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La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

La Número 11 Del CEO: Nunca Fue Solo Un Contrato.

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Época / Completas
Popularitas:7.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Diris Basto

Camilo Casadiego es heredero único ,de los CASADIEGO con una gran responsabilidad, Pero sin intenciones de dejar herederos, su padres intervendrán para asegurar su legado.

NovelToon tiene autorización de Diris Basto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la bendición de una madre

Cuando Sol y Laura llegaron a la clínica, el ambiente era tranquilo y silencioso. El olor a desinfectante y el sonido lejano de algunos aparatos médicos llenaban el pasillo.

Sol caminaba con cuidado, sosteniendo el pequeño recipiente con la fruta que había preparado.

Laura la observó de reojo. Podía notar la tensión en su rostro.

Finalmente llegaron a la habitación.

Sol abrió la puerta suavemente.

—Mamá…

La mujer que descansaba en la cama abrió los ojos lentamente. Su rostro estaba pálido, pero al ver a su hija apareció una sonrisa llena de ternura.

—Soleiny… hija.

Sol se acercó rápidamente y tomó su mano.

—Te traje algo de comer. Lo preparé yo.

Noemí la miró con cariño.

—Siempre sabes cómo consentirme.

Sol colocó el recipiente sobre la pequeña mesa junto a la cama.

Entonces Noemí notó la presencia de Laura.

—¿Y esta elegante señora?

Sol respiró hondo.

—Mamá… ella es Laura.

Laura se acercó con amabilidad.

—Mucho gusto, señora Noemí.

La mujer la observó con cierta curiosidad. Había algo en la situación que no terminaba de entender.

—¿Cómo se conocen?

Sol dudó un momento, pero decidió empezar.

—Mamá…Sabes que he trabajado como mensajera últimamente llevaba entregas diarias a una empresa muy conocida. Como eran pedidos importantes, tenía que entregarlos personalmente.

Noemí escuchaba con atención.

—Allí conocí al hijo de la señora Laura.

Antes de que Sol continuara, Laura intervino suavemente.

—Mi hijo no es un hombre muy abierto con las mujeres —dijo con una pequeña sonrisa—. Pero durante un tiempo hablaba constantemente de una mensajera que llegaba a la empresa.

Miró a Sol con complicidad.

—Eso me hizo sospechar que algo estaba pasando.

Noemí levantó una ceja, interesada.

Laura continuó:

—Así que lo animé a declararse.

Sol bajó un poco la mirada, fingiendo timidez.

—Y… bueno…- continuo sol- el es muy guapo, no te había dicho nada antes porque pensé que me staba ilusionando sola Pero ahora ....

Tomó aire.

—Nos vamos a casar.

Por un instante el silencio llenó la habitación.

Noemí miró a su hija con sorpresa.

Luego, lentamente, una sonrisa apareció en su rostro.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Hija… —murmuró.

Sol se preocupó.

—¿Mamá?

Pero la mujer negó con la cabeza.

—No son lágrimas de tristeza.

Apretó la mano de su hija con cariño.

—Pensaba que después de mi partida te quedarías sola en el mundo.

Sol sintió un nudo en la garganta.

Noemí conocía bien su enfermedad. Sabía que su tiempo podía ser corto.

—Pero ahora… —continuó la mujer con voz débil— sé que tendrás una familia.

Laura se acercó un poco más.

—La boda será pronto —explicó—. Hemos decidido adelantar la fecha.

Noemí la miró con gratitud.

—Gracias… por recibir a mi hija en su familia.

Laura negó suavemente.

—No tiene que agradecer nada. Sol es una joven maravillosa.

Sol abrió el recipiente con la fruta.

—Mamá, come un poco.

Noemí probó un pequeño bocado.

Cerró los ojos unos segundos mientras saboreaba.

—Delicioso… como siempre.

Luego miró a su hija con orgullo.

—Siempre has sido una buena hija.

Le acarició la mejilla con ternura.

—Que Dios te bendiga, Soleiny.

Después miró a Laura.

—Gracias por cuidarla.

En ese momento la puerta se abrió suavemente.

Una enfermera entró en la habitación.

—Disculpen —dijo con amabilidad—. Es hora del medicamento.

Se acercó a la cama.

—Después de esto la señora probablemente se dormirá un rato.

Sol entendió.

Se inclinó y abrazó a su madre con cuidado.

—Descansa, mamá.

Noemí sonrió con debilidad.

—Te quiero, hija.

Laura también se despidió con respeto.

Poco después salieron de la habitación.

En el pasillo, Sol guardó silencio.

Laura notó que sus ojos estaban húmedos.

Pero la joven respiró profundo y trató de recomponerse.

No quería mostrarse débil.

Más tarde, ambas llegaron a un gran centro comercial.

El edificio era enorme, lleno de tiendas y mostradores de ropa.

Laura dejó que Sol eligiera libremente.

—Escoge lo que te guste.

Sol caminaba con cierta timidez entre las tiendas.

Laura intentó ayudarla varias veces, señalando algunas prendas modernas, pero Sol parecía inclinarse por cosas mucho más sencillas.

Blusas con mangas.

Pantalones holgados.

Vestidos modestos hasta la rodilla.

Laura lo notó con curiosidad.

Finalmente llamó a un asesor del mismo centro comercial.

—Ayúdala con algunas combinaciones —le pidió—. Ropa, perfumes, cosméticos.

El asesor trabajó con entusiasmo.

Al final, Sol también eligió algunas cosas por su cuenta.

Una pequeña bata suave para su madre.

Unas pantuflas cómodas.

Y algunas cremas corporales neutras.

Cuando terminaron, regresaron a casa.

Eran casi las doce del mediodía.

Almorzaron juntas.

Camilo no llegaría.

—Hoy no vendrá a almorzar —explicó Laura—. Seguramente está trabajando.

Luego continuó:

—Sol, en la tarde estarás sola en casa. Siéntete libre de caminar por donde quieras.

Le sonrió con calidez.

—Esta también es tu casa.

Sol asintió.

—Gracias.

Laura se levantó de la mesa.

—Tu suegro y yo iremos a reunirnos con los padres de Sergio para organizar lo de la boda.

Sol volvió a asentir.

Después se retiró del comedor.

Subió a su habitación lentamente.

Allí abrió las bolsas y comenzó a observar con calma todo lo que había comprado.

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