El alfa Christopher Woo no cree en debilidades ni dependencias, pero Dylan Park le provoca varias dudas. Este beta que en realidad es un omega, es la solución a su extraño tormento. Su acuerdo matrimonial debería ser puro interés hasta que el tiempo juntos encienden algo más profundo. Mientras su relación se enrede entre feromonas y secretos, una amenaza acecha en las sombras, buscando erradicar a los suyos. Juntos, deberán enfrentar el peligro o perecer.
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A TRAVÉS DE TI (parte 1)
A veces, Azul pasaba las tardes en la empresa de Christopher después de la escuela. Nadie quería que se quedara sola en la mansión y, aunque intenté buscarle una escuela adecuada, Christopher se adelantó y eligió una mejor sin darme oportunidad de discutirlo. No solo se encargó de los trámites, sino que cubrió todos los gastos como si fuera lo más natural del mundo.
Y, para ser honesto, la engríe demasiado.
Lo mismo ocurría con Coral. Siempre que podía, la llevaba en su auto a la agencia de entretenimiento para sus ensayos. Y qué decir de la remodelación que hizo para ella, que le gustó tanto.
Por eso, no me sorprendía estar en el ascensor de la empresa con Azul, escuchándola hablar con entusiasmo sobre su día. Asentí un par de veces, respondiendo con la paciencia de un hermano mayor.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron en un piso intermedio, los amigos de Christopher entraron. Adam ni siquiera me miró, como si no existiera. No era la primera vez que lo hacía, pero tampoco me molesté en entender el porqué. Marlon, en cambio, saludó con cortesía a mí como a Azul.
El trayecto hasta el vestíbulo transcurrió en silencio, hasta que Adam salió del ascensor sin voltear y Marlon se quedó un momento, como si quisiera decir algo.
—Lo estás haciendo bien —dijo de repente—. Chris te necesita más de lo que crees…
Fruncí el ceño.
—¿Qué significa eso exactamente? ¿Por qué necesita de mí? Hasta ahora no me has dicho nada sobre él…
Marlon vaciló.
—Es confidencial… Lo sabrás más adelante…
No insistí, aunque la intriga quedó rondando en mi mente y antes de que pudiera decir algo más, su celular sonó.
—Es Adam —murmuró con un suspiro.
Sin embargo, antes de responder, su expresión cambió al notar que alguien en la recepción. Seguí su mirada. Un hombre de cabello semi largo en tono uva discutía con la recepcionista. Su tono era amable, pero insistente. La gente comenzó a murmurar a su alrededor.
No pasaba desapercibido.
Vestía un abrigo de diseñador sobre una camisa blanca ligeramente desabrochada, dejando entrever una fina cadena de plata. Su postura irradiaba confianza, como si estuviera acostumbrado a que el mundo girara en torno a él. No tardó en atraer admiradores. Enseguida lo rodearon, pidiendo fotos y autógrafos. Él les sonrió con naturalidad mientras seguía enfocado en la recepcionista.
—Solo quería ver a un viejo amigo —dijo, colocándose un tapabocas claro—. Pero como está ocupado, regresaré en otro momento…
Marlon apretó la mandíbula.
—¿Qué está haciendo Stefan aquí…?
Cuando Stefan lo notó, intentó acercarse, pero Marlon reaccionó de inmediato. Me sujetó y nos alejamos sin darle oportunidad de cruzar miradas. Stefan frunció el ceño, siguiéndonos con la vista entre la multitud, pero antes de lograrlo, más fanáticas lo rodearon, impidiéndole moverse con facilidad.
Se limitó a dibujar una sonrisa con los ojos, mientras seguía firmando autógrafos, pero por dentro, hervía de frustración. «¿Cómo se atreve ese hijo de perra a ignorarme y marcharse como si nada?», pensó con rabia, mientras su pluma se deslizaba sobre póster y hojas de papel.
Esa misma noche, Stefan esperaba en una habitación privada de un lujoso restaurante. Sus dedos tamborileaban con impaciencia sobre la mesa de madera y su mandíbula aún tensa por lo ocurrido horas antes.
Cuando la puerta finalmente se abrió y la persona a la que esperaba tomó asiento frente a él, no perdió ni un segundo antes de alzar la voz.
—¡¿POR QUÉ DEMONIOS ME LLAMASTE DE IMPROVISO?! —exclamó, su enojo aún evidente.
Matthew lo miró con una media sonrisa relajada y se encogió de hombros.
—Ha pasado un tiempo, ¿no crees? —comentó con aparente despreocupación, ignorando por completo la furia de Stefan—. ¿Cuándo llegaste?
Stefan apretó los dientes. Su mal humor venía acumulándose desde que se enteró del matrimonio de Christopher, y ahora estallaba por completo.
—¡¿CÓMO PUDISTE PERMITIRLO?! —continuó con enojo—. ¡DEJASTE QUE SE CASARA! ¡CARAJO, ME ENTERÉ HACE UNOS DÍAS Y TOMÉ EL PRIMER VUELO!
Matthew apoyó un codo en la mesa, sosteniendo su cabeza con una mano mientras una sonrisa burlona se dibujaba en sus labios.
—Christopher es libre de casarse con quien quiera. A mí me da igual.
La sangre de Stefan hervía más y más, y sus manos se cerraron en puños sobre la mesa.
—¿LIBRE? ¡NO DIGAS ESTUPIDECES! —escupió con amargura—. CHRIS Y YO… ¡NOSOTROS ESTUVIMOS JUNTOS! ¿CÓMO PUDO SIMPLEMENTE DEJARME DE UN DÍA PARA OTRO? ¿ACASO ESTÁ CIEGO?
Golpeo la mesa con la palma abierta antes de señalarse a sí mismo con orgullo.
—¡SOY STEFAN CHOI! ¡EL FAMOSO IDOL Y MODEL OMEGA QUE CUALQUIER ALFA DESEARÍA TENER A SU LADO!
Enumeró su fama, sus portadas en revistas, sus desfiles de moda y la cantidad de admiradores que suspiraban por él, pero Matthew lo interrumpió con frialdad.
—Espera… tú nunca fuiste su pareja, ¿ya lo olvidaste?
Un escalofrío recorrió la espalda de Stefan ante esas palabras.
—¿Qué dijiste?
—Tú y él solo eran compañeros sexuales… —aclaró sin rodeos—. Y eso fue hace mucho. Eso no significa que fueras algo serio para él ahora…
El comentario cayó como balde de agua fría sobre Stefan. Sintió una punzada de humillación, su respiración se aceleró y su mirada se oscureció.
En ese momento, un mozo ingresó a la habitación para tomar sus órdenes. Stefan respiró hondo, obligándose a calmarse. Esperó en silencio hasta que el empleado terminó su labor y salió. Entonces, se inclinó sobre la mesa con una sonrisa afilada.
—No importa lo que digas… —susurró con veneno en la voz—. Buscaré a la pareja de Chris y me desharé de él.
Matthew arqueó una ceja, sin sorpresa alguna.
—¿De verdad piensas hacer algo así? Ya pasó más de un mes desde que se casó, creo…
—Me da igual. Además, hasta ahora nadie ha descubierto su identidad… pero yo me encargaré de desenmascarar a ese intruso que me quitó a mi alfa.
Más tarde, Stefan llegó a su mansión con el ceño fruncido. Apenas cruzó la puerta, su mayordomo lo recibió con una leve inclinación y un mensaje que le amargó aún más el día.
—Su padre lo espera en la sala, joven amo.
No respondió. Ya sabía lo que significaba eso. La relación con su padre nunca fue buena, a pesar de ser su único hijo. No importaba cuánto intentara, nunca era suficiente para el señor Choi. Entró en la sala y lo encontró allí, sentado en un sillón de cuero oscuro, bebiendo whisky. A penas lo vio, su padre estalló. El vaso voló por la habitación y se hizo pedazos contra el suelo.
—¡¿Cuándo carajos llegaste?! —rugió, poniéndose de pie.
Su padre comenzó a recriminarle su ausencia. Stefan no tardó en responder con la misma furia.
—¡El clima no me permitió abordar el avión ese día! ¡No fue mi culpa!
—¡No me interesan tus escusas! —lo interrumpió con frialdad—. Te di una orden de asistir al evento de polo y no la cumpliste.
Stefan apretó los dientes.
—No sé que harás, pero tienes que arreglar las cosas con Woo —continuó el señor Choi—. Y deshacerte de esa pareja con la que se casó.
Stefan reprimió una risa seca. «Como si fuera tan sencillo, como si Christopher bajara la guardia y, además, Nadyra lo tiene todo bajo control», pensó con amargura.
—Si querías que hiciera algo, ¿por qué no me lo dijiste antes?
Su padre bufó, mirándolo con desprecio.
—No pensé que tendría un hijo tan inútil como para tener que avisarle cada cosa.
La sangre de Stefan hervía, pero se obligó a mantenerse firme.
—Bien sabes que estuve trabajando… ¡¿cómo se supone que me enteraría?! —replicó con frialdad—. Incluso el bastardo de Matthew tampoco hizo nada. ¿Por qué dejaron que se casara sin mover un dedo?
El señor Choi suspiró, su paciencia al límite.
—Luego me encargaré de él.
Lo fulminó con la mirada antes de añadir:
—Te lo advierto por última vez. Estoy soportando demasiada estupidez de gente inútil. Si no haces algo pronto, despídete de ser mi hijo. Y olvídate de obtener lo que quieres. No contarás más con mi apoyo.
Dicho esto, salió de la sala sin darle oportunidad de responder. Stefan permaneció en su lugar, sintiendo el peso de la amenaza. Sus dedos se cerraron en un puño, pero al final solo suspiró con frustración.
Días después, Stefan estaba en su lujosa habitación, tomando el desayuno, fingiendo que tenía el control de su vida mientras la rabia lo consumía. Debió haberle costado descubrir mi identidad, porque tarde o temprano, si una grita está abierta, es más fácil saber la verdad.
Y cuando lo hizo, no sé conformó con saber quién era yo. Quiso más. Seguramente, su expresión cambió cuando encontró un nombre entre los datos que recopiló.
Coral.
Y entonces, sonrió victorioso.
—Si quiero destruirte, primero acabaré con todo lo que te rodea. Y comenzaré con tu amada hermanita…
Porque Stefan es un hombre que aplasta lo que no puede controlar y si no puede llegar a mí directamente, buscará hacerlo a través de alguien más.