puedo ver a las niñas?
- Esta noche hablaré con ellas y le haré saber su respuesta a tu abogada.
- Gracias, Rodrigo.
- Parte del acuerdo incluye no dar declaraciones a la prensa- señala.
- Lo entiendo perfectamente.
- ¿Hay algo más qué deseen estipular?- cuestiona Pamela.
- No, abogada, creo que ambas partes estamos conformes.
- Perfecto, seguimos en contacto.
Nos despedimos de manera formal y la secretaria de Pamela los escolta a la salida. Suelto de golpe el aire contenido, Sofía me abraza.
- Considero qué la reunión terminó conforme a lo esperado- expresa Pamela.
- ¿Qué pasará con el juicio?
- Continuará, eso es totalmente independiente del acuerdo. Seguro van a solicitar qué sea privado.
- Entiendo. Hablemos de tus honorarios.
- Olvídalo, te dije qué tomaría tu caso pro bono y así será.
- No es justo para ti, ahora puedo pagarte.
- Créame qué jamás pensé en el dinero, esto va más allá... Pero, bueno, debes encontrar el apartamento cuanto antes.
- No tengo idea por dónde empezar.
- Tengo una buena amiga qué es dueña de una Inmobiliaria, te paso su contacto.
- Gracias, Pamela.
- Nos vamos, amiga. Te escribo más tarde.
- Claro, Sofi, nos escribimos.
Abandono el edificio con una mezcla de sentimientos. Aún dudo de mi decisión, una parte de mí quería justicia y la otra solo quiere paz.
Sofía conduce en total silencio. Comprendo su desconfianza, su molestia y agradezco qué a pesar de eso siga apoyándome.
- Pensé qué pasaríamos más tiempo viviendo juntas- dice de pronto.
- Nos seguiremos viendo, te lo prometo. Además, en unas semanas tendrás aquí a tu novio y no me vas a querer haciendo mal tercio.
- ¡No digas eso! Jamás serías un mal tercio. Me preocupa qué vuelvas a atentar contra tu vida.
- No lo voy a hacer, te lo prometo.
- Tienes que dar continuidad a tu terapia.
- Lo sé, no voy a dejarlo. Necesito ocuparme y no tengo la más mínima idea de qué negocio iniciar.
- Entre las dos encontraremos algo, no te preocupes. Puede ser una tienda de ropa y accesorios. Siempre has tenido un gusto exquisito para vestir.
- Hace años qué no escojo mi propia ropa, mucho menos podría elegir la de alguien más.
- Claro qué puedes y lo vas a hacer. Podemos buscar a un experto qué te asesore con el tema, en especial con las finanzas y verás qué te va a ir muy bien.
- Ok, hagámoslo.
Al día siguiente Pamela me informa qué Rodrigo quiere reunirse esta tarde, las niñas lo acompañarán. Mi corazón se acelera ante la idea de ver a mis hijas. Después, recuerdo mi aspecto y me preocupa su reacción.
- No van a ver las heridas de tus muñecas, las cubre la blusa.
- Pero mi rostro sí.
- Quizá sea bueno qué se den cuenta de lo que su padre te hizo.
- No quiero eso. ¿Me ayudarías a maquillarme?
- Sí es lo qué deseas...
- Por favor.
- Ok.
Sofía me ayuda a cubrir las marcas de los golpes con maquillaje. Aun al final, se notan, pero ya no son tan impresionantes.
En esta ocasión ya Rodrigo, su abogado y mis hijas esperan en la sala de juntas. Le pido a Sofía qué me espere afuera. Ya la situación es complicada y no quiero incomodar más a las niñas.
La única en acercarse al verme entrar, es Regina. Renata me observa a la distancia con recelo.
Una mirada de Rodrigo es suficiente para que mi hija regrese a su lado. Ocupo la silla junto a Pamela.
- Ustedes dirán.
- Ayer hablé con nuestras hijas y ellas me han hecho saber su deseo de seguir viviendo conmigo. Debes entender, Verónica qué ya tienen una estabilidad; su casa, su rutina, su escuela. Podrás verlas un fin de semana cada quince días. Al principio bajo supervisión, solo mientras estás en tratamiento psiquiátrico.
Sus palabras me enfurecen, ya puedo escuchar lo qué le dijo a mis hijas sobre mí. Deben pensar qué enloquecí.
- Las visitas bajo supervisión no van a durar mucho. Hubo circunstancias qué llevaron a la señora Verónica a actuar como lo hizo. Estoy segura de que ahora qué esas "circunstancias" han sido eliminadas, ella estará perfectamente bien para ejercer sus labores como madre. Tal y como lo ha venido haciendo desde que sus hijas nacieron.
Puedo notar el esfuerzo que hace Rodrigo para controlar el coraje qué le producen las palabras de Pamela.
- Aquí está el acuerdo en cuanto a las visitas- dice el abogado y le entrega los documentos a Pamela quién los lee con detenimiento y me los entrega para leerlos.
- Sí, está bien- digo resignada- ¿Puedo tener unos minutos a solas con mis hijas?
Rodrigo asiente y de mala gana abandona la sala. Seguido de su abogado y de Pamela.
Renata se cruza de brazos y evade mirarme. Yo me levanto y camino hasta ellas.
- Las quiero, hijas. Habrá cosas que por su edad les sea difícil comprender, pero nunca duden de mi amor.
- Todo lo que dices son mentiras- responde Renata, molesta- Si nos quisieras no le harías lo qué le estás haciendo a mi papá. Por tu culpa está en boca de todos y nosotras también.
- Me habría gustado qué los problemas que hay entre su papá y yo no les afectaran. Les prometo que lo vamos a solucionar. Muy pronto tendré mi propio apartamento, podrán tener su habitación ahí y quedarse el fin de semana qué esten conmigo.
- Yo no lo haré, quiero seguir en mi casa, con mi papá.
- Yo sí quiero, mamá. Te extraño y espero qué te recuperes muy pronto.
- También las extraño. Sean responsables y espero verlas pronto.
Pamela ingresa y nos dice qué el tiempo se ha terminado. Renata se marcha sin decir más. Regina me abraza y siento mi corazón partirse al verlas marchar.
Ella dice q no sabe hacer nada, claro q sabe, llevar una casa, calarse las malcriadeces, los desplantes de un enfermo, claro q sabes y puedes