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En Las Garras Del Pasado

En Las Garras Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Posesivo / Viaje En El Tiempo
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...

LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...

¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

14

Me quedé en absoluto silencio, con el pecho comprimido, y me reacomodé en el asiento sin saber qué replicar.

—¿Qué pasa? ¿Quieres tener sexo conmigo para ver si así me dejas en paz? —solté de repente, a la defensiva.

—No. O bueno, sí, claro que quiero, pero no es lo principal. No pretendo infundir miedo con mis palabras, solo son los sentimientos que me desbordan. Suelo tener una forma muy retorcida de demostrarte que me importas... —respondió, y en ese instante volvió a dedicarme esa mirada peligrosa.

Era la mirada del cazador, la de querer poseer sin contemplaciones y no dejarte en libertad jamás. En ese momento, la memoria de nuestros últimos instantes antes de morir volvió a golpear mi mente con crudeza.

Negué con la cabeza, sintiendo una profunda desesperación.

—No quiero estar cerca de ti... ¿por qué te cuesta tanto entenderlo?

—¡Y a mí me cuesta el doble estar lejos de ti! No tienes la menor idea de lo increíblemente frustrantes que fueron estas dos malditas semanas... Lo estresante que era pasar horas esperando en mi coche frente a ese edificio solo con la esperanza de verte salir, sabiendo que ni siquiera aparecías. ¡Dos semanas enteras sin poder verte! —gritó de repente, golpeando con frustración el volante con la palma de la mano.

Di un respingo colosal en el asiento del copiloto. Su semblante estaba completamente descolocado; su respiración se escuchaba pesada y agitada, y sus ojos no paraban de alternar entre el asfalto y mi rostro con una desesperación febril.

—¡Mira la carretera! —le grité, señalando el frente con pánico—. ¡No quiero morirme en un maldito accidente de coche por tu culpa!

Bien, aquello confirmaba mis peores sospechas: de verdad estaba mal de la cabeza. No hacía falta intentar enamorarlo para salvarme; él solito se estaba hundiendo en su propia obsesión enfermiza.

Desvié la mirada hacia la ventanilla, sintiéndome completamente rendida y derrotada. Dejaría de pelear; esperaría a que se cansara de mí.

 Lo más probable era que, al darme cuenta de lo ordinaria y aburrida que era frente al resto de las chicas que rondaban su vida, terminara aburriéndose de mí si le prestaba atención. Tal vez así lograría sobrevivir.

Estaba cediendo de nuevo, exactamente igual que en el pasado. Estaba aceptando mi destino inevitable a su lado, y esa rendición me provocaba arcadas de frustración.

En ese momento, sentí su mano tibia deslizarse para entrelazarse con la mía en una caricia extrañamente delicada. Solté un suspiro tembloroso, incapaz de evitar que una lágrima traicionera se deslizara por mi mejilla, aunque intenté disimularla de inmediato.

—Perdóname... —escuché su voz, ahora mucho más baja y suave—. Te prometo que trataré de no volver a exaltarme de esta manera. No... no suelo comportarme así con nadie.

—¿Qué es lo que necesitas exactamente para dejarme en paz de una vez por todas? —me giré para mirarlo a los ojos, recuperando la coraza de fría indiferencia—. Dime, ¿qué necesitas para que se te pase esta forma enfermiza de tenerme en la cabeza?

—Quédate conmigo —respondió al instante, apretando con fuerza mi mano y devolviéndome una mirada de una intensidad abrumadora.

—¿Cuánto tiempo? —pregunté sin vacilar, manteniendo la frialdad.

Él apartó la vista para concentrarse en trazar una curva cerrada en el camino, conduciendo en completo silencio durante varios minutos sin soltar mi mano, como si temiera que fuera a desaparecer.

—El tiempo que sea necesario —contestó por fin, inclinándose para besar con devoción el dorso de mi mano—. Quédate conmigo el tiempo que haga falta... hasta que por fin te enamores de mí.

Sin añadir una sola palabra más, estacionó el coche frente a una gran propiedad ubicada a las afueras de la ciudad. Era una casa enorme, custodiada por un enorme portón de hierro forjado que comenzó a abrirse automáticamente con un zumbido sordo al reconocernos, permitiéndole ingresar al terreno.

Me quedé inmóvil, procesando la magnitud de sus palabras.

Enamorarme de él... En mi otra vida eso había sucedido de verdad; a pesar de tenerme retenida contra mi voluntad, una parte de mí terminó sintiendo algo profundo por él.

No estaba segura de cuán fuerte podría llegar a ser esta vez, pero si mi única vía de escape consistía en fingir, ceder estratégicamente o lograr que se cansara de mi resistencia, entonces jugaría mis cartas. No se lo dejaría fácil. Jamás cedería de la manera sumisa que él esperaba.

La puerta del copiloto se abrió con un chasquido. Vi su mano extendida frente a mí, invitándome a salir. Dudé un par de segundos interminables antes de colocar mi palma sobre la suya.

Él me ayudó a descender del vehículo y me guio con paso firme hacia la entrada principal. Su mano sosteniendo la mía me provocaba un cosquilleo extraño y sensible en la piel.

—Bienvenida a mi casa —susurró Diego muy cerca de mi rostro, esbozando una sonrisa tranquila, genuina, una expresión pacífica que jamás le había visto en el pasado.

Lo miré con fijeza antes de soltarme con sutileza y adentrarme en el recibidor.

El interior era increíblemente espacioso y luminoso. La decoración me sorprendió gratamente; los cuadros en las paredes, los tonos sobrios y el diseño de los espacios me gustaban bastante. Caminé unos pasos más observando los detalles, hasta que mis pies se frenaron en seco.

Me detuve de golpe, con el aliento atrapado en la garganta. Mis ojos se quedaron fijos en el centro de la sala, experimentando una extraña y helada sensación recorriendo mis entrañas al descubrir lo que colgaba de la pared principal.

Era un cuadro enorme. Un lienzo donde se apreciaba el rostro de una mujer, perfectamente dibujado y detallado con maestría. Era yo. Yo estaba allí plasmada.

Sentí la presencia de Diego pegarse a mi espalda casi al instante. Sus brazos rodearon mi cintura con posesión, atrayéndome con fuerza contra su pecho duro; su cabeza reposó pesadamente sobre mi hombro, y su respiración cálida me sopló directamente en la piel del cuello.

Me quedé completamente rígida, incapaz de articular un solo músculo.

—Esa... soy yo... —logré articular con voz temblorosa, señalando el lienzo con incredulidad.

Una risa baja, ronca y ronroneante retumbó contra mi cuello, seguida de un beso sumamente delicado y tierno depositado exactamente en esa zona sensible, provocando que un hormigueo eléctrico se disparara directo a mi abdomen. Quería apartarme por pura inercia.

—Sí, solo es un pequeño cuadro con tu rostro —susurró él con una calma aterradora—. Pensaba mandarlo a hacer mucho más grande, pero la verdad es que no cabía en esta pared... —Una de sus manos abandonó mi cintura, subió con lentitud por mi cuello y me obligó a girar el rostro para mirarlo directamente a los ojos.

Nos quedamos sosteniendo la mirada en un silencio denso. En sus pupilas grises no había locura desatada, sino una fascinación tan profunda, tan pura y devota, que me robó el último rastro de oxígeno.

—Yo necesitaba verte todo el tiempo, así que no me quedó de otra más que pintar tu rostro —continuó, acariciando con el pulgar la línea de mi mandíbula mientras me miraba con esa intensidad obsesiva que me desarmaba—. Sé perfectamente que estoy maldito y que necesito ayuda médica, lo sé... pero si no te tengo frente a mis ojos, simplemente no puedo estar en paz.

Bajó la vista un segundo para repasar mis labios entreabiertos, y luego volvió a clavarse en mis pupilas.

—Necesitas ayuda profesional urgente —le reproché con un hilo de voz, intentando recuperar mi dignidad.

—Lo sé —repitió él, inclinando lentamente su rostro para rozar su boca con la mía.

Por alguna razón estúpida y contradictoria, en ese instante lo único que deseaba era que me besara de verdad. Pero me contuve.

Él se limitó a marcar un roce ligerísimo, casi imperceptible, antes de separarse de golpe y soltarme.

Al instante, sentí un vacío helado e insoportable invadir mi pecho. ¿Por qué diablos me siento así?

Lo observé en silencio mientras se alejaba con paso tranquilo, perdiéndose en algún rincón recóndito de la casa, dejándome allí plantada, prisionera de mis propias y confusas emociones.

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Betty Saavedra Alvarado
Eli serás Caperucita para conquistar a tu lobo
Betty Saavedra Alvarado
Elizabeth estás enamorada deseas que Diego se cure para formar una familia se hara realidad tu deseo después de todo lo que has vivido con el
Betty Saavedra Alvarado
Diego no recuerda Elizabeth está con el en este momento muy difícil para ellos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
A no dejarse derrotar por nadie a luchar
Betty Saavedra Alvarado
Te preocupas por Diego por qué será
Betty Saavedra Alvarado
Tu estás cambiando a Diego poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Diego está enamorado de ti nunca te hará daño
Betty Saavedra Alvarado
Kiary no comenté estuve en el medico recién estoy leyendo los capítulos me gustó mucho
Kiary Valverde: Espero que te mejores pronto 🫰🏻❤️
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Diego poco a poco quiere conquistar a Eli aunque ella lucha por no caer su cuerpo dice otra cosa ahora están juntos
Betty Saavedra Alvarado
Me gusta la historia
Lectora con visión 🥰
es comprensible que estés a la defensiva, pero... viendo cómo dices que no se parecen en nada estos dos, entonces dale la oportunidad, se ve que este Diego si quiere ir legal y no a la fuerza
Lectora con visión 🥰
Yo no sé, pero a mí ya me convenció, pido que se le dé otra oportunidad
Lectora con visión 🥰
si claro, la tienes traumada bb
Lectora con visión 🥰
me encanta esta historia 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo súper intenso me gustó mucho
Lectora con visión 🥰
Me ha encantado, seguiré leyendo 😸😊
Lectora con visión 🥰
empezamos mal con ese comienzo 🥺
Lectora con visión 🥰
😭😭😭😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
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